Colombia celebró su ballotage presidencial y, por un muy exiguo margen, se impuso el «outsider» Abelardo de la Espriella sobre el oficialista Iván Cepeda. Su propuesta y discurso, que emula a otros ultraderechistas de la región, abre un escenario de gran incertidumbre.

El oficialista Iván Cepeda fue derrotado en el ballotage por el «outsider» derechista Abelardo de la Espriella.
Este domingo 21 de junio se celebraron las elecciones en Colombia. En un contexto de alta tensión entre el Ejecutivo y la oposición, el candidato ultraderechista Abelardo de la Espriella se impuso por un punto sobre el candidato oficialista Iván Cepeda, a la espera del escrutinio definitivo. Espriella se convierte así en otro ejemplo más de un supuesto outsider que llega a la Presidencia defendiendo ideas de extrema derecha y sin una estructura clara para garantizar gobernabilidad.
de la Espriella, que admira a Bukele y emula el estilo de Javier Milei, se presentó a elecciones con el partido “Defensores de la Patria”. Su perfil se enmarca claramente en una tendencia mundial donde los candidatos outsiders, ajenos a la política partidaria, pelean con relativo éxito por la presidencia. En el contexto latinoamericano y mundial, estos líderes fagocitan a la derecha tradicional para atraer a sus votantes. Se presentan sin estructura partidaria ni territorial, por lo que muchas veces deben forjar alianzas con la centro-derecha para garantizar gobernabilidad en países con altos grados de conflictividad social.
Con una visión securitista similar a la de Bukele para luchar contra el crimen, hay quienes afirman que de la Espriella constituye un peligro para la democracia en Colombia, al igual que Javier Milei en Argentina y Jair Bolsonaro en Brasil. Entre ellos se encuentra Gustavo Petro, actual Presidente del país, quien llegó a denunciar fraude luego de la primera vuelta electoral, donde Cepeda se impuso con el 44% de los votos.
Este tipo de opiniones, a mí criterio, hacen más por erosionar la democracia que por defenderla. Una parte fundamental del acuerdo democrático consiste en reconocer y aceptar la derrota electoral, incluso si el candidato es peligroso para el sistema. Actitudes como estas no hacen más que reforzar los argumentos en contra del régimen por parte de la extrema derecha, mientras que pueden socavar el respeto por la democracia hacia el interior de la población. Después de todo, si Petro denuncia fraude en este proceso electoral nada impide a de la Espriella hacer lo mismo en cuatro años.
de la Espriella, que admira a Bukele y emula el estilo de Javier Milei, se presentó a elecciones con el partido “Defensores de la Patria”. Su perfil se enmarca claramente en una tendencia mundial donde los candidatos outsiders, ajenos a la política partidaria, pelean con relativo éxito por la presidencia.
Además de un refuerzo de la seguridad y la lucha contra el crimen, de la Espriella incluyó en su programa electoral una serie de medidas en sintonía con el resto de líderes de derecha y extrema derecha de la región; entre ellas la Reforma del Estado y la provisión de servicios públicos. En este sentido, cabe preguntarse qué éxito podrán tener este tipo de medidas en Colombia, un país que salió a las calles de forma masiva luego de la presentación del proyecto de reforma tributaria impulsado por Iván Duque en 2021.
El futuro Presidente colombiano se encuentra también en el centro de la polémica por sus vínculos con el narcotráfico. Sobre todo su trabajo como abogado defensor de muchos de ellos. Esto demuestra hasta qué punto el crimen organizado penetra en los procesos electorales latinoamericanos.
En conclusión, las elecciones en Colombia sirven de ejemplo para analizar el escenario electoral actual en América Latina. Una región donde los recién creados partidos de extrema derecha ganan las elecciones, por lo general en la segunda vuelta, pero enfrentan serias dificultades para gobernar en un contexto local lleno de tensiones sociales. El sistema presidencialista que se impuso en la práctica en la región, con una lógica pendular marcada por el híperpresidencialismo, suele ser una razón clave para acentuar este tipo de conflictos.
Basta analizar el caso de Ecuador, un país donde la derecha ganó el ballotage, pero fue incapaz de garantizar gobernabilidad. El tiempo dirá si de la Espriella será víctima de esta situación minoritaria o si, por el contrario, logrará afianzar un gobierno como el de Javier Milei, que milagrosamente selló acuerdos con miembros de la oposición a pesar de contar con minoría en ambas cámaras. Quizá quiera convertirse en un Fujimori del siglo XXI. El escenario está abierto, pero la incertidumbre es mayor por el perfil del inesperado ganador.

