Mientras José Antonio Kast cambia el garrote por la zanahoria en Santiago, cuatro de sus ministros reparten zanahorias en Madrid y Londres. El gesto es el mismo; los destinatarios, distintos. La pregunta, en los dos casos, es con qué se pagan.

LA ZANAHORIA DE ADENTRO
El 3 de septiembre, en Las Condes, Kast cerró la jornada inaugural del Foro Madrid, la cumbre internacional de la derecha radical que él mismo ayudó a fundar y que este año sesionó en Santiago, con Javier Milei entre los oradores. Ante una audiencia ideológicamente propia enumeró las conductas que podrían devolverle el poder a la izquierda, y puso en tercer lugar una que esa sala no esperaba: «quedarnos pegados en la disputa con la izquierda». Siguió: «Los chilenos no me eligieron para derrotar a la izquierda; nos eligieron para enfrentar el crimen organizado, la pobreza, la corrupción y el desempleo». Por si quedaba duda de a quién le hablaba, agregó: «La izquierda, la izquierda, la izquierda genera aplausos, ordena los partidos, pero nuestro adversario es mucho más grande que la izquierda».
El calendario no es casual. A seis meses de asumir, la encuesta Cadem le mide 34% de aprobación y 62% de rechazo, el peor registro de su administración. El mismo 62% dice que el Gobierno fue peor de lo que esperaba y apenas 8% que fue mejor; la nota promedio es 3,4 sobre 7. Economía y empleo encabezan la lista de reproches.
La zanahoria tampoco es solo retórica. El 12 de setiembre Kast instruyó a cinco reparticiones (Hacienda, Trabajo, Obras Públicas, Vivienda y la subsecretaría que coordina a los gobiernos regionales) a armar un plan de emergencia laboral para el último trimestre, con una meta que ya circula: 75 mil empleos directos e indirectos. El detalle se conocerá en los próximos días, pero el instrumental está anticipado: subsidio a la contratación, aceleración de obras públicas y de vivienda, programas de mejoramiento urbano y barrial, y cuadrillas transitorias en la corporación forestal del Estado. Obra pública menuda y subsidio directo: ¡exactamente el instrumental que la derecha chilena pasó quince años llamando gasto improductivo! Y es la segunda vuelta de tuerca sobre el mismo botón: en julio ya había lanzado «Modo Empleo», con subsidios de hasta medio salario mínimo por trabajador contratado.
LA ZANAHORIA DE AFUERA
El ChileDay es la otra mitad de la escena. Nació en Nueva York en 2008 y lo organiza InBest, una corporación privada sin fines de lucro, junto al Ministerio de Hacienda. Desde entonces recorrió Londres, Madrid y Nueva York con un guion notablemente estable: Chile es serio, Chile cumple, Chile es previsible. Su director, Guillermo Tagle, lo resume así: la gracia del evento es mostrar «un país que ha sido ordenado, consistente», con autoridades que dialogan con el mundo privado «independiente de la posición política que tengan».
A seis meses de asumir, la encuesta Cadem le mide a Kast 34% de aprobación y 62% de rechazo, el peor registro de su administración. El mismo 62% dice que el Gobierno fue peor de lo que esperaba y apenas 8% que fue mejor; la nota promedio es 3,4 sobre 7. Economía y empleo encabezan la lista de reproches.
Esa continuidad es lo interesante. El ChileDay es el único lugar donde la clase política chilena (Piñera, Bachelet, Boric, ahora Kast) dice más o menos lo mismo. Cambia el emisario, no el libreto.
La edición europea fue la más concurrida de su historia: unos 700 participantes entre Madrid, el lunes 14, y Londres, el miércoles 16 de septiembre. Viajaron cuatro ministros del comité económico y la presidenta del Banco Central, Rosanna Costa. Madrid puso el foco en infraestructura y concesiones; Londres, en mercado de capitales y pensiones. España llega como tercer inversor en Chile, con unos 20 mil millones de dólares acumulados en energía, banca, telecomunicaciones e infraestructura. Chile llevaba una cartera de 65.700 millones de dólares en 463 proyectos de inversión extranjera, de los cuales solo 16.200 millones están efectivamente materializándose.
Esa última cifra es la nota al pie de todo el evento. El problema chileno no es que no haya proyectos; es que no se ejecutan.
EL MENÚ
Puestas una al lado de la otra, las ofertas de estos seis meses forman una lista sorprendentemente pareja. La Ley de Reconstrucción y Desarrollo Económico y Social, despachada por el Congreso a fines de julio, baja el impuesto a las empresas del 27% al 23% en tramos hasta 2029, reinstaura un estatuto que congela las reglas tributarias por 25 años para inversiones de largo plazo, suspende por un año el impuesto al valor agregado en la compra de viviendas nuevas, abre ventanas para repatriar capitales y crea un crédito tributario a la contratación. A eso se suma ahora obra pública menuda repartida por los municipios y subsidio directo al salario. El mismo gobierno que presentó esa reforma como el vehículo de la competitividad llega a septiembre repartiendo incentivos en las dos direcciones.
¿QUIÉN PAGA?
El problema de repartir zanahorias hacia todos lados es que la huerta se achicó. El 9 de septiembre, cinco días antes de que la delegación aterrizara en Madrid, el Banco Central recortó a la mitad su proyección de crecimiento para 2026: de un rango de 1%-1,75% a uno de 0,25%-0,75%. El producto interno bruto cayó 0,2% en el segundo trimestre. El índice que mide la actividad mes a mes retrocedió 1,5% en julio, su peor registro desde 2023. La inflación anual llegó a 4,1% en agosto. El desempleo, 9,5%, es el más alto en cinco años. Y la inversión, que el propio Banco Central esperaba en junio que creciera 2,2% este año, ahora se proyecta cayendo 0,3%.
El problema de repartir zanahorias hacia todos lados es que la huerta se achicó. El Banco Central recortó a la mitad su proyección de crecimiento para 2026. El producto interno bruto cayó 0,2% en el segundo trimestre. El índice que mide la actividad mes a mes retrocedió 1,5% en julio. La inflación anual llegó a 4,1% en agosto. El desempleo, 9,5%, es el más alto en cinco años. Y la inversión, que el propio Banco Central esperaba en junio que creciera 2,2% este año, ahora se proyecta cayendo 0,3%.
La otra restricción es fiscal, y el Gobierno ya la reconoció. Kast hizo campaña prometiendo equilibrio fiscal estructural a 2030; en junio, Hacienda lo dio por perdido y lo reemplazó por una meta de déficit de 1,5% del producto al término del mandato, partiendo de 2,6% este año. El ancla de deuda quedó fijada en 45% del producto, un techo que el propio informe fiscal previo proyectaba superar.
Es decir, el mismo ministro que en mayo denunció haber recibido un presupuesto desfinanciado, con ingresos sobreestimados y gastos no reconocidos, es el que ahora abre la billetera. La rebaja del impuesto corporativo cuesta recaudación desde 2027. El subsidio al empleo cuesta caja desde el último trimestre. Los beneficios a la vivienda comprometen gasto hacia 2030. Y el crecimiento que debería financiar todo eso es, este año, medio punto.
LA MISMA QUEJA EN DOS IDIOMAS
Lo notable es que la objeción al giro es idéntica adentro y afuera: gestos sin ejecución.
En Santiago, la diputada Paulina Muñoz, del Partido Nacional Libertario, advierte que sería «un tremendo error» buscar mayorías más amplias si eso implica relegar compromisos de campaña. La oposición directamente descuenta el gesto: Constanza Martínez, de la coalición de izquierda Frente Amplio, responde que «del dicho al hecho hay mucho trecho»; Arturo Barrios, del Partido Socialista, que Kast «predica lo que no practica».
En Madrid y Londres la queja es la misma con otro vocabulario. Jorge Alessandri, presidente de la Cámara de Diputados y militante de la derecha tradicional, volvió del viaje entusiasmado por la convocatoria pero con lo que él mismo llamó un baño de realidad: «Chile está haciendo las cosas bien, pero hay otros países del vecindario que despertaron». La ventaja comparativa chilena (años de reglas estables) sigue ahí, pero dejó de ser exclusiva.
«Chile está haciendo las cosas bien, pero hay otros países del vecindario que despertaron». Jorge Alessandri, partido Unión Demócrata Independiente (UDI), Presidente de la Cámara de Diputados.
Es la parte incómoda del discurso. Un gobierno puede bajar un impuesto, acortar un permiso o firmar una invariabilidad tributaria por veinticinco años. Lo que no puede hacer por decreto es que un inversionista crea que el país va a seguir tratándolo así cuando cambie el gobierno. Y esa confianza es lo que está frenando la ejecución de proyectos que ya están aprobados.
LA HUERTA
Una zanahoria se ofrece para que alguien se mueva. Lo que el Foro Madrid y el ChileDay muestran, juntos, es un gobierno ofreciéndolas en todas las direcciones a la vez porque nadie se está moviendo.
El cálculo oficial es que las zanahorias se suman: la rebaja de impuestos y la invariabilidad destraban inversión, la inversión crea empleo, el empleo recompone la aprobación y la aprobación compra las mayorías que faltan en el Congreso. Es un círculo virtuoso plausible. También es lento, y al Gobierno le quedan 42 meses.
Mientras tanto, la factura corre en paralelo. La meta de equilibrio fiscal ya se abandonó, la deuda se acerca al techo prudencial y el crecimiento que debía pagar la cuenta se proyecta en medio punto. El proyecto de Presupuestos 2027 entra al Congreso a fines de septiembre: ahí las zanahorias dejan de ser retórica y se convierten en líneas de gasto, con nombre y monto.

