{"id":16803,"date":"2024-10-13T12:34:22","date_gmt":"2024-10-13T15:34:22","guid":{"rendered":"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/?p=16803"},"modified":"2024-10-13T13:01:44","modified_gmt":"2024-10-13T16:01:44","slug":"el-vortice-progresista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/index.php\/2024\/10\/13\/el-vortice-progresista\/","title":{"rendered":"El v\u00f3rtice progresista"},"content":{"rendered":"<h5><em><strong>Concepto ambiguo y crecientemente peyorativo, el progresismo se ha vuelto una noci\u00f3n omnipresente en nuestro debate p\u00fablico. Eduardo Minutella nos propone una discusi\u00f3n sobre sus usos y sus significantes pasados y presentes para idear un progresismo de cara al futuro.\u00a0<\/strong><\/em><\/h5>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-16806\" src=\"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Progresismo-1024x576.png\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"576\" srcset=\"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Progresismo-1024x576.png 1024w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Progresismo-980x551.png 980w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Progresismo-480x270.png 480w\" sizes=\"auto, (min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw\" \/><\/p>\n<p>Entre los buscadores de curiosidades es conocida la historia del v\u00f3rtice de Marysburgh, un \u00e1rea ubicada en el este del lago Ontario que registra una gran cantidad de naufragios. Como un Tri\u00e1ngulo de las Bermudas, pero con PBI de cuatro cifras en billones. A pesar de que es profusa la cantidad de relatos sobre las causas de aquellas fallidas traves\u00edas lacustres, lo que se sabe de aquellas abducciones hacia la nada es m\u00e1s bien poco. Las discusiones sobre \u201cel progresismo\u201d en la esfera p\u00fablica local (aunque no solamente) por momentos parecen replicar esa tendencia que se mueve entre el estudio de la din\u00e1mica de los fluidos y la pura fantas\u00eda nominativa que busca contrapesar la escasa propensi\u00f3n al trabajo anal\u00edtico y la falta de honestidad intelectual con imaginer\u00eda a la carta. A menudo, y no solo desde el campo de las derechas que se reconocen como tales, es \u201cprogresista\u201d o \u201cprogre\u201d \u2014su forma abreviada y casi siempre desde\u00f1osa\u2014 mucho de aquello que simplemente se desprecia, desde un gobierno fallido hasta una militancia juzgada interesada, parcial o equivocada. Por eso, la pregunta sobre el progresismo no puede desvincularse de una reposici\u00f3n hist\u00f3rica fuerte, que le d\u00e9 sustento a una categor\u00eda de perfiles siempre confusos y sentidos m\u00e1s bien elusivos incluso para los par\u00e1metros de la jerga pol\u00edtica, donde la precisi\u00f3n conceptual no es la regla. Sin precisar <em>qu\u00e9 progresismo<\/em>, hablar del progresismo para imputarle dem\u00e9ritos varios es construir un mu\u00f1eco de paja.<\/p>\n<p>A contramano de las diatribas de los \u00faltimos a\u00f1os, en los primeros lustros del siglo XXI han participado en la puja local por la leg\u00edtima portabilidad del significante fuerzas pol\u00edticas dis\u00edmiles, desde el peronismo kirchnerista, el radicalismo alfonsinista, los socialistas democr\u00e1ticos y, con un \u00e9nfasis menguante hasta la casi extinci\u00f3n, la Coalici\u00f3n C\u00edvica y hasta sectores del PRO. Por fuera del \u00e1mbito partidista, tambi\u00e9n se han considerado progresistas diversos sectores, desde cristianos y ambientalistas hasta ciudadanos nucleados en el onege\u00edsmo vern\u00e1culo y librepensadores l\u00f3gicamente \u201csueltos\u201d. Especialmente a partir de la crisis de 2001, y a contrapelo de la apariencia de unidad por el espanto articulada en los a\u00f1os noventa para combatir al t\u00e1ndem menemismo-neoliberalismo-globalismo, el progresismo local fue un significante en disputa, aunque es cierto que esa contienda se dirimi\u00f3 en clave poco enf\u00e1tica. Nadie proclamar\u00eda slogans del tipo <em>progresismo o muerte<\/em>, tal vez como consecuencia de que, al menos en sus sentidos m\u00e1s extendidos, los progresismos realmente existentes han sido hijos de un tiempo en que el horizonte de la revoluci\u00f3n aparec\u00eda como inimaginable. Por eso, la del progresismo ha sido casi siempre una causa sin m\u00e1rtires. Incluso la bandera misma del progreso, a partir de la cual se hab\u00edan gestado los primeros sentidos asociados al concepto en el siglo XIX, es hoy un credo anacr\u00f3nico que, salvo en su acepci\u00f3n estrecha que lo vincula a la mera acumulaci\u00f3n material y el <em>crescendo<\/em> tecnol\u00f3gico, cuenta ya con pocos, poqu\u00edsimos feligreses.<\/p>\n<blockquote>\n<h2><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>A menudo, y no solo desde el campo de las derechas que se reconocen como tales, es \u201cprogresista\u201d o \u201cprogre\u201d \u2014su forma abreviada y casi siempre desde\u00f1osa\u2014 mucho de aquello que simplemente se desprecia, desde un gobierno fallido hasta una militancia juzgada interesada, parcial o equivocada.<\/strong> <\/span><\/h2>\n<\/blockquote>\n<p><strong>UN POCO DE HISTORIA<\/strong><\/p>\n<p>El progresismo se deslaz\u00f3 al centro del discurso pol\u00edtico en un contexto que buena parte de las izquierdas occidentales reconocieron como un tiempo de derrota. Si durante parte del siglo XX los antagonismos entre izquierdas y derechas se hab\u00edan organizado principalmente en torno a una disputa que, con mayor o menor \u00e9nfasis, tend\u00edan a poner en el centro del debate la cuesti\u00f3n del control de los medios de producci\u00f3n, las discusiones en torno al progresismo se revelaron como m\u00e1s propicias de un tiempo en el que las tensiones se desplazaron mayormente hacia la cuantificaci\u00f3n de los criterios justos de redistribuci\u00f3n de lo efectivamente producido y la reevaluaci\u00f3n de algunas ideas y valores asociadas al liberalismo pol\u00edtico (incluso aunque a veces en la pr\u00e1ctica hayan sido fuerzas no liberales, m\u00e1s propiamente socialistas y comunistas, las que permitieron su efectiva materializaci\u00f3n hist\u00f3rica). En la Argentina, los escarceos conceptuales sobre la categor\u00eda comenzaron a ensayarse con mayor ah\u00ednco en el contexto de la \u00faltima transici\u00f3n democr\u00e1tica, pero su uso reci\u00e9n se hizo m\u00e1s profuso a partir de los a\u00f1os noventa, cuando los marxistas tradicionales, luego de los escombros del Muro de Berl\u00edn, tuvieron que recoger tambi\u00e9n los de la estatuaria sovi\u00e9tica en su conjunto.<\/p>\n<p>Como categor\u00eda, \u201cprogresismo\u201d no era una palabra nueva, sino una reelaboraci\u00f3n de un concepto que comenz\u00f3 a generalizarse en el siglo XIX, cuando todav\u00eda el marxismo no hab\u00eda irrumpido con la fuerza que finalmente supo conseguir en el heterog\u00e9neo campo de las izquierdas. En el debate pol\u00edtico, se lo utilizaba principalmente como ant\u00edtesis del conservadurismo. Por ejemplo, as\u00ed lo usaron los liberales decimon\u00f3nicos que lucharon en Espa\u00f1a contra el Antiguo R\u00e9gimen, o dirigentes y \u2014acaso para disgusto de los actuales devotos del presidente Milei\u2014 letrados de la Argentina finisecular constituidos en torno al Partido Autonomista Nacional. Conscientes o no, todos ellos compart\u00edan una certidumbre sobre lo irrevocable de un movimiento general de las sociedades hacia un futuro mejor, reforzado por un optimismo positivista sobre la inminencia de aquel advenimiento virtuoso, que a la larga (porque el corto plazo siempre parec\u00eda imponer otras urgencias) deber\u00eda realizarse en clave liberal-democr\u00e1tica y necesariamente productivista.<\/p>\n<p>M\u00e1s que en otras categor\u00edas usuales del l\u00e9xico pol\u00edtico, un campo en el cual las definiciones taxativas son siempre esquivas, el progresismo se revela como una criatura de perfiles difusos que, incluso aunque pueda organizarse en torno a un n\u00facleo m\u00e1s o menos recurrente de ideas, siempre aparece como sujeto a tensiones, disputas y transformaciones. Por eso, a lo largo del siglo XIX, la tensi\u00f3n conservadores-progresistas funcion\u00f3 en t\u00e9rminos enf\u00e1ticamente relacionales: mientras que unos demostraban satisfacci\u00f3n respecto de un orden de cosas dado, los otros consideraban necesaria la introducci\u00f3n de transformaciones graduales pero sostenidas que garantizaran la modificaci\u00f3n de ese orden hacia uno considerado necesariamente superador. Esto no implicaba que en la pr\u00e1ctica todos los portavoces del progresismo de ayer fueran sustantivamente progresistas. Cuando lograban sus objetivos, en algunos casos pod\u00edan convertirse en conservadores de un nuevo <em>status quo<\/em>.<\/p>\n<blockquote>\n<h2><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>M\u00e1s que en otras categor\u00edas usuales del l\u00e9xico pol\u00edtico, un campo en el cual las definiciones taxativas son siempre esquivas, el progresismo se revela como una criatura de perfiles difusos que, incluso aunque pueda organizarse en torno a un n\u00facleo m\u00e1s o menos recurrente de ideas, siempre aparece como sujeto a tensiones, disputas y transformaciones.<\/strong> <\/span><\/h2>\n<\/blockquote>\n<p>La condici\u00f3n \u201cprogresista\u201d pod\u00eda incluso ser reivindicada desde posiciones pol\u00edticas diferentes y hasta antag\u00f3nicas. En la Argentina de finales del siglo XIX y comienzos del siglo pasado puede encontr\u00e1rsela reivindicada por figuras tan dis\u00edmiles como el dirigente de la Uni\u00f3n C\u00edvica Francisco Barroetave\u00f1a, el gobernador de Santa Fe por el Partido Autonomista Nacional, Jos\u00e9 Bernardo Iturraspe, quien utilizaba el concepto como sin\u00f3nimo de \u201cliberal\u201d, o en un intelectual formado en el socialismo, como Jos\u00e9 Ingenieros, quien en su cl\u00e1sico <em>Sociolog\u00eda Argentina<\/em> escribi\u00f3: \u201cCuando la Rep\u00fablica Argentina est\u00e9 plenamente civilizada (dentro del periodo econ\u00f3mico capitalista) su pol\u00edtica parlamentaria traducir\u00e1 dos tendencias fundamentales: conservadora y progresista\u201d.<\/p>\n<p>A lo largo del siglo XX, el progresismo apareci\u00f3 mayormente como una condici\u00f3n complementaria de otras identidades m\u00e1s consolidadas. Por ejemplo, se pod\u00eda ser parte del \u201cala progresista\u201d de alguna fuerza pol\u00edtica en torno a la cual se configuraba una identidad primigenia. Solo en el contexto del \u00faltimo retorno democr\u00e1tico, que oblig\u00f3 a una necesaria revisi\u00f3n de ideas y pr\u00e1cticas, como las llevadas adelante por grupos intelectuales como los articulados en torno a publicaciones como <em><a href=\"https:\/\/sigloxxieditores.com.ar\/libro\/punto-de-vista\/\">Punto de Vista<\/a><\/em>, <em><a href=\"https:\/\/www.academia.edu\/48876246\/Ferrari_y_Su%C3%A1rez_En_busca_del_progresismo_anhelado\">La Mirada<\/a><\/em> y <em><a href=\"https:\/\/ri.conicet.gov.ar\/handle\/11336\/220847\">La Ciudad Futura<\/a><\/em> e incluso \u2014en un di\u00e1logo desde el peronismo\u2014 <em><a href=\"https:\/\/ediciones.unq.edu.ar\/426-unidos-la-revista-peronista-de-los-ochenta.html\">Unidos<\/a>,<\/em> la palabra comenz\u00f3 a aparecer con m\u00e1s regularidad, y sus nuevas coordenadas empezaron a hacerse algo m\u00e1s claras. As\u00ed, en la d\u00e9cada de 1990, la palabra \u201cprogresista\u201d, que se hab\u00eda utilizado principalmente como adjetivo, comenz\u00f3 a emplearse cada vez m\u00e1s como sustantivo: fue posible ya no solo adherir a posiciones \u201cprogresistas\u201d, sino tambi\u00e9n \u201cser un progresista\u201d, aunque esa condici\u00f3n fuera casi siempre voluble y otorgara m\u00e1s ciudadan\u00eda \u00e9tico-cultural que pol\u00edtico-partidaria.<\/p>\n<p>A nivel mundial, el desplazamiento del significante progresista hacia el centro del debate pol\u00edtico coincid\u00eda con la crisis de los partidos tradicionales y la emergencia de nuevas formas de construcci\u00f3n y representaci\u00f3n, como el onege\u00edsmo, o bien con el simple desinter\u00e9s y hasta desprecio hacia los pol\u00edticos profesionales y la pol\u00edtica partidaria. A tal punto se extendi\u00f3 aquella sensibilidad, forjada en un contexto de entronizaci\u00f3n inusitada del individualismo y una fascinaci\u00f3n por la econom\u00eda de mercado que comenzaba a aparecer cada vez m\u00e1s naturalizada, que no resultaba del todo extra\u00f1o que <a href=\"https:\/\/newleftreview.es\/issues\/42\/articles\/peter-mair-gobernar-el-vacio.pdf\">un primer ministro en ejercicio, como Tony Blair, pudiera proclamar que realmente nunca hab\u00eda estado metido en pol\u00edtica y ni siquiera se consideraba a s\u00ed mismo un pol\u00edtico<\/a>. A nivel local, el significante progresista que se fue perfilando en las d\u00e9cadas iniciales del retorno democr\u00e1tico tambi\u00e9n coincidi\u00f3 con una reevaluaci\u00f3n cr\u00edtica de las experiencias de las izquierdas revolucionarias, y con una nueva valoraci\u00f3n de la institucionalidad y la democracia, que dejaba de considerarse en el discurso de buena parte de las izquierdas como una mera m\u00e1scara que encubr\u00eda las relaciones burguesas de explotaci\u00f3n para incorporar un valor sustantivo. Que bastara con la democracia para que la sociedad lograra comer, curarse y educarse hoy puede considerarse de un optimismo injustificado, pero en el contexto de la transici\u00f3n aquella afirmaci\u00f3n de Alfons\u00edn supon\u00eda dotar de contenido concreto al fundamento basal del orden que buscaba constituirse.<\/p>\n<p><strong>UN PROGRESISMO (DE NUEVO) EN CRISIS<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-16807\" src=\"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Binner-FAP-2-1024x576.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"576\" srcset=\"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Binner-FAP-2-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Binner-FAP-2-980x551.jpg 980w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Binner-FAP-2-480x270.jpg 480w\" sizes=\"auto, (min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw\" \/><\/p>\n<p>El t\u00f3pico de la \u201ccrisis del progresismo\u201d (o de \u201clos progresismos\u201d) se repite cada cierta cantidad de a\u00f1os, al punto que uno no puede dejar de preguntarse si no habr\u00eda que entender esas crisis en su acepci\u00f3n griega original, es decir, como instancia de decantaci\u00f3n \u2014aunque en este caso siempre irresuelta\u2014 entre opciones posibles. La crisis no ser\u00eda, entonces, una disrupci\u00f3n extraordinaria, sino la condici\u00f3n de existencia de un progresismo siempre en busca de una adecuada ecualizaci\u00f3n de diversas tradiciones, valores e identidades. Lo anterior no niega el car\u00e1cter in\u00e9dito de la actual ofensiva antiprogresista que ofrecen las derechas radicalizadas, tanto en la Argentina como a nivel mundial. Parad\u00f3jicamente, una discursividad antiprogresista que ulula en un panorama en que son cada vez menos quienes, incluso en el campo otrora autopercibido progresista, tienden a reconocerse a s\u00ed mismos como tales. En el mundo heterog\u00e9neo de las izquierdas, que en la Argentina incluye a las tradiciones usualmente vinculadas con el ideario \u201cnacional-popular\u201d, hoy \u201cprogresista\u201d parece no querer ser (casi) nadie.<\/p>\n<p>As\u00ed, el progresista es el otro, sobre todo cuando parece estar equivocado. Por eso, no sorprende que a los dardos de las derechas contra el <em>ladriprogresimo<\/em>, proliferen descalificaciones proferidas desde el cuadrante opuesto, encarnadas en cr\u00edticas al <em>progresismo mainstream, <\/em>el <em>falso progresismo<\/em>, o el <em>progresismo liberal<\/em>. En el discurso, estas \u00faltimas contribuyen a la construcci\u00f3n de un sujeto progresista escindido de lo que, supuestamente, ser\u00edan los verdaderos intereses de unos sectores populares a menudo concebido por estos mismos cr\u00edticos de una manera en extremo simplificada, pero pol\u00edticamente eficaz. Por eso, en la medida en que no se proponga una autocr\u00edtica de los progresismos realmente existentes \u2014muy especialmente entre aquellos que llegaron a materializarlo en experiencias de gobierno\u2014, seguir\u00e1 siendo efectiva como cr\u00edtica al progresismo la caricatura especular que muestra por un lado a unos progres supuestamente culturales, hedonistas, urbanos, sin sentido de pertenencia nacional y funcionales a una globalizaci\u00f3n capitalista concebida en clave exclusivamente occidentalista, y por otro a una clase obrera que se sigue bosquejando a la manera de las viejas figuras de Carpani, solo preocupada por intereses materiales \u201cconcretos\u201d y, por tanto, supuestamente <em>no woke<\/em>, como el salario, la preservaci\u00f3n del hogar y la familia concebida en forma tradicional, y la seguridad p\u00fablica.<\/p>\n<blockquote>\n<h2><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>Parad\u00f3jicamente, una discursividad antiprogresista que ulula en un panorama en que son cada vez menos quienes, incluso en el campo otrora autopercibido progresista, tienden a reconocerse a s\u00ed mismos como tales. En el mundo heterog\u00e9neo de las izquierdas, que en la Argentina incluye a las tradiciones usualmente vinculadas con el ideario \u201cnacional-popular\u201d, hoy \u201cprogresista\u201d parece no querer ser (casi) nadie.<\/strong><\/span><\/h2>\n<\/blockquote>\n<p><strong>\u00bfUN PROGRESISMO PARA EL SIGLO XXI?<\/strong><\/p>\n<p>El balance de las experiencias vinculadas con la denominada <em>marea rosa, <\/em>que en el siglo XXI articul\u00f3 una particular modulaci\u00f3n progresista en tensi\u00f3n con el liberalismo y con mayor di\u00e1logo con las tradiciones latinoamericanistas y nacional-populares, es heterog\u00e9neo. A los innegables m\u00e9ritos en aspectos tales como la expansi\u00f3n de derechos y (con diferencias seg\u00fan pa\u00eds) la reducci\u00f3n parcial y limitada de algunas desigualdades sociales, le contrapesan evidentes d\u00e9ficits institucionales, el abuso de la doble vara moral y el silencio oportunista ante los considerados \u201cpropios\u201d en asuntos tales como la corrupci\u00f3n o, incluso, violaciones a los derechos humanos. Tambi\u00e9n se les endilga, y con raz\u00f3n, la subestimaci\u00f3n de determinadas demandas consideradas relevantes por la poblaci\u00f3n (seguridad, inflaci\u00f3n, previsibilidad econ\u00f3mica) y, en algunos casos, una falta de correlaci\u00f3n entre la radicalidad de los discursos y la median\u00eda de lo efectivamente realizado.<\/p>\n<p>A la mochila de los errores del pasado reciente, los progresismos del siglo XXI deber\u00e1n sumar los de una agenda de problemas multiplicada por los males de este siglo todav\u00eda joven. La subjetividad neoliberal se ha expandido incluso en quienes se niegan a reconocerse en esos t\u00e9rminos; la entronizaci\u00f3n del mercado, la compulsi\u00f3n al consumo y el culto hedonista al individualismo hoy no parecen ser contingencias propias de un tiempo de crisis, sino realidades que han llegado para quedarse. La conversaci\u00f3n p\u00fablica de masas, decantada hacia las redes sociales y los foros de Internet, perfila una esfera p\u00fablica cacof\u00f3nica y propensa a los sesgos de confirmaci\u00f3n y la proliferaci\u00f3n de <em>fake news <\/em>que en nada se parece a los espacios de intercambio racional imaginados por los ilustrados del siglo XVIII.<\/p>\n<p>Cada vez con m\u00e1s \u00e9nfasis, la exclusi\u00f3n social no puede considerarse una contingencia sino un fen\u00f3meno inherente al estadio actual de un capitalismo posindustrial que deber\u00eda automatizar la producci\u00f3n, pero en cambio se empecina en crear cada vez m\u00e1s desempleados estructurales y <em>bullshit jobs<\/em>. Las lecturas sobre esos \u201cca\u00eddos del sistema\u201d que luchan para sobrevivir con las herramientas que encuentran a mano oscilan entre la ponderaci\u00f3n de su potencial emancipatorio individual en clave emprendedurista y la romantizaci\u00f3n moralizadora de la \u201ceconom\u00eda informal\u201d. Una puesta al d\u00eda del progresismo no puede evitar una respuesta s\u00f3lida y \u2014sobre todo\u2014 actual para este problema que lleg\u00f3 para quedarse. Para que esto sea posible, es fundamental dejar de encarar el presente con la vista puesta casi exclusivamente en un espejo retrovisor que mayormente muestra slogans y banderas perimidas e \u00edconos de un tiempo que ya no es.<\/p>\n<blockquote>\n<h2><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>La subjetividad neoliberal se ha expandido incluso en quienes se niegan a reconocerse en esos t\u00e9rminos; la entronizaci\u00f3n del mercado, la compulsi\u00f3n al consumo y el culto hedonista al individualismo hoy no parecen ser contingencias propias de un tiempo de crisis, sino realidades que han llegado para quedarse.<\/strong><\/span><\/h2>\n<\/blockquote>\n<p>Por otro lado, la crisis clim\u00e1tica impone una nueva frontera para la ya de por s\u00ed golpeada imaginer\u00eda del progreso. La discusi\u00f3n sobre c\u00f3mo lidiar con los efectos negativos del crecimiento econ\u00f3mico, por d\u00e9cadas concebido casi como un dogma, ha entrado en profunda revisi\u00f3n desde las \u00faltimas d\u00e9cadas. En la medida que la cuesti\u00f3n ambiental ha ganado espacios cada vez m\u00e1s preponderantes en las agendas de considerables sectores de las izquierdas y se ha revelado como una tem\u00e1tica ineludible, ha comenzado a impugnarse el credo decimon\u00f3nico que consideraba a la naturaleza como una simple fuente de materias primas de la cual pod\u00edan extraerse recursos de manera incontrolable hasta su agotamiento. As\u00ed, la convicci\u00f3n que homologaba mayor progreso con mayor producci\u00f3n fue cuestionada por quienes sostienen el discurso de la sostenibilidad y, en forma mucho m\u00e1s enf\u00e1tica, por quienes creen que progresar ya no es producir m\u00e1s sino menos y mejor. Desde el uso de combustibles f\u00f3siles y el impacto del cambio clim\u00e1tico en sociedades m\u00e1s preparadas para padecerlo que para soportarlo, hasta el modo en que tratamos a los animales no-humanos, todo parece estar en revisi\u00f3n. Si el progresismo va a seguir significando algo, ninguna de estas cuestiones, que obligan a imaginar soluciones novedosas y creativas, van a poder esquivarse, a pesar del tironeo y las urgencias que parecen imponer los asuntos inmediatos de la agenda medi\u00e1tica de cada d\u00eda.<\/p>\n<p>Por el momento, recuperar el valor del concepto y reconstruir una pertenencia progresista es una batalla que cada vez menos parecen estar dispuestos a librar, y no son pocos los que proponen enviar al concepto definitivamente al basurero de reciclaje de la historia, junto a otras reliquias ya en desuso del l\u00e9xico pol\u00edtico, como \u201cdoctrinarios\u201d, \u201clomos negros\u201d, \u201cantipersonalistas\u201d o \u201ccontubernistas\u201d. Ser\u00e1 el compromiso sincero con el presente y las acciones concretas de quienes consideren que all\u00ed todav\u00eda hay algo por lo que luchar lo que decidir\u00e1 si el progresismo ya ha ingresado fatalmente en las aguas del v\u00f3rtice de Marysburgh, y entonces ya estar\u00e1 todo dicho, o todav\u00eda puede aglutinar sentidos constructivos, que le permitan encarnarse en pr\u00e1cticas que alumbren nuevas y mejores esperanzas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Concepto ambiguo y crecientemente peyorativo, el progresismo se ha vuelto una noci\u00f3n omnipresente en nuestro debate p\u00fablico. 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