A 108 años de la Reforma Universitaria de 1918, quienes integramos el MNR Litoral proponemos discutir no solo cómo defender la Universidad Pública frente al ajuste, sino también qué institución queremos construir. A partir de experiencias territoriales y de una mirada crítica sobre la extensión universitaria, reivindicamos el diálogo entre los saberes académicos y populares.

Marcha de la federación universitaria de Córdoba.
UNA PREGUNTA QUE SIGUE VIGENTE
Nos encontramos, una vez más, ante un nuevo aniversario de la Reforma Universitaria de 1918. Cada 15 de junio, la comunidad universitaria argentina vuelve la mirada hacia aquel movimiento que transformó para siempre la vida de las universidades y que dejó como legado una concepción democrática, pública y comprometida de la educación superior.
Este nuevo aniversario nos encuentra en un contexto atravesado por el ajuste, el desfinanciamiento y la movilización de la comunidad universitaria en defensa de la educación pública. Frente a esta realidad, corremos el riesgo de limitar nuestras aspiraciones a la defensa de la Universidad que hoy conocemos y relegar una pregunta tan necesaria como urgente: ¿qué Universidad queremos construir?
corremos el riesgo de limitar nuestras aspiraciones a la defensa de la Universidad que hoy conocemos y relegar una pregunta tan necesaria como urgente: ¿qué Universidad queremos construir?
Desde el MNR Litoral queremos aprovechar este mes y este aniversario para preguntarnos también qué Universidad habitamos, qué universidad necesitamos y qué transformaciones hacen falta. La lucha que hoy sostenemos —y que más temprano que tarde dará sus frutos— debe encontrarnos impulsando nuevas formas y nuevos horizontes para la Universidad Pública argentina.
Uno de los aspectos que consideramos fundamental repensar es la extensión universitaria, una de las funciones sustantivas de la Universidad Pública y, posiblemente, una de las más relegadas. Su potencial para fortalecer el vínculo entre el sistema universitario y la sociedad es enorme. También puede contribuir a construir un modelo de producción de conocimiento más democrático, participativo y comprometido con las necesidades de la comunidad.
EXTENSIÓN UNIVERSITARIA: DEMOCRATIZAR EL CONOCIMIENTO

Acto de premiación a los ganadores de la décima edición del Programa INGENIA
Para reflexionar sobre el valor de la extensión en nuestra región, recuperamos las experiencias de dos excompañeras del MNR Litoral: Analia Gaspoz, participante de “Conectate con Alto Verde”, y Florencia Galvan Darrichón, coordinadora del programa provincial “INGENIA” durante el período 2017-2019.
“Conectate con Alto Verde” fue una iniciativa impulsada por estudiantes de la Universidad Nacional del Litoral y la Universidad Tecnológica Nacional. Su objetivo fue promover el desarrollo comunitario y educativo y contribuir a la reducción de la violencia barrial mediante propuestas como el programa de huertas familiares.
Por su parte, “INGENIA” fue un programa provincial iniciado durante la gestión de Hermes Binner y desarrollado entre 2010 y 2019. La iniciativa financió y acompañó diversos proyectos elaborados por estudiantes universitarios.
Si regresáramos a 1918 y revisáramos las propuestas formuladas por el movimiento reformista y la Federación Universitaria Argentina, encontraríamos que la extensión universitaria aparecía estrechamente vinculada con la creación de universidades populares. Ambas iniciativas expresaban una misma vocación política: democratizar el conocimiento y derribar las barreras entre el saber académico y el saber popular.
Por un lado, se buscaba abrir las universidades existentes a la sociedad. Por el otro, generar nuevos espacios de formación y producción de conocimiento impulsados desde la propia comunidad. Desde entonces, la extensión se consolidó como una de las misiones comunes de las universidades latinoamericanas, aunque sus interpretaciones y prácticas hayan sido diversas según las regiones y las instituciones.
¿QUIÉN EXTIENDE A QUIÉN?
Si la Universidad extiende conocimiento hacia la sociedad, ¿significa eso que la sociedad no tiene nada para enseñarle a la Universidad?
Con el paso de los años comenzó a cuestionarse una concepción de la extensión basada en la transmisión unidireccional de conocimientos y tecnologías. Bajo ese enfoque, la sociedad aparece como una receptora pasiva, carente de saberes propios, y se configura una relación vertical entre quienes enseñan y quienes aprenden. Esta perspectiva fue denominada posteriormente “extensión transferencista”.
Con el paso de los años comenzó a cuestionarse una concepción de la extensión basada en la transmisión unidireccional de conocimientos y tecnologías. Bajo ese enfoque, la sociedad aparece como una receptora pasiva, carente de saberes propios, y se configura una relación vertical entre quienes enseñan y quienes aprenden. Esta perspectiva fue denominada posteriormente “extensión transferencista”.
El pedagogo brasileño Paulo Freire sentó las bases de esta crítica en su célebre libro ¿Extensión o comunicación? La concientización en el medio rural, publicado en 1969. Allí describió cómo el extensionista tradicional asume un rol de superioridad y busca “transferir” saberes técnicos a un receptor considerado ignorante.
Freire vinculó esta lógica con el concepto de “educación bancaria”: una práctica antidialógica que supone un sujeto activo y un objeto pasivo, como si el conocimiento fuera estático y pudiera ser entregado o depositado en otras personas.
HACIA UNA EXTENSIÓN CRÍTICA
A partir de estos debates surgió el concepto de “extensión crítica”, desarrollado, entre otros autores, por Tommasino y Cano. Esta perspectiva propone producir conocimiento nuevo mediante la articulación crítica entre los saberes académicos y populares.
Desde este enfoque, el futuro profesional no se limita a transmitir conocimientos. También debe aprender, escuchar y problematizar la realidad junto con otros actores sociales. Se trata de construir una relación en la que todas las partes puedan reconocer y comprender sus propios contextos de aprendizaje.
Este modelo tuvo un impulso significativo en Uruguay, especialmente en el marco de la denominada Segunda Reforma Universitaria de la Universidad de la República, desarrollada entre 2006 y 2014.
Como miembros del MNR Litoral, sostenemos la necesidad de repensar permanentemente el vínculo entre la Universidad Pública y la sociedad. Apostamos a una construcción colectiva, democrática y transformadora del conocimiento, que amplíe los espacios de participación y fortalezca el compromiso social de la producción científica y académica.
UNA EXPERIENCIA DE INTERCAMBIO CON EL TERRITORIO
En ese sentido, Analia Gaspoz recuerda la experiencia de “Conectate con Alto Verde”:
“No era un proyecto de extensión de la UNL, sino un proyecto de extensión del MNR. Surgió a partir de la concepción que teníamos como organización sobre la extensión universitaria, en un contexto en el que todavía existían pocos proyectos de este tipo dentro de la universidad.
La manera en que nosotros teníamos de mostrar lo que entendíamos que era la extensión universitaria era a través de este proyecto más propio, que tenía que ver con un real intercambio, un ida y vuelta con la sociedad. Uno no iba al territorio a transmitir saberes, sino que el saber se construía: todos somos portadores de saberes y, desde ahí, se podía favorecer un intercambio y una apropiación colectiva del conocimiento”.
“No era un proyecto de extensión de la UNL, sino un proyecto de extensión del MNR. Surgió a partir de la concepción que teníamos como organización sobre la extensión universitaria, en un contexto en el que todavía existían pocos proyectos de este tipo dentro de la universidad.»
A partir de experiencias como esta podemos preguntarnos qué transformaciones producen los proyectos extensionistas de estas características dentro de la UNL. Una posible respuesta es que promueven y diversifican las formas de vinculación con la comunidad.
En determinados momentos, iniciativas innovadoras impulsadas desde los márgenes —e incluso por fuera de los circuitos institucionales tradicionales— pueden visibilizar otras maneras de construir la relación entre la Universidad y la sociedad. Estas experiencias complementan la necesidad de generar propuestas que dialoguen con las demandas, los saberes y las necesidades del territorio.
Sabemos que este camino está atravesado por disputas académicas, políticas e ideológicas. Sin embargo, estamos convencidos de que se trata de un horizonte que vale la pena perseguir. Y ese camino debe emprenderse de la mano de una organización estudiantil que, como en 1918, se pregunte permanentemente qué Universidad quiere construir y al servicio de quiénes.
LA EXTENSIÓN UNIVERSITARIA EN LA ARGENTINA ACTUAL
Pensar la extensión exige atender al contexto que atraviesa nuestro país. La Universidad Pública argentina enfrenta uno de los momentos más críticos de su historia reciente, marcado por el desfinanciamiento presupuestario y por discursos que buscan deslegitimar el rol de la educación superior.
Para nosotros, estos hechos no son aislados: representan un ataque directo a nuestra identidad reformista. A esto se suma la profundización de discursos individualistas y meritocráticos que presentan el “sálvese quien pueda” como única salida posible.
Es precisamente en este escenario de crisis donde resulta imprescindible preguntarnos por la extensión. Frente al ajuste, la deslegitimación de la educación pública y la ruptura de los vínculos sociales, debemos fortalecer las iniciativas orientadas al encuentro con otros y a la construcción colectiva.
La verdadera defensa de la Universidad no se da únicamente puertas adentro. También se construye con el vecino del barrio, el cooperativista, el productor local y el trabajador de la economía popular: personas que marchan junto con estudiantes y docentes porque reconocen en la Universidad una herramienta propia y un espacio aliado.
La verdadera defensa de la Universidad no se da únicamente puertas adentro. También se construye con el vecino del barrio, el cooperativista, el productor local y el trabajador de la economía popular: personas que marchan junto con estudiantes y docentes porque reconocen en la Universidad una herramienta propia y un espacio aliado.
En tiempos como estos, la extensión funciona como un puente que demuestra que el conocimiento adquiere sentido cuando es colectivo. Muchas veces, su realidad concreta es la de una comunidad organizada que resiste y articula teoría y práctica en medio de limitaciones materiales. Esta situación nos obliga a desplegar creatividad y a comprender que la mejor manera de cuidar la Universidad Pública es garantizar que continúe perteneciendo al pueblo que la sostiene.
Aun así, no podemos conformarnos con los modelos de extensión existentes, independientemente de los recursos con los que cuenten. Por eso volvemos al origen de esta nota: necesitamos reflexionar acerca de qué extensión proyectamos para la Universidad que queremos construir.
EL DESAFÍO DE CONSTRUIR OTRA EXTENSIÓN
Entendemos la extensión como una de las expresiones más vivas del reformismo universitario. Es la manera en que la Universidad deja de mirarse a sí misma y sale al encuentro de la sociedad en la que está inmersa.
Es también la juventud universitaria recorriendo el territorio, involucrándose con las problemáticas de su tiempo y asumiendo el desafío de transformar la realidad en colaboración con otros y otras.
Creemos en una Universidad comprometida con su pueblo, que no se encierre detrás de libros, laboratorios, maquetas o aulas, sino que ponga el conocimiento en movimiento. La Universidad no es una institución aislada de la realidad; quienes la habitamos tenemos la responsabilidad de construirla, defenderla y proyectarla al servicio de las mayorías.
En este sentido, recuperamos las palabras del expresidente uruguayo José Mujica:
“No se crean que son superiores por tener un título o una calificación. En todo caso, esa es la oportunidad de tener más herramientas para ayudar a su pueblo, no para creerse superior. Porque, al fin y al cabo, una parte de lo que aprenden la pagaron los analfabetos, los que sudan, los que luchan, a veces conscientemente y las más de las veces ni siquiera inconscientemente”.
Por eso proyectamos una extensión sensible y solidaria, capaz de escuchar las demandas de su comunidad y construir respuestas junto con ella. Una extensión que sea presencia, contención y organización; que no llegue a los territorios con soluciones prefabricadas, sino con la voluntad de aprender, construir y transformar en conjunto.
En definitiva, reivindicamos una extensión crítica que rompa con las lógicas del modelo transferencista.
LA EXTENSIÓN COMO PARTE DE LA FORMACIÓN UNIVERSITARIA
Para avanzar en esa dirección, consideramos necesario que la extensión forme parte de la currícula y se convierta en un componente fundamental de la formación profesional en la Universidad Pública.
Esto permitiría que no sea reconocida únicamente por su valor social y político, sino también por su relevancia académica y pedagógica. La extensión no es una actividad complementaria: es una forma de entender la Universidad y nuestro rol como universitarios.
Desde esta perspectiva, la extensión universitaria es mucho más que una función institucional: es una forma de construir conocimiento con la sociedad y desde la sociedad, poniendo nuestra formación al servicio de la transformación de la realidad.
LAS VOCES DE QUIENES MILITAMOS EN EL MNR LITORAL
Para cerrar esta reflexión, les preguntamos a compañeros y compañeras militantes del MNR Litoral qué significa para ellos y ellas la extensión, qué valor le otorgan y por qué consideran que es importante.
“La extensión universitaria es el mejor nexo entre la Universidad y su territorio. Democratiza los conocimientos generados en ella e intercambia saberes con la comunidad, no desde un lugar de superioridad, sino de igual a igual”. — Estudiante de Biotecnología
“La extensión permite que la Universidad llegue a personas que no pudieron ser parte de ella”. — Estudiante de la Licenciatura en Historia
“Para el futuro o la futura profesional significa ver la profesión de otra manera y, para la sociedad, ver a la Universidad de otra manera”. — Estudiante de Arquitectura y Urbanismo
“Considero que la extensión es salir un poco de la burbuja universitaria y aplicar y compartir los saberes construidos en la Universidad”. — Estudiante de la Licenciatura en Historia
“Es lo que se construye entre la Universidad y la sociedad, de par a par: un intercambio de saberes, sentido e identidad”. — Estudiante de Trabajo Social
“Es el vínculo directo entre Universidad y sociedad”. — Estudiante de Ingeniería Ambiental
“Es llevar la Universidad al pueblo y aportar lo que aprendemos para generar un impacto en la sociedad”. — Estudiante de Bioquímica
“Es la extensión del conocimiento producido o por producir en las aulas hacia el territorio”. — Estudiante de Arquitectura y Urbanismo
“La extensión es democratizar el conocimiento”. — Estudiante de Ingeniería Química
Estas miradas recuperan el espíritu reformista de una juventud comprometida con su tiempo y su territorio. Como herederos y herederas de la Reforma del 18, tenemos la responsabilidad de mantener vivo ese inconformismo transformador y seguir luchando para que la extensión universitaria sea un verdadero puente entre la Universidad y la sociedad.

