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La revolución será masturbada o no será

por | May 27, 2026 | Opinión, Salud

El 7 de mayo de 1994, la funcionaria de salud estadounidense Joycelyn Elders dijo ante Naciones Unidas que la masturbación “es algo que forma parte de la sexualidad humana y tal vez debería enseñarse en la escuela”. Desde entonces, mayo quedó asociado al autoplacer, pero: ¿por qué incomoda hablar de la paja? 

PH: Dolo Cova

Mayo fue, es y seguirá siendo el mes de la masturbación. Sí, así como leés. Un mes entero para hablar —en voz alta— de una de las prácticas más universales, íntimas y humanas que existen: hacerse (hacernos) la paja.

Porque sí, el placer también merece ser calendarizado.

Aunque todavía haya quienes se pongan nerviosos apenas escuchan palabras como “masturbación”, “paja”, “tocarse”, “clavarse una”, “autocomplacerse” o “hacer justicia por mano propia”, lo cierto es que el autoplacer forma parte de la sexualidad humana (somos sujetos sociales porque también somos sujetos sexuales). Y no solo eso: también es salud, exploración, deseo y conocimiento del propio cuerpo.

Un poco de seriedad.

El origen de esta conmemoración tiene algo de ironía histórica. En 1994, la médica pediatra y funcionaria de salud estadounidense Joycelyn Elders dijo ante Naciones Unidas una frase que todavía hoy incomoda a más de une: que la masturbación “es algo que forma parte de la sexualidad humana y tal vez debería enseñarse en la escuela”.

Frente a esos dichos, y en ese contexto, la reacción fue inmediata. El entonces presidente Bill Clinton tomó distancia pública de sus declaraciones y Elders terminó siendo desplazada de su cargo. Pero un año después, la empresa Good Vibrations impulsó el 7 de mayo como el Día de la Masturbación, en apoyo a Elders y como una forma de reivindicar el derecho al placer y a la educación sexual.

Aunque todavía haya quienes se pongan nerviosos apenas escuchan palabras como “masturbación”, “paja”, “tocarse”, “clavarse una”, “autocomplacerse” o “hacer justicia por mano propia”, lo cierto es que el autoplacer forma parte de la sexualidad humana.

Desde entonces, mayo quedó asociado al autoplacer en distintos países del mundo, incluso en el nuestro. Y aunque el tabú persiste —especialmente cuando se trata de la masturbación femenina o de identidades disidentes, casi tanto como la menopausia y la andropausia (¿hacemos notita sobre eso? ¿Quieren?)— cada vez son más las voces que reivindican el derecho a habitar el propio deseo sin vergüenza.

Porque masturbarse es conocernos y descubrirnos. Saber qué nos gusta, qué no, qué nos da placer, qué nos enciende y qué nos calma. Es construir intimidad propia, es habitarse. Desearse. Darse tiempo en un mundo que muchas veces nos enseña más a performatear una manera de gustar y ser deseados que a desearnos.

Y aun hoy, mayo de 2026, hablar del sexo con uno mismo sigue generando vergüenza o prejuicio. Incluso yo misma, mientras escribía esto, pensaba en la publicación: ¿Qué dirán del texto? ¿Qué dirán de mí? ¿Qué dirán de la masturbación? ¿Qué otras cosas —que ni siquiera sé— aparecerán asociadas a todo esto?

Porque hablar de masturbación no incomoda solo por el acto en sí. Incomoda porque habla de intimidad, de fantasías, de autonomía, de deseo propio, de sexo con uno mismo. Hablar de masturbación incomoda porque masturbarse es un acto soberano, y todavía resulta revolucionario admitirlo.

Joycelyn Elders, figura clave en la conmemoración del mes de la masturbación, recibe el premio Morani Renaissance Woman.

¿Qué necesitamos, además de la intimidad necesaria, para masturbarnos y tener un orgasmo? ¿Pornografía? ¿Imágenes? ¿Ruidos? ¿Imaginación? ¿Todo eso junto? ¿O quizás otras cosas? ¿Nos lo permitimos realmente? ¿Qué tiempo le dedicamos? ¿Le dedicamos tiempo? ¿Lo pensamos alguna vez o simplemente sucede sin reflexión? ¿Lo hablamos con alguien? ¿Nos animamos?

¿Siempre es igual? ¿Cambiamos de método, de pose, de ritmo, de mano, de juguete o de “chiche” que acompañe? ¿Nos da vergüenza? ¿Culpa? ¿O solo satisfacción y por eso volvemos una y otra vez?

Y aunque suele imaginarse como una práctica en soledad, sabemos que no necesariamente ocurre así. También puede aparecer compartida, en pareja, en la intimidad de un vínculo sexual o afectivo. Pero incluso ahí muchas veces sigue siendo “eso” de lo que cuesta hablar. ¿Conversamos realmente con quienes compartimos la cama sobre cómo nos masturbamos, qué nos gusta, qué imaginamos, qué necesitamos, pedimos que nos toquen?

Quizás la masturbación sea, al final, la relación sexual y afectiva más estable que tengamos en nuestra vida.

Y sí: también hay beneficios concretos que, según diferentes especialistas, se relacionan con mejorar el sueño, aliviar el estrés, reducir la ansiedad, fortalecer la autoestima sexual y generar mayor conciencia corporal. Incluso puede aliviar dolores menstruales, migrañas y tensiones físicas.

Porque hablar de masturbación no incomoda solo por el acto en sí. Incomoda porque habla de intimidad, de fantasías, de autonomía, de deseo propio, de sexo con uno mismo. Hablar de masturbación incomoda porque masturbarse es un acto soberano, y todavía resulta revolucionario admitirlo.

Pero quizás uno de sus mayores aportes sea otro: recordarnos que el placer propio no debería ocupar un lugar clandestino en nuestras vidas.

Porque aunque todavía se trate como un tabú, en realidad es casi un tótem: una práctica cotidiana, profundamente humana y atravesada por la autonomía, el bienestar y el derecho al disfrute y al goce.

Así que sí: mayo es el mes de la masturbación y del autoerotismo. Y ojalá también sea el mes para dejar de hacernos los distraídos con el placer, sobre todo en este contexto de displacer permanente. (Tema para otra nota, ¿no?).

Porque, en realidad, elegir esta fecha para publicar esta nota es apenas una excusa. Una excusa para sacar —o seguir sacando— la masturbación fuera del armario. Para hablar del tema sin prejuicios y sin culpa. Para decir, simplemente, que el placer propio existe. Que importa. Y que merece conversación.

Y sí, esta nota quedó a mitad de camino entre la información y la opinión. Entre el dato histórico y la invitación a pensar(se). Entre el “sabías que…” y el “¿por qué todavía nos cuesta tanto hablar de esto?”.

Querido lector, querida lectora —y quienes habitan los grises de la vida—: contanos, ¿Qué más te gustaría leer, discutir o escuchar sobre este tema? ¿Qué preguntas siguen siendo incómodas?

Te leemos. Con una mano en el corazón. La otra… queda a criterio de cada quien.

Dolo Cova

Dolo Cova

Dolores Covacevich es Magíster en Género, Sociedad y Políticas (FLACSO). Además, es Licenciada y Profesora en Ciencias de la Educación (UNR). Es Especialista en Políticas Públicas y Justicia de Género (CLACSO) y Especialista en Violencia de Género, Participación y Políticas Públicas.