Con una economía estable pero una aprobación partida en dos, Lula busca su cuarto mandato el 4 de octubre frente a un bolsonarismo que, con Jair inhabilitado, llega con su hijo Flávio y una brecha en las encuestas que se achica.

Presidente de la República, Luiz Inácio Lula da Silva, durante un acto de campaña en Fortaleza: el evento «Lula en Fortaleza: Brasil listo para más», realizado en la Plaza de la Bandera, Fortaleza (PH: Ricardo Stuckert).
BRASIL POR LA ESPERANZA
Lula va por su cuarto mandato y el domingo 4 se sabrá si el actual presidente consigue de los brasileños una ratificación de la sociedad que gobierna desde 2023 junto con Geraldo Alckmin, su vicepresidente durante los últimos cuatro años, o si deberán enfrentar un ballotage, que se celebrará el 25 de octubre. La campaña de Luiz Inácio Lula Da Silva se apoya en el argumento económico que en la elección anterior usaba el gobierno de Jair Bolsonaro: la estabilidad.
Lula se presenta por el Partido de los Trabajadores (PT), dentro de un frente amplio que es la continuidad de la coalición “Brasil por la Esperanza” de 2022. Esta vez enfrentan a un Bolsonarismo sin su líder, ya que Jair Bolsonaro se encuentra cumpliendo una condena de 27 años de prisión por su implicación en el intento de golpe de Estado, cediendo la posta política a su hijo mayor, el senador Flávio Bolsonaro, quien se presenta como candidato a la presidencia encabezando la lista del Partido Liberal (PL). Las encuestas señalan una leve ventaja de Lula, que ninguna coloca por encima del 5%, pero prevén un empate técnico en la segunda vuelta.
El frente del oficialismo reúne al PT con el Partido Socialista Brasilero (PSB, histórico partido socialista del país, hoy socialdemócrata), el Partido Verde (conocido por su lucha por la Amazonia), el Partido Comunista de Brasil (de origen maoísta pero adaptado a la centroizquierda desde los años 2000), el Partido del Socialismo y la Liberación (PSOL, otrora de izquierda trotskista hoy devenido en un partido de centroizquierda progresista), el Partido Democratico de los Trabajadores (PDT, partido socialdemócrata pero que reivindica al ex presidente Getulio Vargas fundado por el dirigente Lionel Brizola) y sectores del llamado centrao (partidos pequeños con estructuras locales fuertes que negocian con la mayoría de los gobiernos desde el retorno de la democracia) que prefieren no romper con el oficialismo antes de octubre.
El desempleo está en su nivel más bajo en décadas (alrededor del 6%), la inflación se mantiene por debajo del 5% anual al igual que en el fin del gobierno de Bolsonaro, el Real se mantiene estable frente al dólar estadounidense y el salario viene subiendo de manera lenta, aunque sostenida. A esto se suma la nueva salida de Brasil del Mapa del Hambre de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) el único antecedente de este hito fue en 2008 en el segundo gobierno de Lula y la exención del impuesto a la renta para quienes ganan hasta cinco mil reales mensuales.
Los buenos números no se traducen automáticamente en una cómoda ventaja electoral.
El desempleo está en su nivel más bajo en décadas (alrededor del 6%), la inflación se mantiene por debajo del 5% anual al igual que en el fin del gobierno de Bolsonaro, el Real se mantiene estable frente al dólar estadounidense y el salario viene subiendo de manera lenta, aunque sostenida. A esto se suma la nueva salida de Brasil del Mapa del Hambre de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) el único antecedente de este hito fue en 2008 en el segundo gobierno de Lula y la exención del impuesto a la renta para quienes ganan hasta cinco mil reales mensuales.
El proyecto que resalta en esta última etapa es la reducción de la jornada laboral (de seis a cinco días), una medida con fuerte respaldo popular pero resistida por las cámaras empresarias y el establishment político, que advierten sobre el impacto en los costos laborales y que esto generará dificultades en las contrataciones laborales.
Los buenos números no se traducen automáticamente en una cómoda ventaja electoral: desde hace un año la aprobación y desaprobación de Lula en su gestión vienen en una paridad perfecta. Este es un escenario cada vez más frecuente en el mundo post pandémico: gobiernos con números macroeconómicos positivos pero que no se ven reflejados en el día a día de las personas.
La injerencia de Donald Trump terminó funcionando como un activo para el oficialismo, alimentando un reflejo de soberanía nacional que Lula capitalizó de manera fuerte.
Lo que sí parece haber jugado a su favor de Lula en esta campaña es la amenaza de Washington de imponer aranceles del 50% a las exportaciones brasileras en represalia por el juicio a Jair Bolsonaro y el acercamiento de Brasil a China: la injerencia de Donald Trump terminó funcionando como un activo para el oficialismo, alimentando un reflejo de soberanía nacional que Lula capitalizó de manera fuerte, ligando también al bolsonarismo a una suerte de cipayismo y pocos patriotas. Esto se ve en las encuestas donde la mayoría de los brasileros considera más patriota a Lula que a Jair Bolsonaro.
Sobre Lula pesan las acusaciones de corrupción, no de este gobierno si no de los anteriores. Desde la época del Lava Jato y el Petrolao hay una visión de aproximadamente un 40% de la población brasilera de que el PT es un partido cuyo único objetivo es desviar fondos del estado para financiar campañas políticas. Esto es parte del anti peteismo al que se suman otras cuestiones ya más estructurales como pensarlos como muy intervencionistas en la economía, muy a favor de la burocracia sindical y también cuestiones clasistas y en menor medida raciales.
BIBLIA, BUEY Y BALA

PH: Vittor Sales/divulgación de campaña de Flávio Bolsonaro
Del otro lado como principal candidato está el senador Flávio Bolsonaro, el hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro. Él ha sido el indicado por su padre como heredero político de la familia. Jair Bolsonaro no puede ser candidato porque fue condenado en septiembre de 2025, junto a un grupo de altos oficiales militares, juzgados por un tribunal civil, por su rol en el intento de golpe de Estado el 10 de enero de 2023, y está en prisión domiciliaria e inhabilitado para ejercer cargos públicos hasta 2030.
Con el respaldo explícito de su padre, de su mediático hermano Eduardo Bolsonaro y del presidente del Partido Liberal, Valdemar Costa Neto, Flávio se convirtió en el candidato de la “fórmula pura sangre” bolsonarista, dejando afuera a figuras más moderadas como el gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas, senadores del Partido Liberal o la propia ex primera dama Michelle Bolsonaro, que también parecían como posibles candidatos.
Flavio es abogado, tiene 45 años y dos hijos. Se adentró en el mundo político en sus años de facultad. En 2002 con 23 años obtuvo su primer cargo electivo como diputado estadual de Rio de Janeiro conseguido por el apoyo de su padre que había fundado un partido local en esos años. Desde ese momento ha vivido siempre de distintos cargos públicos electivos.
Se lo considera una versión moderada de su padre, aunque manteniendo la mayoría de sus posiciones.
En 2016 trató de ser candidato a intendente de Río de Janeiro, pero quedó en cuarto lugar con 14%, sin embargo, esa elección ya marcaba la tendencia de la derechización de Brasil: entre él, un candidato evangélico y un militar retirado sumaban casi el 50%.
En 2018 gracias al apoyo recibido a su padre como candidato a presidente, Flavio resultó electo senador representando al estado de Rio de Janeiro. Se lo considera una versión moderada de su padre, aunque manteniendo la mayoría de sus posiciones. Su figura siempre ha estado rodeada de polémicas respecto a casos de corrupción. El primero fue el caso Rachadinha, este caso consistió en que su jefe de asesores parlamentarios se quedaba con un porcentaje de los salarios de los asesores y luego se lo daba a un fondo de inversión que manejaba Flavio Bolsonaro.
El caso más reciente es el caso Master-Vorcaro. Este caso es sobre un banco que a través de supuestas inversiones que en realidad eran un esquema ponzi apoyaba distintos emprendimientos. Su dueño Daniel Vorcaro se encargaba personalmente de estos arreglos. Uno de ellos fue el financiamiento de una película biográfica sobre Jair , con el aval de figuras de la campaña de Bolsonaro, entre ellos Ciro Nogueira, espada legislativa del bolsonarismo en el Planalto.
En la lista de contactos de Vorcaro también aparece casi media bancada legislativa del bolsonarismo. Estas defraudaciones son de cientos de millones de reales. Otra polémica que tiene es de haber mentido con su máster de Ciencia Política en la Universidad Federal de Rio de Janeiros, donde según la universidad solo curso 3 materias.
Para la eventual segunda vuelta el escenario es de paridad absoluta: Lula y Bolsonaro están empatados en torno a un 45% cada uno.
Su compañero de fórmula, elegido recién el 5 de agosto tras una negociación caótica de último momento, es el diputado por Alagoas Alfredo Gaspar, un ex fiscal con perfil de mano dura contra el crimen y sin mayor trayectoria nacional previa salvo haber sido diputado provincial por el partido local del ex presidente Collor de Melo. A diferencia de la elección pasada los partidos más de derecha del centrão (Republicanos, Podemos, Progressistas) optaron por declarar “neutralidad” en la disputa presidencial, algo que dejó al Partido Liberal negociando su vicepresidencia puertas adentro y sin el respaldo legislativo y de estructura política que sí tuvo Jair Bolsonaro en 2022.
La campaña de Flávio se centra en el antipetismo de siempre, en la bandera de la “pacificación” a través de una amnistía para los condenados por el 8 de enero —incluido su propio padre— y en la seguridad pública, con guiños constantes a la base evangélica y al agronegocio. Esto es lo que se llama la coalición BBB (biblia, buey y bala) que ayudó a Jiar Bolsonaro a llegar a la presidencia.
Empezó la campaña muy por detrás de Lula, pero la brecha se achicó: de una diferencia de diez puntos pasó a apenas cinco en promedio en las encuestas más recientes en primera vuelta (41% a 38% según BTG Nexus; 39% a 33% según Datafolha). Sin embargo, de tener un resultado similar en primera vuelta estaría por debajo de lo que obtuvo su padre cuando fue candidato en 2018 y 2022 (46% y 43% respectivamente). Para la eventual segunda vuelta el escenario es de paridad absoluta: Lula y Bolsonaro están empatados en torno a un 45% cada uno.
ORDEN ANTES QUE REVANCHA
Como tercera vía ideológica aparece Ronaldo Caiado, de 76 años, médico y productor agropecuario, ex gobernador de Goiás por el Partido Social Demócrata (PSD), un partido del centrao escindido del PSDB del ex presidente Fernando Henrique Cardoso y con apoyo del conocido ex gobernador de San Pablo, Paulo Maluf, que se lanzó como candidato a presidente en julio con la promesa de romper la polarización entre Lula y el bolsonarismo. Su fórmula está integrada con Gilberto Kassab, conocido por ser el líder parlamentario pragmático que ha negociado presupuestos con Bolsonaro y Lula.
Caiado también reclama una amnistía amplia para los condenados por el asalto a Brasilia, aunque desde una retórica distinta a la de Flávio: el orden antes que la revancha. Caiado cuenta con una aprobación cercana al 70% en su gobierno provincial gracias a haber bajado el índice de homicidios en las ciudades satélites cercanas a Brasilia y por haber invertido en obra pública la creciente renta agropecuaria de su estado (en 20 años Goiás paso de tener 12 millones de cabezas de ganado 22 millones), sin embargo, no logra trasladar esta popularidad a nivel nacional.
Es la segunda vez que se enfrenta a Lula, lo hizo también en 1989 cuando fue candidato por la Unión Democrática Ruralista (UDR) principal central de productores agropecuarios y obtuvo solamente 0,8% a nivel nacional. En esa elección fueron famosas sus discusiones con Lula respecto a la reforma agraria y por acusar al líder del PT de querer un baño de sangre al tener el apoyo de Movimiento de Trabajadores sin Tierra (MST) movimiento campesino conocido por invadir campos de grandes extensiones que no estuviesen explotados. Según el promedio de encuestas tiene alrededor del 5% de intención de voto, lejos de disputarle el balotaje a los dos candidatos principales, pero comiéndole algo del voto agro a Bolsonaro.
El país necesita un médico, que escuche con calma, no grite, diagnostique y le dé al país el tratamiento que el país necesita.
ÑOQUIS IDIOTAS, CEREBRO E IZQUIERDAS
Renan Santos es el candidato que más llama la atención de este lote. Santos tiene 40 años, pero empezó a ser conocido a los 20 por liderar un movimiento libertario estudiantil. Tiene mucho apoyo online y esto se vio durante el 2016 con el proceso de impeachment a la ex presidenta Dilma Rousseff donde convocaba a las grandes manifestaciones a favor de este juicio político. Apoyó a Bolsonaro en 2018 pero luego se desligó de su gestión y hoy llama a la familia Bolsonaro como una familia de “ñoquis idiotas”. Decidió crear ell partido Missao (misión en español) en 2023. Este nombre hace referencia a que su generación tiene la misión de salvar el país. Sus posiciones son mayoritariamente libertarias, pero ha cuestionado a Milei por apoyar corruptos como Bolsonaro y a Trump por aparecer en la lista de Epstein. Según las encuestas mide entre 3 y 4%.
Romeu Zema es el actual gobernador de Minas Gerais. Es un tecnócrata neoliberal, miembro del partido NOVO, un partido liberal en lo económico y social que en la década del 2010 venía a cambiar la política. Sin embargo, este partido ha tenido un cisma interno: Joao Amoedo, fundador y ex diputado por San Pablo, decidió apoyar a Lula en el ballotage de 2022 mientras Zema apoyó a Jair Bolsonaro. Desde ese entonces NOVO se rompió a nivel nacional y quedó solo como partido del gobernador de Minas Gerais. Mide entre 1 y 2%.
Augusto Cury es un médico psiquiatra y escritor. En un principio sus libros se destacan por hablar sobre salud y el cerebro, pero en los últimos 15 años viró hacia libros sobre la autoayuda, positividad, etc. Se hizo muy conocido por sus recientes apariciones televisivas y lograr el interés de espectadores con propuestas que si bien no parecen sólidas tienen siempre un contenido de innovación como drones, uso de la IA, apoyo del estado a centros de meditación, tratamientos médicos alternativos.
Las nuevas encuestas muestran que su discurso llega a los evangélicos y a la clase media urbana crítica de Bolsonaro y Lula. Por eso hace unas semanas media 1% y ahora mide 6-7%. Es candidato del partido Avante, una escisión del PDT. Cury ha hecho sonar alarmas en el bolsonarismo al ver que le está comiendo una parte de su electorado. Su mensaje es el de que el país necesita un médico, que escuche con calma, no grite, diagnostique y le dé al país el tratamiento que el país necesita.
Completan las boletas otros postulantes con menos del 1% de intención de voto y mayoritariamente de izquierda: Samara Martins de Uniao Popular(un partido marxista focalizado en las luchas identitarias), el economista comunista Edmilson Costa (PCB, partido comunista histórico), el trotskista Hertz Dias por el PSTU (que reclama el fin del capitalismo y la suspensión del pago de la deuda externa), Cabo Daciolo por Unión Brasil(uno de los partidos del centrao), Clariana Barão por el Partido Demócrata Cristiano, el quiropráctico libertario Pablo Marcal por el PTRB y Rui Costa Pimenta, del PCO, Partido de la Causa Operaria, partido trotskista alineado en su momento al Partido Obrero de Argentina.
HORAS CLAVE
La campaña, como siempre en Brasil, combina jingles, caravanas y la alegría con slogans genéricos de fe, esperanza, futuro.
A diferencia de 2022, cuando la amenaza de golpe era una posibilidad que sobrevolaba la elección, esta vez el país ya atravesó ese episodio: el 8 de enero de 2023, cuando una turba bolsonarista asaltó la Plaza de los Tres Poderes en Brasilia intentando revertir la derrota electoral de Bolsonaro. La condena histórica de septiembre de 2025 —la primera vez que generales de alto rango fueron juzgados y condenados por un tribunal civil en la historia de Brasil— cerró judicialmente ese capítulo, pero no la disputa política que dejó abierta.
Hoy esa disputa se juega alrededor del proyecto de amnistía que el bolsonarismo empuja en el Congreso para liberar a los condenados por el intento de golpe, incluido el propio Jair Bolsonaro, actualmente bajo prisión domiciliaria. El ministro de la Corte Suprema Alexandre de Moraes, blanco constante de las críticas bolsonaristas, rechazó de plano la idea, sosteniendo que la pacificación del país “no será hecha con una amnistía a criminales”.
Sin embargo, hay todavía algunas amenazas. En noviembre de 2024 un ataque con explosivos cerca del Supremo Tribunal Federal (sede la Corte Suprema) en Brasilia había vuelto a poner en agenda la persistencia de grupos extremistas activos, en lo que la Policía Federal calificó como un intento de abolición violenta del Estado democrático de derecho.
Una oposición bolsonarista que, sin su líder histórico en la boleta, todavía no logró decidir si su capital político sobrevive al apellido o si necesita reinventar su coalición de apoyo…
EL CASO MASTER
El Banco Master es una entidad que mediante una agresiva estrategia de compra de activos, inversiones en empresas en crisis y oferta de títulos de renta fija con altísima rentabilidad multiplicó subitamente su capital.
Una amplia red de funcinarios del Banco Central, del Supremo brasilero y legisladores están bajo sospecha luego de que se demostrara intercambios de dinero, viajes y regalos.
El caso ocupa páginas centrales y se ha convertido en protagonista inesperado de la campaña. Lula ha tratado de mantenerse al margen diciendo que la justicia actúe independientemente. El manto de sospechas se ciñe sobre Bolsonaro que admite haber recibido dinero para financiar la película de su padre y mensajes en el celular del Vorcaro, presidente de Master muestran un trato personal donde incluso lo llama hermano a Flavio.
Brasil vuelve a las urnas, cuatro años después de la más significativa elección de América del Sur en la última década. Se vuelve a votar en el contexto de una fuerte polarización, con un oficialismo que exhibe números económicos positivos que no logran comprarle una ventaja clara ante la opinión pública y una oposición bolsonarista que, sin su líder histórico en la boleta, todavía no logró decidir si su capital político sobrevive al apellido o si necesita reinventar su coalición de apoyo para así derrotar a Lula en las urnas.
Brasil va nuevamente a las urnas a decidir su futuro en un mundo de frágil equilibrio.

