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Luego de comerse la curva, es tiempo de recalcular

Luego de comerse la curva, es tiempo de recalcular

El gobierno de Javier Milei apuesta todo a su programa económico, la reducción del déficit y la desregulación. Contra las evaluaciones optimistas, Alexis Dritsos analiza los límites del rumbo trazado y los riesgos de «comerse la curva». 

El presidente Javier Milei y su ministro Luis Caputo.

Hace unos días me topé con un interesante artículo en el diario Clarín que despertó mi interés. Se trata de la nota titulada “Luego del gran viraje, las reformas que vienen”, escrito por Aldo Abram, economista y Director de la Fundación Libertad y Progreso. Me pareció que valía la pena intentar analizar, desde otro enfoque, la evaluación tan favorable que hace este reconocido profesional de la gestión económica del gobierno.

De alguna manera, intento anticipar el debate que se viene de cara a las próximas elecciones y que tendrá, a mi entender, como foco principal la cuestión económica. Mientras el relato oficialista libertario retumba triunfalista entre comunicadores, políticos y economistas amigos, la oposición aún no ha podido instalar una propuesta alternativa superadora que pueda desafiar el modelo económico gubernamental.

Es por eso que, utilizando los conceptos esbozados por Abram, me permito plantear una mirada crítica a la gestión económica del gobierno y a la valoración positiva que el autor manifiesta en su artículo.

EL GRAN VIRAJE

El artículo de Abram deja en claro desde el comienzo su valoración positiva de la gestión económica de Milei, sosteniendo que el gobierno ha logrado recuperar la solvencia del Estado y la del BCRA. De acuerdo a su mirada, estos logros permitirían que ambos (Estado y BCRA) puedan cumplir con sus roles constitucionales. Considera que este supuesto viraje respecto de políticas viejas y causantes de sucesivas crisis y del empobrecimiento constante, representa un gran avance que requiere continuidad revertir de manera definitiva la decadencia heredada.

Un punto central que destaca, y que considera como un éxito del gobierno, es la idea instalada de que el gobierno ha logrado gastar menos de lo que recauda. Abram nos explica que los gobiernos que incurren en gastos superiores a sus ingresos, llevan a los Estados a la quiebra, condenando a la ciudadanía a soportar el costo de esas “quiebras”, financiadas con endeudamientos impagables. El economista lo dice claramente: …”se financiaban con deuda hasta llevarnos a nueve cesaciones de pago o, cuando nadie les quería prestar, saqueaban el Banco Central gestando alta inflación, debacles monetarias y cambiarias e, incluso, tres hiperinflaciones.”

Pero el relato choca de frente con la realidad de los datos:  el superávit financiero se alcanza con la contabilidad creativa que deja fuera la capitalización de intereses de la deuda del Tesoro, sumado a un ajuste feroz en jubilaciones, la paralización de la obra pública, y el recorte de transferencias a las provincias.

Por otra parte, deja en claro que todas las medidas de la política económica libertaria tienen como objetivo principal alcanzar una inflación de un dígito para el 2026.

Destaca como positivo el avance de un proceso de desregulación que lleva adelante el gobierno de la mano de Sturzenegger, con las “pocas” facultades delegadas por el Congreso. Evalúa como un hecho liberador el “…quitarle las ataduras absurdas que impedían o acotaban las posibilidades de progreso de los argentinos”

Respecto de la reforma del Estado, considera necesario que se profundicen las políticas para lograr, finalmente, que el Estado se dedique a lo que considera son sus verdaderas responsabilidades constitucionales, dejando de generar beneficios y prebendas a sectores corporativos políticos, gremiales, profesionales y/o intelectuales.

Señala como indispensable avanzar en tres reformas clave: laboral, tributaria y previsional, retomando, una vez más, la clásica agenda de la derecha. Los conceptos son casi los mismos de siempre.

A la reforma laboral se la promueve como la condición fundamental para lograr el aumento del empleo registrado.  La reforma tributaria, propone una simplificación de los tributos, baja de impuestos y una modificación del régimen de Coparticipación de impuestos para que las provincias tengan mayor responsabilidad recaudatoria para financiar sus gastos. Y la reforma previsional sugiere una reforma al régimen vigente de reparto y probablemente apunte a reeditar un sistema privado de capitalización tal como fueron en los 90 las AFJP.

Menciona brevemente, temas vinculados a las políticas que considera necesarias en Salud, Educación, Justicia, Seguridad y Defensa, proponiendo continuar en la dirección actual para avanzar en las reformas y la modernización de estas áreas.

RECALCULANDO

El ministro Luis Caputo y el presidente del Banco Central Santiago Bausili.

Existen múltiples elementos para, al menos, poner en duda la idea que proponen varios economistas y comunicadores afines al gobierno cuando afirman que el camino económico emprendido permitirá superar la decadencia y el empobrecimiento que afecta a nuestro país.

Donde ellos ven un viraje, un cambio de rumbo profundo que permitirá nuevos y positivos resultados, otros analistas vemos un riesgo importante de repetir errores del pasado: es el riesgo de comerse la curva.

La narrativa oficial se potencia con el supuesto superávit financiero alcanzado como consecuencia de una férrea disciplina basada en el concepto de gastar solo lo que se recauda, y que, según Abram, es la garantía para evitar caer en deudas impagables para financiar los déficits. Pero el relato choca de frente con la realidad de los datos:  el superávit financiero se alcanza con la contabilidad creativa que deja fuera la capitalización de intereses de la deuda del Tesoro, sumado a un ajuste feroz en jubilaciones, la paralización de la obra pública, y el recorte de transferencias a las provincias.

La supuesta solvencia del BCRA se gestó con un fenomenal incremento de la deuda pública en tiempo récord: acuerdo con el FMI por U$D 20.000 millones, sumados a los nuevos créditos del Banco Mundial, el BID y otros que generan aproximadamente un incremento de no menos de U$D 25.000 en el endeudamiento soberano. El compromiso del candidato Milei, que equiparaba la toma de deudas con la de una estafa, quedó sepultado entre los abrazos del festejo con el equipo económico cuando pudieron conseguir el nuevo salvavidas del Fondo.

Otro importante elemento que enarbola el gobierno como logro es el de la reducción de la inflación, que obedece, fundamentalmente a cuatro razones:

  • Ancla cambiaria, aumentando deudas para sostener el dólar barato.
  • Licuación del poder adquisitivo de consumidores, desinflando la demanda.
  • Fomento de importaciones baratas para contener precios.
  • Esquema de medición de INDEC desactualizado que mejora artificialmente los índices nacionales.

También es necesario mencionar la importancia que le asignan a la desregulación, comandada por Sturzenegger. El ministro es el autor intelectual del Decreto 70/2023, de la Ley Bases y es quien viene gestionando todo tipo de modificaciones normativas, regulaciones y achicando o eliminando áreas enteras del Estado.

Si bien la gestión de Sturzenegger tiene como objetivo formal la modernización del Estado, lo visto hasta ahora la asemeja más a una demolición desordenada y despiadada de las estructuras existentes del Estado.

Si bien la gestión de Sturzenegger tiene como objetivo formal la modernización del Estado, lo visto hasta ahora la asemeja más a una demolición desordenada y despiadada de las estructuras existentes del Estado. El daño es considerable en salud, educación, ciencia y tecnología y cultura, entre otras tantas áreas, organismos y entes que sufren ajustes presupuestarios, despidos masivos y recortes en las incumbencias que solían tener.

La combinación de la receta desreguladora y modernizadora se hace visible en el deterioro de herramientas de control del Estado, como lo que sucede con ANMAT. Pero también tiene un efecto muy negativo en los bolsillos de millones de argentinos: por los abusos de aumentos constantes de las prepagas, el recorte de prestaciones gratuitas de PAMI, la desregulación de los alquileres, y las modificaciones impositivas implementadas por el gobierno.

Por el contrario, las nuevas reglas favorecen objetivamente a los sectores más concentrados:  apertura indiscriminada de importaciones, blanqueos a evasores, eliminación de retenciones a parte de la minería, baja de retenciones al agro, baja de impuestos a bienes personales y autos de lujo, subsidios a grandes empresas tecnológicas y Régimen RIGI, libertad para ingreso y salida de capitales especulativos, entre algunos de los ejemplos más significativos.

Pero la aspiración modernizadora no se detiene en estos “logros”. Han retomado, como de costumbre, el planteo de la necesidad de avanzar sobre las tres reformas que tienen pendientes: la reforma laboral, la reforma tributaria y la reforma previsional.

Seguramente, podemos coincidir en que es necesario realizar ciertas modificaciones. El problema es que las ideas de los libertarios frente a estos temas reproducen como propios los planteos que hace el FMI. Tomando algunos de los conceptos vertidos por Abram, podremos entender por dónde pueden venir las nuevas iniciativas del gobierno después de las elecciones de medio término.

Reforma laboral, en realidad significa flexibilización laboral. El argumento de siempre es que la falta de empleo es consecuencia de una legislación laboral rígida y costosa, y que por proteger a quienes tienen empleo se cierra la posibilidad de que trabajadores desempleados consigan un trabajo.

Los datos no convalidan esta teoría ya que de hecho la flexibilización ya existe por tres razones:

  • Una gran parte de los trabajadores registrados cobran sueldos que los ubican por debajo del umbral de pobreza. Además, los propietarios de las empresas cuentan con el auxilio del gobierno que viene pisando los acuerdos paritarios en un contexto de caída acumulada de los salarios.
  • Hay cientos de miles de trabajadores empleados “flexibilizados” disfrazados de monotributistas.
  • Existe un 42% de la fuerza laboral, aproximadamente 5.7 millones de personas, trabajando en la informalidad.

Frente a este panorama, la propuesta de eliminar los convenios colectivos nacionales se basa en la idea de que la negociación dentro de cada empresa sería mejor ya que se realizaría “entre quienes más saben lo que es mejor para ambos”. Con los datos expuestos, claramente esto no estaría sucediendo para la mayor parte de la fuerza laboral. Objetivamente, resulta imposible negar la asimetría de poder de negociación entre empleado y empleador. El único modo de emparejar esta asimetría es con la participación sindical en las negociaciones.

Pero la aspiración modernizadora no se detiene en estos “logros”. Han retomado, como de costumbre, el planteo de la necesidad de avanzar sobre las tres reformas que tienen pendientes: la reforma laboral, la reforma tributaria y la reforma previsional.

Reforma tributaria: Si bien existe un consenso generalizado respecto de la necesidad de modificar el sistema tributario, es notorio también que ha resultado imposible acordar cual es la reforma concreta a encarar. La simplificación del régimen impositivo es necesaria respecto de reducir la cantidad de tributos, y sobre esto hay coincidencia.

Los libertarios impulsan un modelo de reducciones impositivas a los ricos y la eliminación o reducción de programas y subsidios que benefician a los sectores medios y bajos. Apuntan contra los esquemas tributarios de las provincias por los “impuestos distorsivos” como Ingresos Brutos, pero no reparan que es el Estado Nacional el que con un mecanismo ineficiente, injusto y altamente discrecional obliga a las provincias (y municipios) a recurrir a sus propios esquemas tributarios para poder hacer mínimamente frente a las necesidades que le impone la gestión de gobierno.

Lo que se necesita es un nuevo esquema, simple y verdaderamente progresivo que deje de castigar a los ingresos medios y bajos como a las actividades económicas de medianas y pequeñas empresas industriales, comerciales y de servicios. Este sistema debe ser justo y para eso debe ser efectivo para terminar con la enorme evasión y elusión que favorece siempre, a los sectores más poderosos de la sociedad.

Por otro lado, es necesario modificar el sistema de distribución de recursos a las provincias que reemplace al actual sistema de Coparticipación y que de una vez por todas tenga una mirada federal consistente con los datos poblacionales y de desarrollo actuales.  Contrariamente a la idea esbozada en la nota, son las provincias las que tienen derechos preexistentes sobre el gobierno federal, y al haber delegado competencias a la Nación deben recibir un trato justo al momento de repartir los recursos.

La idea de que algunas provincias se administran mal y por eso necesitan recursos de la Nación, es una visión bastante incompleta. Lo que necesitan las provincias es un plan integral de desarrollo de alcance nacional. Definir una estrategia productiva que promueva nuevos desarrollos del sector privado, acompañado por el Estado en sus 3 niveles de gobierno. Ese desarrollo productivo generará más recursos fiscales y reducirá el tamaño del sector público que tanto preocupa a los economistas afines al gobierno. La motosierra, seguro, no hará el trabajo.

La tercera reforma que proponen es la reforma previsional. El planteo es el de siempre: el sistema está colapsado, no hay suficientes recursos para pagar jubilaciones y pensiones por lo cual hay que cambiar todo el sistema. Lo que proponen es simple:

  • Aumentar la edad jubilatoria a 70 años.
  • Bajar las contribuciones patronales.
  • Abrir esquemas de jubilaciones privadas optativas al estilo AFJP.
  • Prohibir nuevas moratorias a aquellos que con la edad alcanzada no tengan la totalidad de los aportes.
  • Definir la actualización de los haberes en función de lo recaudado por el sistema.

Evidentemente, estas propuestas serán convenientes para los empleadores, para aquellos que tengan altos ingresos y que podrían separar en cuentas personales de capitalización una importante suma mensual y para el sector financiero “administrando” estos fondos.  La contracara de esto sería el propio Estado que sufriría una caída de recursos, los jubilados y pensionados que difícilmente podrían recomponer ingresos y los aspirantes a jubilarse que tendrían que esperar a los 70 años para recibir una miseria de haberes.

La reforma que se necesita es la que genere un régimen previsional sustentable y para hacerlo necesita nutrirse de mayores y nuevos recursos. El modelo a seguir podría ser el Fondo del Petróleo de Noruega que podría comenzar a parir del FGS que ya existe. Se trata de un tema muy importante y que, dada la complejidad del mismo requiere de un análisis más detallado que excede el objetivo del presente artículo.

Si bien quedan muchos temas relevantes para analizar respecto de la gestión del gobierno libertario, la intención de esta nota era centrarnos en el análisis del relato económico que busca instalar el gobierno en la previa a las elecciones. Ciertamente, desde una postura crítica de la gestión y con una mirada heterodoxa de la economía, resulta imposible valorar positivamente las políticas aplicadas. Mientras tanto, el experimento libertario sigue el curso trazado.

Otra vez sopa

Otra vez sopa

En febrero, cuando aún duraba la euforia por las vacaciones baratas, advertimos sobre las consecuencias que el nuevo ciclo de apreciación financiera y atraso cambiario iba a tener sobre la estabilidad económica. En esos meses, Milei tildaba estas advertencias como críticas de “mandriles” y reiteraba su latiguillo de “no la ven”.

El viernes pasado el “master plan gubernamental”, probó su límite y los argentinos amanecimos nuevamente endeudados con el FMI y otros organismos internacionales por 42 mil millones de dólares y con un nuevo régimen de flotación cambiaria.

Pese a la puesta en escena triunfalista del gobierno nacional, hay motivos reales para estar preocupados. Los argumentos se pueden ordenar en torno a tres puntos que dialogan con los principales mensajes que circularon en la opinión pública: en primer lugar la idea de que el gobierno devalúa es engañosa y fundamentalmente incompleta, porque no devalúa para todos, para algunos aprecia. La clave y el aspecto más importante de una política como la anunciada es la deuda pública en moneda extranjera tomada por el gobierno nacional y finalmente, no pretenden corregir los problemas previos (que el propio gobierno admite), sino comprar tiempo político con un altísimo costo social y productivo.

DEVALUACIÓN PARA UNOS, APRECIACIÓN PARA OTROS.

El viernes pasado el gobierno abandonó el esquema monetario en donde convivían múltiples tipos de cambio, pero al que podemos simplificar en dos grandes referencias: el tipo de cambio oficial o comercial, y el tipo de cambio paralelo, libre o financiero, que determinaban, lo que se denominaba, “la brecha”, es decir, la diferencia entre ambos.

La denominada “fase 3” del plan económico implica un tipo de cambio que fluctúa dentro de una banda móvil, con un piso de $1.000 y un techo de $1.400, cuyos límites se irán ajustando mes a mes a una tasa fija. Cada vez que el dólar pase esos límites el Banco Central de la República Argentina (BCRA) se compromete a intervenir para que la cotización no supere esos montos.

Hasta hace una semana, el dólar comercial estaba cotizando en torno a los 1.100 pesos y el financiero llegó a los 1.350 pesos aproximadamente. Con la nueva fluctuación, el gobierno eligió poner el piso cercano al dólar comercial y el techo cercano al financiero, es decir que, para el comercial, se habilitó una depreciación y para el dólar financiero una probable re-apreciación. Entonces ¿Se puede hablar lisa y llanamente de una devaluación?

Con la nueva fluctuación, el gobierno eligió poner el piso cercano al dólar comercial y el techo cercano al financiero, es decir que, para el comercial, se habilitó una depreciación y para el dólar financiero una probable re-apreciación. Entonces ¿Se puede hablar lisa y llanamente de una devaluación?

Para el dólar comercial, que afecta el costo de vida, el salario real y la actividad económica sí, pero para el dólar financiero, no. Los títulos en pesos que hasta la semana pasada llegaron a cotizar a 1.350 por dólar y estaban desarmándose para pasarse a posiciones dolarizadas, consumiendo reservas del BCRA, esta semana se revalorizaron con un nuevo tipo de cambio más bajo.

Sea donde sea que se ubique el dólar finalmente, supondrá cierta devaluación comercial y cierta apreciación financiera.

SIEMPRE FUE LA DEUDA

La opinión pública pasó por alto en los últimos días el enorme volumen de deuda externa anunciada por el gobierno. Si se suman todas las deudas anunciadas se llegaría a un total de 42 mil millones de dólares, el equivalente a la mitad de las exportaciones de la Argentina en un año ¿Para qué se toman estos niveles de deuda, sobre todo si se considera como dijo el presidente, que “todo marcha acorde al plan”?

Hasta el momento, el gobierno nacional apostó a una estabilización nominal y cambiaria sobre la base de una masiva transferencia al sector financiero, inflando el valor de la deuda pública por casi 100.000 millones de dólares. Sin embargo, en pocos meses entró en déficit la cuenta corriente, con salidas por importaciones de bienes y servicios, autos y turismo, y quedó en evidencia que estos dólares no están, y, por lo tanto, que la promesa financiera no puede sostenerse.

La fase inaugurada el viernes pasado, tiene por objetivo restaurar la confianza de los especuladores, anunciándoles que los dólares sí están, que los pondrá el FMI, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el gobierno Chino, los bancos privados, etc. Se trata, por lo tanto, de una deuda orientada a sostener un programa económico basado en el dólar barato y la especulación financiera sin un horizonte favorable apoyado en el crecimiento de la productividad y la capacidad de exportación.

La fase inaugurada el viernes pasado, tiene por objetivo restaurar la confianza de los especuladores, anunciándoles que los dólares sí están, que los pondrá el FMI, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el gobierno Chino, los bancos privados, etc. Se trata, por lo tanto, de una deuda orientada a sostener un programa económico basado en el dólar barato y la especulación financiera sin un horizonte favorable apoyado en el crecimiento de la productividad y la capacidad de exportación.

Esta deuda, agrega más inestabilidad futura, pues requerirá esfuerzos adicionales, para toda la población argentina, con menor nivel de vida, actividad económica y creación de riqueza, para poder destinar los excedentes de exportación al pago de estos compromisos. O, alternativamente, a desconocerlos, con las enormes implicancias que ello tiene.

LLEGAR A OCTUBRE, TAN SIMPLE COMO ESO

Como dijimos, dos grandes dificultades se acumularon en este año de gobierno, intrínsecas al modelo económico de Milei-Caputo, que fueron el incremento notable de la deuda pública evaluada en dólares y el acelerado atraso cambiario. El nuevo esquema, ¿puede corregir estos problemas?

En el caso del primero, todo lo contrario, pues en la medida en que el gobierno introduce un seguro de cambio e incluso perspectivas de apreciación cambiaria, está incitando a un nuevo ciclo de valorización financiera. Ello acrecentará el valor en dólares de la deuda pública, lo que supone una nueva promesa de mayor cantidad de dólares en el futuro, esta vez apelando al respaldo en los dólares prestados por los organismos internacionales mencionados.

Si bien el FMI le pidió al gobierno comprar reservas y, por lo tanto, le permite intervenir pudiendo evitar su apreciación dentro de las bandas de 1.000 a 1.400, el límite superior ya es un seguro de cambio muy cercano al valor previo del dólar financiero (que llegó a 1.350). El mensaje es claro: de mínima no habrá más pérdidas por devaluación para los tenedores de deuda en pesos, de máxima permitiremos una apreciación.

En el caso del atraso cambiario, es posible que la caída de la actividad ante un dólar comercial más caro reduzca el nivel de importaciones, sin embargo, en un contexto de aceleración inflacionaria, e incluso en el límite de la banda, es cuestión de tiempo para volver a tener una cuenta negativa. La historia demuestra que, el dólar barato, lleva siempre a una cuenta corriente negativa, salvo que se produzca una total destrucción de la trama productiva y de las condiciones de vida de las clases medias argentinas, el aspecto distintivo que separa a nuestro país de sus vecinos y lo aleja, al menos por ahora, de las formas típicas del subdesarrollo, con pocos muy ricos y muchos muy pobres.

En definitiva, con la finalidad de llegar a las elecciones con estabilidad cambiaria y dólar barato (al menos para algunos), el gobierno compró tiempo a un costo altísimo, haciendo recaer el peso del endeudamiento sobre los que producen y trabajan.

En definitiva, con la finalidad de llegar a las elecciones con estabilidad cambiaria y dólar barato (al menos para algunos), el gobierno compró tiempo a un costo altísimo, haciendo recaer el peso del endeudamiento sobre los que producen y trabajan.

Ya sean los exportadores que seguirán recibiendo precios bajos por su producción, ya sea el consumo interno que permanecerá con ingresos deprimidos. Sea cual sea la situación cambiaria es probable que eso no cambie estructuralmente e incluso empeore si se observa cierta apreciación.

¿ESTA VEZ ES DISTINTO?

Finalmente, es importante mencionar que el gobierno utilizó el gasto público como una de las variables de ajuste más directas frente a los desequilibrios: redujo drásticamente el ingreso de las jubilaciones, suspendió la obra pública y desfinanció a las provincias que son las que crean realmente las riquezas, rompiendo de este modo con pactos constitutivos del Estado Argentino.

La evidencia de este último año y medio (ver informes La Macro En La Mira, del Centro de Estudios Demos) demuestra que esto no es, ni será, suficiente para compensar las inconsistencias financieras, monetarias y cambiarias ya señaladas. Sin embargo, el gobierno, con la anuencia del FMI y al igual que ocurrió en el gobierno de Macri con el mismo equipo económico, insistirá por este camino, probablemente descargando un golpe aún mayor a este eslabón ya fuertemente debilitado.

No importa cuánto empeore la situación de los jubilados, cuando se degraden las rutas y caminos, o se descompongan los servicios públicos de salud, educación, justicia, seguridad y defensa, los problemas anteriores van a persistir con consecuencias enormes en materia de calidad de vida de toda la población.

Todas las estrategias basadas en el atraso cambiario y la especulación financiera han insistido en el gasto público como único factor de éxito, esta vez no es distinto. En todos los casos hicieron recaer sobre los jubilados y los servicios públicos el peso de un ajuste extraordinario, lograron superávits primarios y finalmente fracasaron con mega devaluaciones y salidas de capitales que decidían tomar las ganancias prometidas. Esta película ya la vimos y sabemos cómo va a terminar.

Todas las estrategias basadas en el atraso cambiario y la especulación financiera han insistido en el gasto público como único factor de éxito, esta vez no es distinto. En todos los casos hicieron recaer sobre los jubilados y los servicios públicos el peso de un ajuste extraordinario, lograron superávits primarios y finalmente fracasaron con mega devaluaciones y salidas de capitales que decidían tomar las ganancias prometidas. Esta película ya la vimos y sabemos cómo va a terminar.

Como hemos señalado en otras oportunidades, son estos ciclos de atraso cambiario y valorización financiera, con sus crisis inherentes los que generan inestabilidad en la economía argentina y no a la inversa. Por eso estamos convencidos que existe otra salida posible, que todavía no se ha intentado: hacer que nuestra economía sea realmente federal. Para eso, necesitamos cambiar las instituciones que deciden la política monetaria, cambiaria y tributaria, reconociendo e integrando a todas las regiones y sectores productivos del país.

Reconvertir la economía argentina, de perspectiva ambacéntrica, hacia una economía verdaderamente federal debería ser una prioridad para reconstruir el país. Tal vez sea la única forma de evitar que en los próximos días haya fiesta financiera, optimismo mediático, sobreactuación de funcionarios nacionales, revalorización de activos y se inicie un nuevo ciclo de especulación que unos pocos sabrán aprovechar y muchos tendremos que pagar en un futuro no tan lejano.

Tres reformas federalistas para dejar atrás las retenciones

Tres reformas federalistas para dejar atrás las retenciones

Dar el paso hacia un país sin retenciones es avanzar hacia otro modelo de financiar al Estado, con un nuevo modelo de organización del comercio exterior y por extensión del sistema bancario y monetario.

Las retenciones son parte de un sistema tributario anómalo del que Argentina depende desde hace más de veinte años. Para cambiar esta situación proponemos trazar un camino de reformas federalistas que aporten al debate político basado en tres grandes lineamientos: reformar el sistema tributario, reorganizar el comercio exterior y federalizar la banca central.

ELIMINAR LAS RETENCIONES Y REFORMAR EL SISTEMA TRIBUTARIO

Argentina tiene un sistema tributario completamente atípico: cobra pocos impuestos a los ingresos y a los bienes personales, la forma más racional y moderna que hoy se utiliza en el mundo entero para financiar al estado, y ello lo compensa con impuestos a las exportaciones.

Si bien las retenciones son justificadas como una herramienta de comercio exterior y en particular por su incidencia en el precio interno de los alimentos, en la práctica cumplen una función fiscal que excede su propia fundamentación. Al constituirse en una fuente supletoria de financiamiento fiscal, ante la incapacidad de construir una estructura tributaria racional, las retenciones se convierten en un mecanismo de extracción de recursos con un enorme impacto regional, de carácter centralista y que distorsiona completamente su funcionalidad, poniendo en evidencia las dos falencias estructurales comunes a los modelos políticos argentinos dominantes en las últimas cinco décadas: el cobro de impuestos y la organización adecuada del comercio exterior.

Es imperioso que las retenciones pierdan esta funcionalidad fiscal, sean eliminadas y se encare una reforma tributaria en donde la base de la recaudación sean los ingresos y los bienes personales. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por ejemplo, tiene salarios que superan aproximadamente en un 40% a la media nacional. Al no cobrarse impuestos a los ingresos, pero sí a la exportación, los que más se benefician son estos sectores de altos ingresos. Mientras tanto, los espacios productores como la Región Centro (compuesta por las provincias de Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe), que representa casi el 40% de las exportaciones totales, la mitad del maíz exportado y el 100% de la harina y el aceite de soja que tiene por destino el comercio exterior, tienen que soportar la mayor carga tributaria con un tributo que, además, no se coparticipa.

Una reforma como la que proponemos, terminaría con una transferencia de rentas entre regiones, que lesiona la base federalista de nuestra nación, e incrementaría el peso de los impuestos progresivos, menos distorsivos y ampliamente utilizados en los países desarrollados, e incluso, aunque en menor medida, en América Latina.

«Argentina tiene un sistema tributario completamente atípico: cobra pocos impuestos a los ingresos y a los bienes personales, la forma más racional y moderna que hoy se utiliza en el mundo entero para financiar al estado, y ello lo compensa con impuestos a las exportaciones.»

A su vez, las retenciones introducen asimetrías al interior del sector, ya que, al no tener en cuenta la estructura de costos de la producción, impactan mayormente en las zonas más alejadas del puerto, con mayores costos de transporte y menor calidad de los suelos. Así, un productor de Venado Tuerto y un productor de Tucumán pagan la misma tasa sobre la tonelada de soja exportada, con independencia de que el primero esté a 200 km del puerto y el otro a 900 km y que uno produzca en una de las zonas con mayor rendimiento por hectárea y el otro no.

El planteo es bastante lineal: las retenciones impactan sobre la actividad y por lo tanto también reducen la base de la recaudación. Bajar o eliminar las retenciones provoca aumentos en la inversión, en la producción y en el valor agregado, tal como ocurrió en el pasado, y ello impacta en la recaudación. Sobre este punto recomiendo el trabajo de Tomás Allan y del equipo económico de Fundar. Pero fundamentalmente las  retenciones suplen la falta de una estructura tributaria normal con la consecuente extracción de rentas desde la región central hacia el AMBA, y en particular la CABA.

CAMBIAR EL RÉGIMEN DE ORGANIZACIÓN DEL CORMERCIO EXTERIOR

Tal como dijimos anteriormente, las retenciones encuentran su fundamentación como un instrumento para regular el comercio exterior, en particular como un mecanismo para desacoplar el precio interno de los alimentos respecto del precio internacional y alentar la producción con valor agregado incorporando tasas más altas para las materias primas sin elaboración. No es posible ni deseable desentenderse de este hecho. Sin embargo, cabe preguntarse si las retenciones son el mejor mecanismo para realizar estos objetivos o al menos administrar esta problemática, cuando la experiencia reciente muestra que los acuerdos políticos en esta materia han sido desastrosos dejando sin voz ni participación a los territorios involucrados.

Queda en evidencia la incapacidad política en la Argentina de establecer reglas estables, de mediano plazo y razonablemente aceptadas sobre las tasas de cambio diferenciales que ponen las pautas más relevantes del comercio exterior, considerando  su particular estructura social y económica. Las retenciones van en un sentido estrictamente opuesto y debilitan la institucionalidad y los compromisos mutuos.

Resulta clave un cambio en las instituciones que organizan el comercio exterior y en particular las tasas de cambio preferenciales para los productos de exportación, que impactan sobre el precio de los alimentos, y de importación, que son claves para el desarrollo industrial.

«Resulta clave un cambio en las instituciones que organizan el comercio exterior y en particular las tasas de cambio preferenciales para los productos de exportación, que impactan sobre el precio de los alimentos, y de importación, que son claves para el desarrollo industrial.»

Es de vital importancia crear un marco colegiado, en el que participen las fuerzas sociales y regiones productivas involucradas, en donde se puedan componer acuerdos de mayor estabilidad sobre las tasas de cambio y el destino de los excedentes que eventualmente se acumulen. Este tipo de organismos públicos de administración colegiada con el sector privado y representación federalista, suponen verdaderos avances para el manejo de los asuntos comunes y en particular en el diseño de las pautas de funcionamiento del comercio exterior, fortaleciendo la integración y proyección del espacio nacional.

Incluso allí deben definirse las afectaciones específicas de las rentas acumuladas tratando de minimizar el impacto de las eventuales diferencias establecidas. Se puede establecer como condición básica e inicial, por ejemplo. La devolución integral de las diferencias de tasas a los productores de tierras menos productivas y la utilización de los excedentes para el estricto desarrollo de infraestructuras estratégicas para incrementar las capacidades exportables.

No podemos seguir dependiendo de la intempestiva decisión de un funcionario ajeno a la realidad productiva que modifica de un momento a otro las condiciones de producción. Esto es completamente contrario al buen proceder, al establecimiento de reglas de largo plazo y a la real realización de los principios federalistas.

FEDERALIZAR LA BANCA CENTRAL

Todo lo anterior supone un involucramiento de lleno sobre la estructura de tasas diferenciales para exportaciones e importaciones, dimensión central de la política cambiaria. Se trata de una federalización bajo una nueva institucionalidad. Sin embargo, ello no puede detenerse allí ya que el nuevo marco jurídico y político federalista tiene que completar su alcance, abarcando a la totalidad de la política monetaria y cambiaria de la nación argentina.

En ese sentido, es importante observar que Argentina se organiza sobre instituciones económicas estrictamente centralistas, en donde los territorios subnacionales y las fuerzas económicas y sociales productivas no tienen participación alguna. Es preciso producir un cambio radical y federalizar las instituciones económicas, si queremos superar cinco décadas de repetidos fracasos. En particular, la más centralista de todas las instituciones es precisamente el Banco Central de la República Argentina (BCRA), punto clave donde se establece la política monetaria y cambiaria, debe ser federalizado siguiendo, por ejemplo, el caso paradigmático de la Reserva Federal de los Estados Unidos de Norte América. Sobre este punto recomiendo el trabajo de Ignacio Trucco y del equipo económico de Demos.

«Es importante observar que Argentina se organiza sobre instituciones económicas estrictamente centralistas, en donde los territorios subnacionales y las fuerzas económicas y sociales productivas no tienen participación alguna. Es preciso producir un cambio radical y federalizar las instituciones económicas, si queremos superar cinco décadas de repetidos fracasos.»

El BCRA debe ser permeado por la realidad territorial de la Argentina profunda y convertirse en un sistema de Bancos Regionales en donde se defina con criterios federalistas la política monetaria y cambiaria de la nación, donde incluso pueda contenerse institucionalmente las reformas sugeridas en el punto anterior.

Los déficits políticos, se han convertido en déficits institucionales y las tensiones acumuladas han puesto en evidencia la debilidad estructural del centralismo desembozado y extraviado de la nación, que encuentra en las retenciones un ejemplo paradigmático. Este es un criterio político de primer orden para encarar una verdadera reforma modernista en Argentina, empezando por el punto neurálgico de federalizar las  instituciones económicas hoy hiper centralistas.

Es la clave para dar viabilidad a la formación de pactos económicos territoriales y sectoriales de largo plazo para proyectar una Argentina nueva, orientada a la producción, el trabajo y la tecnología, a la capacidad exportadora con valor añadido y al mejoramiento de la calidad de vida basada en la capacidad de producción de riqueza. En este contexto, un sistema regional de bancos federales terminaría con las tentaciones demagógicas que han marcado nuestra política monetaria y cambiaria en las últimas cinco décadas, sean las del consumo masivo horadando nuestros stocks o del dólar barato que desembocan en crisis de deuda y del sector externo.

UNA DISCUSIÓN CLAVE DE LA POLÍTICA NACIONAL

La cuestión de las retenciones pone el dedo en la llaga y desencadena una discusión clave de la política nacional. Dar el paso hacia un país sin retenciones es avanzar hacia otro modelo de financiar al Estado, eso implica un nuevo modelo de organización del comercio exterior y por extensión del sistema bancario y monetario.

La Región Centro cuenta con capacidades institucionales, productivas, educativas, científicas y tecnológicas muy desarrolladas: tenemos un entramado científico tecnológico que fue responsable del desarrollo de semillas resistentes a la sequía, el avance biotecnológico más importante de los últimos años que acaba de ser aprobado en EEUU.

El 42% de la agricultura y ganadería de la Argentina se desarrolla aquí, el 28% de la producción argentina de alimentos y bebidas se localiza entre Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos. Asimismo, el 35% de las maquinarias y equipos industriales del país se produce en este espacio, así como el 34% de la producción de autos. Pensemos por un momento si los recursos que hoy se van en retenciones se volcaran al encadenamiento productivo, a la industria metalmecánica, al desarrollo del biodiesel, fertilizantes, drones y equipamiento de agricultura de precisión y a obras de infraestructura estratégica y social.

«La Región Centro cuenta con capacidades institucionales, productivas, educativas, científicas y tecnológicas muy desarrolladas: tenemos un entramado científico tecnológico que fue responsable del desarrollo de semillas resistentes a la sequía, el avance biotecnológico más importante de los últimos años que acaba de ser aprobado en EEUU.»

Para que el Estado federal deje de ser el ancla y se convierta en el motor del progreso y el desarrollo, es preciso una nueva estructura institucional, en donde los balances regionales sean redefinidos. El liderazgo del corredor central que se extiende desde la cordillera hasta el río Uruguay resulta decisivo en este proceso político de reformas y reorientación.

Es indispensable en este contexto, el fortalecimiento del extenso y denso sistema de ciudades pequeñas y medianas que conforman nuestra “Ruralidad”, lo que supera ampliamente la maniquea, simplista e irreal dicotomía “campo vs industria”. El desarrollo del complejo entramado que conforma la Agro-Bio-Industria, es prueba de ello y el fortalecimiento de su capacidad exportadora resulta vital. Es hora de debatir el modelo de país que necesitamos, sin atajos, ni autoengaños, sin desconocer el problema territorial de fondo que arrastramos desde hace décadas, probablemente desde los orígenes de la organización nacional.

Quizá tengamos aquí un significante político verdaderamente progresivo, un punto cuya resolución podría suponer un avance histórico real sobre problemas pendientes pero también con resoluciones concretas y posibles. Las reformas federalistas probablemente sean, para la Argentina, parte de su sustancia y realidad íntima, pero todavía latente como promesa de futuro.

Opciones y oportunidades ante la crisis: cuando los caminos se bifurcan

Opciones y oportunidades ante la crisis: cuando los caminos se bifurcan

Islandia, inicialmente próspera, enfrentó una crisis económica profunda que llevó a la devaluación y la recesión. La corrupción política y la crisis financiera empeoraron la situación. A pesar de los recursos naturales y las inversiones en criptomonedas, la mejora económica fue desigual y la calidad de vida disminuyó. La crisis presentó oportunidades para el cambio, pero también riesgos de estancamiento y desigualdad. Una dilema con moraleja para la Argentina.

La sociedad consideraba a los hombres de negocios como héroes, se pensaba un futuro promisorio. Al poco tiempo llegó la crisis, afectando al país en cuestión de manera profunda. La caída del producto bruto interno (PBI) resultó de las más pronunciadas, mientras vastos sectores de la población perdían sus trabajo y ahorros, muchos cayeron en la pobreza. 

La crisis que afectó al país en cuestión indujo una fuerte devaluación que profundizó aún más la recesión, mientras crecía la inflación el sector financiero se hallaba fuertemente comprometido. La gravedad de la situación obligó al gobierno a recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI).

En el país en cuestión la reputación de la clase política resultó fuertemente afectada, los partidos políticos tradicionales, que hasta dicho momento habían dominado el escenario político, resultaron fuertemente desprestigiados. En los titulares de los principales medios periodísticos abundaban las denuncias de corrupción, se ventilaban los negociados de políticos y empresarios, o empresarios devenidos en políticos, saltaban datos de sus cuentas en los principales paraísos fiscales. 

El país en cuestión, afortunadamente, se hallaba bendecido de recursos naturales. Producía alimentos y energía a precios competitivos. Esto último atrajo inversiones en “minería de criptomonedas”, actividad electro-intensiva. La crisis imponía una mayor explotación de los recursos naturales, para la dirigencia ello representaba la alternativa más rápida para obtener divisas y sortear la falta de fondos que mostraba la situación. A menudo se suscribió nueva deuda para dinamizar el nuevo sector, la historia sin fin. 

Fruto de la devaluación, la posición externa del país en cuestión mejoró rápidamente. Pero no tanto. La mejora económica resultaba desigual, la caída en la calidad de vida seguía perjudicando a numerosas familias.

El país en cuestión es considerado “pequeño”, tal la calificación brindada por los manuales de economía internacional. Tal situación describe la imposibilidad de influir sobre la dinámica de los mercados internacionales, supongamos de energía o alimentos. El mismo manual plantea mercados globales operando en un marco competitivo. Las ventajas competitivas, al decir de David Ricardo, dinamizan el comercio al tiempo que garantizan el bienestar de los pueblos.

Aquellos que avanzaron lo hicieron a partir de recrear nuevas habilidades, generar ventajas dinámicas donde el Estado juega un rol preponderante, sea regulando bien promoviendo la “salida global” de sus empresas. Pensemos aquí en los aportes teóricos de Paul Krugman, o en las contribuciones empíricas de Alice Amsden, Ha-Joon Chang o Justin Lin.

Éste no es el ámbito para analizar la validez de esta teoría, aunque convendría observar visiones de economía internacional más recientes para así, por caso, comprender el éxito exportador de Japón, Corea del Sur o China. Aquellos que avanzaron lo hicieron a partir de recrear nuevas habilidades, generar ventajas dinámicas donde el Estado juega un rol preponderante, sea regulando bien promoviendo la “salida global” de sus empresas. Pensemos aquí en los aportes teóricos de Paul Krugman, o en las contribuciones empíricas de Alice Amsden, Ha-Joon Chang o Justin Lin.

Dejemos aquí el debate académico, cambiemos el ángulo de análisis.

Si en la década de los noventa la globalización cegó a los hacedores de política de la verdad revelada detrás del “milagro asiático”, veinte años más tarde el ascenso de China le mostraría su plena validez. Adentrado el siglo XXI, sin embargo, la geopolítica devendrá la visión preponderante de la economía global. Comercio e inversiones se ven interpeladas por nuevas aproximaciones. Las políticas de industrialización ya no están cuestionadas, hasta el propio Fondo las promueve. También acepta la conveniencia de introducir medidas macro-prudenciales para evitar los excesos que a menudo provoca la globalización financiera, una versión edulcorada de los controles de capitales vigentes en la posguerra.  

PUNTOS DE QUIEBRE EN LAS CRISIS

Es momento donde los caminos se bifurcan, se descubren alternativas. Las historias nos presentan lecciones. Las crisis cuestionan, implican el devenir de momentos críticos, puntos de quiebre, reflejan un camino plagado de riesgos, pero también de oportunidades. Y, como manejando en una ruta, observamos múltiples señales. Algunas salidas pueden conducirnos al estancamiento, terminar implementando un programa de “ajuste perpetuo” en beneficio de la minoría. Pero si elegimos convenientemente, la ruta puede conducirnos a un futuro más justo, más inclusivo. Cuando se presenta la bifurcación se relajan, momentáneamente, las restricciones políticas habituales. Estamos frente a un momento crítico, fundacional, que brinda la oportunidad para un profundo cambios en la organización social, en la protección ambiental. 

Atravesar un momento crítico, sin embargo, no necesariamente nos lleva al cambio transformador. Algunas coyunturas refuerzan el modelo preexistente. Tal es el caso de Argentina, la tierra de las grandes oportunidades a menudo desperdiciadas. El faro cultural de América Latina, hoy gobernado por la extrema derecha que se disfraza de liberal, pero actúa de manera poco republicana.

Si elegimos convenientemente, la ruta puede conducirnos a un futuro más justo, más inclusivo. Cuando se presenta la bifurcación se relajan, momentáneamente, las restricciones políticas habituales. Estamos frente a un momento crítico, fundacional, que brinda la oportunidad para un profundo cambios en la organización social, en la protección ambiental. 

De crisis en crisis desde los 70’s, la sociedad argentina no logró superar el modelo de industrialización por sustitución de importaciones (ISI), pese a los límites que éste mostraba. Con la apertura financiera se terminó frustrando cualquier intento de crecimiento con inclusión, toda política que intente minimizar la volatilidad que acompaña a la libre movilidad de capitales resulta ampliamente resistida. Toda herramienta que tienda a controlar los movimientos financieros transfronterizos resulta fuertemente cuestionada. Para las élites, todo resuena a keynesianismo

El país se caracteriza también por la prevalencia de un consenso extractivo, ayer auspiciado por gobiernos neoliberales o neo-desarrollistas, hoy instrumentado por el gobierno de extrema derecha y los mandatarios provinciales. Solo es posible salir de la crisis en cuestión a partir de los recursos, uno de los puntos centrales del gran “Acuerdo de Mayo” propuesto por Javier Milei. Ello implica, entre otras cosas, no desaprovechar la oportunidad que brinda Vaca Muerta. Aprovechándose de diversas ventajas impositivas, así como de amplios subsidios, en Zapala, localidad de la provincia del Neuquén, la energía eléctrica resulta extremadamente barata. Al menos para aquellos empresarios dedicados al minado de criptomonedas, actividad que describen como motor de desarrollo – obviamente, con escaso recelo por sus efectos sobre el medio ambiente.   

Si queremos arreglar la situación del país de manera definitiva, no queda otra que el ajuste y la degradación del medio ambiente. Aunque la austeridad castiga a muchos y beneficia a unos pocos. Pensemos sino cuales son los sectores que ganaron y perdieron después de 100 días de La Libertad Avanza en el poder. Los salarios se pulverizan, las pensiones se licuan, aumentan los despidos, se cierran dependencias públicas. Se propone eliminar las excepciones a la ley de glaciares, avanzar con el extractivismo a toda costa.

Mientras tanto, aumentan las prepagas, los servicios públicos devienen impagables, el aumento en los combustibles brinda ganancias extraordinarias a las petroleras, el sector financiero florece mientras las reservas de litio se regalan al mejor postor. Y así más. Libertad para los capitales. Libertad para contaminar el medio ambiente. Para las élites, el juego es a todo o nada. En nombre del mercado se justifica, con crueldad, los costos que generan las medidas, las mayorías sufren mientras el círculo rojo festeja.

Afortunadamente, abundan los ejemplos de crisis económicas profundas que devinieron en oportunidades. Tal es el caso de Islandia. Un país pequeño, tanto en lo poblacional como en lo económico, ciertamente mucho menos relevante que Argentina en el contexto internacional. 

Expuesto como modelo por su nivel de integración financiera y apertura económica, este país resultó fuertemente expuesto por la crisis financiera global (CFG) del 2008. La crisis fue total, a la abrupta caída en el nivel de actividad sumó el colapso del sistema financiero: los tres principales bancos se declararon en quiebra. Al momento de la CFG, los activos combinados de estos bancos representaban 14 veces más que el PBI de Islandia. Los inversores olían sangre, particularmente aquellos asentados en Gran Bretaña – recordemos que estas entidades financieras captaron gran parte de sus depósitos en la plaza financiera de Londres. Pero las autoridades lograron un acuerdo histórico con el Fondo, que reconoció la necesidad de reintroducir el control a los capitales transfronterizos. 

En el acuerdo stand by (ASB) firmado a fines del 2008 Islandia acordó con el Fondo introducir medidas de control de capitales, cuya permanencia se estimaba en un semestre. Pero fue en 2017 cuando estas medidas comienzaron a ser revertidas, aunque parcialmente: el control perduró hasta 2021. Al mismo tiempo, el gobierno introdujo una serie de regulaciones destinadas a preservar la estabilidad del sistema financiero doméstico. Le permitió a las autoridades de la isla estabilizar el tipo de cambio, reprogramar su deuda al tiempo que diversificaron la economía.

ISLANDIA SI PUDO

El recambio político, por otra parte, permitió a Katrín Jakobsdóttir acceder en 2017 al poder. A partir de ese momento, la Primera Ministra, parte de la coalición de izquierda – verde, comenzó a implementar una serie de medidas políticas transformadoras. Pero fue la pandemia primero, la invasión de Ucrania después, lo que terminó de moldear una nueva visión.

Ante la irrupción de nuevos eventos críticos, y el agravamiento de la crisis geopolítica, Jakobsdóttir decidió prohibir la minería de criptomonedas, actividad que consumía más electricidad que la totalidad de la población de la isla. Al mismo tiempo, el gobierno introducía un programa agrícola destinado a fortalecer la seguridad alimentaria tanto como aquella de corte energético. Tal decisión no resulta aislada. Este tipo de política fue central en numerosos países de Asia, vital para China o India. Tras la invasión de Crimea en 2014, también la UE comenzó a reconocer la necesidad de este tipo de medidas. La escalada de Rusia fortaleció esta política. 

Hasta aquí las lecciones del país en cuestión, una historia abierta a finales diversos. Uno distópico, que privilegia la rentabilidad de unos pocos a costa del sacrificio de la mayoría tanto como la denigración del medio ambiente. La pobreza que corroe el tejido social de una Argentina que supo iluminar culturalmente a la región. Una crisis de biodiversidad que se oculta, tanto como se niega el cambio climático. Otro promisorio, que resalta la búsqueda de un futuro inclusivo y sostenible. Donde la ética sustentó el diseño de políticas públicas, planificar medidas para evitar las hambrunas del mañana o garantizar el calefaccionamiento de los hogares.

Escapa a este artículo destacar que nos depara el futuro. Lo único que puede asegurarse es la imposibilidad de volver al pasado. A veces, la libertad atrasa. 

Una mirada a la coyuntura: 60 días de locos, un gobierno para pocos

Una mirada a la coyuntura: 60 días de locos, un gobierno para pocos

La gestión frenética de Milei genera caos y beneficios para algunos. La inflación persiste, se prevé devaluación y el gobierno promete un ajuste ambicioso. El FMI alienta la desregulación, debilitando el control ambiental. Los recortes y el DNU empobrecen a la población.

Nicolás Posse, Luis Caputo y Javier Milei.

Han pasado poco más de dos meses de la asunción de Javier Milei, aunque el ritmo frenético que ha evidenciado su gestión parecería afirmar que el tiempo que ha pasado resulta mucho mayor. Quizás estemos viviendo una nueva temporalidad, tal como aquellos que miden en siete los años de vida de los perros por cada año vivido por su dueño. Pero bajo el gobierno de las fuerzas del cielo, los consejos de Conan tardan en llegar a estas latitudes, lo cual genera mayor incertidumbre política. La macro deberá esperar, la estabilización viene después: primero el caos. 

Y, como plantea el dicho popular: en río revuelto ganancia de pescadores – o de quienes cuentan con los aparejos de pesca. Así el caos permite a ciertos sectores, empresarios y amigos, hacerse de activos a precios de remate, obteniendo beneficios impensados en otros tiempos. La urgencia por hacerse de fondos agrava también al ambiente, prevalece el discurso que equipara la protección del medio ambiente con privilegios de país desarrollado – poco importa si la destrucción de la naturaleza beneficia a unos pocos.

Téngase presente que a mayor caída de producto bruto interno, mayor el sacrificio fiscal (en puntos de producto) que deberá hacer el sector público para llegar a cumplir con las metas pautadas. Nótese que el plan descuida el desempeño de una variable económica clave en economías emergentes: el tipo de cambio real.

Mientras tanto la inflación continúa, las mayorías se ven empobrecidas. Según el consenso de quienes participan en la encuesta Relevamiento de Expectativas de Mercado, que recopila el Banco Central, se prevén tasas mensuales de dos dígitos para gran parte del año. Anualizadas, consagrarían una inflación superior al 200 por ciento. Con un gobierno decidido a mantener el esquema de ajustes graduales y predefinidos del tipo de cambio en torno al 2 por ciento mensual, lo anterior plantea un problema de retraso cambiario, impulsa una nueva devaluación en el corto plazo – algunos analistas la plantean ocurriendo en marzo, otros en abril.

A MÁS RECESIÓN = MÁS AJUSTE FISCAL PARA EL DÉFICIT CERO

El gobierno prometió un ajuste muy ambicioso, esfuerzo aplaudido por el Fondo Monetario Internacional. Los interlocutores del FMI destacan la adopción del ancla fiscal como herramienta anti-inflacionaria tanto como por la determinación que evidencia la política monetaria por parte del banco central. Según Kristalina Georgieva, directora ejecutiva del Fondo: “el proceso de estabilización será desafiante y requerirá de una implementación firme y ágil de la política económica”. Toda una apuesta, sin duda. Más cuando el ancla de estabilización está asociada al déficit público, el objetivo del equipo económico es lograr el déficit cero. Téngase presente que a mayor caída de producto bruto interno, mayor el sacrificio fiscal (en puntos de producto) que deberá hacer el sector público para llegar a cumplir con las metas pautadas. Nótese que el plan descuida el desempeño de una variable económica clave en economías emergentes: el tipo de cambio real.

A fin de reducir el déficit, el gobierno acordó con el Fondo aumentos de las tarifas de la electricidad (más del 200 por ciento) y del gas (más del 150 por ciento). Así, logrará reducir los subsidios energéticos en un tercio. También se proponen cortes a las transferencias a las provincias y a las empresas públicas por un total del 0,5 por ciento del PBI y preparar a éstas últimas para una potencial privatización. 

En el comunicado de prensa emitido por el Directorio Ejecutivo del Fondo, por otra parte, se detecta su interés estratégico por los recursos naturales del país. En materia de tratamiento a la inversión, le plantea al gobierno sobre la necesidad de modificar el marco regulatorio, lo cual permitirá explotar el potencial del sector energético y minero del país: una profundización del modelo extractivo. Ninguna mención de la transición energética ni de los riesgos macro-financieros que implica su desconocimiento, el comunicado refuerza el modelo petrolero hoy vigente. Al alentar a la desregulación, la  propuesta debilita el control ambiental en la actividad minera.

Pero también el Fondo clama por el desmantelamiento de toda medida de gestión sobre los flujos de capital, un artículo de fe por parte de la entidad que perdura desde los 1990s pese al reconocimiento que en 2012 realizará el Staff respecto a la importancia de los controles en la estabilidad macro-financiera. 

En el mismo comunicado destaca la agudización de los desequilibrios que presenta la economía desde hace varios años, y como la acción del gobierno de Alberto Fernández terminó por agravar distorsiones que surgieron del desvió del acuerdo con el Fondo. Idéntico criterio adoptó el FMI en años posteriores, cuando reconoció el error de la inconsistencia del plan de excesivo endeudamiento, la crítica entonces era al tándem Macri–Caputo. Observamos así que las inconsistencias se repiten, la incongruencia involucra también al Fondo.

AJUSTE POR INFLACIÓN

Aunque errante y poco efectiva en su lucha anti-inflacionaria, la política económica del gobierno muestra algunos logros – aunque estos sólo entusiasmen al círculo rojo, los sectores financieros y al Fondo. Al tiempo que la inflación se disparaba al 25,5 por ciento, los salarios subieron apenas 8,9 por ciento en diciembre. La caída confirma el empobrecimiento de la población y el duro golpe para la clase media. Más allá de la fuerte caída en el salario real que siguió a la devaluación de diciembre, se le suma los fuertes ahorros que genera la fuerte licuación que viene sufriendo los egresos del Estado.

En un análisis de la oficina de presupuesto del congreso (OPC) destaca una caída del 11,9 por ciento en los gastos primarios de la administración central – medida interanual. Considerando en particular, los gastos primarios cayeron 30,8 por ciento, las jubilaciones y pensiones 32,5 por ciento, las asignaciones familiares el 36 por ciento, los programas sociales un 59,6 por ciento. Pero la caída más pronunciada se observa por el lado de las inversiones, donde la contracción alcanza al 75 por ciento. Tamaña contracción en el gasto, bien la drástica reducción en la inversión pública influye sobre el nivel de actividad económica. Al momento de priorizar recortes y premios el gobierno posee una fuerte discrecionalidad, posibilidad que le brinda el haber decidido prorrogar el presupuesto del 2023 (decreto 88/2023).

Los gastos primarios cayeron 30,8 por ciento, las jubilaciones y pensiones 32,5 por ciento, las asignaciones familiares el 36 por ciento, los programas sociales un 59,6 por ciento. Pero la caída más pronunciada se observa por el lado de las inversiones, donde la contracción alcanza al 75 por ciento.

La vigencia del DNU ha empujado un incremento en los precios de un grupo de productos y servicios claves, afectando a amplios sectores de la población. En el sector salud, se observan aumentos superiores al 50 por ciento en los precios de los medicamentos, la medicina prepaga validó aumentos por encima del 100 por ciento. Para los inquilinos, la eliminación de la ley de alquileres no sólo implicó un aumento de los precios, sino también enfrentar normas que dificultan el acceso a la vivienda. En virtud de otras medidas desregulatorias incluidas en el decreto, la industria petrolera convalidó un aumento del 140 por ciento en el precio de los combustibles. La mayoría de estos aumentos afectan a la clase media.  

A los aumentos observados en el área de transporte, debe sumarse la reciente decisión del presidente de eliminar el fondo de compensación al transporte. Como represalia a los gobernadores ante la caída de la Ley Ómnibus, la “vendetta” de Javier Milei implica un “descongelamiento” automático de las tarifas, que puede llevar al boleto mínimo a niveles socialmente insostenibles (por encima de los 1.000 pesos).

RENTABILIDAD A COSTA DEL MEDIO AMBIENTE

Otro de los efectos del DNU que no debería pasarse por alto, atiene a los cambios que impone en materia de protección del medio ambiente, tanto como en materia climática. A fin de impulsar una mayor explotación el decreto viene a debilitar leyes y normativas ambientales, aún cuando distaban de garantizar un manejo prudencial de los recursos.

El gobierno viene a reformular leyes, como la de tierras, de bosques o glaciares, un avance sobre la naturaleza en momentos que distintos eventos extremos afectan a diversas regiones del país, los incendios forestales consumen bosques ancestrales. Pero, a diferencia de lo que observamos en otras áreas, el consenso extractivista permite al gobierno pasar los cambios sin mayores contratiempos en el Congreso, donde cuenta con el apoyo de los gobernadores y el respaldo del lobby minero

En notas previas nos hemos referido al fracaso legado, lo errado de adentrarnos en la polarización. Resulta imposible intentar estabilizar la economía en un contexto signado por el cortoplacismo en la toma de decisiones. El contexto político, lamentablemente, no ha hecho más que empeorar. Las decisiones no sólo muestran un sesgo cortoplacista, los mensajes que surgen del Presidente exacerban el odio y el rencor.

En su afán de imponer su programa de gobierno, se avanza sobre los derechos adquiridos. Todo aquel que se le opone, se lo agrede, de ser necesario se lo reprime. Para ello está Patricia Bullrich. Si el programa se desvirtúa, entonces viene Mauricio Macri al rescate. Pero el objetivo sigue siendo el mismo: refundar el país, volver a la “Belle Epoque”, la Argentina de unos pocos. 

Todo lo anterior debería impulsarnos a repensar la situación actual, recrear una visión democrática, verde y progresista. Pensar la crisis como una oportunidad de cambio sin evadir responsabilidades, repensar alternativas que eviten resignar derechos, sociales o ambientales. Ello obliga a diseñar un programa de estabilización que logre recuperar credibilidad en el peso, que sea fiscalmente sustentable al tiempo que articule el corto plazo repensando el futuro desde una perspectiva inclusiva y sustentable. 

La reforma económica para una Argentina moderna

La reforma económica para una Argentina moderna

Crítica a la arbitrariedad en la política económica argentina, destacando la devaluación y la baja tasa de interés. La importancia de los principios republicano y democrático en las instituciones económicas. Riesgos de eliminar uno de estos principios.

Artículo 1º.- La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana federal, según la establece la presente Constitución.

Parte Primera, Capítulo Único, Declaraciones, Derechos y Garantías, Constitución de la Nación Argentina de 1853.

 

Gobernar por decreto y delegar potestades del congreso al Presidente son medidas de explícito autoritarismo. Se ven y se palpan en el contraste del negro de la letra sobre el blanco papel y la firma del autor. Pero hay decretazos, discutidos menos por su forma y más por sus efectos, que no son percibidos como un problema político y jurídico de fondo y que, sin embargo, pueden ser más relevantes de lo que aparentan. Me refiero a la política económica y en particular a la cambiaria y monetaria que caen bajo el ámbito del Banco Central y el Ministerio de Economía que actúan como dos caras de una misma moneda, casi por definición. 

Tuvimos hace algunas pocas semanas un ejemplo de esta arbitrariedad, observada con cierta perplejidad por el público e indiscutida en el fondo político jurídico por los especialistas: una devaluación intensa y una fijación a la baja de la tasa de interés real. No vamos a discutir aquí los efectos de estas medidas, por cierto, harto conocidos: aceleración de la inflación, y en particular de alimentos y energía, caída del salario real, reducción drástica de la actividad económica, perdida del valor de los depósitos ahorrados por las personas, familias y empresas en la forma de depósitos a plazo fijo. Sin embargo, podemos pensar, de un modo sintético, el significado político jurídico de estas medidas y, por lo tanto, la importancia de las formas institucionales que permiten este tipo de decretazos naturalizados.

REPUBLICANISMO Y DEMOCRACIA EN LAS INSTITUCIONES ECONÓMICAS

Faltando un poco el respeto a especialistas en la materia, podríamos por comenzar definiendo dos principios claves, el republicano y el democrático, al menos en sus aspectos más complementarios. El principio republicano podría resumirse como la construcción histórica de una relación de autoridad, institucional y jurídica, que es capaz de funcionar sin un nombre propio, es decir, a la manera de, literalmente, una cosa pública. De este modo el principio republicano se opone a la arbitrariedad personal del poder político cualquiera que sea su fundamento. Supone, normalmente, una distribución del poder político de tal manera que lo particular se disuelve en un conjunto de reglas impersonales cuyo origen y materialidad pasan a ser el verdadero problema para resolver. 

Viene a compensar ello el principio democrático, es decir, la idea de que el contenido y materialidad particular de las relaciones de autoridad política, emergen como reflejo de la realidad popular (plebeya). Ella se expresa, en un grado de autoconsciencia mayor, en la determinación de una estructura legal, desde la constitución hasta las ordenanzas municipales. Entre el voto universal y el decreto presidencial, se desarrolla un extenso sistema de mediaciones institucionales que son la realidad concreta del binomio república – democracia. Allí la tensión es permanente, entre pesos y contrapesos, representaciones y fragmentos, que se elevan a unidad histórica sólo en conflicto y movimiento. Nada está garantizado en este devenir. 

El republicanismo no democrático y la democracia no republicana, a la larga se parecen demasiado y pueden ser difíciles de distinguir.

Las formas decadentes son múltiples. Tomemos dos ejemplos extremos y opuestos entre sí en donde se elimina un principio y como consecuencia se descompone el otro. Por un lado, se puede eliminar el componente democrático cuando una vanguardia toma el control del Estado y designa a los funcionarios que componen los poderes de este: el ejecutivo, el legislativo y el judicial, típicamente. En este caso, el principio republicano funcionaría, sólo si y en rigor, el gobierno es el instrumento de aplicación de una ley universal impersonal que, ¡oh casualidad!, está debidamente encarnada en la vanguardia revolucionaria. En este contexto, evidentemente, la república degenera y se disuelve en la arbitrariedad del partido o facción. Finalmente, este expone todo su contenido particular excluyendo a otros particulares y comienza el proceso de raleo, extirpación y purga de aquello que no encaja en el particular que unilateralmente ha sancionado su propia universalidad. 

De un modo opuesto, es posible que un representante elegido democráticamente, elimine el principio republicano, centralizando en su persona otros poderes del Estado argumentando, por ejemplo, la incapacidad o inefectividad de estos mecanismos. En este caso se desencadena una serie similar de acontecimientos. Al desaparecer el principio republicano, se precipita la unanimidad del único representante, que sólo puede conservar el principio democrático en el permanente ejercicio del referéndum o el plebiscito y bajo el estricto resultado de la unanimidad. Evidentemente se trata de una circunstancia que no puede persistir ni realizarse, de modo que la arbitrariedad se hace ley, y requiere para ello legitimarse, normalmente en alguna forma de mesianismo. Al igual que en el caso anterior no es el representante el que gobierna sino fuerzas divinas través de él. El principio democrático se convierte por lógica interna en un principio místico-religioso, bajo la forma general de hacer de un hombre un dios, lo que resulta bastante similar al paganismo religioso-místico-político de los años ’20 y ’30 del siglo pasado. Finalmente, todo se consuma cuando debe producirse, al igual que en el caso anterior, la purga de todo aquello que no calza en la cosmogonía que ha llegado al poder. Ralear el excedente que desborda la unanimidad de un particular que, unilateral y místicamente, se ha sancionado a sí mismo como un universal.

Si bien estas dos vías son diferentes, el republicanismo no democrático y la democracia no republicana, a la larga se parecen demasiado y pueden ser difíciles de distinguir. A modo de resumen, en ambos casos, los principios degeneran en la restauración de alguna forma de arbitrariedad unanimista y excluyente, mientras en el primer caso suele ser del tipo burocrático y en el segundo del tipo místico-religioso. Todo esto es harto conocido en su aplicación al campo de las instituciones políticas y la construcción de los marcos jurídicos necesarios para el funcionamiento de los sistemas sociales modernos. Frente a ello, emitir un decreto presidencial legislando en aspectos fundamentales, o enviar un proyecto de ley cerrando el parlamento, y todo en nombre de unas muy enigmáticas fuerzas del cielo, despiertan inmediatamente cortafuegos institucionales y políticos que, esperemos, funcionen aún.

 Sin embargo, en el campo de la política económica, la república y la democracia no llegan, no existen, ni son consideradas, y son reemplazadas por la arbitrariedad absoluta de alguna figura, más o menos tragicómica, de un burócrata, banquero, financista o académico. Desde ese lugar, es posible provocar una verdadera conmoción como, por ejemplo, con una mega devaluación y una caída drástica de la tasa de interés, con la consecuente destrucción de los ingresos y patrimonios de los argentinos. Se trata también de un decretazo, repetido en la historia con lamentable frecuencia, en un sistema institucional basado en una autoridad personalísima, sin contrapesos, ni representación, que actúa en nombre de, como en los casos degenerados vistos arriba, una misteriosa regla general de funcionamiento universal de los hechos económicos. Se trata, en definitiva, de un sistema institucional en el que se acumulan irracionalidades pues, al igual que antes, se pretende imponer al mundo infinito un particular finito y arbitrario que, en su forma más agresiva, se enlaza con la irracionalidad de la vanguardia revolucionaria o de las fuerzas místico-religiosas casi sin distinción.

LA CAUSA REPUBLICANA Y DEMOCRÁTICA ES LA CAUSA FEDERAL

La ausencia de los principios republicanos y democráticos en las instituciones económicas que regulan, de un modo simplificado, el régimen cambiario y monetario, no es reciente. Es un rasgo propio del capitalismo argentino, al menos del último medio siglo que, en todo caso, se vuelve más visible cuando se toman medidas drásticas y que provocan conmoción social. Este atributo se ve representado en una institución tan frecuentemente discutida como poco comprendida: el Banco Central de la República Argentina, que encarna esta arbitrariedad, a resguardo de la realidad económica nacional, en el microcentro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La pregunta que puede hacerse en este punto es, qué implica la introducción de principios republicanos y democráticos en las instituciones económicas, ya que no funcionan de la misma manera que los asuntos políticos y jurídicos convencionales. Recordemos que estos principios exigen, por un lado, la despersonalización del poder, por su forma, y la representatividad por su contenido. Sin embargo, en el ámbito de la regulación económica, estos principios se realizan bajo formas que invierten lo visto en el mundo de los asuntos civiles y políticos. 

Mientras en la política se parte de la simetría e igualdad del voto universal, en lo económico se articulan componentes con intereses específicos, diferenciados y asimétricos, que definen los modos particulares propios de la producción de la vida material de un pueblo. Se encuentran allí sectores, corporaciones, clases sociales, que habitan en territorios específicos y tienen intereses particulares que, en todo caso, deben construir un interés económico común. Este último, en el plano económico tiene éxito en la medida en que es trazado para plazos largos y, por lo tanto, consuma una mayor temporalidad que la que se ve en el ámbito de lo político.

Mientras en la política se parte de la simetría e igualdad del voto universal, en lo económico se articulan componentes con intereses específicos, diferenciados y asimétrico.

Por otra parte, la despersonalización del poder se produce en este contexto por la vía de mecanismos de representación que operan en un sentido opuesto a lo que se observa en la práctica económica cotidiana. Puesto de otro modo, son mecanismos que aumentan o disminuyen el poder económico material de sectores, grupos, corporaciones, territorios. Sin embargo, ello no necesariamente busca establecer una simetría estricta entre estos, sino la composición de un conjunto de intereses comunes de largo plazo, que refuercen los compromisos propios de formar parte de una comunidad económica. Aquí se pone en juego la verdadera clave de la estabilización de la regulación cambiaria y monetaria y, por lo tanto, la consumación de un marco de normas que contenga el crecimiento mutuo de los miembros.

Debe notarse que, al igual que en el ámbito político, la publicidad o transparencia de los actos públicos constituye un principio clave en dicho proceso, pues ello es indispensable para la observancia de los principios de despersonalización del poder y la representatividad de los intereses particulares. Sin embargo, sí se produce un cambio desde de una lógica política cuantitativa de agregado del voto individual, a una lógica más cualitativa de los acuerdos corporativos, sectoriales, de clases y territoriales.

En el marco de esta observación general, puede reconocerse cómo la introducción de los principios republicanos y democráticos en el ámbito económico supone también la introducción de un principio federal o de representación territorial ya que los intereses de la vida económica se producen y articulan territorialmente. Los territorios tienen una importancia vital en la construcción de las instituciones económicas nacionales y la convergencia de éstos en la formación de un interés económico común de largo plazo, constituye, probablemente, la prueba de fuego en la construcción de un orden macroeconómico estable. 

El hecho simbólico de este desajuste se consuma en la forma no republicana, no democrática y unitaria, del centro decisional de la política cambiaria y monetaria. Centralizado y autónomo, en el microcentro de la ciudad más privilegiada del país, a la sombra de grandes edificios corporativos, bajo el mando de burócratas, banqueros, financistas y académicos, que circulan y habitan aquel mundillo gris, el BCRA encarna una desconexión fundamental. En otra parte, en el mundo real, en el verde de la vida, se desenvuelven los procesos económicos que crean nuestra vida material, desde La Quiaca a Ushuaia, desde el océano, la selva, el bosque y el pastizal hasta la cordillera. Esta desconexión es un rasgo que, evidentemente, no resulta funcional al desarrollo capitalista en Argentina y los capitalismos más avanzados del mundo dan testimonio de ello.

UN EJEMPLO: EL SISTEMA DE BANCOS REGIONALES

Un ejemplo de sistema institucional de política monetaria que contiene claros elementos republicanos y democráticos, y que no suele ser reconocido por estos atributos, es el Sistema de la Reserva Federal de los Estados Unidos de Norte América. Es posible hacer un breve repaso de su organización para ilustrar el punto de este artículo. Sobre ello hemos formulado algunas reflexiones en un informe realizado para el Centro Interdisciplinario de Estudios de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNER, publicado en 2019.

El Sistema de la Reserva Federal, está conformado por tres componentes. Por una parte, la Junta de Gobierno, nombrada por el presidente de los Estados Unidos, con el acuerdo del Senado, bajo un complejo sistema de nombramientos plazos e incompatibilidades. Por otro lado, los 12 Bancos de la Fed, distribuidos en distintos territorios elegidos en 1913 luego de largas disputas sobre la representatividad territorial. Estos bancos, a su vez, se componen por el capital de instituciones financieras locales públicos, privadas o de otra naturaleza (mutuales) y sus directorios se componen de nueve miembros tres correspondientes al sector financiero y seis representantes de las fuerzas productivas de la región (tres de ellos elegidos por el sistema financiero local y tres de ellos elegidos por la Junta de Gobierno). Finalmente, en tercer lugar, tras la reforma de 1935, se crea en el marco de la Fed, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), organismo que tiene la potestad de definir las operaciones de mercado abierto, fijación de la tasa de descuento, el requisito de reservas mínimas e interviene en el mercado de divisas. Este organismo, decisivo para el establecimiento de la política monetaria en los Estados Unidos, se constituye con 12 miembros, los 7 de la Junta de Gobierno y 5 por los Bancos de la Reserva. Merece notarse que el Banco de Nueva York tiene una banca permanente, mientras que los restantes rotan. 

Más allá de las particularidades del caso lo que queda en evidencia es la complejidad institucional que incorpora criterios de representatividad y contrapesos en la toma de decisiones de política monetaria. Esto contrasta notablemente con la organización hiper centralizada y autónoma del BCRA. Frente a ello, ¿podría usted imaginar un sistema republicano, representativo y federal para nuestro BCRA?

Le pediré, en el final de este artículo, que haga un pequeño esfuerzo de imaginación política y visualice la existencia de cinco bancos regionales conformados con criterios de representatividad del sistema financiero y productivo, con funciones de regulación coordinadas por órganos federales compuestos. Siguiendo en el plano de la estricta imaginación podemos pensar en un banco para el Área Metropolitana de la Ciudad de Buenos Aires, otro para el espacio del litoral y la pampa húmeda, otro para el gran norte, otro para el espacio cuyano, otro para el gran sur argentino. Dado que, en cada caso, predominan actividades diferentes, tendrán composiciones diferentes y en conjunto constituirían los órganos de gobierno del sistema federal de banco regionales. Podemos animarnos a imaginar también la potestad del sistema para establecer criterios de largo plazo en la administración de la divisa internacional, la tasa de interés, la orientación del crédito promocional y, en coordinación con el Ministerio de Economía, establecer el programa de obras públicas preferentes para el desarrollo productivo de la Argentina moderna.

Se trata, evidentemente, de un ejercicio de la imaginación política reformista, pero, a diferencia de las ideas que abandonan completamente la realidad subyacente y la vida económica real, aquí se pretende conservarla. Se trata, en este caso, de potenciar sus capacidades, pensar los sistemas institucionales necesarios para la composición de acuerdos de largo plazo y, en definitiva, proyectar la realidad hacia un futuro de progreso y modernización, tanto para los componentes particulares, como para el conjunto de la Nación Argentina.