{"id":14938,"date":"2023-01-30T19:03:01","date_gmt":"2023-01-30T22:03:01","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/?p=14938"},"modified":"2023-01-31T18:04:59","modified_gmt":"2023-01-31T21:04:59","slug":"antonio-di-benedetto-el-hombre-al-que-debemos-leer-y-sonar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/index.php\/2023\/01\/30\/antonio-di-benedetto-el-hombre-al-que-debemos-leer-y-sonar\/","title":{"rendered":"Antonio Di Benedetto: el hombre al que debemos leer y so\u00f1ar"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><em>El progresivo inter\u00e9s en el escritor y su obra ha generado reediciones, homenajes, adaptaciones al cine y jornadas de estudio. Ese escritor de provincias, silencioso y silenciado escribi\u00f3 con un estilo propio e intenso. \u00abZama\u00bb es su novela m\u00e1s consagrada. La premiada escritora mendocina Mercedes Fern\u00e1ndez lo conoci\u00f3 con cercan\u00eda y comparti\u00f3 a\u00f1os de bohemia y de dolor. As\u00ed lo evoca en su centenario.<\/em><\/h4>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Di_Benedetto.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-14940\" width=\"822\" height=\"460\" srcset=\"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Di_Benedetto.jpg 822w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Di_Benedetto-480x269.jpg 480w\" sizes=\"auto, (min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 822px, 100vw\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>Antonio Di Benedetto, despu\u00e9s del exilio y poco antes de su muerte.<\/em><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hablar de Antonio Di Benedetto me retrotrae a un tiempo en el que cre\u00ed que aquellos que se viv\u00edan eran tiempos de felicidad. Despu\u00e9s, la vida me mostrar\u00eda tantos rostros que aprender\u00eda (tal vez a\u00fan estoy en ese camino) que la felicidad cabe apenas en un suspiro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y al evocar esa etapa saltan, secretamente, dos nombres que significaron mucho en mi vida: Antonio Di Benedetto y Ana Mar\u00eda Giunta. Dos nombres enlazados, imposibles de separar cuando desentierro del ayer tanto a uno como al otro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Antonio, Ana y yo disfrutamos, en los a\u00f1os \u00b470, de un nutritivo aprecio. Y digo nutritivo porque la figura del escritor y periodista que ya era Di Benedetto fue como una especie de pan bueno que nos sirvi\u00f3 a ambas para crecer, para seguir madurando cada una en los diferentes caminos por los que transitamos.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-vivid-red-color has-text-color has-medium-font-size is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>Di Benedetto era en esos tiempos un hombre misterioso y lejano. Con fama de hosco y hura\u00f1o. Por lo menos as\u00ed lo describ\u00edan quienes convivieron laboralmente con \u00e9l. Pero para nosotras dos, osadas e intr\u00e9pidas, era un camarada con el que sal\u00edamos a cenar dos o tres veces por semana y con quien nos llev\u00e1bamos de maravilla.<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Di Benedetto era en esos tiempos un hombre misterioso y lejano. Con fama de hosco y hura\u00f1o. Por lo menos as\u00ed lo describ\u00edan quienes convivieron laboralmente con \u00e9l. Pero para nosotras dos, osadas e intr\u00e9pidas, era un camarada con el que sal\u00edamos a cenar dos o tres veces por semana y con quien nos llev\u00e1bamos de maravilla. Ten\u00edamos lugares de preferencia: el restaurant-bar-caf\u00e9 de la esquina de Las Heras y 25 de Mayo, hoy Mediterr\u00e1neo, donde los viernes se realizaban pe\u00f1as literarias y musicales. Se congregaba all\u00ed la bohemia de la noche mendocina. Ese y el Newery eran sitios obligados para recalar a la salida del cine, del teatro o del trabajo de las redacciones.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando concurr\u00edamos a alg\u00fan acto, funci\u00f3n o concierto (no nos perd\u00edamos ninguno, eran tiempos de una voracidad que luego se convertir\u00eda en adicci\u00f3n) Antonio se sentaba siempre, siempre, entre las dos: prefer\u00eda evitar el compartir espacios demasiado cercanos con la gente. Bien conocida era esa especie de fobia social que le endilgaron. Nosotras, casi vanidosamente, lo flanque\u00e1bamos, como si eso pudiera haber sido necesario. Compart\u00edamos salidas, actos, obras de teatro (\u00e9ramos habitu\u00e9s del m\u00edtico TNT y no se nos traspapelaba funci\u00f3n alguna), las tertulias literarias del MAM, las presentaciones de libros y o charlas en el Hogar y Club Universitario. Los espacios que frecuent\u00e1bamos eran todos del microcentro mendocino, alrededor del diario Los Andes. Es decir, el microcosmos por el que caminaba \u00e9l. Y aquellos eran momentos de peque\u00f1as fiestas cotidianas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yo hab\u00eda sabido de Antonio Di Benedetto como alguien de quien hablaba siempre mi padre, que trabajaba en el centenario Los Andes donde era linotipista y delegado gremial, secretario general de la FATI y del Sindicato Gr\u00e1fico de Mendoza. Ese cargo le exig\u00eda enfrentarse continuamente con los directivos del diario en el que Antonio era vicedirector. Mi padre fue un gran defensor de los derechos del trabajador, hijo de anarquista, activo miembro de PC en ese momento, de ideas progresistas. Y un verdadero erudito, lo que le vali\u00f3 el respeto de Antonio Di Benedetto. <em>\u201cOvidio Fern\u00e1ndez es una de las pocas personas con la que se puede hablar de todo en este diario\u201d, <\/em>sol\u00eda decir. Por eso es que, cuando Antonio me envi\u00f3 una carta en un peque\u00f1o papel membretado que a\u00fan conservo, ofreci\u00e9ndome publicar un poema m\u00edo en el diario, tembl\u00e9 de emoci\u00f3n, porque ya mi padre hablaba con admiraci\u00f3n de aqu\u00e9l hombre al que todos tem\u00edan y respetaban.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Hablaba muy quedo, casi de forma inaudible<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando asustada novata, fui a verlo, con mi <em>Poema In\u00fatil<\/em> (as\u00ed se llamaba) sobre mi madre recientemente muerta, conoc\u00ed a un hombre gentil y amable, que hablaba muy quedo, casi de forma inaudible, como si el aliento se le estuviera terminando en cada frase, obligando a quien le escuchaba, a bajar la cabeza para no perderse una palabra de lo que quer\u00eda decir. Luego, enseguida, nos encontrar\u00edamos en un acto de la SADE y nos acercar\u00edamos con Ana Mar\u00eda Giunta (que lo deslumbrar\u00eda, como a tantos) y nos har\u00edamos compa\u00f1eros de la noche.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQu\u00e9 hizo que Antonio Di Benedetto, el autor de tanto renombre, se detuviera ante nosotras? No sabr\u00eda responder. Tal vez fue nuestro entusiasmo, nuestro fervor por las letras en las que incursion\u00e1bamos ambas, la pasi\u00f3n con la que nos beb\u00edamos cuanto libro sal\u00eda (curs\u00e1bamos el mal llamado Boom de la literatura latinoamericano), las charlas cargadas de ingenuidad con la que le solicit\u00e1bamos opiniones tanto sobre su obra, que beb\u00ed casi con adicci\u00f3n, como la de escritores que \u00e9l tra\u00eda a Mendoza. Escritores de la talla de Haroldo Conti (gran amigo de Antonio, a quien conoc\u00ed muy especialmente cuando lleg\u00f3 para presentar del <em>Alrededor de la Jaula<\/em>, en el Centro Internacional del Libro, que estaba en ese momento en la Galer\u00eda Tonsa en la rotonda del Cine City), Borges, Moyano, Mujica L\u00e1inez, Neruda, Donoso, Marguerite Duras, S\u00e1bato, Calvetti y tantos m\u00e1s. Fueron importantes relaciones. Haroldo Conti nos nombra a Di Benedetto y a m\u00ed en <em>Los caminos,<\/em> en ese libro maravilloso, <em>La balada del \u00e1lamo carolina, <\/em>en un relato que denomin\u00f3 <em>Homenajes<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>En ese tiempo ya Antonio era un escritor del mundo. Ya era uno de los prosistas m\u00e1s importantes del siglo XX. Y hab\u00eda sido condecorado con \u00f3rdenes internacionales, recibido premios, traducido a muchos idiomas. Y nosotras lo admir\u00e1bamos, dios, c\u00f3mo lo admir\u00e1bamos. <em>Zama, Pent\u00e1gono, Declinaci\u00f3n y \u00e1ngel<\/em> (la nouvelle m\u00e1s hermosa, creo de toda su obra),<em> El silenciero, Grot, Mundo animal, El cari\u00f1o de los tontos, Los suicidas,<\/em> fueron nuestro alimento, nuestro pan bueno<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ese tiempo ya Antonio era un escritor del mundo. Ya era uno de los prosistas m\u00e1s importantes del siglo XX. Y hab\u00eda sido condecorado con \u00f3rdenes internacionales, recibido premios, traducido a muchos idiomas. Y nosotras lo admir\u00e1bamos, dios, c\u00f3mo lo admir\u00e1bamos. <em>Zama, Pent\u00e1gono, Declinaci\u00f3n y \u00e1ngel<\/em> (la nouvelle m\u00e1s hermosa, creo de toda su obra),<em> El silenciero, Grot, Mundo animal, El cari\u00f1o de los tontos, Los suicidas,<\/em> fueron nuestro alimento, nuestro pan bueno, como dije. Porque con estos libros nos acercamos a lo que un autor debe tener: la actitud del escritor, la forma de ver el mundo, la posibilidad de escaparse de esta realidad castradora de todos los d\u00edas, la ficci\u00f3n fant\u00e1stica, la raja en el cielorraso para poder volar y dejar la angustia atr\u00e1s. Luego del horror y la vejaci\u00f3n del \u00b476, vendr\u00edan <em>Cuentos del Exilio <\/em>y <em>Sombras, nada m\u00e1s<\/em>. Y me atrevo a decir que lamentablemente, Di Benedetto es ahora tal vez m\u00e1s conocido y le\u00eddo por haber sido v\u00edctima de la dictadura (terrible infortunio que lo demoli\u00f3) aunque ya su obra esplend\u00eda antes de los a\u00f1os en los que el cielo se derrumbara sobre nuestro pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bueno es recordar, y me sonr\u00edo sin quererlo acaso, que junto a Antonio conformamos un grupo secreto, una especie de<em> secta<\/em> que pocos conocieron: el Grupo Literario S\u00f3tano. Esa clase de cen\u00e1culo, en el que Ana Mar\u00eda y yo \u00e9ramos una especie de moscas en la leche, funcionaba en calle Montevideo entre 9 de Julio y Avenida Espa\u00f1a, justamente en un s\u00f3tano que nos prestaba alg\u00fan mecenas cuyo nombre nunca supe o que ya no recuerdo. Aquel grupo selecto (no por nosotras, claro) en el que estaban Ricardo Tudela, Vicente Nacarato, Guillermo Petra Serralta, Humberto Crimi, Draghi Lucero, Ramponi, Am\u00e9rico Cal\u00ed, Bonardel, no funcion\u00f3 mucho tiempo. Pero era una especie de lugar apartado en el mundo, en el que, entre empanadas, pizza y vino, se debat\u00edan ideas, libros, pel\u00edculas. Antonio era la voz directriz sin duda alguna, dado que era \u00e9l quien decid\u00eda los nombres a invitar que repito, no eran muchos. Ahora que lo pienso, escribo estos nombres y pienso que s\u00f3lo yo quedo de aquellas noches de literatura y vino, noches sin estridencias, sin m\u00e1s que la emoci\u00f3n de hablar, arg\u00fcir, leer, analizar. Y siento que aquello tal vez fue s\u00f3lo un sue\u00f1o. O que nadie ha muerto. O que yo soy quien ya no est\u00e1. Ser\u00e1 cosa de so\u00f1arlo, dir\u00eda Di Benedetto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Un hombre amado y odiado<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un largo anecdotario de peque\u00f1os momentos en verdad, recorre mi memoria y tiene como protagonista a Di Benedetto, el hombre de la voz precisa, l\u00facida, amable, afilada, pero \u00edntima, porque el tono con el que se expresaba parec\u00eda estar dirigido s\u00f3lo a una, y eso lo hac\u00eda distinto. Un hombre amado y odiado, catalogado como una especie de f\u00f3bico social, aunque con los amigos fuera una persona entra\u00f1able. Y \u00e9l agradec\u00eda ese r\u00f3tulo que le serv\u00eda para conformar una especie de c\u00edrculo dif\u00edcil de acceder si \u00e9l no lo permit\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"741\" src=\"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/03_antonio_di_benedetto_borges_l-1024x741.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-14941\" srcset=\"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/03_antonio_di_benedetto_borges_l-980x709.jpg 980w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/03_antonio_di_benedetto_borges_l-480x347.jpg 480w\" sizes=\"auto, (min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>Di Benedetto con Jorge Luis Borges, a mediados de los &#8217;60.<\/em><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay un momento de aquellos tiempos, que sin duda alguna me marc\u00f3. Un cierto anochecer (la bohemia es amiga de la noche y nosotros ador\u00e1bamos las mesas de los bares iluminadas por la luz artificial) Antonio me dijo: <em>\u201cMercedes, \u00bfusted quiere ser escritora?\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fuimos muy amigos, lo he dicho, pero jam\u00e1s nos tuteamos. Era una forma de tratamiento que \u00e9l dispon\u00eda y que una sent\u00eda le daba un cierto se\u00f1or\u00edo a la relaci\u00f3n. Aquella pregunta dio vuelta mi vida. Le contest\u00e9 que s\u00ed, que todo a lo que aspiraba era escribir. Entonces, me dijo, venga al diario, entrar\u00e1 a hacer notas en deportes. Me aterr\u00e9. Sent\u00ed que ca\u00eda en una de las tantas bromas a las que era muy afecto y de las que hac\u00eda gala para congelar al interlocutor con ese esp\u00edritu \u00e1cido que lo identificaba. Cre\u00ed que me estaba diciendo que me dedicara a otra cosa. Debi\u00f3 ver mi cara de espanto. Por qu\u00e9, le dije, si yo sab\u00eda que una pelota es redonda porque se dibujaba con un comp\u00e1s, pero que era y a\u00fan lo soy, una ab\u00falica f\u00edsica que jam\u00e1s hizo una actividad deportiva. Sin inmutarse ante mi \u201cimpertinencia\u201d, muy seriamente agreg\u00f3: <em>\u201cPrimero, deportes, luego, policiales\u201d.<\/em> Peor a\u00fan: yo <em>era <\/em>una persona del medio pelo cultural de ese momento, ergo, si ten\u00eda que ser periodista alguna vez, deber\u00eda ser en la secci\u00f3n cultura. Acept\u00e9 a rega\u00f1adientes. Conozco, desde entonces, los reglamentos de todos los deportes pues pas\u00e9 por cada uno de ellos. Comenc\u00e9 trabajando con Rodolfo Braceli en diario <em>El Andino<\/em> y en <em>Los Andes<\/em> con Enrique Romero. Luego pasar\u00eda a hacer \u201cbolos\u201d en policiales. Y as\u00ed comenz\u00f3 mi carrera como narradora. <em>\u201cPorque en esas secciones, usted se acercar\u00e1 a la gente. Y eso la ayudar\u00e1 a usted a llegar a ser, tal vez, una escritora\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El entusiasmo es la exaltaci\u00f3n del \u00e1nimo que se produce por algo que cautiva o que es admirado. Para los griegos, \u201c<em>entusiasmo\u201d<\/em> significa \u201c<em>tener un dios dentro de s\u00ed\u201d.<\/em> Y si tuviera que calificar aquellos a\u00f1os de mi amistad con Di Benedetto, dir\u00eda que fueron de entusiasmo pleno. Ya luego la vida nos dar\u00eda a m\u00ed, cachetazos y caricias. A \u00e9l, tortura y humillaci\u00f3n, que provocar\u00edan el derrumbre como hombre aunque no como escritor.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-vivid-red-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>Alguna vez, \u00e9l escribi\u00f3 sobre s\u00ed mismo: <em>\u201cSoy argentino, pero no he nacido en Buenos Aires. Dios me guarde de tener que vivir alg\u00fan d\u00eda en esa ciudad. Nac\u00ed el D\u00eda de los Muertos del a\u00f1o 22. Me gusta la m\u00fasica, especialmente la de Bach y la de Beethoven. Y el \u2018cante jondo andaluz\u2019. Bailar no s\u00e9, nadar no s\u00e9, beber s\u00ed s\u00e9. Auto no tengo. Prefiero la noche. Preciso el silencio. No hay m\u00e1s que decir sobre m\u00ed\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">S\u00ed fuimos entusiastas en ese tiempo. Tiempos de largas caminatas, de largas conversaciones, de largas sobremesas. De recuerdos prolongados en la vaguedad de la memoria. Ten\u00edamos a ese dios dentro de nosotros. Inconscientemente tal vez, nos regocij\u00e1bamos con la ligera idea de que aquello durar\u00eda para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s, siempre hay un despu\u00e9s, sobrevino el infierno que todos conocemos. Y con ese infierno, el terror, la separatidad, el desasimiento, la melancol\u00eda, el extra\u00f1amiento. Sentimientos claves para entender la literatura del exilio. Elementos que est\u00e1n en la obra de Di Benedetto que \u00e9l escribiera en el extranjero. <em>Cuentos del exilio<\/em> y <em>Sombras, nada m\u00e1s<\/em>, son conmovedores testimonios de lo que el hombre puede hacer del hombre violado en sus derechos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alguna vez, \u00e9l escribi\u00f3 sobre s\u00ed mismo: <em>\u201cSoy argentino, pero no he nacido en Buenos Aires. Dios me guarde de tener que vivir alg\u00fan d\u00eda en esa ciudad. Nac\u00ed el D\u00eda de los Muertos del a\u00f1o 22. Me gusta la m\u00fasica, especialmente la de Bach y la de Beethoven. Y el \u2018cante jondo andaluz\u2019. Bailar no s\u00e9, nadar no s\u00e9, beber s\u00ed s\u00e9. Auto no tengo. Prefiero la noche. Preciso el silencio. No hay m\u00e1s que decir sobre m\u00ed\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Despu\u00e9s del exilio<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como una especie de premonici\u00f3n en las que tanto cre\u00eda entre bromas, termin\u00f3 su vida en Buenos Aires. Acciones paralelas, contrastes de presencia y ausencia, transfiguraci\u00f3n, enjambre de im\u00e1genes visuales convergiendo adquiriendo relieves humanos y po\u00e9ticos. Di Benedetto hombre y Di Benedetto escritor siempre anduvieron herman\u00e1ndose y desencontr\u00e1ndose. Uno se fue. El otro queda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Volvimos a verlo a Antonio Di Benedetto ya con la democracia, cuando pudo volver a Mendoza, en ocasi\u00f3n de un homenaje que se le realiz\u00f3. Lo vimos ac\u00e1 y en la Feria del Libro en Buenos Aires. Tambi\u00e9n entonces lo flanqueamos con Ana Mar\u00eda. Cada una de cada lado. En medio de la multitud desconocida. Sabiendo el horror que le ten\u00eda a las aglomeraciones, lo tomamos del brazo y lo acompa\u00f1amos. Como antes. Pero ya no era aquel hombre de antes. Ya no era el Antonio Di Benedetto seductor, ocurrente, brillante, de las noches mendocinas de anta\u00f1o. Llev\u00e1bamos del brazo a un hombre de larga barba gris que ten\u00eda esa grisura tambi\u00e9n en la mirada, en el andar, en la voz. Un hombre que en un momento dado, en medio de una charla del programa de la feria, se inclin\u00f3 hacia m\u00ed y, esta vez s\u00ed con el escaso aire que le quedaba, me murmur\u00f3 casi amablemente al o\u00eddo: <em>\u201cMercedes, usted que se qued\u00f3 en Mendoza, \u00bfme puede decir si se supo alguna vez por qu\u00e9 me detuvieron?\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No escribo m\u00e1s. Hay momentos en que evocar me hace mal. Prefiero abrir uno de mis libros predilectos y leer, despejar la oscuridad de haber callado ante aquella pregunta que no supe contestar. Insisto: <em>Declinaci\u00f3n y \u00e1ngel<\/em> o <em>El abandono y la Pasividad <\/em>(primer t\u00edtulo de la obra), es una de las nouvelles m\u00e1s bellas de Antonio Di Benedetto, en cuya primera p\u00e1gina el autor declarara en la primera edici\u00f3n de 1958: <em>\u201cEl abandono y la Pasividad est\u00e1 compuesto s\u00f3lo con cosas, pero no simul\u00e1ndoles vida y lenguaje como en las f\u00e1bulas. El florero es florero y la carta carta. Si el vidrio y el agua hacen estragos es en funci\u00f3n meramente pasiva. El drama humano se halla impl\u00edcito.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El drama humano. Cierro la evocaci\u00f3n. Ya no est\u00e1n Ana Mar\u00eda Giunta ni Antonio Di Benedetto. Habr\u00e1 que so\u00f1arlos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El progresivo inter\u00e9s en el escritor y su obra ha generado progresivas reediciones, homenajes, adaptaciones al cine y jornadas de estudio. Ese escritor de provincias, silencioso y silenciado escribi\u00f3 con un estilo propio e intenso. \u00abZama\u00bb es su novela m\u00e1s consagrada. La premiada escritora mendocina Mercedes Fern\u00e1ndez lo conoci\u00f3 con cercan\u00eda y comparti\u00f3 a\u00f1os de bohemia y de dolor. 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