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130 años de socialismo: legados y desafíos

por | Jun 28, 2026 | Nacionales, PS

El Partido Socialista cumple 130 años de historia y, en ese marco, su presidenta Mónica Fein nos invita a repasar el legado histórico y a discutir los desafíos del futuro.

Mónica Fein, presidenta del Partido Socialista. 

Cumplir 130 años no es solamente recordar una fecha. Es volver a mirar una historia, reconocer una tradición y asumir una responsabilidad frente al presente y frente al futuro. El Partido Socialista nació en la Argentina para poner en el centro aquello que muchas veces el poder prefería no ver: la cuestión social, la vida de las trabajadoras y los trabajadores, la desigualdad, la explotación, la falta de derechos, la necesidad de una democracia que no fuera solo una forma política, sino también una promesa de justicia. Nacimos por la democracia social y seguimos luchando por ella.

Desde aquel congreso fundador de 1896, nuestro partido sostuvo la profunda convicción de que la democracia solo se realiza plenamente cuando llega a la vida cotidiana de las personas. Cuando hay trabajo digno, cuando hay salud pública, cuando hay educación, cuando hay vivienda, transporte, cultura, cuidados, igualdad de oportunidades. Cuando las instituciones funcionan con honestidad y cuando la política no se convierte en un privilegio, sino en una herramienta para mejorar la vida común. Esa es nuestra historia. Y esa debe seguir siendo nuestra tarea.

EL LEGADO DEL PARTIDO SOCIALISTA 

La filósofa feminista Diana Maffía y Mónica Fein en el marco de los 130 años del Partido Socialista.

El socialismo argentino nació junto a las organizaciones obreras, junto a las cooperativas, junto a los periódicos populares, junto a las bibliotecas, junto a las sociedades de resistencia, junto a quienes entendieron que la emancipación no podía esperar la buena voluntad de los poderosos. Nuestro compromiso histórico con las trabajadoras y los trabajadores no fue una consigna ocasional. Fue el corazón mismo de nuestra identidad. Peleamos por la jornada laboral, por el descanso dominical, por la protección social, por la organización sindical, por los derechos de las mujeres trabajadoras, por la infancia, por la salud, por la educación pública, por la dignidad de quienes viven de su esfuerzo. Las grandes figuras fundacionales de nuestra tradición (Juan B. Justo, Alicia Moreau, Julieta Lanteri, Alfredo Palacios, Enrique del Valle Iberlucea, Nicolás Repetto, Mario Bravo, Gabriela Laperrière de Coni, Carolina Muzzilli y tantas otras compañeras y compañeros) comprendieron que el socialismo no era solo una doctrina, sino una práctica cotidiana de organización popular, pedagogía democrática y lucha por derechos concretos.

Hoy la cuestión social tiene nuevas formas, pero conserva la misma urgencia. Hay trabajadores registrados que no llegan a fin de mes. Hay jóvenes que encadenan empleos precarios. Hay mujeres que sostienen tareas de cuidado sin reconocimiento. Hay jubiladas y jubilados que ven deteriorarse sus ingresos. Hay familias endeudadas para pagar alimentos, alquileres o medicamentos. Hay economías populares que producen y trabajan, pero siguen esperando derechos. Hay una Argentina que se esfuerza todos los días y, sin embargo, siente que el futuro se aleja.

Frente a eso, el socialismo no puede hablar desde la nostalgia ni desde la comodidad. Tenemos que hablar desde nuestra historia, pero también desde una propuesta clara para este tiempo. Una propuesta de izquierda democrática, responsable y seria que no confunda sensibilidad con improvisación, ni firmeza con violencia, ni transformación con gritos. Tenemos que ser capaces de articular una propuesta capaz de unir justicia social, libertad, igualdad, transparencia, desarrollo, ambiente, ciencia, producción y trabajo. Porque esa es nuestra convicción más profunda: que no hay justicia social sin democracia y que no hay democracia plena sin justicia social.

A lo largo de estos 130 años, el socialismo también mostró que la ética pública no es un adorno, sino el fundamento de la vida pública y la condición de la vida democrática. Desde Juan B. Justo y Alicia Moreau hasta Alfredo Palacios, desde nuestros primeros legisladores hasta nuestras experiencias municipales y provinciales, defendimos una idea sencilla y exigente: los recursos públicos son sagrados porque pertenecen a la ciudadanía. La honestidad no puede ser una promesa de campaña. Tiene que ser una forma cotidiana de gobernar, de administrar, de decidir y de rendir cuentas.

El socialismo no puede hablar desde la nostalgia ni desde la comodidad. Tenemos que hablar desde nuestra historia, pero también desde una propuesta clara para este tiempo.

En tiempos en los que la política muchas veces aparece asociada al privilegio, al espectáculo o al interés personal, nosotros tenemos que volver a decirlo con claridad: la transparencia, la austeridad y la honestidad son fundamentos de la vida pública. No alcanzan por sí solas, porque la política también debe transformar realidades injustas. Pero sin ellas no hay confianza, no hay contrato social, no hay comunidad democrática posible.

Nuestro país necesita reconstruir un contrato social basado en la justicia y en la fraternidad. Justicia para que nadie quede librado a su suerte. Fraternidad para entender que una sociedad no se salva de a uno, ni se ordena contra los más débiles, ni se construye sobre la indiferencia. Necesitamos recuperar una idea de comunidad. Una idea de Estado presente, eficiente y honesto. Un Estado que no sea botín ni burocracia inmóvil, sino una herramienta democrática al servicio de derechos concretos.

El socialismo argentino tiene una historia de gestión pública de la que podemos sentirnos orgullosos. La tuvieron nuestros pioneros municipales, como Agustín de Arrieta en Bahía Blanca, que gobernó con austeridad, compromiso con el trabajo y una ética pública que todavía interpela. La tuvo Teodoro Bronzini en Mar del Plata, símbolo de una tradición municipal honesta, cercana y transformadora. La tuvieron un sinfín de experiencias locales en las que el socialismo demostró que se podía administrar con seriedad y, al mismo tiempo, ampliar derechos.

Esa historia tuvo una expresión sustancial en los procesos de construcción socialista de Rosario y Santa Fe. Hermes Binner nos enseñó que la salud pública, la descentralización, la participación ciudadana y la planificación podían ser parte de un mismo proyecto democrático. Miguel Lifschitz nos mostró que la gestión también es una forma de sensibilidad: imaginar, planificar, ejecutar, terminar obras, cuidar la palabra empeñada, construir equipos, estar cerca de la gente. En Rosario, en Santa Fe y en tantos territorios donde gobernamos, el socialismo demostró que una izquierda democrática puede ser transformadora, moderna, transparente y eficaz. No somos comentaristas de la realidad. Somos una fuerza política que sabe gobernar.

LOS DESAFÍOS DEL SOCIALISMO 

Mónica Fein y Eloísa Álvarez, responsable nacional del Movimiento Nacional Reformista.

Cumplimos 130 años, pero nuestra historia no nos exime de pensar el futuro. Al contrario: nos obliga a desarrollar esa tarea. Nos obliga a mirar de frente los cambios del mundo del trabajo, la crisis ambiental, las desigualdades territoriales, la violencia, la concentración económica, la revolución tecnológica, la soledad, el individualismo, la ruptura de los lazos comunitarios. Nos obliga a construir respuestas para una sociedad más compleja, más fragmentada y muchas veces más dolorida.

En tiempos en los que las extremas derechas promueven el fin de toda idea de solidaridad, en los que se pretende convertir al Estado en un enemigo y a cada persona en una competidora solitaria frente a las demás, el socialismo tiene que volver a levantar una voz clara: no hay libertad verdadera en una sociedad abandonada a la desigualdad, no hay mérito posible sin oportunidades, no hay futuro común cuando se desprecia a quienes sufren.

La Argentina de Milei nos muestra, con crudeza, hasta dónde puede llegar una política que hace de la crueldad una identidad, que confunde orden con ajuste sobre los más débiles y que trata a la educación, a la salud, a la ciencia, a la cultura, a las jubilaciones y a la obra pública como gastos prescindibles, y no como pilares de una comunidad democrática. Frente a esa idea de país, que celebra la motosierra y naturaliza la exclusión, nosotros reafirmamos otra tradición: la de una izquierda democrática, responsable y seria, capaz de cuidar las cuentas públicas sin destruir derechos, de defender la estabilidad sin abandonar la justicia social, de hablar de eficiencia sin renunciar a la igualdad y de construir futuro sin romper los lazos de fraternidad que hacen posible la vida en común.

Celebrar 130 años del Partido Socialista no puede ser un acto de autosatisfacción. Tiene que ser un acto de compromiso. Estamos orgullosos de nuestra historia, pero no vivimos de ella. La honramos cuando somos capaces de ponerla al servicio de los problemas de nuestro tiempo.

En esa tarea, nuestro compromiso con las mujeres y las diversidades es irrenunciable. El socialismo argentino tuvo desde muy temprano mujeres que abrieron caminos cuando todo era más difícil: Alicia Moreau, las militantes feministas, las trabajadoras organizadas, las concejalas, legisladoras, intendentas, compañeras de cada territorio. Esa tradición nos exige seguir adelante. Defender la igualdad, combatir las violencias, ampliar derechos, reconocer las tareas de cuidado, garantizar autonomía económica, respetar la diversidad, construir instituciones libres de discriminación. No hay socialismo sin feminismo democrático. No hay justicia social si la mitad de la sociedad sigue cargando desigualdades históricas. No hay libertad verdadera si alguien debe esconder quién es para vivir sin miedo.

Celebrar 130 años del Partido Socialista no puede ser un acto de autosatisfacción. Tiene que ser un acto de compromiso. Estamos orgullosos de nuestra historia, pero no vivimos de ella. La honramos cuando somos capaces de ponerla al servicio de los problemas de nuestro tiempo.

La Argentina necesita una alternativa progresista, democrática, honesta y profundamente humana. Una alternativa que cuide la estabilidad institucional, pero que no se conforme con la desigualdad. Que defienda la producción y el trabajo. Que proteja a quienes más sufren. Que no le tenga miedo a la palabra igualdad. Que entienda que el orden democrático no se construye con crueldad, sino con derechos, con reglas, con responsabilidad y con justicia.

Nuestro socialismo tiene que volver a hablarle a quienes trabajan, a quienes estudian, a quienes cuidan, a quienes producen, a quienes emprenden, a quienes investigan, a quienes enseñan, a quienes sostienen comedores, clubes, cooperadoras, sindicatos, centros culturales, organizaciones sociales y espacios comunitarios. Tiene que volver a hablarle a las juventudes que no quieren resignarse, a las mujeres que sostienen la vida cotidiana, a las diversidades que reclaman respeto, a los adultos mayores que merecen dignidad, a las familias que necesitan horizonte.

Tenemos una historia limpia. Tenemos una tradición democrática. Tenemos experiencia de gestión. Tenemos sensibilidad social. Tenemos ideas. Tenemos compañeras y compañeros en todo el país. Y tenemos, sobre todo, una responsabilidad: demostrar que la política puede volver a ser una herramienta de esperanza seria, concreta, creíble.

A 130 años de nuestra fundación, reafirmemos nuestro compromiso con quienes trabajan, con quienes luchan por una vida digna, con quienes creen en la igualdad, con quienes defienden la democracia, con quienes no aceptan que la crueldad sea un programa de gobierno ni que la resignación sea el destino de la ciudadanía.

Sigamos construyendo un socialismo democrático, feminista, federal, transparente y fraterno. Un socialismo capaz de cuidar, de gobernar y de transformar. Un socialismo que mire hacia adelante sin olvidar de dónde viene. Un socialismo para una Argentina más justa, más libre y más solidaria. Un socialismo para la Argentina que viene. La que vamos a hacer juntas y juntos.

 

 

Mónica Fein

Mónica Fein

Presidenta del Partido Socialista y Diputada Nacional. Fue Intendenta de la ciudad de Rosario.