A 210 años de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, conversamos con Luisina Tourres sobre el Plan del Inca, el proyecto belgraniano para el orden político posindependentista. Los puntos a resolver y las principales discusiones que se abrieron en 1816 a la luz de un proyecto tan controvertido como desconocido para la mayoría.

«Pachacútec» de Felipe Guamán de Ayala (1615).
Luisina Inés Tourres es Licenciada y Profesora en Cs. Antropológicas (FFyL, UBA) y Doctora en Antropología (UBA). Su tesis de doctorado, titulada «Un Inca para el Río de La Plata. Ideas en torno a la construcción política e identitaria en 1816», fue defendida en 2026 e ilumina uno de los episodios más comentados y menos analizados del proceso independentista: la propuesta belgraniana de instaurar una monarquía de raíces incaicas.
1816 representó el cierre de un proceso abierto en 1810, o quizá antes, pero también la apertura de muchas discusiones sobre el orden político a constituir. Esos debates fueron más amplios de lo que usualmente se lee en las efemérides, donde los problemas a resolver eran muchos, entre ellos la necesidad de erguir un soberano legítimo. Allí es donde la voz de Belgrano aparece con una propuesta que resulta retrospectivamente heterodoxa: el Plan del Inca. Sobre las discusiones posindependentistas, con este proyecto en el centro, conversamos con la autora para La Vanguardia Digital.
Luisina, quisiera comenzar preguntándote cómo llegás al Plan del Inca de Manuel Belgrano como tema de tesis.
Es un recorrido tal vez un poco curioso, debo decir, ya que no llego desde la historia sino desde la antropología y la elección de este episodio de la historia rioplatense como tema del doctorado es una continuación directa de mi tesis de licenciatura. Hacia el final de la carrera cursé el Seminario Anual de Tesis del área de Antropología Histórica, en el cual se trabaja con documentos escritos y desde una perspectiva interdisciplinaria, como su nombre lo indica, con una mirada antropológica del pasado. En este contexto me interesó el período revolucionario, entre 1806 y 1820, ya que es un período que personalmente conocía muy poco, más allá de las clásicas efemérides, porque la historia argentina que había estudiado tanto en el colegio como en el CBC había sido siempre de 1850 en adelante.
Y en mi acercamiento a este período revolucionario encontré poco trabajada la cuestión indígena, en comparación con otros temas por ejemplo políticos, económicos, militares, etc. Entonces me propuse para la licenciatura abordar el modo en que los grupos indígenas de la época aparecían representados en los discursos de la dirigencia revolucionaria porteña. La propuesta de Belgrano conocida posteriormente como “Plan del Inca” forma parte de estos discursos que yo abordé en esa primera tesis y para el doctorado decidí profundizar el análisis.
«Belgrano afirmó que la forma de gobierno más conveniente para las Provincias Unidas era una monarquía temperada, es decir, no absoluta, bajo la “dinastía de los incas”, en referencia a la civilización nativa sudamericana que había desarrollado un extenso imperio a lo largo de los Andes (de Ecuador a Mendoza, con centro en el Cuzco) entre los siglos XV y XVI, cuando se produjo la llegada de los conquistadores españoles».
¿En qué consiste el Plan del Inca?
Esta expresión se refiere a una propuesta que Belgrano realizó en el Congreso de Tucumán el 6 de julio de 1816, tres días antes de la declaración de la independencia. Belgrano, que no era un congresal, había sido invitado al congreso para exponer su visión acerca de la situación política en Europa, de la cual había regresado hacía pocos meses luego de pasar allí aproximadamente un año en una misión diplomática. Durante su discurso y en sesión secreta, debido a la seriedad de los temas a tratar, Belgrano afirmó que la forma de gobierno más conveniente para las Provincias Unidas era una monarquía temperada, es decir, no absoluta, bajo la “dinastía de los incas”, en referencia a la civilización nativa sudamericana que había desarrollado un extenso imperio a lo largo de los Andes (de Ecuador a Mendoza, con centro en el Cuzco) entre los siglos XV y XVI, cuando se produjo la llegada de los conquistadores españoles.
Esta idea de instalar un monarca inca en un trono sudamericano, que incluía también el traslado de la capital al Cuzco (si bien este punto no figura en la escueta transcripción del discurso de Belgrano en el Congreso, sí es luego mencionado por los congresales durante sus debates) es lo que posteriormente se conoció como “Plan del Inca”, título acuñado por el historiador Leoncio Gianello en una serie de trabajos presentados y publicados en 1966.
¿En tu opinión era posible pensar en la posibilidad concreta de imponer dicho proyecto? ¿Qué beneficios tendría su aplicación de acuerdo al criterio de sus impulsores?
Acá voy a empezar por la segunda pregunta. Quienes defendían esta propuesta de Belgrano señalaban una serie de ventajas implicadas. Por un lado, las que tenían que ver con el régimen monárquico en sí mismo, que le daría orden y unidad a un espacio rioplatense convulsionado no solo por la guerra contra los ejércitos realistas sino también por los enfrentamientos entre el Directorio y Artigas, en los cuales Belgrano había tenido participación directa. Cuatro meses atrás había estado en Santa Fe, aliada con Artigas, al mando del Ejército de Observación enviado por el director supremo interino Álvarez Thomas.
Por otro lado, el propio Belgrano había manifestado que la instalación de un rey inca llevaría a la adhesión de “los indígenas” (tomados en sentido genérico, por eso las comillas) a la causa, un objetivo de la dirigencia revolucionaria que aparece ya en 1810, y que además permitiría evitar un levantamiento popular. Debemos recordar que el temor a la agitación social estaba muy presente desde los sucesos de la Revolución Francesa y, sobre todo, de la Revolución Haitiana de 1804, ocurrida en territorio americano.
Sin embargo, es curioso que ninguno de estos dos puntos fuera mencionado por los otros personajes que promovieron la instalación de una monarquía inca. En sus discursos, lo que se ve principalmente es una reivindicación del pasado incaico, un tanto idealizado por cierto, y una identificación con esos incas idealizados en base al origen americano que tenían en común, una «hermandad». Alrededor de 1816, y conjuntamente con el desarrollo de un sentimiento antiespañol, es decir, de una percepción de los españoles como enemigos, aparece un mayor énfasis en la dimensión americana de la identidad criolla y esta referencia a la civilización inca permitía también reforzar esta idea, como parte de un mecanismo que denominé “usos criollos del pasado incaico”.
En cuanto a la posibilidad de llevarlo a la práctica, creo que lo más importante no es si desde una mirada actual lo vemos factible o no, sino notar que en ese momento la propuesta de algún modo sí se pensó posible, ya que se discutió durante varios meses (entre julio y diciembre de 1816) y si quienes se opusieron lo hicieron con vehemencia, dedicándole su tiempo y energía, es porque veían ahí una amenaza. De todos modos, y para no esquivar la pregunta, desde el conocimiento que tenemos hoy me parece que hubiera sido muy difícil por un lado lograr algo que en seis años se había logrado solo de forma muy breve, que es el control del Alto Perú (por algo el plan continental de San Martín preveía otro recorrido), y por el otro, es cierto también que entre la nobleza inca cuzqueña (que si bien aún existía, estaba sostenida por el aparato colonial y no ejercía poder político efectivo) no había un claro linaje real para un trono que había desaparecido hacía casi 250 años, si tenemos en cuenta la caída del reino inca de Vilcabamba en 1572.
Pero insisto en que estas observaciones actuales no deben restarle a esta propuesta de Belgrano la relevancia que tuvo en su momento.
Podés explicarnos por favor qué causas incidieron para que finalmente no se logre: ¿Quiénes se opusieron y con qué argumentos?
Esta cuestión es interesante porque no son tantos los opositores de los cuales tenemos noticias a partir de las fuentes, lo cual no quiere decir que no hayan existido, sino que sus intervenciones y argumentos seguramente no fueron registrados, recordando la poca exhaustividad de los documentos. Por ejemplo, leemos que el congresal Gascón “y otros señores” se opusieron al traslado de la capital al Cuzco y que durante el debate Oro y Thames manifestaron sus reservas en cuanto a cuestiones de forma, lo cual se suele interpretar como una oposición, pero no figuran más detalles al respecto.
Entonces, en concreto los principales opositores en el congreso fueron dos, Serrano y Anchorena, y en la prensa periódica porteña se destacó la participación del publicista Vicente Pazos desde su periódico La Crónica Argentina.
Los argumentos fueron muy variados. El caso de Anchorena es curioso, ya que se opuso al régimen monárquico en sí mismo (sin referirse de modo concreto al carácter incaico de la monarquía que Belgrano había propuesto) defendiendo otro modo de organización política, la “federación de provincias”, en plena contradicción con las instrucciones que habían recibido los congresales porteños de sostener la indivisibilidad de la soberanía. Por su parte, Serrano hizo énfasis en cuestiones de índole pragmática, principalmente, algunas dificultades de implementación, por ejemplo, en cuanto a posibles enfrentamientos entre diversos pretendientes al trono o la necesidad de crear una nobleza. También cuestionó la idea de que un rey inca generaría un apoyo indígena masivo a la causa rioplatense. Y acá debemos tener en cuenta que efectivamente no son pocos los casos en los cuales diversos grupos indígenas se alinearon con el bando realista en defensa del llamado “pacto colonial” que los unía y aseguraba, por ejemplo, el estatus y el poder económico de las elites indígenas. Es decir, que no hay una asociación automática entre las causas “criolla” e “indígena”. Es una idea que fue construida por la retórica revolucionaria.
Sin embargo los argumentos más conocidos en contra del monarca incaico de Belgrano son probablemente los de Pazos. Desde una postura diametralmente opuesta a la de Belgrano, destacó el peligro de dar lugar a un levantamiento indígena “excitando su ambición”. También resaltó las dificultades para encontrar un heredero y, sobre todo, cuestionó la legitimidad de los incas para reinar sobre el pueblo rioplatense.
No es del todo claro cómo es que esta propuesta termina desestimándose, ya que no hay indicios de una votación o decisión final en el congreso, sino que directamente desaparece de los registros, seguramente a causa de otras cuestiones de la coyuntura que demandaban atención urgente, tal como la invasión portuguesa a la Banda Oriental.
«Alrededor de 1816, y conjuntamente con el desarrollo de un sentimiento antiespañol, es decir, de una percepción de los españoles como enemigos, aparece un mayor énfasis en la dimensión americana de la identidad criolla y esta referencia a la civilización inca permitía también reforzar esta idea, como parte de un mecanismo que denominé “usos criollos del pasado incaico”».
En el período en cuestión el tema indígena es leído desde distintas interpretaciones. ¿Qué lecturas realizaron al respecto los especialistas?
Durante la coyuntura revolucionaria, las opiniones acerca de los grupos indígenas fueron diversas ya que incluso entre quienes apoyaban la propuesta de Belgrano y sostenían una visión idealizada de los incas aparece la idea de los indígenas pampeanos, por ejemplo, como “salvajes”. Es decir, que no es posible extrapolar su percepción de los incas al resto de los grupos indígenas de la época. Y esto porque el término “indígena”, incluso en la actualidad, en realidad oculta más de lo que dice: abarca una gran cantidad de realidades sociales, culturales e identitarias muy diversas que a veces solo tienen en común haber ocupado el espacio americano desde antes de la llegada de los europeos.
En cuanto a las lecturas de algunos autores acerca de la monarquía inca propuesta por Belgrano, lo que vemos es que se encuentran muy teñidas por sus respectivos juicios de valor acerca de los grupos indígenas: si tenían una idea negativa de los indígenas y los veían, por ejemplo, como inferiores, entonces caracterizaron la idea de un rey inca como una “extravagancia inconsistente” y pueril, como señaló Mitre, entre otros autores; en cambio, autores con una visión más positiva de los indígenas la presentaron como una reivindicación indigenista por parte de Belgrano y otros personajes, enalteciendo de ese modo su imagen de héroes de la patria.
Luisina, para terminar, quisiera que nos cuentes qué aporta, a tus ojos, tu tesis en la discusiones historiográficas o bien antropológicas del periodo.
Creo que el aporte radica principalmente en dar un paso en la dirección del trabajo transdisciplinario, tratando de conjugar perspectivas historiográficas y antropológicas para, en este caso particular, revisar algunas interpretaciones establecidas que han pasado de obra en obra durante más de un siglo.
Y en este sentido, me parece que también contribuye un poco a romper o desarmar las matrices disciplinares que muchas veces dan forma al trabajo de investigación y según las cuales, por supuesto con algunas excepciones, en general la historiografía se ocupa de la historia “hispanocriolla o blanca” de la nación argentina, mientras que la historia indígena es asunto de la etnohistoria y la antropología. Creo que traer al análisis de esta monarquía incaica propuesta por Belgrano los conocimientos acerca de la historia indígena desarrollados por la etnohistoria permite ver el episodio desde otro lugar e ilumina algunas cuestiones que de otro modo quedan ocultas al hablar de “indígenas” en sentido genérico sin detenerse sobre su especificidad.



