En el 130 aniversario del Partido Socialista, el ex gobernador Antonio Bonfatti nos invita a reflexionar sobre ese pasado para encarar los desafíos del presente.

El ex gobernador de la provincia de Santa Fe y ex presidente de Partido Socialista, Antonio Bonfatti, recibiendo un homenaje en los 130 años del Partido Socialista.
El 28 de junio, el Partido Socialista cumple 130 años de vida en la Argentina. Se trata de una historia profundamente rica en esfuerzo, coherencia y compromiso, forjada inicialmente por el trabajo de miles de obreros inmigrantes que llegaron a estas tierras con la esperanza de construir una nueva patria de iguales. Desde aquellos orígenes, de hombres y mujeres organizados y guiados por la vocación de unidad de Juan B. Justo, hasta las experiencias de gestión que nos tocó liderar junto a referentes ineludibles como Hermes Binner o Miguel Lifschitz, el socialismo ha sostenido una premisa tan sencilla como revolucionaria: nadie se realiza en una comunidad que no se realiza.
A lo largo de más de un siglo, el socialismo no ha sido un sistema rígido, sino un conjunto de valores éticos aplicados a cada circunstancia histórica. Fuimos el partido que impulsó las ocho horas de trabajo, la educación laica y obligatoria, y la salud como un derecho fundamental. No lo hicimos desde el dogma, sino desde la profunda convicción de que la política debe estar al servicio de las personas y de que el desarrollo material resulta estéril si viene acompañado del beneficio para unos pocos o del sálvese quien pueda.
Hoy somos testigos de un cambio de época global profundamente complejo. El avance tecnológico de la robótica y la Inteligencia Artificial reconfigura el mundo del trabajo, mientras que el desarrollo material convive con un marcado vacío espiritual e individualista que priva a las sociedades de certezas. Es en esta encrucijada donde sectores políticos pretenden arrastrarnos a una supuesta «batalla cultural». No compartimos esa mirada de trinchera. Porque en toda batalla siempre hay vencedores y vencidos.
Las naciones no progresan a partir del enfrentamiento permanente, la descalificación del que piensa distinto o el fomento de una grieta que paraliza el destino común. El futuro de la Argentina no se construye enfrentando a compatriotas contra compatriotas. Lo que el país necesita con urgencia es exactamente lo contrario a una batalla: necesita diálogo, construir acuerdos básicos de largo alcance y definir colectivamente hacia dónde queremos ir. Debemos tener la capacidad de pasar de la cultura de la confrontación a la de la coincidencia. Pasar del individualismo a la solidaridad. Del consumismo a los lazos comunitarios donde el “ser sea más importante que el “tener”.
Frente a la fragmentación social y el repliegue de lo público, el socialismo sigue ofreciendo una alternativa profundamente humanista: volver a reunir la política con la ética, escuchar, convocar y sumar. No caminamos solos.
Nuestra práctica política y de gestión en la provincia de Santa Fe es un testimonio de que esta alternativa es posible. Demostramos que los grandes cambios se construyen colectivamente. Así concretamos uno de los sistemas de salud pública más reconocidos de la región, articulando con los equipos, con los trabajadores y la comunidad; y así propiciamos que miles de familias accedieran a su vivienda a través del esfuerzo comunitario. El Estado debe orientar y garantizar la transparencia frente a la corrupción que profundiza las desigualdades y debilita las instituciones y la democracia. Pero las transformaciones profundas ocurren cuando la sociedad civil se involucra, participa y se apropia del proyecto. Descreemos de la lógica neoliberal que subordina el bienestar a un supuesto derrame económico; la historia nos enseña que sin desarrollo social, integral, el bienestar económico para todos es simplemente una quimera.
Frente a la fragmentación social y el repliegue de lo público, el socialismo sigue ofreciendo una alternativa profundamente humanista: volver a reunir la política con la ética, escuchar, convocar y sumar. No caminamos solos. Caminamos con los trabajadores, los jubilados, las mujeres que luchan por una igualdad concreta, los estudiantes, los que producen, los más vulnerables.
Como solía decir Guillermo Estévez Boero, “se marcha, no se llega”. El socialismo es una marcha apasionada e inacabada hacia una sociedad más justa. A 130 años de nuestra fundación, reafirmamos la vigencia de nuestra utopía y de nuestros ideales. El presente y el futuro nos demandan ser el puente que salte los antagonismos estériles. Porque el futuro de la Argentina se construye y se conquista encontrándonos, con todos adentro y trabajando juntos.

