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El progresismo ante el problema de la seguridad y la amenaza de la extrema derecha

por | Dic 14, 2021 | Opinión, Seguridad

Josep Lahosa fue responsable de Prevención de Barcelona y fue protagonista del proceso de inclusión de las “bandas latinas” que logró reducir la violencia con esas pandillas. En este artículo, advierte que sobre la amenaza que representa la extrema derecha y lamenta que la izquierda democrática haya rehuido tanto tiempo al debate de la seguridad.

El crecimiento de la extrema derecha y su entrada en las instituciones nacionales, y también europeas, provoca un alud de propuestas de carácter punitivo en muchos de los países. En este sentido, no podemos olvidar que aquello que alimenta el discurso de la extrema derecha y lamentablemente en estos últimos tiempos también de algunos de los partidos que hasta hace poco podíamos considerar de derecha democrática, como es el caso en España del Partido Popular, es precisamente las propuestas punitivas dirigidas a los colectivos con mayor nivel de vulnerabilidad.

Un elemento que es necesario considerar por lo que pudiera tener de proceso evolutivo en el futuro. Si bien a finales del siglo pasado cuando emergieron los primeros partidos de extrema derecha como el Vlaams Blok en Bélgica, o el Frente Nacional en Francia, los partidos tradicionales aplicaron el cordón sanitario a este tipo de fuerzas políticas, hoy no ocurre lo mismo. Hay países en los que ese cordón sanitario se mantiene, en otros -como es el caso español- llegan a acuerdos de legislatura con la extrema derecha, blanqueando y normalizando sus propuestas políticas.

El discurso de odio que construyen los partidos de derecha y extrema derecha incide en la deconstrucción cuando no aniquilación del sector público y también, como vemos en Europa, en la pérdida de derechos.

Propuestas que no se circunscriben sólo al ámbito penal. El discurso de odio que construyen los partidos de derecha y extrema derecha incide en la deconstrucción cuando no aniquilación del sector público y también, como vemos en Europa, en la pérdida de derechos. Así nos encontramos cómo se pasa de propuestas punitivas clásicas, como el aumento de penas en el caso de delitos cometidos por extranjeros o el aumento de la capacidad coercitiva del Estado a partir de legislación administrativa, a propuestas como las que se están produciendo en algunas comunidades autónomas en España en las que gobierna el Partido Popular con el apoyo del partido de extrema derecha Vox. Es el caso de la Región de Murcia, en la que se hacen públicas las listas de los y las profesionales que trabajan en los servicios de planificación familiar o, en las últimas semanas, cuando el gobierno de la Comunidad de Madrid niega la asistencia a enfermos de VIH en el caso que sean extranjeros sin papeles, aún cuando anteriormente hubieran venido recibiendo dicha asistencia.

EL ANTIFEMINISMO COMO ARGAMASA DE LA EXTREMA DERECHA

Hoy muchos de los partidos de derechas han asumido posiciones que hace apenas un lustro sólo contemplábamos como patrimonio de la extrema derecha, por ello soy de la opinión que efectivamente deberemos enfrentarnos a un aumento de propuestas reaccionarias en un futuro próximo. De hecho, ya vemos en la actualidad como determinadas propuestas vienen generando un especie de homogeneización de las posiciones de las derechas: el asalto al Capitolio de EE.UU., el negacionismo sobre la pandemia del COVID-19 o las posiciones sobre el la planificación familiar y el aborto parecen argumentos de una misma estrategia política. Parece la argamasa que consolida el discurso reaccionario de muchos de los partidos de derecha actuales.

Más aún, en una reciente investigación de Pardo Arenas sobre la extrema derecha y el antifeminismo en Europa, se constata cómo el discurso antifeminista se constituye en el argumento central de los movimientos de extrema derecha europeos. El discurso antifeminista y antigénero, se dice, se han convertido en un “pegamento simbólico” que permite unificar bajo un mismo marco interpretativo diferentes malestares en un contexto de neoliberalismo, globalización, crisis de representación, aumento de las desigualdades.

El discurso antifeminista y antigénero, se dice, se han convertido en un “pegamento simbólico” que permite unificar bajo un mismo marco interpretativo diferentes malestares en un contexto de neoliberalismo, globalización, crisis de representación, aumento de las desigualdades.

De igual forma que cada vez me resulta más evidente como la entrada en el populismo político de individuos como Trump, Bolsonaro u Orban y de muchos de los líderes de partidos de extrema derecha tiene que ver con cierta mercantilización de la política, no es baladí el comentario que Steve Bannon hizo a un periodista en plena campaña electoral norteamericana: “Quiero que hablen todos los días de racismo: si la izquierda está centrada en cuestiones de raza e identidad y nosotros en el nacionalismo económico, aplastaremos a los Demócratas”. También me resulta claro que con toda probabilidad habrá un aumento de las propuestas reaccionarias en general en el mundo.

Uno de los elementos que van a justificar ese tipo de propuestas tendrá en las migraciones el plano en el que establecer el debate, lo vimos y aún lo vemos en el Mediterráneo, también en las diferentes líneas fronterizas americanas, o en las últimas semanas en la frontera Bielorrusa con Polonia, Letonia y Lituania.

Aun cuando los medios o incluso los debates políticos se vienen centrando en el hecho de cómo los migrantes son utilizados como medio de presión política, en este caso entre la Unión Europea y Bielorrusia, no podemos olvidar la frase de Bannon, el debate sobre el uso político de los migrantes esconde otra idea infinitamente más perversa y negativa. La cotidianeidad de las imágenes e información sobre la violencia en las fronteras ejercida sobre ellos y ellas banaliza y deshumaniza a las víctimas.

TRABAJAR CON LAS JUVENTUDES

Ahora más que nunca es necesario trabajar con grupos juveniles afectados por la violencia, sean víctimas o victimarios. Una de las estrategias que ha venido utilizando la extrema derecha en Europa y quizá también en Latinoamérica es la entrada en los grupos de barras bravas de los clubs de fútbol con el objetivo de reclutar a jóvenes para sus organizaciones. Los cánticos, animaciones y liturgias inician la banalización de la violencia hacia el contrario, el diferente, y, como hemos visto en muchas canchas de fútbol las agresiones entre grupos, los insultos racistas o xenófobos son habituales. Por ello es básico trabajar en la construcción de la tolerancia, de la aceptación del diferente, se trata de comprender cuan iguales somos y también cuan diferentes somos, de ahí a tratar con respeto las diferencias solo hay un paso.

Algunas líneas de trabajo desarrolladas en los últimos años, principalmente en el ámbito local, nos ofrecen perspectivas positivas, aceptar que los y las jóvenes construyan su propio discurso sobre la violencia, aceptando ritmos, contradicciones o incluso conflictos, de cómo gestionarlos tratan muchos de esos proyectos. Así, por ejemplo, proyectos como “12 Nubes” que se viene desarrollando en Vitoria-Gasteiz, ciudad del País Vasco, plantea una propuesta que vincula la acción educativa formal con la del espacio no formal, promoviendo la reflexión en red y la participación de la ciudadanía. Utiliza como estrategias fundamentales la activación, participación y creación juvenil, siendo las y los jóvenes protagonistas fundamentales. También “Why Violence”, proyecto desarrollado en Barcelona tiene como objetivo involucrar a los y las jóvenes estudiantes de secundaria en la elaboración y ejecución de procesos colaborativos contra las violencias cotidianas por medio de la expresión artística, busca activar discursos y acciones en defensa de una cultura de la no violencia en el propio entorno del y la joven.

Ahora más que nunca es necesario trabajar con grupos juveniles afectados por la violencia, sean víctimas o victimarios.

Muchas han sido las ciudades que han articulado proyectos que, basados en la experiencia, conocimiento y capacidades artísticas de los y las jóvenes permiten a partir de esas cualidades personales articular la comprensión de cuán diferentes somos y cuán iguales somos y obtener resultados de respeto y aceptación de la diferencia. Quizá el único requisito es tener en cuenta que son los y las jóvenes quienes marcan ritmos, tiempos, resultados y construcción del discurso. 

LA IZQUIERDA DEMOCRÁTICA RENUNCIÓ A DISCUTIR LA SEGURIDAD

Lamentablemente la izquierda democrática no es que haya perdido el eje de discusión sobre la seguridad, el problema es que durante mucho tiempo  renunció a ello. Se asumió que la política criminal, al estar enmarcada casi en exclusiva en espacios institucionales y del derecho penal, era patrimonio de los partidos de derecha: el famoso ley y orden.

No obstante, los más importantes avances tanto en libertades individuales como en políticas públicas de seguridad han sido patrimonio de ámbitos de pensamiento progresista, por ello es especialmente importante que al reducido núcleo de militantes de izquierda que han mantenido la confrontación con la reacción, se unan los partidos y organizaciones progresistas. Estos, como organizaciones con capacidad para integrar diferentes visiones de progreso, deben abordar la discusión de uno de los temas que más pueden influir en la impregnación democrática de un país: los ilícitos penales y la respuesta del sistema de control.

Tanto las investigaciones como el sentido común nos indican que la seguridad o, mejor, el sentimiento de seguridad es algo más que la ausencia de ilícitos, es una percepción y, como tal, una construcción social, es un elemento clave en la toma de decisiones de la ciudadanía, tanto para el tipo de actividades que van a desarrollar como en la intensidad de sus relaciones sociales. Asimismo, tiene una influencia capital en la adopción de actitudes de insolidaridad, de intolerancia y de respuestas individuales, a menudo reactivas dirigidas en muchos casos a sectores de la población más vulnerables: los y las jóvenes, los inmigrantes, las minorías, etc.

La complejidad de los fenómenos, la aparición de nuevos comportamientos, las diversidades culturales existentes, así como los impactos que tienen en la sociedad, obligan a elaborar modelos de intervención pública capaz de modular respuestas institucionales y comunitarias a la (in)seguridad desde una perspectiva de recuperación social de las víctimas y de los victimarios.

En la actualidad es necesario poner en consideración que la simple provisión de servicios policiales, judiciales, penitenciarios o de servicios sociales, no es suficiente. La complejidad de los fenómenos, la aparición de nuevos comportamientos, las diversidades culturales existentes, así como los impactos que tienen en la sociedad, obligan a elaborar modelos de intervención pública capaz de modular respuestas institucionales y comunitarias a la (in)seguridad desde una perspectiva de recuperación social de las víctimas y de los victimarios.

Incluso asumiendo muchas de las mejoras, tanto estructurales como de medios humanos y técnicos puestos a disposición, a menudo en períodos de gobiernos progresistas, no podemos dejar de concluir que históricamente las políticas judiciales, de seguridad y/o penitenciarias, en definitiva la política criminal, han tenido una tendencia de aislamiento.

También podemos concluir que la cultura sobre política criminal en la mayoría de países latinos se ha fundamentado en el valor retributivo de la pena, despreciando aspectos importantes para la construcción de una cultura de progreso como la socialización, la recuperación de las víctimas, la reparación del daño. Ahí tenemos un inmenso campo de trabajo y de desarrollo progresista pues nuestras propuestas deberían superar las políticas que se limitan a poner en relación al delincuente con el policía, al marginado con el trabajador social o al enfermo con el sanitario.

Josep Lahosa

Josep Lahosa

Criminólogo y geógrafo catalán. Fue Director de Servicios de Prevención del Ayuntamiento de Barcelona y Concejal por el Partido Socialista de Catalunya de Sanidad y Servicios Sociales. Delegado ejecutivo del Forum Español para la Prevención y la Seguridad Urbana. Docente en diversas universidades.