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Aquel mayo revolucionario

por | May 24, 2026 | Ideas e historia, Informe

“El estudio de lo pasado enseña cómo debe manejarse el hombre en lo presente y por venir”, decía Manuel Belgrano. Sostener el interés en lo que pasó hace 216 años tiene que ser tarea y motivo de orgullo.

El día 18 de mayo pasado conmemoramos el 216vo aniversario del inicio de la llamada Semana de Mayo, que culminaría el día 25 con la Revolución. Si bien es cierto que este fue un suceso de una enorme magnitud, no puede analizarse sin tener en cuenta los procesos previos que afectaron tanto a la región rioplatense como a la metrópoli española durante la segunda mitad del siglo XVIII y los primeros años del siglo XIX.  A la vez, debe ser pensada apenas como el inicio de un proceso emancipatorio que se extendería a lo largo de más de una década y de la conformación de diversos Estado-naciones que, como fue el caso de la futura Argentina, recién terminaría de configurarse hacia el año 1880.

LOS AÑOS PREVIOS

A comienzos del siglo XIX, el Virreinato del Río de la Plata formaba parte del Imperio español y era gobernado por autoridades designadas desde España. Dicho imperio había alcanzado la cúspide del poder mundial a finales del siglo XVI, durante los reinados de Carlos I y de su hijo Felipe II, siendo denominado como aquel donde “nunca se pone el sol”, ya que en cada uno de los cinco continentes existían territorios coloniales españoles. No obstante, la muerte de Felipe II también trajo consigo una sucesión de monarcas poco aptos para el cargo, proceso que finalizaría en el año 1700 con la muerte (sin herederos) de quien tal vez fue el monarca menos capacitado para ejercer su función, Carlos II. La desaparición del último monarca de la dinastía Habsburgo y la Guerra de Sucesión (1700-1713), que desangraría Europa finalizaría con el ascenso al poder de un nuevo rey, Felipe V, y de una nueva dinastía: los borbones, quienes tendrían como principal objetivo recuperar el poder y la influencia perdida en los territorios americanos. Las reformas emprendidas por la nueva familia real, provocarían grandes tensiones entre distintos sectores sociales y económicos, especialmente entre las élites criollas, que reclamaban mayor participación política y libertad comercial. Al mismo tiempo, las ideas de la Ilustración y el impacto de procesos como la independencia de Estados Unidos y la Revolución Francesa comenzaron a circular entre ciertos grupos ilustrados del Río de la Plata.

A este proceso hay que sumarle el que sería otro antecedente fundamental para comprender los hechos de mayo: las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, las cuáles serían el resultado de los conflictos entre la Francia napoleónica y la corona inglesa, que finalizaría con el bloqueo comercial decretado por Bonaparte y la necesidad inglesa de buscar nuevos territorios con los cuales comercializar, siendo las colonias de España (aliada de Francia en aquel momento) la mejor opción. La defensa de Buenos Aires frente a los británicos fue organizada en gran medida por milicias locales, lo que fortaleció el protagonismo político y militar de los criollos. Tal y como afirma Tulio Halperín Donghi, esto llevó a un doble proceso en el Río de la Plata: por un lado, se produjo una fuerte militarización de la sociedad y, al mismo tiempo, una politización que sería clave hacia 1810.

El acontecimiento decisivo sería la crisis de la monarquía española. En 1808, Napoleón Bonaparte invadió España y obligó a abdicar al rey Fernando VII, quien quedó prisionero de los franceses. Ante la ausencia del monarca legítimo, surgieron juntas de gobierno en distintas ciudades españolas para resistir la ocupación francesa. En América, muchos sectores consideraron que, ante la vacancia del rey, la soberanía debía regresar al pueblo hasta el retorno del monarca. Este principio jurídico, conocido como “retroversión de la soberanía”, sirvió de fundamento para los movimientos revolucionarios americanos que comenzarían a surgir a lo largo y ancho de las colonias.

La formación de la Junta significó un hecho revolucionario porque, por primera vez, una autoridad política era designada localmente y no por la corona española. Aunque muchos de los revolucionarios afirmaban actuar en nombre del rey (y que la historia futura le daría el nombre de la Máscara de Fernando VII), el proceso iniciado implicaba una ruptura profunda con el orden colonial.

LOS ACONTECIMIENTOS DE LA SEMANA DE MAYO

La llamada Semana de Mayo comenzó el día 18 del año 1810, cuando llegaron a Buenos Aires noticias sobre la caída (cuatro meses atrás) de la Junta Central de Sevilla, último organismo español que ejercía autoridad en nombre de Fernando VII. Esto debilitó enormemente la legitimidad del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros. Frente a esta situación, los sectores revolucionarios exigieron la convocatoria a un Cabildo Abierto para decidir quién debía ejercer el gobierno, el cual se reuniría el 22 de mayo y estaría compuesto por vecinos destacados y representantes de corporaciones. Allí se debatió intensamente la continuidad del virrey y el derecho del pueblo a asumir la soberanía. Finalmente, la mayoría votó por la destitución de Cisneros.

El 24 de mayo el Cabildo intentó formar una junta presidida por el propio Cisneros, pero la reacción popular y la presión de las milicias obligaron a revertir esa decisión. Finalmente, el día 25 se constituyó la Primera Junta de Gobierno, integrada por Cornelio Saavedra como presidente, Mariano Moreno y Juan José Paso como secretarios, y los vocales Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Miguel de Azcuénaga, Juan Larrea, Manuel Alberti y Domingo Matheu.

La formación de la Junta significó un hecho revolucionario porque, por primera vez, una autoridad política era designada localmente y no por la corona española. Aunque muchos de los revolucionarios afirmaban actuar en nombre del rey (y que la historia futura le daría el nombre de la Máscara de Fernando VII), el proceso iniciado implicaba una ruptura profunda con el orden colonial.

Sin embargo, los objetivos iniciales no eran necesariamente independentistas. Gran parte de los dirigentes buscaba una forma de autonomía política dentro de la monarquía española. La independencia absoluta recién sería declarada en 1816, en medio de un contexto político tanto local como mundial muy diferente al de mayo de 1810, con un Napoleón ya desterrado en la isla de Elba y un Fernando VII liberado y dispuesto a todo para rearmar su imperio colonial perdido.

EL IMPACTO Y LAS CONSECUENCIAS DE LA REVOLUCIÓN

La Revolución de Mayo abrió un proceso político y militar que transformó profundamente al Río de la Plata y a toda Hispanoamérica. Entre sus consecuencias más importantes se encuentra el inicio de las guerras de independencia, que enfrentaron a revolucionarios y realistas durante más de una década y que, en el caso de la Argentina, darían lugar a guerras civiles que solo se detendrían medio siglo después. Por otra parte, los acontecimientos de mayo pusieron fin progresivamente a un sistema colonial vigente desde hacía más de tres siglos y a la autoridad de la monarquía española en la región, inaugurando debates fundamentales en torno a la soberanía, la representación política y la organización del territorio. A partir de entonces surgieron fuertes discusiones entre proyectos centralistas y federales, así como tensiones entre Buenos Aires y las provincias para definir quién era el depositario del poder arrebatado a la corona.

En el aspecto social, aunque muchas estructuras coloniales continuaron existiendo, producto de los fuertes intereses implicados y de actores con poder que se resignaban a perderlo con el nuevo orden, comenzaron importantes transformaciones. El sistema de castas perdió legitimidad jurídica y se debilitó la esclavitud, gracias al accionar de la Asamblea del Año XIII, aunque no desapareció inmediatamente. Además, la revolución permitió una mayor participación política de sectores populares, milicianos y, en menor medida, mujeres, actores históricamente relegados por la historiografía tradicional. Finalmente, las consecuencias económicas también fueron profundas. El antiguo sistema comercial orientado hacia España y el Alto Perú comenzó a desarticularse, mientras Buenos Aires fortalecía su relación con el comercio atlántico, especialmente con Inglaterra. Esto provocó cambios económicos importantes y afectó particularmente a muchas provincias del interior, que dependían del circuito comercial vinculado a Potosí.

La Revolución de Mayo abrió un proceso político y militar que transformó profundamente al Río de la Plata y a toda Hispanoamérica. Los acontecimientos de mayo pusieron fin progresivamente a un sistema colonial vigente desde hacía más de tres siglos y a la autoridad de la monarquía española en la región, inaugurando debates fundamentales en torno a la soberanía, la representación política y la organización del territorio.

¿SEGUIR ESTUDIANDO LA REVOLUCIÓN?

¿Ya está todo escrito acerca de la Revolución de Mayo? Esta es una pregunta que muchos (tanto académicos como curiosos de la historia) se hacen frecuentemente y tal vez la respuesta tampoco se encuentre aquí. Mientras algunos historiadores abonan a la idea de que difícilmente pueda aparecer una nueva investigación que aporte información significativa, otros dudan de esta posición, afirmando que es necesario hacer una relectura de ciertos protagonistas de los eventos de Mayo. Tal es la postura de la profesora e investigadora Sara Mata, quien considera que la figura de Juan Larrea (que además de oficiar de vocal del primer gobierno patrio, era un acaudalado comerciante preocupado por sus propios intereses), debería ser revisada y su trascendencia histórica, resignificada. Asimismo, la autora sostiene que otros actores han sido relegados al olvido por parte de la historiografía y nuevas investigaciones podrían otorgarles el lugar que para algunos merecen, como es el caso de los hermanos Eustaquio y Juan Antonio Moldes, activos participantes del movimiento revolucionario y de los cuáles las investigaciones solo se han enfocado en la trayectoria política de este último.

Ya han pasado 216 años de los acontecimientos de mayo y, en un país que tal vez no tiene mucho para festejar en la actualidad, la celebración de la conformación del primer gobierno patrio y del inicio de un proyecto de soberanía es algo no menor.  La sociedad argentina, fragmentada y, en muchos casos, desesperanzada y desbordada por problemas de todo tipo, vuelve a 1810 todos los años para esta fecha para recordar la gesta de mayo y celebrar la colocación de la piedra fundacional de la Argentina moderna, ya que, en palabras de Belgrano “el estudio de lo pasado enseña cómo debe manejarse el hombre en lo presente y por venir”. La Revolución de Mayo promueve los mejores sentimientos de la población y que aún hoy siga despertando el interés de muchos es algo de lo que deberíamos sentirnos orgullosos. Hagamos, entonces, lo posible para seguir conmemorando el pasado (a veces glorioso, a veces sombrío) y no dejarlo morir en el olvido de la Historia.

 

Hernán Gerlo

Hernán Gerlo

Hernán Gerlo es Profesor de Historia (UNL).