“Y todas las cuentas me salieron mal”: los pronósticos de los economistas, lejos de la realidad

por | Feb 13, 2017 | Nacionales

Distintos informes muestran los desaciertos de las previsiones de los especialistas, casi al nivel de la astrología, pero además contaminados por la mayor o menor cercanía respecto de los gobiernos.

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Hace un par de décadas, en las páginas de la revista Humor, un periodista tan ingenioso como implacable, Aquiles Fabregat, repasaba al iniciarse cada año las predicciones, profecías y horóscopos que los adivinos y pitonisas de ese momento habían realizado un año atrás. Fabregat las atesoraba y transcurridos los doce meses, se hacía un verdadero banquete con los yerros más groseros que los videntes habían cometido. Era una manera de advertir y aleccionar a crédulos e incautos, escrita con humor y talento. El periodista, un verdadero héroe para muchos lectores de la legendaria publicación, concluía cada una de esas notas con una frase que hizo célebre: «La inteligencia humana es limitada pero la estupidez no tiene límites».

Casi en esa misma línea, aunque en un terreno mucho más pedregoso, el economista Mariano Kestelboim ensayó un repaso este domingo, en Página/12, donde muestra una lista de pronósticos fallidos recientes a los que califica como grotescos, “a pesar de que hayan podido pasar desapercibidos”. El autor señala que consecutivamente, en 2015 y 2016, consultoras muy reconocidas en el campo de la economía, erraron en el signo de variación del PIB, y en el presente año vuelven a la carga sin hacer autocrítica alguna y con vaticinios que, otra vez, parecen poco ajustados a la realidad.

También Alejandro Rebossio, en Perfil, revisaba en diciembre los pronósticos fallidos. Aquí algunas de las principales reflexiones de ambos autores y los datos que muestran los yerros de los oráculos locales de la economía.

RAZONES Y SINRAZONES

Kestelboim refiere que a fines de septiembre de 2014 un grupo de once influyentes consultoras preveía una baja del PBI, en promedio, del -0,9 por ciento para 2015 (ver aquí la nota en La Nación). La única consultora que estimó un crecimiento fue el Estudio Bein, (que anticipó un 3 por ciento, muy próximo a la cifra real que fue del 2,65 por ciento); curiosamente, su director, Miguel Bein, fue asesor del candidato oficialista a presidente.

En cambio, cuenta el autor, los titulares de los centros de estudios que después se integraron al gobierno de Cambiemos habían pronosticado una fuerte recesión para ese mismo año. Uno de ellos fue el de Elypsis, Eduardo Levy Yeyati, quien asumió en el directorio del banco BICE. Su consultora había anticipado una caída del PIB del 2,5 por ciento. También el director de Empiria Consultores y actual ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires, Hernán Lacunza, había previsto esa baja. En un escalón inferior (-2 por ciento) se ubicó el titular de Analytica, Ricardo Delgado, economista del Frente Renovador que posteriormente fue designado subsecretario de Coordinación de la Obra Pública Federal, en la cartera que conduce Rogelio Frigerio.

La economía se ha contraído el 2,4% en los primeros nueve meses del año, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Los bancos y consultoras relevados por la firma española FocusEconomics calculan que finalizará el año con una contracción del 2,2%. Pero un año atrás esas mismas entidades privadas pronosticaban que la Argentina crecería el 0,5% en el primer año del Gobierno de Mauricio Macri.

[blockquote author=»» pull=»normal»]La economía se contrajo el 2,4% en 2016 según el INDEC, pero las consultoras privadas pronosticaban que la Argentina crecería 0,5% en el primer año de Macri.[/blockquote]

MARADONA TAMBIÉN ERRÓ PENALES

Rebossio recuerda algunos yerros célebres en la historia de la Economía: John Maynard Keynes dijo en 1927, dos años antes del crac: “No habrá más colapsos en nuestro tiempo”. En 1989, apenas antes de la desaparición de la Unión Soviética, Paul Samuelson opinó que ese país era “prueba de que un manejo socialista de la economía puede funcionar”.

Pero en el caso de los economistas argentinos, Rebossio recuerda que algunos economistas que ahora ocupan altos cargos del Gobierno y el Banco Central pregonaban que en 2016 la economía crecería de la mano de la inversión y que el déficit fiscal se reduciría por un aumento de la recaudación devenida de aquella expansión. Justamente lo contrario a lo que sucedió. También vaticinaban que la inflación rondaría 20% o 25% porque supuestamente los precios en el final de la era kirchnerista estaban fijados a partir del dólar blue y no del oficial y, por tanto, la liberación del cepo cambiario resultaría inocua. Tampoco eso ocurrió.

“EL AÑO DEL REBOTE”

Kestelboim asegura que no hubo cambios bruscos en el escenario internacional ni factores climáticos que permitieran justificar los gruesos desaciertos: al contrario, los sucesos externos con más impacto en la economía local jugaron a su favor. La economía de Brasil inició su derrumbe en 2015, contrayéndose un 3,8 por ciento, cuando los analistas consultados por el Banco Central de ese país preveían, en septiembre de 2014, que iba a crecer un 1 por ciento. Es decir, si el PIB de Brasil hubiera aumentado como se anticipaba, el error de las consultoras locales hubiera sido más grosero todavía. Las inundaciones afectaron la cosecha esperada y, por lo tanto, también apaciguaron sus errores.

El pesimismo se interrumpió de forma abrupta ante la perspectiva de cambio de gobierno. Para 2016, las consultoras pronosticaron un período de ajuste muy corto y que volvería el crecimiento con vigor desde el célebre segundo semestre. Elypsis fue vanguardista. En su informe de febrero de 2015, titulado “2016: el año del rebote”, preveía un alza del PIB de 4 por ciento. Más eufórica resultó la proyección del economista Luis Secco que, en marzo de 2015, confirmó el vaticinio de recesión también previsto antes por sus colegas y auguró que, en la segunda mitad de 2016, el ritmo de crecimiento sería del “7/8 por ciento”. Cuando Macri asumió la presidencia, Secco fue nombrado jefe de Gabinete del Banco Nación. Analytica también se entusiasmó; en enero de 2016, con las principales políticas ya en funcionamiento, su nuevo Director, Rodrigo Alvarez, pronosticó un alza del 1 por ciento para ese año. Empiria Consultores presentó la previsión menos favorable; después de su fallida expectativa de recesión en 2015, calculó, en enero de 2016, un virtual estancamiento (-0,1 por ciento).

La meta del gobierno nacional (una suba de 0,5/1 por ciento) también quedó muy alejada de la pérdida de alrededor de 2,5 por ciento con la que cerraría 2016. Menos optimista pero también lejos del resultado final fue el cálculo de un gran grupo de consultoras y bancos encuestados por la agencia LatinFocus que, en noviembre de 2015, habían anticipado, en promedio, que el PIB tendría una baja de -0,3 por ciento.

[blockquote author=»» pull=»normal»]Economistas que ahora son funcionarios del Gobierno pronosticaron que en 2016 el crecimiento sería del 4 por ciento (Levi Yeyati) 7 u 8 por ciento (Luis Secco). [/blockquote]

MÁS OPTIMISMO PARA 2017

En 2017 vuelve a reinar el optimismo entre los gurúes más conocidos; prevén un incremento del PIB de entre 3 y 5 por ciento. El más confiado nuevamente es Bein, que llegó a decir que la economía podría crecer por encima del 5 por ciento, aun más entusiasta que el gobierno (3,5/3,9 por ciento). Conviene recordar, nuevamente, que Bein fue el principal asesor de campaña en temas económicos del ex candidato presidencial del Frente Para la Victoria (FPV), Daniel Scioli.

En cambio el FMI se mostró menos convencido sobre la fortaleza de la recuperación. En abril de 2016 pronosticaba un crecimiento de 2,8 por ciento, en octubre pasado lo bajó a 2,7 por ciento y hace pocos días lo redujo al 2,2 por ciento.

[blockquote author=»» pull=»normal»]Los pronósticos inciden en el comportamiento de empresarios y consumidores. Si hubiera un amplio consenso sobre una caída del PIB, se tomarían decisiones más cautas.[/blockquote]

MODELO BRASILEÑO

La estrategia de alimentar expectativas positivas para inducir un comportamiento expansivo de empresas y consumidores, sobreestimando el crecimiento, dice Kestelboim, se viene aplicando en Brasil desde 2012, y constituye una engañosa promoción que es insuficiente para dinamizar mercados, pero que repercute en el resultado: “Si los analistas coinciden en que habrá crecimiento, aumenta la probabilidad de que lo haya realmente y potencia el efecto de los factores objetivos que lo impulsan. Esto se debe a que los pronósticos inciden en el comportamiento presente de empresarios y consumidores. El consenso de crecimiento en 2017 superior al 3 por ciento es una pauta que buena parte de las empresas y de los consumidores aún considera válida y la tiene en cuenta a la hora de invertir, producir y consumir, al menos durante los primeros meses del año. Por el contrario, si hubiera un amplio consenso sobre una caída del PIB, como se decía para 2015, probablemente se tomarían decisiones más cautas. En cualquier caso, aunque las proyecciones sean acertadas o no, cumplen su función de afectar las decisiones”.

En un escenario internacional que seguirá muy difícil con Brasil estancado, dice el autor, los únicos factores que podrían mejorar la performance esperable para 2017 son los créditos públicos para la construcción y que una parte significativa de los recursos del blanqueo declarado en el país (7.275 millones de dólares) se vuelque al mercado de bienes durables e inmuebles.

Sin más motores de crecimiento y con tasas de interés reales positivas y mucho más elevadas que las internacionales, el negocio financiero será otra vez lo más destacado de la economía y la industria seguirá en descenso. Así, los pronósticos en manada volverán a exhibir un grueso margen de error y el PIB no recuperará ni siquiera un 2 por ciento, a pesar de la baja base de comparación de 2016.

[blockquote author=»» pull=»normal»]“Suponer que la economía iba a crecer en 2016 es no entender cómo funciona, son imperdonables”, dice Miguel Bein. Pero esos “imperdonables” ocupan lugares claves en la economía de Cambiemos.[/blockquote]

PUEDE FALLAR

“Suponer que la economía iba a crecer en 2016 es no entender cómo funciona”, sentencia Bein. “Si movés el tipo de cambio 60%, las tarifas 170% y el salario 32%, es lógico que la inflación les gane a los salarios, el salario real caiga y también el consumo, que es 85% del PBI. El consumo privado es 72% del PBI. Cuando se produce una caída del 6% en el salario real, la economía inevitablemente cae. El 15% del PBI está constituido por inversión y no tiene la capacidad de traccionar la economía. Para compensar una caída del consumo de 4%, la inversión debería crecer 25%. Intentar levantar a corto plazo con la compra de equipos de producción una economía en la que el consumo pesa tanto es como tratar de pescar un tiburón con una caña trucha”, define el también economista del Banco Industrial (Bind). “Cuando trabajaste décadas con el sector privado te das cuenta de que pensar que la recaudación iba a subir era wishful thinking (pensamiento ilusorio). La recaudación iba a caer por la baja de retenciones y porque la caída del consumo iba a impactar en el IVA y los derechos de importación”, agrega Bein.

“No sé si los funcionarios actuales sostenían aquel análisis como argumento de campaña o realmente lo pensaban. (Alfonso) Prat-Gay hablaba del 20% o 25% de inflación en 2016 quizás porque anualizaba la inflación de este diciembre, y no hacía referencia al acumulado anual. Su trabajo de ministro (de Hacienda) es generar expectativas. Lo que resulta difícil de entender son otros economistas muy malos que pensaban que la salida del cepo no iba a trasladarse a precios. Son los imperdonables”, dispara Bein. 

El problema es que algunos de esos “imperdonables” son precisamente los que el gobierno de Cambiemos ha puesto al frente de lugares claves de la economía. Por eso vale la pena recordar a Fabregat: «la inteligencia humana es limitada pero la estupidez no tiene límites».

 

En base a Página/12, Perfil y La Nación

 

Redacción de La Vanguardia

Redacción de La Vanguardia

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