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Brasil: polarización al máximo

por | Ago 18, 2022 | Mundo, Nota Central

Las elecciones presidenciales en Brasil, que se celebrarán el 2 de octubre, auguran una campaña marcada por el protagonismo de sus dos principales candidatos y una esperable polarización. Bolsonaro espera ratificar su victoria de 2018 con una profundización de su discurso y propuestas, mientras Lula apunta a ampliar la coalición electoral del PT con otras fuerzas de centroizquierda.

La campaña presidencial brasilera comenzó oficialmente el 16 de agosto. La fecha límite para inscribir las candidaturas fue el 5 de agosto. En este tiempo se celebraron primarias y congresos partidarios para confirmar las alianzas por la que participarán estas candidaturas. Son once los candidatos confirmados. Las alianzas en Brasil son fundamentales para la distribución del espacio publicitario, con un sistema similar al de las PASO argentinas se les asigna un llamado “horario electoral” según un coeficiente que utiliza el resultado obtenido por estos partidos en las últimas elecciones y la representación de estos en el Congreso. Este comenzará a emitirse a finales de agosto. Las elecciones generales serán el 2 de octubre, en menos de dos meses, que prometen ser intensos. La segunda vuelta, en caso de realizarse, será el 30 de octubre.

LOS CANDIDATOS EN LA CONTIENDA

El actual presidente, Jair Mesías Bolsonaro está en la búsqueda de su reelección. La fórmula confirmada es con Walter Brego Natta, un militar de su confianza, quien actualmente es el Jefe de Gabinete. No es la primera vez que Bolsonaro conforma una fórmula con un militar, su actual vicepresidente Hamilton Mourão, es un ex general. Sin embargo, ha tenido rispideces con Mourão quien ha cuestionado varias actitudes del presidente. Bolsonaro se presenta por el Partido Liberal, que históricamente fue un partido de centro derecha, pero desde que Bolsonaro llegó al poder en 2018 pasó a ser ultraconservador. La alianza está además compuesta por los partidos Republicanos, el Partido Social Cristiano y el Partido Progresista. La campaña de Bolsonaro promete centrarse en el antipetismo, es decir en contra de todo lo relacionado al PT, Partido de los Trabajadores, partido por el cual Dilma y Lula fueron presidentes. Con un discurso ultra conservador centrado en la familia, el orden, la idea de un capitalismo popular y que del otro lado está un modelo que llevaría a Brasil a ser Venezuela. A pesar de una baja temporal en la inflación y una estabilización del precio del real al dólar, los resultados económicos del gobierno de Bolsonaro no son buenos: el desempleo esta levemente más bajo que cuando asumió y la pobreza es algo mayor, por otra parte, son pocos los sectores económicos beneficiados por su política económica.

A pesar de las reformas liberales hechas en su gobierno y el de Temer, la dinamización económica tampoco fue tan exitosa. Brasil encabeza el podio como el crecimiento económico más bajo en los últimos dos años junto a Ecuador y Argentina. A estos magros resultados, se le suma que en el día a día su gestión ha sido caótica, con múltiples salidas de ministros, peleas internas, leyes claves fracasadas, malas relaciones con históricos aliados internacionales, cuestionamientos por parte del mismo establishment económico que lo apoyó en su segunda vuelta y las peleas con los científicos y médicos por su política anti cuarentena y anti vacuna. Su base electoral también habría mermado bastante, quedando solo con el apoyo duro de los evangélicos. Por lo cual comienza esta campaña con un 30-35% de intención de voto, aunque espera aumentar su caudal electoral en parte jugando a la polarización y gracias a un refuerzo monetario en las políticas sociales, similares al aplicado en 2020 con la pandemia.

La coalición de la fórmula Da Silva-Alckmin se llama Juntos por la Esperanza. Es un frente bastante amplio que incluye al PT, al PSB, al Partido Verde, al partido REDE (de la ex candidata presidencial Marina Silva), al Partido Comunista Brasilero, al izquierdista PSOL y al partido Agir (partido regionalista de centroderecha heredero de Collor de Melo). En el anteúltimo día de límite de inscripción de candidaturas la coalición electoral sumó el apoyo de André Janones, precandidato a presidente que medía 3-4%.

Del otro lado está el que fue presidente dos veces, Luiz Inacio Lula da Silva. El fundador y líder del Partido de los Trabajadores busca gobernar el país por tercera vez. Hace cuatro años su candidatura era proscripta por el Tribunal Supremo de Justicia, haciendo que Fernando Haddad fuera el candidato por el PT. Los cargos que no le permitían a Lula ser candidato a presidente fueron retirados. El ex presidente esta vez se presenta con cierta innovación política. Su candidato a vicepresidente es Geraldo Alckmin, ex gobernador del estado de San Pablo. Alckmin está ahora en el PSB (Partido Socialista Brasilero) pero durante la mayoría de su vida política fue miembro del PSDB, partido centrista de Fernando Henrique Cardoso. Alckmin se enfrentó a Lula en 2006 por el PSDB, perdiendo contra el en ballotage por 11 puntos y luego en 2018 cuando acusó al PT de ser una organización corrupta, en esta elección tuvo menos suerte y quedo cuarto, lejos del ballotage. A diferencia de la mayoría del PSDB, Alckmin al igual que Cardoso se rehusaron a apoyar a Bolsonaro en segunda vuelta, llamando a la abstención. Más tarde, fue crítico de la alianza en el Congreso con el bolsonarismo, hasta decidir su salida del PSDB para sumarse al más progresista Partido Socialista Brasilero.

La coalición de la fórmula Da Silva-Alckmin se llama Juntos por la Esperanza. Es un frente bastante amplio que incluye al PT, al PSB, al Partido Verde, al partido REDE (de la ex candidata presidencial Marina Silva), al Partido Comunista Brasilero, al izquierdista PSOL y al partido Agir (partido regionalista de centroderecha heredero de Collor de Melo). En el anteúltimo día de límite de inscripción de candidaturas la coalición electoral sumó el apoyo de André Janones, precandidato a presidente que medía 3-4%. Janones es un ex abogado laboralista del sindicato de camioneros autodefinido ideológicamente como varguista, quien acompaño los paros sindicales realizados tanto a Dilma como a Temer, siendo un férreo opositor a Bolsonaro una vez electo como diputado. La gran incógnita de Lula es como podrá lograr gobernar con una coalición tan diversa. Las promesas electorales de Lula se basan en restaurar el salario real brasilero y que el Estado vuelva a estar presente. Apela a la prosperidad y el progreso social logrado en sus dos gobiernos (2002-2010). Lo que él llama “devolver la dignidad al pueblo”. La gran duda que genera en analistas es cómo. Por otra parte, existen presiones de sectores del establishment que esperan detalles de cómo sería el plan económico y si podría cumplir con metas fiscales, en un país donde existe una gran independencia de los organismos financieros nacionales. Las primeras definiciones que incluían un impuestazo a los sectores más pudientes no generaron gran apoyo de parte del establishment. Inspirado en la campaña de Biden, Lula apela también a la moralidad: la idea de que Brasil ha pasado a ser uno de los hazmerreíres de la escena internacional y que el país ha dejado de emanar la alegría a la que solía estar asociado.  El candidato petista comienza la contienda con una intención de votos de entre 40 y 45%.  En gran parte por tener más fuerza entre la clase media y media alta, votantes que siempre vieron al PT de manera escéptica, pero gracias a la gestión de Bolsonaro se han acercado. Algo similar ha pasado con los jóvenes menores de 30 años, quienes solían ser políticamente apáticos, hoy un 50% de ellos votaría por Lula contra un 20% que lo haría por Bolsonaro, en gran parte por las posiciones ultraconservadoras de Bolsonaro y la falta de empleos y oportunidades para la juventud (el desempleo juvenil en Brasil se encuentra en casi 20%, la tasa más alta de América del Sur después de Venezuela).

En un escenario donde los dos principales candidatos se llevarían la mayoría de los votos hay poco espacio para las terceras fuerzas. El que tiene más importancia es Ciro Gomes, candidato por el PDT, el histórico partido socialdemócrata laborista brasilero. Ciro Gomes fue ministro de Cardoso, de Lula y gobernador del estado de Ceará. Conocido por sus éxitos en sus gestiones como ministro y como gobernador es la cuarta vez que se presenta a elecciones, siempre postulándose como la alternativa centrista-progresista. Lleva como candidata a vicepresidenta a la intendenta de Salvador. Comienza en la contienda midiendo un 7-9%. Estos votos serán claves para Lula en el ballotage contra Bolsonaro. Busca el voto de aquellos que no están convencidos por las principales candidaturas de Lula y Bolsonaro. Espera ansioso a los debates, donde con su carisma nordestino espera lograr repuntar en las encuestas y modificar el discurso hacia el centro de ambos candidatos.

Los históricos partidos de centroderecha y derecha fueron afectados severamente por la polarización. La fórmula entre el MDB, partido del ex presidente Michel Temer, y el PSDB llevan una formula 100% femenina. La candidata a presidente es la gobernadora de Mato Grosso do Sul, Simone Tebet y llevará como vice a la senadora por San Pablo, Mara Gabrilli. La candidatura de Tebet está vinculada al agronegocio y es una de las que más hizo lobby por la reforma laboralista aprobada en el gobierno de Temer. Busca un equilibrio para el agronegocio y la política de deforestación. Comienza la contienda con un 3-4% y su núcleo es la clase media alta del interior brasilero.

Se presentan también otras candidaturas con menos de un 1% de intención de votos. Estas representan al troskista PSTU, al Partido Demócrata Cristiano, el conservador Uniao, al neoliberal NOVO, al izquierdista UP.

Se espera también que, a pesar de la polarización, pueda haber movimientos importantes en las encuestas, algo que suele pasar en las elecciones brasileras. Esta es la elección más significativa de América del Sur de la última década, se verá si la nueva llamada ola rosa, es decir una ola de triunfos de candidatos de centroizquierda en la región, continuará o se frenará.

ACUSACIONES Y DETERIORO DE LA DEMOCRACIA

La campaña promete ser intensa y dura. Las campañas brasileras tienen la particularidad de ser alegres, con jingles electorales, caravanas masivas acompañando a los candidatos en los distintos puntos del país y políticos participando en programas televisivos de todo tipo.  Los debates comenzarán a fin de mes, en este estarán los principales candidatos. Bolsonaro mismo ha puesto trabas diciendo que no le gustan las condiciones de estos, pero finalmente confirmó su asistencia. Se espera también que, a pesar de la polarización, pueda haber movimientos importantes en las encuestas, algo que suele pasar en las elecciones brasileras. Esta es la elección más significativa de América del Sur de la última década, se verá si la nueva llamada ola rosa, es decir una ola de triunfos de candidatos de centroizquierda en la región, continuará o se frenará.

De parte de Bolsonaro también han comenzado a salir acusaciones de un posible fraude realizado por los estados gobernados por el PT y otros opositores a su gobierno así como un posible hackeo al sistema de votación electrónico. Incluso llegó a plantearlo de manera desesperada frente a 40 diplomáticos de otros países, pensando en una suerte de intervención extranjera en caso de perder la elección. El mismo Departamento de Estado de los Estados Unidos tuvo que salir a desmentirlo y decir que Brasil tenía un sistema de votación y escrutinio electoral sólido y transparente. A esto se le suma su pelea con la Corte Suprema, a quien le acusa de querer ver su derrota electoral en una suerte de conspiración con el PT. Algunos analistas consideran que Bolsonaro podría estar planeando un golpe de estado en caso de perder o especie de presión fuerte al poder judicial similar a la que realizaron los que apoyaban a Trump en Estados Unidos el 6 de enero de 2021, cuando invadieron el Capitolio y trataron de impedir que Biden asumiera como presidente.

Gerardo Delgado Stutz

Gerardo Delgado Stutz

Investigador del Centro de Estudios de Política Internacional (UBA) y Estudiante de Ciencia Política (UBA).