{"id":5906,"date":"2017-12-01T09:55:22","date_gmt":"2017-12-01T12:55:22","guid":{"rendered":"http:\/\/159.65.255.251\/?p=5906"},"modified":"2023-05-07T21:52:44","modified_gmt":"2023-05-08T00:52:44","slug":"interpretame-otra-vez-la-filosofia-del-derecho-de-ronald-dworkin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/index.php\/2017\/12\/01\/interpretame-otra-vez-la-filosofia-del-derecho-de-ronald-dworkin\/","title":{"rendered":"Interpr\u00e9tame otra vez: la filosof\u00eda del derecho de Ronald Dworkin"},"content":{"rendered":"<h5><em><strong>Ronald Dworkin desarroll\u00f3 una teor\u00eda seg\u00fan la cual las disposiciones del derecho deben ser interpretadas en su \u00abmejor\u00a0 luz\u00bb. En este ensayo, se analizan tambi\u00e9n las sombras de su difundida obra.<\/strong><\/em><!--more--><\/h5>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-5907 aligncenter\" src=\"http:\/\/159.65.255.251\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/2302tzwetnecroronald.jpg\" alt=\"\" width=\"1181\" height=\"787\" srcset=\"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/2302tzwetnecroronald.jpg 1181w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/2302tzwetnecroronald-300x200.jpg 300w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/2302tzwetnecroronald-768x512.jpg 768w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/2302tzwetnecroronald-1024x682.jpg 1024w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/2302tzwetnecroronald-600x400.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 1181px) 100vw, 1181px\" \/><\/p>\n<p>Para decirlo con muy pocas palabras, existen dos grandes maneras de entender al derecho. La primera, que suele ser denominada como iusnaturalista, parafrasea aquel recordado programa \u201cGrandes Valores de Ayer, de Hoy y de Siempre\u201d, conducido por Silvio Sold\u00e1n. Sostiene que el derecho b\u00e1sicamente no es sino la continuaci\u00f3n de la moral por otros medios. De ah\u00ed que para el iusnaturalismo, salvo muy honrosas excepciones que ojal\u00e1 tratemos pr\u00f3ximamente en esta sala, una ley injusta no es una ley. Esta parece ser la posici\u00f3n de Ant\u00edgona en la famosa tragedia hom\u00f3nima de S\u00f3focles.<\/p>\n<p>La segunda, que suele ser denominada como positivismo jur\u00eddico, sostiene que aunque el derecho puede estar conectado con la moral, no tiene por qu\u00e9 rendirle cuentas a esta \u00faltima y por lo tanto una ley o una sentencia pueden ser injustas y jur\u00eddicamente v\u00e1lidas a la vez. Esta es la posici\u00f3n que defiende el t\u00edo de Ant\u00edgona, Creonte, en la tragedia mencionada. El lema de Creonte es \u201cAs\u00ed es la Vida\u201d, sea en la versi\u00f3n de 1939 con Enrique Mui\u00f1o y El\u00edas Alippi, o en su remake de 1977, con Luis Sandrini y Susana Campos.<\/p>\n<p>A la luz de esta contraposici\u00f3n, tal vez no llame la atenci\u00f3n el hecho de que Ant\u00edgona haya ganado por lejos la batalla de relaciones p\u00fablicas, ya que se han escrito precisamente varias <em>Ant\u00edgonas<\/em> y encima todas a favor, mientras que los <em>Creontes<\/em> no solamente brillan por su ausencia sino que en caso de existir es casi imposible que cuenten con buena prensa. Sin embargo, a favor de la posici\u00f3n de Creonte podemos decir que si crey\u00e9ramos que el derecho existe para resolver al menos algunos de nuestros conflictos morales, no tendr\u00eda mayor sentido sostener que es la propia moral la que decide sin m\u00e1s acerca de cu\u00e1l es el derecho vigente.<\/p>\n<p>Lo que nos interesa discutir ahora, sin embargo, es la filosof\u00eda del derecho de Ronald Dworkin, particularmente en su versi\u00f3n tard\u00eda tal como aparece en su libro <em>El Imperio del Derecho<\/em> (<em>Law\u2019s Empire<\/em>), la cual se presenta como una superaci\u00f3n del viejo debate entre iusnaturalismo y el positivismo jur\u00eddico. En efecto, para Dworkin ni el iusnaturalismo ni el positivismo han advertido que el debate est\u00e1 mal planteado. No se trata de una discusi\u00f3n entre el razonamiento moral acerca de c\u00f3mo deber\u00eda ser el derecho -lo cual caracteriza al iusnaturalismo- y el razonamiento emp\u00edrico acerca de c\u00f3mo es la pr\u00e1ctica social del derecho -lo cual es t\u00edpico del positivismo-, sino que es una mezcla de las dos cosas. Lo que permite hablar de la pr\u00e1ctica social y del razonamiento moral a la vez es la noci\u00f3n de <em>interpretaci\u00f3n<\/em>. En efecto, para Dworkin el concepto de Derecho es un fen\u00f3meno de interpretaci\u00f3n de una pr\u00e1ctica, y dicha interpretaci\u00f3n necesariamente recurre a est\u00e1ndares de moralidad pol\u00edtica en la medida en que muestra dicha pr\u00e1ctica en su \u201cmejor luz\u201d. De ah\u00ed que podamos decir que el interpretativismo es la famosa tercera posici\u00f3n. Parafraseando un viejo eslogan de la d\u00e9cada del setenta: ni yanquis ni marxistas, interpretativistas.<\/p>\n<blockquote>\n<h2><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>Para Dworkin el concepto de Derecho es un fen\u00f3meno de interpretaci\u00f3n de una pr\u00e1ctica, y dicha interpretaci\u00f3n necesariamente recurre a est\u00e1ndares de moralidad pol\u00edtica en la medida en que muestra dicha pr\u00e1ctica en su \u201cmejor luz\u201d.\u00a0<\/strong><\/span><\/h2>\n<\/blockquote>\n<p>Seg\u00fan Dworkin, cada vez que un juez desea identificar cu\u00e1l es el derecho vigente, primero debe interpretar dicho derecho y, luego, su interpretaci\u00f3n debe mostrarlo en su \u201cmejor luz\u201d. La met\u00e1fora que emplea Dworkin para ilustrar su posici\u00f3n es la de una novela en cadena. Cada juez recibe un texto de una obra en progreso con varios cap\u00edtulos precedentes y le agrega un cap\u00edtulo propio. Para eso, primero debe entender de qu\u00e9 trata la obra tal como la recibe \u00e9l, para despu\u00e9s agregar un cap\u00edtulo que muestre a esa novela en su mejor luz. Dworkin utiliza asimismo como met\u00e1fora explicativa la de un traductor. Todo traductor est\u00e1 atado a la obra que est\u00e1 vertiendo en otro idioma, pero, mal que le pese, al traducir siente que goza de bastante libertad para decidir cu\u00e1l es el t\u00e9rmino en la otra lengua que hace justicia al t\u00e9rmino en el original.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-5908 aligncenter\" src=\"http:\/\/159.65.255.251\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/81v8xqOmUXL.jpg\" alt=\"\" width=\"979\" height=\"1496\" srcset=\"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/81v8xqOmUXL.jpg 979w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/81v8xqOmUXL-196x300.jpg 196w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/81v8xqOmUXL-768x1174.jpg 768w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/81v8xqOmUXL-670x1024.jpg 670w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/81v8xqOmUXL-600x917.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 979px) 100vw, 979px\" \/><\/p>\n<p>Los lectores hasta aqu\u00ed sospechar\u00e1n que, tal como suele pasar, toda discusi\u00f3n sobre la <em>interpretaci\u00f3n<\/em> de algo, sea un cuadro, un libro o una ley, degenera en o va acompa\u00f1ada de cierto escepticismo nietzscheano sobre la verdad. Para ser m\u00e1s claros, el interpretativismo suele ir escoltado por lo que podemos denominar como \u00ab<em>la teor\u00eda Chavela Vargas de la interpretaci\u00f3n\u00bb<\/em>. En efecto, una vez le preguntaron a la extraordinaria cantante por qu\u00e9 ella dec\u00eda ser mexicana si en realidad hab\u00eda nacido en Costa Rica, a lo cual ella inmediatamente contest\u00f3 con todo su genio y naturalidad: \u201clos mexicanos nacemos donde se nos da la chingada gana\u201d.<\/p>\n<p>Sin embargo, no debemos olvidar que la teor\u00eda de la interpretaci\u00f3n de Dworkin se sirve con una guarnici\u00f3n abundante de respuestas correctas, o, para ser m\u00e1s preciso, una respuesta correcta. En efecto, para Dworkin, toda interpretaci\u00f3n es susceptible de dar con la respuesta correcta, se trate de <em>Hamlet<\/em>, un poema de Yeats o un caso constitucional. La confianza de Dworkin en la existencia de respuestas correctas se debe al menos a dos grandes argumentos. En primer lugar, Dworkin cree que, parafraseando al Mart\u00edn Fierro, algunos esc\u00e9pticos m\u00e1s que esc\u00e9pticos son amigos, ya que se la pasan negando lo que dicen sus adversarios. Pero quien dice que no \u2013o s\u00ed para el caso\u2013 a algo lo hace por una raz\u00f3n, y por lo tanto es mucho menos esc\u00e9ptico de lo que parece a primera vista. A esta clase de escepticismo Dworkin lo llama \u201cescepticismo interno\u201d.<\/p>\n<p>Existe otro escepticismo que niega la posibilidad misma de argumentar racionalmente sobre el derecho o la moralidad pol\u00edtica en general. Dworkin lo denomina \u201cescepticismo externo\u201d. Para un esc\u00e9ptico externo el hecho mismo de discutir sobre moral o derecho es como discutir acerca de si vamos a ponerle gas natural a la alfombra voladora que nos llevar\u00e1 a Marte. Y si este esc\u00e9ptico alguna vez llegara a ser v\u00edctima de lo que solemos llamar actos inmorales, no podr\u00eda invocar la inmoralidad del acto sino que solamente podr\u00eda quejarse, tal vez, de su falta de oportunidad o de las inconveniencias de sufrir tal acto. Despu\u00e9s de todo, se trata de un esc\u00e9ptico moral.<\/p>\n<p>El segundo argumento en el que se basa Dworkin se refiere al tipo de intencionalismo que subyace a la interpretaci\u00f3n correcta. Dworkin cree que la interpretaci\u00f3n que muestra al derecho en su \u201cmejor luz\u201d coincide con la intenci\u00f3n del autor del derecho. Todo autor desea que su obra sea entendida en su \u201cmejor luz\u201d debido a que todo autor, en principio, desea haber hecho la mejor obra posible del g\u00e9nero al que corresponde dicha obra. De ah\u00ed que si un int\u00e9rprete\u00a0descubriera que una obra queda mejor con cierto agregado o con cierta sustracci\u00f3n, entonces el autor mismo estar\u00eda de acuerdo en que la interpretaci\u00f3n correcta es aquella que precisamente agrega o sustrae algo a la obra de este modo, ya que la muestra en su \u201cmejor luz\u201d.<\/p>\n<p>Para dar un ejemplo jur\u00eddico, todo constituyente cree que la Constituci\u00f3n que sanciona es la mejor. Por lo tanto, toda interpretaci\u00f3n que muestra la Constituci\u00f3n en su \u201cmejor luz\u201d cuenta con el asentimiento del constituyente, ya que su prop\u00f3sito era precisamente ese. Toda obra est\u00e9tica o jur\u00eddica entonces en el fondo es una obra en colaboraci\u00f3n entre el autor y el int\u00e9rprete, ya que ambos est\u00e1n interesados en mostrar dicha obra en su mejor luz. Suponemos que el intencionalismo del que habla Dworkin es hipot\u00e9tico, es decir, no hace falta que el autor venga del m\u00e1s all\u00e1, como en el caso de los Padres Fundadores -como se conoce a los firmantes de la Declaraci\u00f3n de Independencia de los Estados Unidos- (o del m\u00e1s ac\u00e1 para el caso de que estuviera todav\u00eda entre nosotros) para comunicar efectivamente su aprobaci\u00f3n, sino que es suficiente que la interpretaci\u00f3n sea la que muestra la obra en su mejor luz para que cuente con la aprobaci\u00f3n del autor.<\/p>\n<p>Ahora bien, incluso suponiendo que el planteo de Dworkin fuera apropiado para tratar cuestiones art\u00edsticas o est\u00e9ticas -lo cual es ciertamente un \u201cgran si\u201d como se suele decir en ingl\u00e9s-, como teor\u00eda del derecho adolece de graves defectos. De hecho, como muy bien dijera alguna vez el recientemente fallecido Glen Newey, Dworkin a menudo confunde una prosa magistral con un argumento s\u00f3lido. Vayamos por partes, como sol\u00eda decir Jack el Destripador, y desmenucemos las dos tesis de Dworkin.<\/p>\n<blockquote>\n<h2><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>Dworkin a menudo confunde una prosa magistral con un argumento s\u00f3lido.<\/strong><\/span><\/h2>\n<\/blockquote>\n<p>La primera gran tesis de Dworkin consiste en que <em>cada vez<\/em> que nos interesa saber cu\u00e1l es el derecho vigente debemos interpretarlo. Dworkin, por lo tanto, cree que el derecho <em>siempre, en todos los casos<\/em>, es como el cartel de la puerta de un ba\u00f1o en un restaurante de Palermo y que, por lo tanto, requiere interpretaci\u00f3n. Sin embargo, aunque Dworkin tuviera raz\u00f3n en relaci\u00f3n a Palermo, es suficiente con irse a Almagro o a San Antonio de Areco para mostrar que la de Dworkin es una generalizaci\u00f3n indebida.<\/p>\n<p>Para dar un ejemplo ligeramente m\u00e1s jur\u00eddico, si Dworkin tuviera raz\u00f3n, hasta los sellos usados en Tribunales exigir\u00edan ser interpretados, con lo cual perder\u00edan su raz\u00f3n de ser. Despu\u00e9s de todo, cuando uno va al ba\u00f1o, no suele tener por obvias razones mucho tiempo para perder interpretando las puertas, y otro tanto se podr\u00eda decir respecto de los sellos en los juzgados. Ya bastante demora un juicio como para tener que tambi\u00e9n interpretar los sellos.<\/p>\n<p>Por supuesto, Dworkin tiene raz\u00f3n en lo que ata\u00f1e a los as\u00ed llamados \u201ccasos dif\u00edciles\u201d. Sin embargo, semejantes casos representan un porcentaje min\u00fasculo de la pr\u00e1ctica jur\u00eddica, aunque est\u00e9n sobre-representados en las Facultades de Derecho y, por supuesto, en los tribunales de apelaci\u00f3n. Y si todav\u00eda hiciera falta un ejemplo para refutar la necesidad que tenemos de interpretar siempre el derecho, basta recordar el art\u00edculo 2 del C\u00f3digo Penal Argentino: \u201c<em>Si la ley vigente al tiempo de cometerse el delito fuere distinta de la que exista al pronunciarse el fallo o en el tiempo intermedio, se aplicar\u00e1 siempre la m\u00e1<\/em><em>s benigna<\/em>\u201d. No tiene sentido decir que existen dudas sobre el significado de los t\u00e9rminos empleados en este art\u00edculo.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-5914 aligncenter\" src=\"http:\/\/159.65.255.251\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/ronald_dworkin-lo-res.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"683\" srcset=\"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/ronald_dworkin-lo-res.jpg 1024w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/ronald_dworkin-lo-res-300x200.jpg 300w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/ronald_dworkin-lo-res-768x512.jpg 768w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/ronald_dworkin-lo-res-600x400.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n<p>En realidad, esta primera tesis de Dworkin es redundante o contraproducente. La redundancia proviene del hecho de que es obvio que el significado de las palabras no es natural, es decir no crece en los \u00e1rboles, sino que es convencional. Pero son precisamente las convenciones las que nos permiten entender lo que nos estamos tratando de decir. Los lectores comprender\u00e1n sin necesidad de interpretaci\u00f3n que en este preciso momento estamos criticando un argumento de Dworkin. <em>Mutatis mutandis<\/em>, como dice Freud, a veces un cigarro es solamente un cigarro.<\/p>\n<p>En todo caso, cuando debemos interpretar algo porque no lo entendemos o comprendemos sin m\u00e1s, el significado en cuesti\u00f3n siempre depende de la intenci\u00f3n de la fuente del significado. Si alguien por la calle nos muestra un dedo mayor formando un plano ortogonal con la palma de su mano, a la luz de las convenciones vigentes y suponiendo que esta persona las conoce, no queda otra que asumir que esta persona nos quiso insultar. En su mejor luz, por supuesto, ese dedo podr\u00eda representar un tic nervioso o un problema el\u00e9ctrico de su mano, pero dicho significado existir\u00eda solamente para el receptor, no para el autor del gesto, y por lo tanto no habr\u00edamos entendido lo que nos quiso decir, o en todo caso no tendr\u00eda sentido hablar de insultos, sino que todo depende de c\u00f3mo uno se toma las cosas. Por si todav\u00eda subsistieran las dudas, tal vez a los lectores les sea \u00fatil recordar aquella c\u00e9lebre escena de \u201cDos Extra\u00f1os Amantes\u201d (1977) en la cual Woody Allen le pide a Marshall McLuhan que se acerque a la cola de un cine para refutar lo que un pomposo profesor de Columbia dec\u00eda sobre \u00e9l.<\/p>\n<blockquote>\n<h2><strong><span style=\"color: #ff0000;\">Si Dworkin tuviera raz\u00f3n, hasta los sellos usados en Tribunales exigir\u00edan ser interpretados, con lo cual perder\u00edan su raz\u00f3n de ser. Despu\u00e9s de todo, cuando uno va al ba\u00f1o, no suele tener por obvias razones mucho tiempo para perder interpretando las puertas.<\/span><\/strong><\/h2>\n<\/blockquote>\n<p>Hablando de la \u201cmejor luz\u201d, en segundo lugar, para Dworkin la interpretaci\u00f3n en cuesti\u00f3n debe mostrar al derecho precisamente en su mejor forma moral. Esta afirmaci\u00f3n de Dworkin es tan popular que ha hecho que incluso destacados e inteligentes fil\u00f3sofos crean que una sentencia no forme parte del derecho vigente porque no muestra al derecho en su \u201cmejor luz\u201d. La pregunta que nos debemos hacer, sin embargo, es qu\u00e9 conexi\u00f3n tiene el derecho con la luz. \u00bfAcaso si el derecho no se ve, como suele pasar de noche, entonces no est\u00e1 vigente? \u00bfY si se viera \u201cA Media Luz\u201d, como dice el tango, estar\u00eda medio vigente?<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-5912 aligncenter\" src=\"http:\/\/159.65.255.251\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/dworkin32a.jpg\" alt=\"\" width=\"868\" height=\"554\" srcset=\"https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/dworkin32a.jpg 868w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/dworkin32a-300x191.jpg 300w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/dworkin32a-768x490.jpg 768w, https:\/\/lavanguardiadigital.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/dworkin32a-600x383.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 868px) 100vw, 868px\" \/><\/p>\n<p>Para que podamos hablar de interpretaci\u00f3n, esta \u00faltima tiene que retratar o representar su objeto sin cambiarlo, lo cual est\u00e1 lejos de ser el caso cuando interpretamos algo en su \u201cmejor luz\u201d, tal como qued\u00f3 claro con el ejemplo del dedo mencionado m\u00e1s arriba. Nunca se insistir\u00e1 lo suficiente en que toda interpretaci\u00f3n por definici\u00f3n no puede cambiar el objeto de la interpretaci\u00f3n: se supone que la interpretaci\u00f3n de X se propone entender a X, no cambiarlo. De otro modo, estar\u00edamos frente a la situaci\u00f3n reflejada por aquella vieja historia de dos personas que se encuentran en la calle. Una le dice a otra: \u201cQu\u00e9 cambiado que est\u00e1s Pepe. Antes eras alto, ahora est\u00e1s m\u00e1s bajo. Antes eras flaco, ahora has aumentado de peso. Antes ten\u00edas pelo oscuro, ahora ten\u00e9s el cabello rubio. Extraordinario\u201d. A lo cual la otra le responde: \u201cYo no me llamo Pepe\u201d. Y, obviamente, el primero le contesta: \u201cEs incre\u00edble, hasta el nombre te has cambiado\u201d.<\/p>\n<p>Por supuesto, existen casos en los cuales la ley no es clara y el juez deber\u00e1 innovar en el sentido de que su interpretaci\u00f3n har\u00e1 que el significado de la ley salga finalmente a la luz. Pero debemos tener mucho cuidado de no permitir que el juez cambie la ley cuando su interpretaci\u00f3n literal le parezca inapropiada, ya que la tarea del juez, particularmente en un Estado de Derecho democr\u00e1tico, es la de aplicar la ley que proviene del Congreso (por no decir nada de la Constituci\u00f3n) y no cambiarla. El Congreso se toma el trabajo de sancionar leyes para que las obedezcamos y no para que las interpretemos en su mejor luz. El derecho entonces es como una partitura que el int\u00e9rprete debe respetar, y si la partitura es de una sonata de Beethoven o de una zamba, el int\u00e9rprete no puede tocarla como si fuera una cumbia -o al rev\u00e9s si fuera el caso-.<\/p>\n<blockquote>\n<h2><strong><span style=\"color: #ff0000;\">El derecho entonces es como una partitura que el int\u00e9rprete debe respetar, y si la partitura es de una sonata de Beethoven o de una zamba, el int\u00e9rprete no puede tocarla como si fuera una cumbia.<\/span><\/strong><\/h2>\n<\/blockquote>\n<p>Adem\u00e1s, si el derecho pretende tener autoridad, la inclusi\u00f3n de la mejor luz dentro del derecho vigente es auto-frustrante en el sentido de que acent\u00faa el problema sin proveer la soluci\u00f3n. En efecto, el derecho tiene autoridad para ayudarnos a resolver al menos algunos de nuestros desacuerdos morales, los cuales giran alrededor del contenido de nuestras razones para actuar. Pero si necesit\u00e1ramos contar con la respuesta moral antes de que fuera provista por el derecho, entonces no tendr\u00eda sentido obedecer al derecho. Ser\u00eda como llamar por tel\u00e9fono pidiendo reparaciones utilizando el tel\u00e9fono que deseamos reparar, lo cual ser\u00eda redundante si logr\u00e1ramos comunicarnos o imposible si realmente el tel\u00e9fono no funciona.<\/p>\n<p>Finalmente, no debemos olvidar que son instituciones jur\u00eddicas, cuya identificaci\u00f3n no requiere interpretaci\u00f3n ya que de otro modo ser\u00eda imposible distinguir entre un tribunal y una mesa de amigos en un caf\u00e9 -aunque a veces no es f\u00e1cil percibir las diferencias-, las que terminan decidiendo sobre cu\u00e1l es precisamente la mejor luz en la que debemos ver al derecho. Y una vez que lo hayan hecho, por muy buenas razones dif\u00edcilmente le concedan a sus objetores la posibilidad de poner en duda la interpretaci\u00f3n institucional a la b\u00fasqueda de su mejor luz, sino que lo m\u00e1s probable es que una vez encontrada la respuesta correcta, la misma sea defendida mediante el m\u00e1s extremo de los formalismos en defensa de la autoridad del derecho. Entonces, como por arte de magia, muchos interpretativistas devienen formalistas una vez que la interpretaci\u00f3n correcta ha sido declarada por el tribunal, interpretaci\u00f3n que justo coincide con quienes se han transformado s\u00fabitamente en formalistas. Sin embargo, no podemos ser peronistas cuando nos conviene, sino que debemos serlo siempre, o nunca.<\/p>\n<p>Hablando de pol\u00edtica, la teor\u00eda interpretativista de Dworkin sobre el razonamiento legal va acompa\u00f1ada por una defensa de la juridificaci\u00f3n de lo pol\u00edtico, envalentonado Dworkin tal vez por algunas de las decisiones de la Corte Suprema de EE.UU. en la segunda mitad del siglo XX. De hecho, Dworkin dice expresamente que, para \u00e9l, el razonamiento judicial no es sino la continuaci\u00f3n de la pol\u00edtica por otros medios. De ah\u00ed que quienes comparten la agenda de Dworkin en cuestiones tales como la distribuci\u00f3n del ingreso, el aborto, la eutanasia, etc., se sientan tan atra\u00eddos por su prosa y su defensa del as\u00ed llamado \u00abactivismo judicial\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, hay que ser conscientes de que las teor\u00edas anti-positivistas del derecho son un arma de doble filo. En efecto, si esperamos que los jueces antes de aplicar el derecho lo entiendan en su mejor luz, no deber\u00eda extra\u00f1arnos que, por ejemplo, un juez anti-abortista se niegue a reconocer el derecho al aborto, que un juez libertario considere como esclavitud toda imposici\u00f3n de tributos, o que un juez admirador de Chavela Vargas considere que los gobernantes pueden ser reelectos indefinidamente a pesar de que haya una clara prohibici\u00f3n constitucional al respecto. De ah\u00ed la superioridad del viejo y querido positivismo, para el cual, para decirlo en muy pocas palabras, \u201cla ley es la ley\u201d. Este eslogan nos recuerda que el derecho no tiene por qu\u00e9 coincidir con nuestra ideolog\u00eda pol\u00edtica, lo cual es precisamente el punto clave de respetar la autoridad del Estado de Derecho.<\/p>\n<p>Por supuesto, habr\u00e1 ocasiones en que no habr\u00e1 otra alternativa moral que desobedecer el derecho. Pero en tal caso nadie podr\u00e1 llamar una \u201cinterpretaci\u00f3n\u201d del derecho lo que en realidad no es sino una pura y simple desobediencia. Las cuentas claras no s\u00f3lo conservan amistades, sino que adem\u00e1s ayudan a pensar mejor y, sobre todo, a tomar mejores decisiones en \u00e1mbitos como los del derecho, en donde es much\u00edsimo lo que est\u00e1 en juego y no podemos darnos el lujo de equivocarnos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ronald Dworkin desarroll\u00f3 una teor\u00eda seg\u00fan la cual las disposiciones del derecho deben ser interpretadas en su \u00abmejor\u00a0 luz\u00bb. 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