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Ángel Bustelo: “Por amor a la vida seguimos andando”

por | Jul 22, 2022 | Entrevistas, Ideas e historia

Figura de la izquierda argentina del siglo XX, Ángel Bustelo construyó una obra como escritor, político, militante, defensor de la libertad y solidaridad con los intelectuales. Su última entrevista, reeditada 25 años después por su autor.

Julio de 1997, invierno crudo en Mendoza. El escritor Jorge Oviedo, director del diario, le encarga escribir una entrevista a un periodista joven y pretencioso (un servidor). Tiene una página para entrevistar a Ángel Bustelo, una leyenda de la izquierda que fue diputado, candidato a presidente, amigo generoso de artistas, compañero de celda de perseguidos, testigo del siglo que se extinguió. A los 88 años acaba de escribir su séptimo libro. La entrevista, realizada hace justo 25 años, empezó con una interpelación de Bustelo:

“Piense en el hombre de las cavernas, en cómo tenía que luchar para sobrevivir, en lo azarosa que era su vida -propone-, sin embargo empujaba por amor a la vida. Por eso seguimos andando. La mayor parte de la gente ama la vida, salvo un pequeño grupo que en la sociedad siempre ha tenido un papel nefasto, la vida sigue avanzando. Todos empujan y sobre todo los trabajadores, la gente más pegada a la vida y a la naturaleza”, despunta, con un tono monocorde que va in crescendo.

La voz le suena desgajada a fuerza de mítines. Una voz que fluye desde un valle interno, un paraje donde las arengas todavía reverberan. Es una voz visceral. Subterránea. Cóncava. Cuando habla, Ángel Bustelo libera un manto de niebla que se expande lento, cubriendo todo, colándose entre los muebles, las ropas. Es una voz material, capaz de construir en minutos un mundo de quijotes y asesinos, de caballeros y traidores, de utopías que pelean cuerpo a cuerpo contra mezquindades y engaños. Al margen de sus convicciones políticas, Bustelo puede ser rescatado como un alma abierta que supo priorizar su relación con los hombres sin distinguir ideologías. Un ejemplo fue su amistad con el dirigente conservador Adolfo Vicchi.

En una pieza amurallada por cuadros y fotos de amigos, Bustelo aprovecha la primera pregunta para generar una atmósfera irrespirable para los escépticos. La poca luz que se cuela por una ventana a medio abrir, lo descubre con un escritorio delante y cientos de libros (dedicados por sus autores) detrás. El olor de las milanesas que están friendo en la cocina anuncia el mediodía.

“Hemos llegado a un momento en que los progresos son muy grandes, pero se han olvidado del hombre. Pero ese hombre postergado está pechando más que nadie y es el que los tiene trastornados a todos estos señores que andan buscando peritos para poder seguir viviendo su vida de crápulas y de usurpadores de la vida. Ahí está mi esperanza, que es la esperanza de miles y millones de personas.”

Casi deletreando, dispara las últimas palabras contra un punto perdido en la pared. El detonante fue una pregunta sobre el título del libro recién editado: “Penúltima página”. Con un ejemplar flameando en la mano, explica que no es una despedida, más bien un “continuará”, como en las historietas: “Porque he sido en mi vida un hombre esperanzado, encontrar este nombre me ha parecido bien”.

Se dice que la caída del Muro de Berlín es el parte de defunción de las ideologías…

Al Muro de Berlín lo derribó la propia gente, ya sea de un lado o del otro, porque se había levantado en un momento en que tenía una justificación. Es cierto que el socialismo cometió errores, pero fueron de los hombres, no de la doctrina. Eso no quiere decir que derribado el Muro de Berlín se terminó con el socialismo. Hoy, las masas están en movimiento hacia una sociedad más justa, donde reine la verdad y donde no anden todos a las escondidas.

Sobre el escritorio tiene la computadora y páginas tipeadas, desparramados por la pieza. Son textos cortos que evocan personajes o relatan anécdotas, son ochenta y pico de años de historia, tamizados por los caprichos de la memoria.

¿Cómo recuerda a Carlos Washington Lencinas (ex gobernador mendocino radical en la década del ’30)?

Era un tipo progresista, un gran político. No llegué a tener trato personal con él, aunque compartimos un viaje en tren, cuando volvía de una gira por Brasil. Mi conciencia política se despertó un poco después. Me acuerdo bien del 6 de septiembre de 1930…

Ese día fue el golpe de Estado contra Yrigoyen, ¿no?

Claro. Yo estaba estudiando en La Plata y habíamos ido con una comisión a Buenos Aires para pedir cambios en el gobierno, pero no una revolución y menos de derecha. Vi cuando pasaban los cadetes frente a la confitería El Molino. Estuve cuando quemaron la casa de Yrigoyen, que quedaba en la calle Brasil, cerca de la estación Constitución. Yo iba a tomar el tren de vuelta a La Plata y vi cuando le quemaban la casa, eran los de la Liga Patriótica Argentina. Salvé un libro que se estaba quemando y me persiguieron hasta que llegué a la estación…

«La mayor parte de la gente ama la vida, salvo un pequeño grupo que en la sociedad siempre ha tenido un papel nefasto, la vida sigue avanzando».

Un resfrío mezclado con un poco tos, se empeñan en interrumpir el diálogo. Bustelo se compone con un trago de soda, pero cuando está por retomar, suena el teléfono. Esta vez es (Enzo) Bianchi, el de las bodegas Bianchi, dice que está enloquecido con el libro y que mañana va a traer unas botellitas para brindar. El llamado anterior había sido de Horacio Guarany, el folklorista, el de “Si se calla el cantor”, un viejo amigo de asados y trasnochadas. Dijo que el libro lo había impresionado porque “vos decís las cosas, Ángel, las decís bien, pero las decís para la gente y sin disminuir el lenguaje”.

Bustelo estaba feliz con su último libro. Luego se su muerte se publicó una obra dedicada a Armando Tejada Gómez… El vino, Bianchi, Tejada, el Nuevo Cancionero Cuyano, Mercedes, la militancia comunista, el apoyo a los intelectuales, fragmentos que se conectan en las anécdotas y toman otro sentido un cuarto de siglo después, cuando el periodista de entonces dobló su edad y revisa aquel momento.

De nuevo a la charla. Bustelo, el poeta, el hombre viejo, el memorioso, vuelve sobre su vida. En los últimos años se lo ha instalado en el rol de historia viviente mendocina y Bustelo aprovecha para contar a rienda suelta. Una foto que se tomó en Roma con Benito Marianetti lo demora evocando a su amigo: “Hablar de un genio en pocas palabras es imposible. Fue un político de la talla de Lisandro de la Torre, pero los conservadores le impidieron llegar… Me acuerdo que Nicolás Guillén se quedó impresionado con Benito…”

¿Fue cuando le escribió “El señor de los cerezos en flor”?

Sí. Benito era un caballero. Una vez, Guillén lo vio llegar, bajarse del auto y sacarse el sombrero para darle la mano a Valentín, el obrero negro que trabajaba en «Las Nerinas’’. Eso fue lo que inspiró a Guillén. Yo me hice muy amigo de él. Vino a Mendoza en una época en que lo echaban de todos los países. El gobierno de Frondizi le dio un permiso de noventa días y se quedó aquí dos semanas. Me acuerdo que íbamos al lago del Parque y él me pedía monedas chiquitas y las tiraba al agua, para que el agua y la tierra lo retuvieran, según una tradición negra. A cada rato “mira chico, dame una monedita” -dice imitando al escritor cubano, mientras desentraña de la biblioteca un libro que Guillén le dedicó.

Cerca de la foto con Marianetti, hay una imagen de Pablo Neruda. Bustelo lo vio en varias oportunidades, pero la anécdota más divertida surgió de un desencuentro:

En “Vida de un combatiente de izquierda”, usted cuenta que intentó rescatar a Neruda. ¿Cómo fue eso?

Yo era diputado. Me llamaron de Chile y me dijeron que me esperaban en la frontera. No dijeron nada más. En esos días había habido un golpe en Chile y salía en todos los diarios que lo estaban persiguiendo a Neruda, entonces pensé que el llamado tenía que ver con eso. Cuando llegamos, estaba cerrado el paso. Me presenté como diputado y nos dejaron pasar. Cuando llegamos al hotel “El Portillo”, me bajé a ver. No había nadie. Le pregunté al conserje sobre las novedades: “¿Qué anda pasando con Pablo Neruda, que es mi amigo, no ha andado por acá?”. Un tipo de los servicios me escuchó y lo pesqué pidiendo instrucciones a Santiago. Esperamos un rato a ver si venían y nos fuimos. Esa fue mi gran oportunidad para pasar a la historia.

¿Cómo sigue?

De vuelta, fui al diario Los Andes a poner un aviso fúnebre. Me encontré con mi amigo Edmundo Moretti, que trabajaba en la parte de telegramas. Me mostró un cable que habían recibido de una agencia de noticias, que decía que yo había ido a Chile y había generado un problema internacional. “¿Qué hacemos con esto Angelito?”, me preguntó. Al final no se publicó.

Después de recibirse de abogado volvió a San Rafael natal. Editó una publicación local, se vinculó activamente al comunismo a través del Partido Socialista Obrero con Marianetti. Apoyó la resistencia al fascismo franquista en España y Argentina. Ganó protagonismo político, fue electo diputado provincial, opositor al peronismo, luego abogado defensor de los perseguidos políticos comunistas, socialistas y peronistas perseguidos por el golpe de Estado de 1955 y secretario de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Con esa convicción por las libertades políticas se opuso hasta el final de su vida a la convivencia entre el Partido Comunista, la dictadura de 1976 y el alineamiento soviético. Así se pasó muchos años preso, sufriendo atentados y dando ayuda a otros perseguidos. Como al pintor Juan Scalco.

…..

De vuelta a la entrevista.

Bustelo habla como escribe, reconstruyendo la historia a partir de las vivencias. Las milanesas se enfrían mientras el amigo de los artistas plásticos Carlos Alonso y Julio Le Parc, razona por qué estuvo preso en  todas las dictaduras. “Yo los molestaba todo lo que podía, entonces, cuando caía, se las cobraban todas juntitas”, se divierte. Un ejemplo: cuando desorientó a los policías que querían capturar al pintor Juan Scalco. “Yo estaba preso en la Policía Federal de Mendoza, porque me habían iniciado un juicio por desacato a Onganía. Lo veo pasar a Scalco que también lo habían detenido. Habían pasado 15 días y nadie sabía nada de él, porque se pasaba semanas encerrado pintando. Cuando recuperé la libertad, asumí la defensa…”

¿Qué delito había cometido Scalco?

Lo detuvieron cuando llevaba bonos de contribución de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Sigo contando. Le conseguí la libertad, pero al tiempo me enteré que salió otra orden de captura. Lo escondí en mi casa “El Resuello” en Ugarteche y cambié la estrategia de la defensa: empecé a hablar de quién era Scalco. Entre las cosas que imaginé, armamos una exposición de sus pinturas en la galería de Pampa Mercado, en la calle Godoy Cruz. Mandé al juzgado una invitación. El juez mandó a la Policía Federal a la muestra, para que lo atraparan a Scalco y lo metieran preso. Pero en la inauguración dije que Scalco no había podido ir porque estaba llegando a París. Los policías estaban escuchando y cuando le contaron, el juez mandó una orden de captura a la Interpol para después extraditarlo. Mientras tanto, Scalco estaba pintando en mi casa.

«No puedo decir que antes era mejor y ahora peor, pero ahora, la gente vive muy apurada… la vida va tan rápido que nadie tiene tiempo de ponerse a leer un libro».

Pero cuando Bustelo estuvo preso por temas políticos, también encontró amigos que pelearon por sacarlo. Un ejemplo fue don Adolfo Vicchi: “Era un buen tipo y un buen político. Desgraciadamente llegó a la gobernación en un momento muy convulsionado. Vicchi era un hombre progresista, capaz y buen amigo. Cuando estuve preso, la última vez, se juntó con Mario González y Carlos Aguinaga y presentaron una nota al interventor militar diciéndole que yo no era subversivo. Era una carta muy bonita, donde decía que sus discrepancias con mi ideología habían sido muy grandes, pero que yo era un político y no un subversivo. Cuando me trasladaron a Mendoza, Vicchi consiguió que me higienizaran la celda, porque estaba llena de piojos que me estaban comiendo… es una lástima que no me comieran del todo”.

Angel Bustelo fue distinguido en 1990 como “Ciudadano ilustre de Mendoza’’, publicó: “Alfredo Bufano, El montañés que vio el mar’’ (1981), “Un muchacho de provincia’’ (1983) que obtuvo el premio de la Sociedad Argentina de Escritores, “San Rafael de sus amores’’ (1985), “El silenciero cautivo’’ (1988), que relata los meses compartidos en prisión con el escritor y periodista Antonio Di Benedetto, “Duende y pólvora’’ (1990), “Vida de un combatiente de izquierda’’ (1992). Los últimos dos, “Penúltima página’’ (1997) y “Armando Tejada Gómez, mi compadre del horizonte” (1998, póstumo), los editó Canto Rodado, que coordinaban Carlos Levy y Osvaldo Rodríguez.

….

Cuando Alfredo Bufano le escribió “Canto al camarada Bustelo”, ya había demostrado su fidelidad como amigo: “La primera vez que caí preso, luchó mucho para conseguir mi libertad. Se volvió loco. Fue a Buenos Aires a ver a Monseñor De Andrea, que era el confesor del presidente Pedro Ramírez. Hablando con el obispo, Bufano me puso por las nubes. Después, Ramírez mandó un telegrama a la cárcel de San Rafael, ordenando que me pusieran en libertad”.

Tejada Gómez, Mercedes Sosa y los otros fundadores del Nuevo Cancionero Cuyano, los mencionan como una especie de…

No diga de mecenas, esa palabra no me gusta. Mecenas parece un tipo ricachón y yo nunca fui un ricachón. Mi casa estaba abierta. Ganaba buena plata por la profesión, tomábamos los mejores vinos, se iba y se morfaba a la hora que se te ocurría, pero yo no les regalaba plata. Eso sí, siempre estuve vinculado a los artistas y me sentía cerca de ellos. Ejercía cierta atracción por mi forma de vida, pero no andaba buscando afiliados. La forma de luchar en política atraía a mucha gente como (Juan) Draghi Lucero, (Ricardo) Tudela, Américo Cali, (Armando) Tejada Gómez. Éramos lo que falta ahora: referentes.

Mientras se suceden los nombres, va sacando libros dedicados: “Lea esto que me escribió Calí”. En la tercera página de un libro ya gastado, dice: “A mi querido Ángel Bustelo, por lo que le debe la libertad del pueblo”. Seguro de que ese es su mayor tesoro, Bustelo, el compañero de celda de Antonio Di Benedetto (“un cristo al que lo llevaron a crucificarse”), muestra los obsequios que le dedicaron Tejada Gómez, (Jorge Enrique) Ramponi, (Rubén) Azócar o Miguel Ángel Asturias. Son testimonios de una época de esplendor de la cultura mendocina:

“Antes, había grandes referentes que nadie discutía. No puedo decir que antes era mejor y ahora peor, pero ahora, la gente vive muy apurada… la vida va tan rápido que nadie tiene tiempo de ponerse a leer un libro. Lo importante de una cultura es que llegue a las masas. El lenguaje nace en boca del pueblo y allí se va enriqueciendo, porque es el que está trabajando, el que está plantando la viña, el que le habla a la naturaleza… ahí está el origen de las cosas”, me despidió.

La versión original de esta entrevista se publicó en el Diario Los Andes el 13 de julio de 1997. Tal vez, fue la última entrevista publicada. Murió al poco tiempo, el 10 de abril de 1998. En diciembre de 2018 el Gobierno de Mendoza organizó una muestra de obras y recuerdos de Angel Bustelo. Diego Gareca, entonces Secretario provincial de Cultura y curador de la exposición me contó que entre los recuerdos que atesoró Bustelo está esta entrevista. Otra buena razón para recuperarla las palabras de quien el diario La Nación dijo en su despedida: “Incondicional militante del socialismo y símbolo de quienes durante décadas sufrieron persecuciones ideológicas, Bustelo fue junto a Renato Della Santa y a Benito Marianetti, la figura más tenaz del pensamiento de izquierda en la política mendocina.” 

Martín Appiolaza

Martín Appiolaza

Magíster en Política y Planificación Social. Docente de postgrados. Director de Relaciones Institucionales de Godoy Cruz. Ha trabajado en América Latina y el Caribe con gobiernos y organismos internacionales. Periodista resocializado. Director de La Vanguardia.