{"id":15808,"date":"2023-07-31T15:02:53","date_gmt":"2023-07-31T18:02:53","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/?p=15808"},"modified":"2023-07-31T20:20:47","modified_gmt":"2023-07-31T23:20:47","slug":"olfateando-el-abismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/index.php\/2023\/07\/31\/olfateando-el-abismo\/","title":{"rendered":"Olfateando el abismo"},"content":{"rendered":"<h5><em><strong>Vivimos tiempos de cambio, de incertidumbre, de transici\u00f3n. Entre el v\u00e9rtigo tecnol\u00f3gico y la futilidad de nuestros conceptos, vivimos, nos dice Luis Oro Tapia, en una \u00e9poca de \u00abdesesperanzada, l\u00e1bil y ag\u00f3nica; pero tambi\u00e9n gestacional y parturienta\u00bb.<\/strong><\/em><\/h5>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-15840 size-large\" src=\"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/Abismo-e1690234491122-1024x930.png\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"930\" srcset=\"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/Abismo-e1690234491122-980x551.png 980w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/Abismo-e1690234491122-480x270.png 480w\" sizes=\"auto, (min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw\" \/><\/p>\n<p>\u00abOccidente, descubre en m\u00ed lo eterno, lo que siempre ama\u00bb, le imploraba un hombre de sienes ligeramente encanecidas a una puesta de sol, mientras se desvanec\u00edan sus recuerdos juveniles sobre la arena estival. A modo de consuelo invoc\u00f3 los versos iniciales del poema <em>Lo fatal<\/em> de Rub\u00e9n Dar\u00edo (\u00abDichoso el \u00e1rbol que es apenas sensitivo \/ y m\u00e1s la piedra dura, porque \u00e9sa ya no siente\u00bb), pero la nostalgia no ces\u00f3. Jorge Luis Borges, por su parte, en su cuento <em>El inmortal<\/em> narra las peripecias de un hombre que quiere derrotar la temporalidad y, finalmente, lo consigue. En la literatura existen abundantes testimonios que dan cuenta de cu\u00e1n empecinada est\u00e1 la civilizaci\u00f3n occidental en expulsar la muerte y el dolor de la condici\u00f3n humana. Tal desider\u00e1tum en los hechos se expresa en el imperativo de alargar cada vez m\u00e1s la vida y de erradicar de ella el sufrimiento.<\/p>\n<p>Pese a ser una meta incumplida, no le ha ido del todo mal en sus afanes; porque dispone de una herramienta prodigiosa que la ayuda a materializar sus obsesiones ut\u00f3picas: la ciencia y la t\u00e9cnica moderna. Pero las utop\u00edas tambi\u00e9n pueden devenir, paradojalmente, en distop\u00edas como le sucede, por ejemplo, al protagonista del referido relato de Borges. Y ello no s\u00f3lo ocurre en la ficci\u00f3n. De hecho, el tr\u00e1nsito de una a la otra puede ser imperceptible en la vida cotidiana. Aunque tambi\u00e9n cabe la posibilidad de que ambas puedan coexistir luchando de manera soterrada como ha acontecido en el \u00faltimo tiempo.<\/p>\n<blockquote>\n<h2><strong><span style=\"color: #ff0000;\">Actualmente deber\u00edan comenzar a fraguarse nuevas categor\u00edas y nuevas valoraciones. Unas que est\u00e9n en sinton\u00eda con la nueva concepci\u00f3n de la realidad y, obviamente, con la nueva humanidad que est\u00e1 surgiendo.<\/span><\/strong><\/h2>\n<\/blockquote>\n<p>As\u00ed, por ejemplo, la corriente que avala el progreso tecnol\u00f3gico ha tenido que hacer frente a una contracorriente que vindica los derechos de la naturaleza. No obstante, aqu\u00e9lla \u2014pese a los innumerables perjuicios que ha ocasionado al medio ambiente\u2014 sigue su avance, haciendo caso omiso de las proyecciones catastrofistas o dist\u00f3picas. Con todo, existen dos \u00e1mbitos en los cuales la fe en el progreso contin\u00faa inc\u00f3lume: el de las ciencias biom\u00e9dicas y el de las tecnolog\u00edas digitales.<\/p>\n<p>No en vano en las \u00faltimas d\u00e9cadas le dimos la bienvenida a los beb\u00e9s de probeta y aceptamos sin mayores reparos la manipulaci\u00f3n \u2014otros dicen <em>edici\u00f3n<\/em>\u2014 gen\u00e9tica. Asimismo, dejamos de deslumbrarnos con la genialidad para pasmarnos con la inteligencia artificial. Pero tambi\u00e9n extra\u00f1amente transitamos de la voluntad de futuro de las vanguardias al \u00abprogresismo reaccionario\u00bb que aflora en algunas izquierdas, tal como qued\u00f3 en evidencia \u2014en el caso de Chile\u2014 durante la Convenci\u00f3n Constitucional. Incluso para no pocos la fascinaci\u00f3n con los cambios tecnol\u00f3gicos y con la velocidad devino en v\u00e9rtigo y en ansias de apacible quietud y, m\u00e1s a\u00fan, en enso\u00f1aciones buc\u00f3licas. Me parece que tales ambivalencias (algunas con visos de ox\u00edmoron) trascienden las peculiaridades de los actores aludidos y son s\u00edntomas de un dilema o encrucijada mayor como m\u00e1s adelante se ver\u00e1.<\/p>\n<p><strong>\u00bfPESADEZ DE LA MATERIA O DEL ESP\u00cdRITU?<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-15841\" src=\"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/disto.jpg\" alt=\"\" width=\"863\" height=\"863\" srcset=\"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/disto.jpg 863w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/disto-480x480.jpg 480w\" sizes=\"auto, (min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 863px, 100vw\" \/><\/p>\n<p>El nudo entre quienes tiran del futuro y quienes resisten del pasado siempre ha existido. Puede ser m\u00e1s o menos apretado. Con todo, el actual es diferente de los anteriores. Algunos pensadores y artistas del siglo veinte lo intuyeron como una mera probabilidad. Hoy no s\u00f3lo es un escenario posible; es una realidad concreta que est\u00e1 ante nosotros y no la podemos eludir.<\/p>\n<p>Hace algo m\u00e1s de cien a\u00f1os, un personaje de la novela <em>La monta\u00f1a m\u00e1gica<\/em> de Thomas Mann (ambientada en v\u00edsperas de la Primera Guerra Mundial) sosten\u00eda que \u00ablo que trae confusi\u00f3n al mundo es la desproporci\u00f3n entre la rapidez del esp\u00edritu y la terrible pesadez, la lentitud, la resistencia y la inercia de la materia\u00bb. El diagn\u00f3stico del personaje es correcto. Pero no s\u00f3lo para esa \u00e9poca, sino que tambi\u00e9n para toda la historia humana anterior; puesto que la naturaleza, hosca y contumaz, se resist\u00eda a ser remolcada y he\u00f1ida por la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Hasta la primera mitad del siglo veinte las elaboraciones normativas de la raz\u00f3n especulativa iban varios pasos m\u00e1s adelante que las realizaciones materiales. Inversamente, en los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os el desarrollo f\u00edsico \u2014aupado por la ciencia y la t\u00e9cnica\u2014 es quien ha tomado la delantera y ha dejado rezagada a la raz\u00f3n especulativa; generando as\u00ed un nuevo desfase, pero esta vez uno de \u00edndole completamente diferente, incluso opuesto al anterior. Tal modalidad de desajuste tambi\u00e9n trae confusi\u00f3n al mundo. Concretamente, la materialidad le plantea problemas y desaf\u00edos al orden normativo, pero \u00e9ste no los puede resolver con celeridad, porque no avanza al mismo ritmo del quehacer f\u00e1ctico. Dicha brecha no tarda en suscitar fricciones intraps\u00edquicas, desconcierto social y m\u00e1s temprano que tarde conmociones pol\u00edticas.<\/p>\n<p>En efecto, la raz\u00f3n normativa ha quedado rezagada respecto del avance del dominio material que ha configurado la ciencia y la t\u00e9cnica. Dicho de otro modo: nuestros mapas normativos est\u00e1n desactualizados y, precisamente, en ello estriba buena parte de nuestra perplejidad con su correspondiente sensaci\u00f3n de azoramiento y desorientaci\u00f3n. Tambi\u00e9n parte del problema radica en el hecho de que no tenemos experiencias hist\u00f3ricas similares en las cuales encontrar analog\u00edas y buscar inspiraci\u00f3n. Ya no somos enanos encaramados en hombros de gigantes; somos hu\u00e9rfanos de un pasado que actualmente no nos brinda cobijo moral, puesto que nuestras realizaciones materiales han puesto en entredicho sus valoraciones.<\/p>\n<blockquote>\n<h2><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>Concretamente, la materialidad le plantea problemas y desaf\u00edos al orden normativo, pero \u00e9ste no los puede resolver con celeridad, porque no avanza al mismo ritmo del quehacer f\u00e1ctico. Dicha brecha no tarda en suscitar fricciones intraps\u00edquicas, desconcierto social y m\u00e1s temprano que tarde conmociones pol\u00edticas.<\/strong><\/span><\/h2>\n<\/blockquote>\n<p>Estamos viviendo algo profundamente disruptivo, sin par en toda la historia de la humanidad, y no tenemos orientaciones para enfrentarlo. <a href=\"https:\/\/www.planetadelibros.com.ar\/libro-la-decadencia-de-occidente-i\/146937\">Las previsiones de Oswald Spengler,<\/a> ancladas en la historia comparada, no nos sirven por dos razones. Primera: porque hay un hecho absolutamente nuevo, in\u00e9dito en toda la historia, que es la irrupci\u00f3n de la ciencia y la t\u00e9cnica moderna, las cuales tienen la capacidad de modificar la vida corporal y mental de los seres humanos como ninguna otra civilizaci\u00f3n la ha tenido. Dicho de otro modo: tanto la radicalidad de los cambios como el desenvolvimiento que ha tenido la civilizaci\u00f3n occidental \u2014que en su actual etapa es tecnol\u00f3gica\u2014 carece de paralelismo en la historia universal. Segunda: as\u00ed vistas las cosas, por una parte, no sabemos si Occidente declina o si asciende y, por otra, no sabemos si Occidente a\u00fan existe, pues cabe la posibilidad de que en lo que respecta a los asuntos val\u00f3ricos y estrictamente humanos estemos ingresando a un nuevo tipo de civilizaci\u00f3n diferente de la occidental y, de ser as\u00ed, \u00e9sta ser\u00eda de car\u00e1cter planetario y tendr\u00eda un nuevo c\u00f3digo moral. Lo que s\u00ed me parece claro es que estamos llegando al final del tiempo eje, ese tiempo axiol\u00f3gico o normativo, que con diferentes \u00e9nfasis y modulaciones ha orientado y ha dado sentido tanto a la existencia individual como a la colectiva durante veinticinco siglos.<\/p>\n<p>Hacia mediados de la d\u00e9cada de 1950 Karl Jaspers \u2014que fue quien acu\u00f1\u00f3 la expresi\u00f3n \u00abtiempo eje\u00bb\u2014 conjeturaba que era posible que a nuestra generaci\u00f3n le correspondiera vivir los \u00faltimos estertores de dicho tiempo y que, a la vez, presenciara los primeros balbuceos de un nuevo tiempo axial. Tal conjetura implica sostener impl\u00edcitamente que las categor\u00edas con las que hemos pensado durante dos milenios y medio est\u00e1n comenzando a quedar obsoletas. Ellas ya no est\u00e1n a la altura de los tiempos, no dan cuenta de las nuevas realidades. Con todo, actualmente deber\u00edan comenzar a fraguarse nuevas categor\u00edas y nuevas valoraciones. Unas que est\u00e9n en sinton\u00eda con la nueva concepci\u00f3n de la realidad y, obviamente, con la nueva humanidad que est\u00e1 surgiendo.<\/p>\n<p>Por esos mismos a\u00f1os Martin Heidegger sosten\u00eda que llegar\u00eda un momento en el cual el hombre intervendr\u00eda no s\u00f3lo la esencia de las cosas, sino que tambi\u00e9n su propia esencia, fabric\u00e1ndose t\u00e9cnicamente a s\u00ed mismo. En ese momento \u2014intu\u00eda Heidegger\u2014 la idea de naturaleza humana estallar\u00e1 por los aires y tambi\u00e9n el correspondiente orden moral. Me parece que ya estamos viviendo los primeros a\u00f1os de ese tiempo, el cual comenz\u00f3 con la manipulaci\u00f3n gen\u00e9tica y de embriones humanos. La bio\u00e9tica, quiz\u00e1s, sea uno de los primeros intentos de hacer dialogar la l\u00f3gica de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica con los imperativos normativos. Pero de cierta manera ese di\u00e1logo es entre lo nuevo y lo viejo \u2014y no entre las realidades emergentes y las nuevas valoraciones\u2014, puesto que nuestro orden normativo a\u00fan est\u00e1 anclado en el tiempo eje y desde sus preceptos eval\u00faa las nuevas realidades.<\/p>\n<p><strong>TRASLAPE DE \u00c9POCAS<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-15844\" src=\"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/reloj.jpg\" alt=\"\" width=\"885\" height=\"879\" srcset=\"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/reloj.jpg 885w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/reloj-480x477.jpg 480w\" sizes=\"auto, (min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 885px, 100vw\" \/><\/p>\n<p>Lo terrible para nosotros (moradores de un siglo en trance) que cabalgamos sobre los lomos de dos caballos, el del tiempo nuevo y el del tiempo viejo, es que corremos el riesgo de desplomarnos an\u00edmicamente y de ser arrasados por las pezu\u00f1as de los corceles sin siquiera saber cu\u00e1l de ellos triunfar\u00e1, puesto que tambi\u00e9n cabe la posibilidad de una restauraci\u00f3n del viejo orden, lo cual significar\u00eda petrificar el actual estado de cosas y cancelar todas las posibilidades de progreso. De hecho, han existido civilizaciones \u2014como la del antiguo Egipto, por ejemplo\u2014 que habiendo alcanzado un alto grado de sofisticaci\u00f3n, una vez que lo lograron, se dedicaron a preservar sus realizaciones. Esto implic\u00f3, a la postre, cancelar la posibilidad de innovar. Tales son las civilizaciones atadas, detenidas, hier\u00e1ticas o estancadas. Es verdad que nuestra valoraci\u00f3n del cambio nos incita desestimar esa alternativa, pero tambi\u00e9n el v\u00e9rtigo que produce la celeridad de los cambios nos puede llevar a considerarla como una opci\u00f3n razonable. Quiz\u00e1s, quienes actualmente abogan por el decrecimiento terminen suscribi\u00e9ndola y as\u00ed dicha opci\u00f3n termine imponi\u00e9ndose como la alternativa menos mala.<\/p>\n<p>Todo indica que estamos viviendo un momento crepuscular. Pero no sabemos si es el crep\u00fasculo del amanecer o el del atardecer. Para algunos, los m\u00e1s optimistas, se trata de una encrucijada; para otros, los pesimistas, se trata de una apor\u00eda. Claramente estamos ante un problema doloroso. Cabe recordar que para que algo tenga el estatus de problema se deben cumplir dos condiciones. Primera: que existan asuntos acuciantes que, por el momento, no tienen soluci\u00f3n o bien tienen varias, pero \u00e9stas son rec\u00edprocamente incompatibles. Segunda: que el asunto problem\u00e1tico nos concierna existencialmente \u2014o vitalmente, en cuanto nuestro porvenir pende de su soluci\u00f3n\u2014 y, precisamente, debido a ello nos produce desasosiego, fracturas ps\u00edquicas y una creciente angustia.<\/p>\n<p>En nuestro caso se cumplen ambas condiciones; lo cual no significa, en modo alguno, que todos los seres humanos se sientan acongojados o anden carilargos por la vida; puesto que no todos reaccionan de igual manera frente a los mismos est\u00edmulos, ni siquiera ante el dolor. Tambi\u00e9n est\u00e1n los anestesiados, los inconscientes y los fr\u00edvolos. Ellos tienen una existencia anodina: viven y no se sienten vivir. Para los m\u00e1s escrupulosos y sensibles, por el contrario, la vida deviene en una tortuosa tribulaci\u00f3n. Para estos \u00faltimos el tiempo crepuscular es un calvario.<\/p>\n<blockquote>\n<h2><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>Todo indica que estamos viviendo un momento crepuscular. Pero no sabemos si es el crep\u00fasculo del amanecer o el del atardecer. Para algunos, los m\u00e1s optimistas, se trata de una encrucijada; para otros, los pesimistas, se trata de una apor\u00eda. Claramente estamos ante un problema doloroso.<\/strong> <\/span><\/h2>\n<\/blockquote>\n<p>En las aludidas circunstancias \u00abtoda una generaci\u00f3n se encuentra extraviada entre dos estilos de vida, de tal suerte que pierde toda norma, toda seguridad e inocencia\u00bb \u2014apunta Hermann Hesse en su novela <em>El lobo estepario<\/em>\u2014 y nadie sabe a qu\u00e9 atenerse ni qu\u00e9 esperar con certeza. Obviamente que ello fractura conciencias, lo cual no s\u00f3lo tiene efectos psicol\u00f3gicos, sino que tambi\u00e9n sociopol\u00edticos. La perplejidad y la angustia engendran espejismos de redenci\u00f3n o bien de desesperanza, esto es, de utop\u00edas y distop\u00edas, aunque sin mayores niveles de elaboraci\u00f3n. Quienes se sienten abatidos son los m\u00e1s propensos a suscribirlas irreflexivamente. Pero tambi\u00e9n est\u00e1n los que son sensibles y, al mismo tiempo, esc\u00e9pticos y meditabundos. Estos \u00faltimos tienen plena conciencia de que est\u00e1n enzarzados entre dos cosmovisiones y puesto que no optan por la fuga ut\u00f3pica ni la dist\u00f3pica \u00abviven todos los enigmas de la vida humana sublimados como infierno y como tormento en su propia persona\u00bb, como bien se\u00f1ala Hesse.<\/p>\n<p>En la misma l\u00ednea, desde Am\u00e9rica Latina, el subcontinente del crep\u00fasculo sin fin, nos hacemos eco de las palabras del poeta Vicente Huidobro y le preguntamos a coro a Altazor \u2014nuestro alter ego, puesto que a \u00e9l tambi\u00e9n se le evaporaron sus certezas y se qued\u00f3 sin mundo\u2014 \u00ab\u00bfqui\u00e9n hizo converger tus pensamientos al cruce de todos los vientos del dolor?\u00bb. Y, al igual que Altazor, debemos armarnos de fortaleza para eludir las coartadas de las ofertas ut\u00f3picas y dist\u00f3picas a fin de plantarle cara al enigma que llevamos dentro de nosotros mismos.<\/p>\n<p>Contempladas las cosas desde una perspectiva existencial, nuestra \u00e9poca ser\u00eda la del lobo estepario: desesperanzada, l\u00e1bil y ag\u00f3nica; pero tambi\u00e9n gestacional y parturienta. Si aspiramos a sobrevivir a ella y no queremos ser empalados ni cegados por el crep\u00fasculo \u2014ya sea el del amanecer o el del atardecer\u2014 tendremos que transmutar compulsiva y dolorosamente nuestras valoraciones al igual que el protagonista de la mentada novela. Por el momento, a modo de consuelo y en sinton\u00eda con la desrealizaci\u00f3n de lo real, s\u00f3lo podemos decir junto con Nicanor Parra: \u00abAy de m\u00ed, \u00a1ay de m\u00ed!, algo me dice que la vida no es m\u00e1s que una quimera\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vivimos tiempos de cambio, de incertidumbre, de transici\u00f3n. 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