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Formar médicos en crisis: la residencia como campo de batalla

Formar médicos en crisis: la residencia como campo de batalla

Argentina enfrenta un debate urgente sobre la formación médica. Mientras el sistema de salud público se desmorona, los médicos residentes, jóvenes profesionales sobreexigidos y mal pagos, sostienen los hospitales, trabajando en condiciones que rozan lo inhumano.

En un contexto de crisis sanitaria que se agrava día a día, el debate sobre la formación médica en Argentina ya no puede ser postergado. Millones de ciudadanos ven restringido su acceso a una atención sanitaria digna, mientras el sistema hospitalario se mantiene a flote gracias a la labor incansable de los médicos residentes, jóvenes profesionales en formación que sostienen la estructura hospitalaria, a pesar de las condiciones precarias en las que trabajan y se forman.

¿QUÉ SON LAS RESIDENCIAS MÉDICAS Y POR QUÉ ESTÁN EN CRISIS?

La residencia médica es el sistema de posgrado más reconocido a nivel mundial para formar especialistas, donde se integra la docencia y el servicio, con el desarrollo de tareas cada vez más complejas y bajo supervisión. En Argentina, dura entre tres y cinco años, y teóricamente es un sistema rentado y de dedicación exclusiva con jornadas de 40 horas semanales, más 24 horas de guardia. A pesar de ser un pilar fundamental del sistema de salud, las residencias sufren las mismas tensiones que el sistema en general: precariedad, inequidad, falta de planificación y abandono estatal.

UN MODELO DE FORMACIÓN SIN DERECHOS

Durante décadas, los mejores médicos elegían las residencias en hospitales públicos por el prestigio y el conocimiento que ofrecían. Hoy, esa lógica se invirtió. Las nuevas generaciones enfrentan un sistema que no solo precariza sus salarios, sino que también afecta su salud física y mental. Muchos optan por formarse en el sector privado, que ofrece salarios hasta 50% más altos, y quienes eligen el sistema público, a menudo migran al sector privado al terminar su formación, exacerbando la fuga de talentos.

La residencia dejó de ser una instancia de formación de excelencia para convertirse en un campo de explotación legalizada, sostenido por vocación, militancia o necesidad.

GUARDIAS INTERMINABLES Y ESTRÉS PERMANENTE

Los residentes no solo reciben sueldos bajos, sino que tampoco tienen vacaciones reales. Un descanso de 15 días implica duplicar las tareas del compañero/a y luego recuperar el «tiempo perdido». Esto se suma a jornadas extenuantes, guardias extendidas y una lógica verticalista que impide cuestionar las condiciones de trabajo. En este contexto de desinversión estatal, con servicios sin insumos ni equipamiento, los residentes deben cumplir funciones de altísima responsabilidad, muchas veces sin una supervisión efectiva.

UNA EMERGENCIA MUNDIAL, UNA DEUDA NACIONAL

La crisis de la formación médica no es exclusiva de Argentina. Según la ONU, en cinco años faltarán 18 millones de trabajadores sanitarios en todo el mundo. Resolver esta crisis de humanidad no solo requiere políticas activas y priorización de la salud pública / colectiva, sino también una transformación profunda en la forma de formar y retener talento.

No se puede hablar de garantizar el derecho a la salud si quienes la sostienen no acceden ellos mismos a sus derechos básicos.

PROBLEMAS ESTRUCTURALES QUE AFECTAN EL SISTEMA

La formación actual no prepara a los profesionales para abordar las urgencias en salud mental, dejando a muchos sin las herramientas para actuar ante pacientes en crisis. Además, existe un desbalance preocupante en la elección de especialidades: áreas clave como la pediatría son cada vez más evitadas, lo que pone en riesgo la cobertura futura. Otro problema ignorado es que la mayoría de los residentes no realizan aportes jubilatorios, lo que los deja en una situación de desprotección a largo plazo.

URGEN CAMBIOS ESTRUCTURALES Y POLÍTICAS CONCRETAS

Se necesitan cambios de fondo y políticas concretas para solucionar esta crisis. Algunas de las propuestas que circulan en ámbitos sanitarios y académicos incluyen:

  • Jerarquizar especialidades críticas: Asignar más recursos, salarios atractivos y tecnología para atraer nuevos médicos.
  • Crear un fondo federal de salud: Compensar las desigualdades provinciales en equipamiento, formación y acceso.
  • Revisar la formación universitaria: Permitir más prácticas reales desde etapas tempranas de la carrera.
  • Incentivar la distribución equitativa del recurso humano: Recuperar iniciativas como el ‘Cupo Jerarquizado’.

Además, es crucial conformar una mesa de trabajo nacional con la participación de universidades, ministerios, hospitales, colegios médicos, residentes y sociedades científicas para discutir temas como las desigualdades formativas, la falta de incentivos en especialidades estratégicas, la inequidad en la financiación y un modelo de residencias multiprofesionales e integradas.

SIN RESIDENTES, NO HAY SISTEMA

La salud pública argentina no puede seguir funcionando a costa del sacrificio individual de los residentes. La defensa de las residencias es una defensa de la salud de toda la sociedad. La política no puede seguir ignorando esta realidad, porque sin médicos formados, cuidados y valorados, no hay sistema de salud que aguante.

Repensar la Escuela Secundaria: Un Llamado a Políticas de Cercanía y Trayectorias Educativas Inclusivas

Repensar la Escuela Secundaria: Un Llamado a Políticas de Cercanía y Trayectorias Educativas Inclusivas

La escuela secundaria argentina enfrenta un momento crucial. A pesar de su masificación, persisten desafíos históricos que limitan el acceso, la permanencia y el egreso de los jóvenes, evidenciando la urgencia de redefinir las políticas educativas para garantizar el derecho a una educación de calidad para todos.

La educación secundaria en Argentina, originalmente pensada para las élites, ha experimentado una expansión significativa a lo largo de los años. Con la Ley de Educación 26.206 de 2006, la obligatoriedad del nivel sentó las bases para un escenario educativo más inclusivo, abriendo paso a nuevas demandas, formas de enseñanza y aprendizaje que contribuyeron al desarrollo cultural y la cohesión social. Sin embargo, a pesar de esta evolución, la escuela secundaria aún arrastra rasgos de su matriz de origen que obstaculizan el recorrido de muchos estudiantes, especialmente aquellos en situaciones de mayor vulnerabilidad socioeconómica.

UN SISTEMA CON BRECHAS PERSISTENTES

Hoy, nos encontramos con una escuela masiva, pero a la vez, con una marcada heterogeneidad entre las instituciones estatales y privadas, lo que genera brechas en el acceso a conocimientos y tipos de experiencias educativas. Como señaló Puiggrós (1990), el sistema educativo experimentó un crecimiento, expansión y segmentación desde fines del siglo XIX hasta la década de 1970. Esta diversificación, si bien amplió la cobertura, también evidenció una descentralización que potenció desigualdades entre jurisdicciones y una complejidad interna en cada una. El resultado es un mayor número de jóvenes en las aulas, pero sin una integración social plena, un problema que excede las paredes de la escuela.

Existe un consenso generalizado sobre la necesidad apremiante de modificaciones en la escuela media. Varias características intrínsecas al nivel no están funcionando de manera óptima, y la inclusión de estudiantes en la secundaria no es garantía de igualdad de oportunidades. No todos aprenden lo mismo, ni logran completar sus trayectorias. Esto subraya la complejidad de la tarea de enseñar y aprender, y la urgencia de implementar acciones desde las micropolíticas de los equipos de gestión escolar, así como desde políticas públicas educativas que aborden estas problemáticas de manera integral.

«las juventudes han cambiado a mayor velocidad que la escuela secundaria, una institución densa, compleja y con tradiciones sólidas». Núñez y Litichever (2025)

El llamado «fracaso escolar» en escuelas urbano-marginales, y en menor medida en sectores medios y altos, es multifactorial. Incluye desde la gramática escolar —factores materiales, organizativos y culturales del sistema educativo— hasta los contenidos, metodologías de enseñanza y evaluación, la organización de la tarea escolar, los roles del personal directivo y la comunicación entre escuela y familia. Historias como la protagonista de «Cometierra» de Dolores Reyes, o los conflictos narrados en «Ni chico ni chica» de Belén Mentasti, reflejan las diversas experiencias que llevan a los jóvenes a abandonar la escuela o a enfrentar desafíos significativos dentro de ella.

El sistema en su conjunto no ha logrado articular una propuesta que contemple la formación docente junto con los nuevos contextos de aprendizaje y las expectativas educativas marcadas por cambios culturales. Persiste la tensión entre construir un dispositivo educativo conjunto y, a la vez, atender las diferencias individuales de los estudiantes. A esto se suman obstáculos como la fragmentación curricular y la diversidad de carga horaria de los docentes en distintas instituciones. Si bien algunas jurisdicciones han implementado cambios, estos a menudo son «parches» que no logran desvincularse de dinámicas que dificultan la transformación de la escuela secundaria en el mundo actual. De hecho, como señalan Núñez y Litichever (2025), «las juventudes han cambiado a mayor velocidad que la escuela secundaria, una institución densa, compleja y con tradiciones sólidas».

TRAYECTORIAS: MÁS ALLÁ DE LO LINEAL

La Comisión de Educación del CEMUPRO ha debatido intensamente sobre qué implica la inclusión y cómo garantizar los derechos de los estudiantes en un contexto de crecientes desigualdades. Los últimos años han sido ricos en análisis sobre la situación de la secundaria, sus desafíos y dificultades. Sobre los docentes, recaen múltiples demandas: desde qué y cómo enseñar, hasta cómo vincularse con el mercado laboral y la vida contemporánea, y cómo abordar temáticas específicas como el mundo del trabajo y las tecnologías.

El rol de las tecnologías en la escuela es fundamental, ya que construyen socialidad y configuran relaciones sociales y prácticas educativas en sociedades cada vez más mediadas por plataformas y redes. El uso crítico de la tecnología es una responsabilidad compartida entre la escuela y las familias. Esta situación, mediada por la tecnología, se suma a los problemas tradicionales de la secundaria. Tras la pandemia, actores de las escuelas reportan mayores dificultades en la atención y concentración, así como en sostener el tiempo escolar, evidenciando cómo la crisis sanitaria agudizó las desigualdades en conectividad y aprendizajes.

“La existencia concreta hoy en las instituciones de trayectorias no lineales, desestandarizadas, intermitentes, inaugurales como las ha planteado la literatura obligan a pensar acciones educativas.” (Terigi, 2007)

El sistema educativo, desde sus orígenes, se ha basado en la gradualidad, la obligatoriedad y la homogeneización del recorrido escolar. Las trayectorias teóricas expresan los recorridos ideales y lineales que se esperan de los sujetos. Sin embargo, como ha destacado Terigi (2007), las trayectorias reales son a menudo no lineales, desestandarizadas e intermitentes. Durante décadas, estas diferencias fueron interpretadas como «fracaso escolar individual», responsabilizando al estudiante por desviarse del camino propuesto. La existencia de estas trayectorias no lineales en las instituciones actuales exige un replanteamiento de las acciones educativas. Las trayectorias son una construcción permanente, un itinerario en situación que no puede anticiparse por completo, y que requiere una perspectiva de devenir en la enseñanza.

Es fundamental entender que proteger las trayectorias no se reduce a mantener la matrícula a cualquier costo, simplificando la propuesta de enseñanza. Se trata de repensar la organización escolar, considerando el cronosistema (Terigi, 2007) —la imposición de un ritmo de aprendizaje igual para todos, la duración de las jornadas, las propuestas de evaluación homogéneas— y la descontextualización de la enseñanza. También, las formas de grupalidad y el uso de los espacios con cursos conformados frente a un docente, o la pretensión de simultaneidad en la enseñanza, no garantizan que todos aprendan lo mismo, ya que «lo mismo no es lo común» (Terigi, 2008). La enseñanza, como práctica docente, es invención, no una receta universal.

HACIA UNA AGENDA EDUCATIVA RENOVADA

La agenda educativa actual debe centrarse en las instituciones, especialmente la escuela secundaria, con una mirada atenta a las trayectorias. La masificación estudiantil, por sí sola, no garantiza el derecho a la educación. Plantear políticas educativas que consideren las trayectorias reales implica comprender qué significa ese recorrido para los estudiantes y cómo se vincula con los demás, porque la educación como derecho es una acción con otros. Se trata de recibir y alojar al que llega, brindando hospitalidad.

Los estudios revelan un creciente desacoplamiento entre las trayectorias teóricas y las reales. Recién ahora esta problemática ha pasado de ser una cuestión individual a un problema que debe ser atendido sistemáticamente. Las trayectorias escolares son objeto de atención en estudios sobre infancia, adolescencia y juventud, así como en políticas sociales y educativas. Resaltamos la importancia de un «otro» en la escuela que reciba, aloje y acompañe el camino de los estudiantes. Este «acompañar» implica conocer los obstáculos y mediar pedagógicamente en el proceso de subjetivación de los jóvenes, como plantean Nicastro y Greco (2009).

APUNTES PARA LA POLÍTICA EDUCATIVA: «CUALQUIERA PUEDE»

La trayectoria de un estudiante no depende exclusivamente de su formación previa, biografía, condiciones de vida o contexto familiar; tampoco solo de la enseñanza individual de los docentes. Se trata de ofrecer propuestas de trabajo enmarcadas en políticas públicas e instituciones que alojen la diversidad de los sujetos que habitan la escuela, garantizando que los estudiantes, herederos de la cultura común, puedan acceder a ella. Es crucial contemplar los distintos ritmos de aprendizaje y formas de acceso al conocimiento.

Para una política educativa que responda a estas necesidades, proponemos:

  1. Múltiples experiencias y saberes: Las trayectorias van a contrapelo de prácticas educativas que uniformizan aprendizajes. La escuela debe ofrecer diversos recorridos y saberes para que los niños y jóvenes puedan participar de la cultura y las sociedades.
  2. Responsabilidad institucional: Reconocer el doble anclaje de la trayectoria (teórica y real). Apelar a la responsabilidad del estudiante no implica una autonomía solitaria, sino una responsabilidad institucional que proteja su trayectoria y le brinde condiciones habilitantes.
  3. Programas de acompañamiento: Impulsar programas que, en articulación con organizaciones, universidades y otras políticas públicas, generen un contacto cercano con quienes abandonaron la escuela o enfrentan dificultades para continuar.
  4. Figuras referentes: Plantear condiciones de acompañamiento a través de figuras referentes que contribuyan a sostener el tránsito de los estudiantes, promoviendo tutorías y espacios curriculares de recuperación o profundización.
  5. Espacios extracurriculares barriales: Fomentar espacios a nivel barrial para el acompañamiento en los estudios, impulsando una red educativa con la escuela como foco, pero articulada con bibliotecas, organizaciones sociales e iglesias.
  6. Foco en los saberes: Impulsar trabajos en grupos reducidos dentro de las instituciones para facilitar la apropiación de contenidos.

Es urgente poner en debate la inclusión hoy y el acompañamiento de las trayectorias de los jóvenes, pero también es necesario que tales enunciados se concreten, reinventando la escuela y el oficio de docentes.

Las escuelas enfrentan múltiples desafíos hoy, con cambios en las subjetividades de estudiantes y docentes, y diversos sentidos en torno a la experiencia escolar. Muchas jurisdicciones han impulsado cambios en el formato escolar y el régimen académico, pero sostenemos la necesidad de políticas de cercanía que pongan el foco tanto en la organización escolar como en el sostenimiento de los múltiples itinerarios estudiantiles.

Es fundamental dar la palabra y escuchar a los estudiantes, para que sean protagonistas de su propia narración. Parafraseando a María Zambrano (2007), es urgente reinventar la escuela y el oficio docente para sostener, con propuestas de cuidado y enseñanzas, aprendizajes plurales y encuentros en las aulas, ejerciendo los derechos de los jóvenes y erosionando las desigualdades del mundo al que pertenecen.

Steven Levitsky: «Los outsiders usan el discurso y la estrategia populista»

Steven Levitsky: «Los outsiders usan el discurso y la estrategia populista»

En una conversación directa y honesta, Steven Levitsky, politólogo de Harvard y coautor de “¿Cómo mueren las democracias?”, advierte sobre el deterioro institucional en Estados Unidos bajo el segundo mandato de Donald Trump, reflexiona sobre el rol de la sociedad civil, y traza paralelos con el avance de las nuevas derechas en América Latina. 

El politólogo Steven Levitsky en su despacho en Harvard.

El 7 de noviembre de 2024 tuve la oportunidad de participar en una conversación con Steven Levitsky, politólogo norteamericano, especializado en sistemas de partidos, autoritarismo y procesos de democratización, habían pasado solo tres días desde que el resultado de las elecciones determinó que Donald Trump tendría un segundo mandato en la presidencia de los Estados Unidos de Norte América. Ese día se notaba su cansancio y frustración: “trabaje 8 años para que esto no pase”, dijo.A casi 5 meses de gobierno republicano, -el encuentro se realizó el 30 de mayo- y Levitsky nos recibe en su oficina del Rockefeller Center, un centro de estudios de la Universidad de Harvard dedicado a América Latina, en Cambridge, Massachusetts. En un castellano casi perfecto, el coautor de ¿Cómo mueren las democracias? se prestó a una charla abierta y sin restricciones.

Estamos en la Universidad de Harvard, un símbolo de los valores liberales de Estados Unidos, con una historia más antigua que el propio país, que está siendo protagonista del debate político en las últimas semanas. En tus clases y en tus libros destacás la importancia de la sociedad civil, de las instituciones académicas y los medios de comunicación como actores clave para defender los valores democráticos, y se ha dicho que fuiste uno de los impulsores internos de que Harvard no se someta a la voluntad de Washington. ¿Cómo crees que este conflicto con el gobierno federal puede evolucionar? ¿Qué importancia y que implicancias tiene esta “resistencia” en términos simbólicos y en términos reales?

Es muy difícil predecir qué va a suceder porque estamos en territorio absolutamente nuevo, en la historia moderna de EEUU nunca hemos experimentado algo parecido. Creo que el futuro está muy abierto, me parece muy probable que el gobierno de Trump siga presionando, utilizando las armas del estado, los recursos estatales, para castigar a sus enemigos y que presione a actores en el sector privado o en los medios, buffetes de abogados, y universidades para cambiar el lado político o callarse en algunos casos. Creo que va a intentar castigar o cooptar varios sectores de la sociedad civil, como es común en regímenes autoritarios o gobiernos autoritarios. Me parece que estamos en un mejor momento hoy en día que hace tres meses, cuando el gobierno atacó a la Universidad de Columbia, y Columbia se rindió rápidamente. El mensaje de la rendición de Columbia, y de varios estudios de abogados, dio una señal a la sociedad civil muy negativa. Además, el comportamiento de gente como Jeff Bezos, algunos medios, o Mark Zuckerberg, parecía que aún los más poderosos tenían que arrodillarse ante Trump.

Hoy en día hemos visto algunos actos de resistencia, inclusive lo de Harvard, que están cambiando un poco de señal a la sociedad civil. Es obvio que el gobierno va a seguir presionando, pero no es obvio que va a seguir teniendo éxito, en parte porque el poder judicial está empezando a bloquearlo, y defiende a estudios de abogados que fueron atacados, y a Harvard. Lo pongo de otra manera: si Harvard no puede resistir, nadie puede. Por lo menos en el sector universitario no está claro que otras universidades puedan dar la pelea como Harvard, pero ahora hay una pelea.

Sí, por eso me refería a la importancia simbólica de esta resistencia, porque después sé que va a ir a un conflicto judicial, que está sucediendo de hecho, y los jueces se están inclinando a favor de Harvard.

Es súper importante. De nuevo, a diferencia de Argentina, no tenemos experiencia con el autoritarismo, no tenemos memoria colectiva del autoritarismo, no sabemos cómo lidiar con un gobierno autoritario. La verdad es que somos, no sé si hay traducción al castellano, somos muy inocentes, «like a deer in headlights«, (como un ciervo encandilado).

«A diferencia de Argentina, no tenemos experiencia con el autoritarismo, no tenemos memoria colectiva del autoritarismo, no sabemos cómo lidiar con un gobierno autoritario. La verdad es que somos, no sé si hay traducción al castellano, somos muy inocentes, «like a deer in headlights”».

Entonces, el dar un ejemplo, decir públicamente que el gobierno federal no puede intervenir una universidad, que no puede imponerse en una universidad privada de esa manera, que hay que defender ciertas libertades, es muy importante. En los meses de diciembre, enero, y febrero, pasamos por una serie de consentimientos a estas actitudes como si fuera normal, como si hubiera que darle a Trump todo lo que quería, y nos olvidamos qué es la sociedad civil, nos olvidamos que es la independencia de la sociedad. Entonces creo que en lo simbólico es super importante lo que hizo Harvard.

Los partidos políticos han mutado en todos los países de occidente. En Europa y Latinoamérica los partidos clásicos del siglo XX perdieron hegemonía, se convirtieron en minorías, o sobreviven compartiendo un frente con partidos nuevos, etc. En Estados Unidos se mantienen los dos partidos históricos, pero cambian hacia adentro. Respecto al partido Republicano, hay una nueva identidad mucho más extrema. ¿Cree que eso va a permanecer? ¿Esa identidad antisistema, populista, etno-nacionalista se va a consolidar?

Puede volver a ser un partido razonable, los partidos siempre están cambiando, de elección a elección. Un partido nunca se queda en la historia sin cambiar. Lo del partido Republicano ha sido dramático. Del partido de Ronald Reagan de mi juventud ya no queda casi nada, era un partido de libre mercado, libre comercio, pro inmigración, pro internacionalista, eso no existe más. No creo que vuelva a ser un partido típico de centro y liberal, como era en el siglo XX. Creo que va a seguir siendo un partido más nacionalista y menos liberal. Eso no quiere decir que siempre va a ser tan populista, como es ahora, tan personalista y tan autoritario. Ahora, la transformación del partido Republicano en los últimos 20 y 25 años ha sido no solamente programática, sino que se ha vuelto un partido extremista, un partido hiper personalista. Por primera vez en la historia no tiene facciones, no existe una facción anti Trump, es un partido en el que Trump es el dueño. ¡Es el dueño de un partido que tiene más de 150 años, extraordinario!

«Por primera vez en la historia el Partido Republicano no tiene facciones, es un partido en el que Trump es el dueño. ¡Es el dueño de un partido que tiene más de 150 años, extraordinario! Es personalista, es extremista, es radical y es autoritario».

Entonces, es personalista, es extremista, es radical y es autoritario. Además, es un partido básicamente etno-nacionalista. Yo creo que el cambio hacia el etnonacionalismo probablemente se quede, va a seguir siendo un partido no muy liberal, pero post Trump podría volver a ser un partido más dentro del sistema, un poco más institucional, y que acepta los resultados de las elecciones, que no promueve la violencia, etc. Creo eso, que no tiene que quedarse en la extrema derecha, that’s the deal (es el trato). Pero creo que el partido de Mitt Romney y de Ronald Reagan está muerto.

En otras entrevistas hablaste sobre los empresarios tecnológicos: Musk, Zuckerberg, Bezos, y cómo se someten al gobierno de Trump. Se ha planteado que esta alianza entre los populistas de herencia jacksoniana con los magnates tecnológicos, este matrimonio entre los estados del Sun Belt y el Silicon Valley, como una novedad. ¿Crees que esa convergencia es parte de la nueva etapa de autoritarismo competitivo, donde el nacionalismo se combina con la economía digital, o es solo coyuntural?

Imposible saber, todo gobierno es una coalición, todas las colisiones políticas contienen contradicciones, contienen tendencias contradictorias, que a veces aprenden a convivir. Por ejemplo, en el partido Demócrata en gran parte del siglo XX había un sector conservador racista del sur y en el mismo partido había liberales pro sindicales del norte. Eventualmente hubo un divorcio, pero fue luego de medio siglo de convivencia. Entonces yo veo muchas contradicciones entre los ultra libertarios del Silicon Valley que quieren proteger intereses. Hay un régimen muy poco regulado en el sector Tech que quieren proteger, y que el proyecto de regulación bastante modesto de Biden, los empujó a la derecha.

Vivieron una generación sin regulación, intocables, y cuando empezaron a hablar de regulaciones en época de Biden volaron a la derecha. No sé si se quedarán con el partido Republicano, creo que con el tema de las tarifas algunos ya tienen dudas con Trump, es un sector que tiene muchas contradicciones con el lado populista del Trumpismo de MAGA (Make America Great Again).

Hay actores, Bannon es uno, y el senador de Missouri Josh Hawley es otro, que tienen una visión de un partido más de clase trabajadora, que es más nacionalista y más estatista y difícilmente va a convivir con el sector Tech. Pero eso es el arte de la política, en los partidos tenés que tejer alianzas de gente que no necesariamente convive fácilmente. No sé si podrán, creo que va a haber peleas. Trump me hace recordar a Perón en muchos sentidos -en otros sentidos no- pero Perón convivía siempre, sobre todo en los 70, con un ala izquierda, un ala sindical, un ala de derecha, y se odiaban entre ellos, siempre se peleaban por posiciones, por influencia, se mataban en algún momento y Perón se quedaba mandando señales, a veces en alianza con la izquierda, a veces con la derecha. Trump es parecido en eso, por ahora los sectores conviven, pero es imposible saber si va a durar.

«Trump me hace recordar a Perón en muchos sentidos -en otros sentidos no- pero Perón convivía siempre, sobre todo en los 70, con un ala izquierda, un ala sindical, un ala de derecha, y se odiaban entre ellos, siempre se peleaban por posiciones, por influencia, se mataban en algún momento y Perón se quedaba mandando señales, a veces en alianza con la izquierda, a veces con la derecha. Trump es parecido en eso, por ahora los sectores conviven, pero es imposible saber si va a durar».

En términos del posicionamiento global de Estados Unidos, se habla mucho de la potencia en declive y la potencia en auge, de esas líneas que se cruzan, es una simplificación, está claro, pero ¿cree que hay una estrategia de reposicionar a Estados Unidos en términos geopolíticos por parte del gobierno de Trump? ¿O como en otras áreas hay un componente de improvisación? ¿Qué lectura puedes hacer de estos casi cinco meses de gobierno de Trump en términos de política exterior?

Creo que hay un consenso en varias facciones de MAGA detrás del rechazo al orden liberal de los últimos 75 años, lo que para mí es un error histórico, realmente histórico rechazar eso, porque es un sistema post 1945 construido por Estados Unidos, dominado por Estados Unidos, y que benefició a Estados Unidos, y lo quieren destruir, ahí están de acuerdo.

Hay algunos que tienen ciertas teorías económicas o geopolíticas sobre el reposicionamiento, creo que no están de acuerdo entre ellos, creo que Trump en lo personal no tiene visión, no tiene idea, él es un mercantilista, creo que realmente no entiende cómo funcionaba el viejo orden liberal. Él es un mercantilista nato, es muy cortoplacista, y piensa que el más grande debe comer más, es muy simple. A veces el partido Republicano sigue los instintos de Trump, y construyen ideología corriendo por atrás, o sea él dice una pavada y hay tres o cuatro ideólogos que construyen una teoría detrás. No hay un consenso del partido sobre el nuevo orden, no creo que tengan una visión coherente de cómo podría ser ese orden post liberal, están de acuerdo en que no les gusta el status quo, no creo que estén de acuerdo sobre dónde ir. Hay algunos que son realmente pro Rusia, otros que tienen una visión de un mundo dividido entre Rusia, China, y Estados Unidos, con Europa desaparecida, pero no creo que tengan una visión muy clara, para mí ha sido muy chocante, como si Roosevelt en el año 39 hubiera visto el panorama global y dijera “mejor nos aliamos con Alemania”. O sea, el país que lidera el sector liberal en el mundo con mucho éxito, aunque en declive, con éxito, que sigue bien en lo económico, ¡el líder del mundo liberal pasa al otro lado! Porque esa gente prefiere Rusia a Canadá, prefiere Rusia a Alemania, odia a los europeos, no sé si saben a dónde van, creo que no.

Javier Milei y Donald Trump en una reunión bilateral.

El nivel de improvisación es contrario a la tradición americana.

Hay mucha improvisación. Le tendencia de los periodistas y los académicos es intentar interpretarlo, ver la improvisación y ver alguna estrategia detrás. Hay ciertas orientaciones, ciertas preferencias, pero no creo que haya una gran estrategia detrás.

¿Crees que hubo algún resorte institucional que no funcionó? ¿Las instituciones fallaron en alguna forma para que hoy estemos en esta situación, con un presidente de estas características, donde la corte suprema puede no ser obedecida, donde se pueden deportar inmigrantes a El Salvador sin proceso de ningún tipo? ¿Se podría haber anticipado o evitado esto?

En términos de diseño institucional no creo, yo creo que el diseño institucional importa, pero cuando una sociedad se polariza, o si surge un movimiento antidemocrático o autoritario con suficiente fuerza, ningún diseño institucional nos puede salvar. O sea, hay elementos, sin el colegio electoral no hubiera ganado Trump en 2016, y estaría desaparecido de la escena política, pero el problema no creo que sea institucional, el problema es primero la extrema polarización, una reacción, un movimiento de derecha reaccionaria muy fuerte, y en el debilitamiento a largo plazo del establishment, y eso no solamente en Estados Unidos, quizás aquí fue algo más rápido, pero durante toda la historia moderna, lo que llamamos la democracia era una democracia bastante elitista donde los políticos elegidos eran bastante constreñidos por los medios tradicionales, los partidos tradicionales, los que financiaban la política.

Era imposible, muy difícil antes del siglo XXI, ser un político anti establishment y sobrevivir. Pero ahora, sobre todo por los cambios tecnológicos, las redes sociales e internet, es mucho más fácil hacerlo. No era posible ser un Milei, un Bolsonaro, un Bukele, un Castillo, o un Trump hace 50 años, no llegaban a ningún lado. Entonces, los políticos tienen mucho más espacio, mucho más margen de maniobra que hace 50 o 60 años, es en muchos sentidos más democrático, porque los políticos responden más a la gente y menos al establishment que hace décadas, pero más peligroso, yo creo que es el debilitamiento de los establishments sobre todo.

En Argentina instalo la expresión “casta” como descalificativo del establishment político tradicional, hay un alejamiento también entre ellos con la población en general, con lo popular, son como un sector privilegiado que no siempre conecta con el “pueblo”.

Claro, pero para hacer lo que hizo Perón en 1945 necesitaba una movilización masiva que se da una vez cada siglo, hoy en día cualquiera puede vencer al estado, lo que hizo Milei fue mucho más fácil.

Si agregamos a eso, que los partidos de centro izquierda dejaron de ser partidos que representen plenamente a las masas, a los trabajadores, a los sindicatos, y son partidos que representan más a minorías étnicas, identitarias o sexuales, eso en un contexto donde la gente se comunica y se informa sin un editor, y entonces se consume mucha información que tiene una intención detrás, muy manipulable.

El establishment jugaba el papel de editor, pero también de gamekeeper, no sé cómo decirlo en español, o sea, era un filtro importante en la política, para bien o para mal así era y eso ya no es.

¿Crees que eso es un factor importante? ¿El cambio en la forma en la que la gente se informa y se comunica?

Sí, y está teniendo varios efectos. Primero, permite que cualquier outsider sea elegido, porque no tenés que pasar por el grupo Clarín o La Nación, o por los líderes políticos, o la CGT, o los industriales. Por décadas y décadas necesitabas la aceptación de actores importante del establishment, hoy ya no, ya puedes hacerlo por WhatsApp. Segundo, hay evidencia creciente de que, dados esos cambios en el origen de la información, ha crecido mucho la desconfianza de la gente hacia las instituciones, que para bien o para mal cuestionamos mucho más que antes a los gobiernos de turno, las instituciones, y las figuras del establishment.

Un resultado de eso es que los gobiernos, los oficialismos, están perdiendo elecciones casi siempre ahora. El voto anti-incumbent (en contra del político en el poder) es super fuerte, en el 80% de las elecciones democráticas en el mundo desde el COVID pierde el gobierno, no hay ventaja del oficialismo, no ya en las democracias. Y segundo, hay una tendencia a votar por candidatos outsiders, por candidatos antisistema, populistas muchas veces de derecha, candidatos que dicen “que se jodan todos”, candidatos anti casta, o anti-swamp como se les dice en Estados Unidos. Esto también es debido a una creciente desconfianza que tienen mucho que ver con las redes sociales, hay evidencias, hay estudios que muestran eso.

«Hay evidencia creciente de que, dados esos cambios en el origen de la información, ha crecido mucho la desconfianza de la gente hacia las instituciones. Un resultado de eso es que los gobiernos, los oficialismos, están perdiendo elecciones casi siempre. El voto anti-incumbent (en contra del político en el poder) es super fuerte, en el 80% de las elecciones democráticas en el mundo desde el COVID pierde el gobierno, no hay ventaja del oficialismo, no ya en las democracias».

Claramente, los sectores de derecha, no necesariamente partidarios u organizados, porque muchos de ellos son outsiders pero como decís, últimamente en las elecciones hay recambio, cuesta mucho reelegir, salvo quizás en México. Pero ¿por qué crees que la derecha ha sido más eficaz utilizando esas nuevas herramientas que la izquierda?

Buena pregunta, no tengo una respuesta muy clara. A ver, no es la derecha, es una nueva derecha, hay una derecha liberal, una centro derecha, que está sufriendo tanto como la centro izquierda. La centro derecha tradicional, que dominaba la política, por ejemplo en América Latina en los 90’ y principios del 2000, está mal también. Entonces, es una nueva derecha, es una derecha más populista, más antisistema, y me parece que desde los 80’ había una centro izquierda y una centro derecha que eran básicamente el establishment, hablo menos ahora de América Latina y más de Europa y de Estado Unidos. La centro derecha y la centro izquierda se pusieron de acuerdo a favor de la globalización, en ser tolerantes a la inmigración y la diversidad, y de ciertos avances en términos de libertades sociales, derechos de mujeres y homosexuales, etc. Un consenso muy fuerte, y ellos eran el establishment.

La ultra derecha, la derecha antiliberal estaba afuera, y como estaba afuera tenía que buscar otros mecanismos para llegar a la gente, entonces era más fácil, cuando estás afuera y estas buscando cómo entrar, tienes que innovar, tienes que buscar nuevas maneras de llegar gente, y por eso creo que llegaron primero a esos nuevos medios. Y además, son los outsiders los que usan el discurso y la estrategia populista, en principios del siglo XXI los outsiders eran la ultra-derecha. La centro izquierda y centro derecha estaban adentro, y no hay mucha nueva izquierda, hay elementos, lo vimos en Podemos en España, hay algunos casos de una izquierda populista, pero la verdad es que en el siglo XXI la izquierda ya casi ha dejado de existir.

La izquierda como la conocíamos.

Claro.

Todo esto que planteas puede aplicarse muy fácilmente al ejemplo argentino, a Milei. Un outsider que en pocos años pasó de ser un panelista de televisión a gobernar un país, con 2 años en el medio como diputado, y que transmite ideas muy simples y mucha pasión, mucho sentimiento y mucha bronca. Encarna la frustración colectiva después de tantos años de descontento económico, y se ubica dentro de los bloques globales entre las nuevas derechas, con Trump, con Orban. Pero las características de su gobierno son de mucha apertura, muy poco nacionalismo en lo económico, hay como una contradicción que convive ahí.

Es diferente, sus amigos políticos son esos sectores de ultraderecha sin duda, hay cierta familia transnacional a la cual pertenece, pero me parece que lo que más los une es un anti-izquierdismo muy fuerte. Pero Milei tiene tendencias diferentes, es mucho más ideológico que Trump o Orban, mucho más pro-mercado. Dejando de lado el aborto, y algunas otras cosas sobre lo cual obviamente no es tan libertario, como los derechos humanos, pero en lo económico realmente es libertario, Trump no lo es, Bolsonaro no lo es, la gran parte de la ultraderecha hoy no es tan liberal en la economía, Milei sí, y en ese sentido es diferente. También, hasta ahora, en su comportamiento en el poder ha sido menos autoritario que Trump y Orban, vamos a ver qué pasa.

Sí, o menos exitoso…

Sí, puede ser él, o pueden ser las instituciones y la sociedad que lo constriñen o contienen, pero ha hecho mucho menos daño a la institucionalidad democrática que Trump y Orban. Bolsonaro es un caso intermedio, tiene elementos diferentes, no son todos iguales.

La iglesia católica, el Papa Francisco, tuvo un rol o una impronta anti neoliberalismo, contrario a todo lo que proponen las nuevas derechas, ¿crees que su legado tiene algún tipo de peso en las identidades políticas en occidente? ¿O está muy circunscrito al mundo católico? ¿Puede tener algún tipo de influencia?

Primero, no soy un experto en la iglesia católica y en un tema importante que es la religión y la política. Segundo, a mí me parece que en América Latina sobre todo, la influencia de la iglesia católica ha disminuido de una manera dramática. El Papa no tiene el peso político que tuvo en el siglo XX o en siglos anteriores. Hay menos católicos en América Latina que antes. Hay menos gente creyente, menos gente que va a la iglesia, y aún dentro de los católicos creyentes que quedan, hubo mucha división en cuanto a la ideología del Papa.

Francisco caía bien, pero existe una derecha católica en América Latina y también en los Estados Unidos que siempre ha rechazado, en algunos casos con voz alta, en otros casos con voz baja, ha rechazado las ideas principales, más progresistas de Francisco, entonces yo no veo mucho impacto, si lo comparo con Juan Pablo II, veo mucho menos impacto, si lo comparo con los cambios de los 70’ me parece mucho menor.

¿Crees que este nuevo Papa norteamericano puede tener algún tipo de poder doméstico? Si se lo propusiera, ¿podría ser un tipo de contrapoder a Trump, un tipo de actor que pueda plantársele?

No creo, sería interesante si intentara, no me sorprendería si eso tuvo que ver con la elección de él como Papa. Estamos en un momento en los Estados Unidos en el cual necesitamos contrapesos contra Trump, pero por la misma razón, la iglesia católica no tiene y nunca tuvo tanto peso en Estados Unidos, no tiene el peso político. Sería muy arriesgado jugarse políticamente contra Trump, o jugarse políticamente en general, la iglesia suele ser bastante conservadora, cauta, se mueve lentamente, y no creo que tenga la influencia suficiente.

En términos de influencia, desde Juan Pablo II, que fue el Papa durante la caída de la Unión Soviética, y que tuvo un rol en ese marco siendo un Papa polaco, los Papas ya no influyen. Pero también, justamente por ser el primer Papa norteamericano, y entendiendo que la iglesia en términos simbólicos sigue teniendo cierto peso y que aparte no tiene quizas tanto que perder, en cambio Harvard sí tuvo mucho más que perder al enfrentarse

La mitad de los católicos en los Estados Unidos votaron por Trump, eso tiene para perder. A mí me llama mucho la atención, que estamos viviendo un proceso de deportación masivo, ilegal, violando derechos básicos, violando la dignidad básica de la gente, gente católica, ¿y los obispos acá en Estados Unidos dónde están? Calladitos, no dicen nada.

La deportación masiva, no es un “issue” (tema de agenda) para la iglesia católica en Estados Unidos. A mí me da una tremenda pena, pero es muy llamativo que la Iglesia básicamente no opina, en medio de tremendos abusos que están ocurriendo día tras día contra mucha gente católica. Eso no me da mucha expectativa de parte de la Iglesia.

Si tuvieras que escribir de nuevo ¿Como mueren las democracias?, ¿agregarías algún nuevo capítulo o sacarías algunos? ¿Modificarías algo?

Justo estamos haciendo eso, este año estamos planeando una nueva edición con un capítulo adicional. ¿Si haría algo diferente? No mucho, yo creo que lamentablemente quizás fuimos un poquito optimistas en el caso de Estados Unidos, ha sido realmente peor que lo que esperamos cuando escribimos el libro, pero yo creo que ese libro lo vimos como una advertencia al público norteamericano, y lamentablemente creo que tuvimos razón. Entonces en su esencia no lo cambiaria mucho.

Eso fue 2018.

Lo escribimos en 2017, primer año de Trump, y salió en 2018.

Claro, primer año de Trump y el Tea Party como antecedente, o sea que podía haber una tendencia, si se quiere…

Sí, pero no controlaban todavía el partido Republicano, eso ha sido el gran cambio, nosotros pensamos que el partido Republicano iba a poder quizás resistirlo, y que sin el control total del partido Republicano no iba a poder hacer tanto daño. Ahora tiene el control completo del partido, y el partido controla al Congreso, y la destrucción del segundo período de Trump va a ser mucho peor que en el primero.

«Trump ahora tiene el control completo del partido, y el partido controla al Congreso, y la destrucción del segundo período de Trump va a ser mucho peor que en el primero».

¿Sos optimista a largo plazo?

(Suspira) Cada vez menos… soy más optimista que algunos, yo creo que podemos restablecer nuestra democracia, tenemos la fuerza en la sociedad, en la sociedad civil para poder hacerlo, creo que tenemos la posibilidad todavía de consolidar una democracia multi-étnica muy interesante acá, que podría ser un modelo, pero este año ha sido muy duro.

De alguna forma lo venía siendo, es que es muy disruptivo todo y la falta de reacción también, es un poco frustrante.

Así es, todavía no sabemos, es temprano todavía, pero los primeros meses han sido… desoladores.

Peste, flagelo y muerte

Peste, flagelo y muerte

La historia nos ha enseñado que los virus no sólo atacan cuerpos: también infectan imaginarios, alimentan miedos y potencian odios. Se construye un sistema de representaciones que no es aislado y ni mucho menos inocente.

El libro recientemente publicado por el historiador Renzo Molini “Peste, flagelo y muerte: Narrativas del estigma sobre el VIH en la prensa argentina de 1985”, expone con crudeza cómo el VIH fue, desde sus primeros momentos, mucho más que una cuestión médica: fue una herramienta para segregar, señalar y condenar.

Molini indica que “el VIH fue una excusa para radicalizar los discursos de odio contra las poblaciones disidentes”, particularmente hacia las personas homosexuales, migrantes, mujeres (prostitutas) y usuarios de drogas. El recorrido que realiza a través de 200 artículos periodísticos, demuestra cómo los principales diarios argentinos de la época contribuyeron a asociar la enfermedad a la inmoralidad, reforzando prejuicios y discriminaciones históricas. Este estigma que vemos consolidarse a través de los titulares periodísticos, nos explica el autor, tiene dos dimensiones, es cultural y social.

El recorrido que realiza a través de 200 artículos periodísticos, demuestra cómo los principales diarios argentinos de la época contribuyeron a asociar la enfermedad a la inmoralidad, reforzando prejuicios y discriminaciones históricas.

CASTIGO DIVINO

En un contexto de recuperación democrática, la prensa hegemónica argentina —aun sin censura directa— no cuestionó esas narrativas. Por el contrario, las reprodujo y amplificó. Como explica Molini: “La enfermedad no era solo un hecho biológico: se construía como un castigo moral, como un juicio social sobre ciertos modos de vida”. Sostenido principalmente por los sectores conservadores, quienes veían en el VIH una especie de castigo divino

Este trabajo se estructura en cuatro capítulos, en los que analiza el rol del modelo médico hegemónico, el impacto del estigma sobre la comunidad gay, la violencia simbólica contra las personas trans —invisibilizadas o degradadas en los medios—, y la criminalización de las mujeres afectadas por el virus. “Ligeras, putas y drogadictas” eran algunas de las etiquetas con las que los diarios de 1985 intentaban explicar el avance de la enfermedad.

Hoy, casi 40 años después, estos análisis son más urgentes que nunca. Mientras ONUSIDA, en su campaña mundial “Let Communities Lead” (2024), insiste en que el fin de la epidemia sólo será posible si se derriban las barreras del estigma y la discriminación, en Argentina asistimos a un alarmante retroceso.

RECORTE INHUMANO

El gobierno de Javier Milei ha implementado recortes brutales en políticas de salud pública y programas de prevención del VIH. Según la Fundación Grupo Efectivo Positivo (FGEP) el recorte llega a un 54,31% para la políticas de respuesta la VIH, Hepatitis Virales, ITS y TB respecto al 2024, se han reducido partidas destinadas a la compra de medicamentos antirretrovirales, campañas de testeo y educación sexual integral.

Más grave aún, desde el poder se alientan narrativas de odio que apuntan a minorías sexuales, mujeres, personas migrantes y pobres. Se pretende reinstalar la idea de que ciertos cuerpos, ciertas identidades, ciertos modos de vida son prescindibles. Como advierte Molini: “Se está reconstruyendo un sentido común donde hay vidas que valen menos”.

Desde el poder se alientan narrativas de odio que apuntan a minorías sexuales, mujeres, personas migrantes y pobres. Se pretende reinstalar la idea de que ciertos cuerpos, ciertas identidades, ciertos modos de vida son prescindibles.

Hoy en día, en Argentina, la compra de los insumos necesarios recaen en las provincias, generando a nivel nacional inequidades a lo largo del territorio que afecta a quienes más los necesitan. El 65% de la personas con VIH se atienden en el sistema público, y 70.000 personas reciben tratamientos antirretrovirales según los datos publicados por Fundación Soberanía Sanitaria. La falta de acceso a medicación, atención médica o prevención adecuada representa un riesgo sanitario y una vulneración flagrante de los derechos humanos.

CAMBIO CULTURAL

Trabajar transversalmente el tema del VIH significa entender que no basta con repartir preservativos o fomentar el testeo: se trata de transformar la cultura, derribar prejuicios, garantizar el acceso igualitario a la salud, construir comunidades donde nadie quede atrás. Como señala ONUSIDA: “Las comunidades deben liderar la respuesta”, porque sólo desde un enfoque basado en derechos humanos podremos erradicar la epidemia.

Molini es claro en lo que expresa a través de su trabajo: “La salud no es un estado individual: es un proceso profundamente cultural y social”. No podemos permitir que los objetivos económicos actuales naturalice el abandono, ni que la crueldad se disfrace de meritocracia.

Hoy más que nunca, debemos defender los derechos conquistados: acceso universal a medicamentos, campañas de prevención inclusivas, educación sexual integral en las escuelas, y respeto irrestricto a todas las identidades y cuerpos. El ataque al derecho a la salud es parte de una embestida más amplia contra todos los derechos humanos.

Debemos defender los derechos conquistados: acceso universal a medicamentos, campañas de prevención inclusivas, educación sexual integral en las escuelas, y respeto irrestricto a todas las identidades y cuerpos. El ataque al derecho a la salud es parte de una embestida más amplia contra todos los derechos humanos.

Cada nota estigmatizante, cada silencio cómplice, cada recorte presupuestario, deja una herida que nos condena a repetir la historia. Recordar, estudiar, denunciar: son actos de resistencia. Porque el VIH no discrimina. Las sociedades sí. Y porque cada vida arrebatada por la exclusión es una derrota colectiva.

La memoria es necesaria para entender nuestra realidad y la desconstrucción del odio es una forma de resistencia. El acceso a los derechos debe ser el centro de cualquier proyecto de sociedad que quiera llamarse humana.

La larga expedición de E. F. Knight: entrevista con Ernesto Inouye

La larga expedición de E. F. Knight: entrevista con Ernesto Inouye

Tras más de un siglo de su publicación original en inglés, se tradujo al español el diario del viaje que el escritor E. F. Knight hizo por la región del Litoral. Ernesto Inouye, traductor y editor de la obra, nos comenta lo relevante de dar a conocer ese libro tan idiosincrático. 

E. F. Knight y algunas imágenes de su «La expedición del Falcon»

 

Ernesto Inouye (Rosario, 1984) es Profesor en Letras por la Universidad Nacional de Rosario. Entre sus trabajos, quisiera destacar su investigación y el prólogo para Facundo Marull. Poesía reunida (EMR, 2018). Publicó, además, en coautoría, 40 esquinas de Rosario (Pulpo Edita, 2014) y Archivo Mikielievich. Obras y colecciones (EMR, 2019). Realizó las investigaciones bibliográficas para las antologías Ciudades, campos, pueblos, islas (ES, 2016) y Los ojos nuevos, y el corazón (ES, 2018), y para La literatura de Santa Fe. Un análisis histórico (ES, 2018). Entre los años 2017 y 2019 formó parte del equipo de trabajo del Festival Internacional de Poesía de Rosario. Actualmente es el editor del sello artesanal ōmachi. Se desempeña como docente de piano y acordeón, y es pianista y arreglador del dúo de tango Vito Sptunik.  Esta entrevista para Vanguardia Digital, pone el foco en la edición de La expedición del Falcon (EDUNER / Ediciones UNL, 2024), de Edward Frederick Knight, cuya traducción y prólogo estuvo a cargo de nuestro joven colega.

Ernesto, para comenzar, quisiera que nos cuentes en qué momento te conectás con la obra de E.F. Knight, particularmente con La expedición del Falcon, y qué es lo que de ella te resultó atractivo.

The Cruise of the Falcon –que es el nombre original en inglés de la obra– llegó a mí a través de un pasamanos. Lo descubrió el abogado Diego Torresi de Cañada de Gómez en esa extraordinaria página que es archive.org. Él se encontraba rastreando en Internet bibliografía sobre su ciudad y la región. Torresi le hizo llegar el PDF del libro a Gerardo Álvarez, un historiador de su localidad. Este último se lo pasó a Martín Perisset –un caracarañense muy interesado en las historias de la región– con el fin de encontrar alguien que traduzca los fragmentos del libro referidos a Cañada de Gómez y Carcarañá. Perisset, que es coterráneo y amigo mío, me los hizo llegar para que los traduzca. Durante ese breve encuentro con Knight pude darme cuenta del gran escritor que era. Seguí leyendo su libro e investigué un poco. Me encontré con que nunca había sido volcado al español. Así que me me dispuse a traducir dos capítulos completos, que publiqué en una plaqueta que elaboré artesanalmente y titulé Las pampas (2020), y luego otros dos capítulos bajo el título El ascenso del Paraná (2021). Estas plaquetas llegaron a los editores de EDUNER a través de Martín Prieto y me propusieron trabajar más extensivamente en el libro.

Me sorprendió, de entrada, que este libro de viaje sobre los ríos Paraná y Paraguay no haya sido traducido en el período de su edición y, más todavía que, después de mucho más de un siglo, saber que tu traducción es la primera. A tus ojos, ¿cuál es el motivo de esa demora?

Yo también me sorprendí. Creo que tiene que ver muchas veces con casualidades. Esta traducción que hice es en realidad producto de casualidades. Es decir, si no se hubiera dado una serie encadenada de hechos fortuitos la edición no se hubiera realizado y quizás le tocaba a Knight permanecer unos años o unas décadas más sin contar con una traducción al español.

Puede que existan algunos factores que hayan colaborado en que permanezca durante casi ciento cincuenta años en las sombras para el lector hispanoparlante. Su viaje, por ejemplo, no estuvo en el marco de ninguna misión estatal, empresarial o institucional. Nadie estaba esperando resultados de esa expedición, sino que fue una iniciativa excéntrica y personal. La obra en inglés estaba dirigida y circuló principalmente entre los aficionados del yachting. Knight, luego de ese viaje y de escribir su libro, se convirtió en un precursor de la navegación en pequeñas embarcaciones y fue un autor de referencia del rubro. Quizás el mundo del yachting no tenga muchos vasos comunicantes con los círculos académicos y de las letras, y eso a lo mejor pudo retardar la llegada de una traducción. Pero son hipótesis sin mucho fundamento que habría que investigar.

«Su viaje, por ejemplo, no estuvo en el marco de ninguna misión estatal, empresarial o institucional. Nadie estaba esperando resultados de esa expedición, sino que fue una iniciativa excéntrica y personal».

En la introducción del volumen te ocupás de describir y retratar al grupo de “aventureros” que realizan el viaje. ¿Podés contarnos por favor los datos más sobresalientes de ellos?

Como decía, lo particular de este viaje es que no se trata de una expedición con fines empresariales, militares o científicos, sino recreativos, algo inusual en aquella época. Es un viaje entre amigos. La palabra “aventureros” que usás creo que les calza muy bien: no tienen un objetivo preestablecido sino que van en busca de experiencias. El capitán y dueño de la embarcación es Edward Frederick Knight, un joven abogado de veintiocho años, que se encuentra disconforme con su trabajo y está en busca de nuevos horizontes. Lo acompaña su amigo Arthur Jerdein, un exoficial de la empresa de logística naval The Peninsular and Oriental Steam Navigation Company, y del Royal Mail, el servicio postal del Reino Unido. Se suman a la expedición Andrews y Arnaud, dos abogados sin clientela, conocidos de Knight. Y completa la tripulación Arthur Cotton, un muchacho de quince años, mal comido y melancólico, que vagaba por el puerto de Southampton ofreciéndose para hacer changas. Ese es el equipo que atraviesa el océano Atlántico hacia el Río de la Plata. Knight y Jerdein tenían cierta experiencia en náutica. El resto no tenía idea.

Vale aclarar que para ascender los ríos Paraná y Paraguay contratan en el barrio de La Boca, en Buenos Aires, a un práctico italiano, conocedor del laberíntico sistema de canales, islas, meandros y remansos, que se suma a la tripulación y los guía hasta Asunción.

Hay tres ideas que, tomando en cuenta el viaje de Knight, vos señalas como parte de lo que denominas “una nueva tradición” de viajeros. ¿Podés explicar esos tres aspectos novedosos que señalás?

Hoy en día la idea de tener una embarcación propia y aprender a navegarla uno mismo no es nada fuera de lo común. Los yacht club y las escuelas de timonel proliferan por costas y riberas. Pero esto no fue siempre así. La navegación estuvo históricamente reservada para marineros de oficio. No estaba dentro de las posibilidades que un médico, un abogado, un corredor de bolsa tripularan su propia embarcación. A la navegación recreativa accedía solamente la aristocracia, que era capaz de solventar una tripulación de marineros propia.

Knight formó parte de aquellos precursores que demostraron que cualquier ciudadano –incluso sin grandes recursos económicos– podía acceder a una embarcación y aprender a navegarla con suficiente pericia. Es ilustrativo señalar la multiplicación de los yacht club en Reino Unido en aquellos años: 32 en 1867; 75 en 1875; 108 en 1895; 152 en 1900; alrededor de 200 en 1914. Knight fue un promotor de la navegación en pequeñas embarcaciones. Escribió dos manuales náuticos para neófitos.

Las tres ideas a las que hago referencia en el prólogo en relación a esta nueva tradición de viajeros son los siguientes: la exploración de mares no es necesariamente una actividad exclusiva de marineros y puede ser aprendida por el común de la gente; se puede navegar en aguas abiertas con una tripulación reducida o en solitario; estas dos ideas socavaron una tercera que estaba muy establecida: la navegación es una empresa reservada a la aristocracia.

«La expedición del Falcon» de E. F. Knight y su traductor Ernesto Inouye.

 

¿Qué semejanzas y qué diferencias encontrás con otros relatos de viajeros del siglo XIX?

Creo que lo que principalmente diferencia el relato de Knight del de otros viajeros de la época es que su viaje, como mencionaba en la pregunta anterior, no era utilitario, es decir, no viajaba con un fin específico –comercial, militar, científico, etc.– sino por el simple hecho de viajar. Ese es el espíritu del yachting, es decir, de la navegación por placer. Esa falta de compromisos con nadie hace que a su viaje lo caracterice la espontaneidad, la improvisación, y así también a su relato.  Al llegar al Río de la Plata, por ejemplo, luego de la travesía transatlántica, la tripulación se dispone a ascender por el río Paraná. Pero los lugareños le recomiendan, por el calor y los mosquitos, realizar el ascenso  cuando pase el verano. Entonces Knight y sus amigos deciden realizar una cabalgata hasta Tucumán que les lleva seis meses. Recién al regreso retoman el plan de remontar el Paraná.

El tono de la prosa de Knight me hizo acordar desde un principio al de un libro que había leído varios años atrás: Viaje al Japón, de Rudyard Kipling. Combina humor e ingenio, y cierto tono burlón –que a veces llega al menosprecio– hacia las otras culturas. Puede que este rasgo de soberbia en uno y otro tenga su origen en la situación dominante en la que se encontraba por esos años el Imperio Británico.

Mientras trabajaba en la traducción leí otros títulos de la colección El país del sauce, donde salió publicado La expedición del Falcon, y otros títulos de EDUNER. Me pareció muy divertido contrastar los paisajes de Knight con, por ejemplo, los de Lina Beck-Bernard o el de Theodore Child, que viajaron más o menos por los mismos lugares y en la misma época. Y fue muy interesante también leer los relatos de Ulrico Schmidl o el de Roberto Arlt, que ascendieron por el Paraná, respectivamente, mucho más atrás y mucho más adelante en el tiempo. La colección El país del sauce nos facilita una visión caleidoscópica y diacrónica del río Paraná.

«Su prosa se caracteriza por privilegiar la construcción de escenas, el humor, el giro ingenioso, lo sorprendente. Se deja llevar por sus intereses y no tiene problema en irse por las ramas con algún asunto particular o en realizar grandes elipsis. Ese carácter le da un aire fresco y descontracturado a su escritura».

En un fragmento se puede leer “es peligroso darse un baño en el río Paraguay o en el alto Paraná a causa de unos diminutos peces que infestan algunos sectores de estos ríos”. La descripción sigue. Como lector, me imagino que pueden ser palometas. Me llama la atención que en el relato del viajero inglés hay zonas donde puede nombrar con precisión pescados, armados, patíes, dorados, y en otros, como en el que transcribí, los deja en una zona de misterio, donde ni siquiera utiliza la perspectiva comparativa al señalar algo similar de Inglaterra. ¿Qué motivos puede tener esta forma de narrar? ¿Es un recurso literario, de crear enigmas, o se puede asimilar a algunas de las figuras del “otro” descriptas por Todorov?

Knight utiliza muchos nombres de especies animales y vegetales a lo largo de su obra, pero muchas veces de forma imprecisa y a veces equivocada. Hace uso de nombres de especies europeas –sobre todo en las aves– para referirse a especies sudamericanas de aspecto similar a las que él conoce. Cuando elaboré aquella plaqueta El ascenso del Paraná, consulté a un grupo de investigadores de las aves del Litoral y me señalaron todas las imprecisiones y errores que cometía Knight. No existe en su relato un afán de exhaustividad, un plan sistemático, en cuanto a la clasificación de especies naturales, aunque es un gran observador y un escritor excelente. En todo caso, creo que la mención de tal o cual animal o planta responde a los fines anecdóticos de su relato. Su prosa se caracteriza por privilegiar la construcción de escenas, el humor, el giro ingenioso, lo sorprendente. Se deja llevar por sus intereses y no tiene problema en irse por las ramas con algún asunto particular o en realizar grandes elipsis. Ese carácter le da un aire fresco y descontracturado a su escritura. Sí creo, en relación a la pregunta, que hay un intento permanente por poner al lector ante maravillas y curiosidades, revelar misterios ocultos.

Hay una descripción muy interesante en un pasaje sobre una carrera de caballos. Lo que se cuenta necesita ubicar al lector con situaciones europeas, particularmente inglesas. Este tipo de escenas se repite a lo largo de su relato de viaje. ¿Cómo creés que piensa al lector de sus notas Knight? ¿A quién o a quiénes les habla?

Como decís, en muchas ocasiones Knight se refiere a costumbres, calles, construcciones, festejos, personalidades inglesas para describir, por similitud o contraste, asuntos sudamericanos. Creo que es un modo eficaz de transmitir una idea. Justamente por esta característica de su escritura es que la traducción que realicé viene acompañada por algunas notas que buscan sortear la distancia de bagaje cultural que podemos tener nosotros –argentinos del siglo XXI– con los lectores originales de esta obra –ingleses de finales del siglo XIX–. Sin dudas Knight se dirige de forma general a sus coterráneos y contemporáneos, y más puntualmente –de manera explícita– a los navegantes ingleses de yates, esos aventureros que por aquellos años, con más o menos recursos, empezaban a tripular en sus propias embarcaciones.

100 años de socialismo: homenaje a Alfredo Bravo

100 años de socialismo: homenaje a Alfredo Bravo

Este 30 de abril, Alfredo Bravo cumpliría un siglo de existencia. Su trayectoria militante y su compromiso político siguen siendo un mojón para todos los socialistas argentinos. Jorge Vilanova y Américo Schvartzman nos invitan a recorrer su vida y legado. 

Fundador de la CTERA (Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina) y de la APDH, (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos), socialista hasta la médula, Alfredo Pedro Bravo, símbolo de la lucha por los derechos humanos y la justicia social, por la educación pública y la cultura popular, nació casi por casualidad en Concepción del Uruguay el 30 de abril de 1925. Pero siempre se manifestó orgulloso de esa cuna, y tuvo fuertes vínculos con la ciudad.

“Jamás en mi vida hice del odio una forma de vivir y proyectarme, ni aún contra los que me torturaron y destruyeron mi familia. Un hombre con odio no puede ser un maestro, no se puede inculcar el resentimiento a los chicos. Si uno se encasilla en el odio, este termina destruyéndolo a uno”. Así pensaba Alfredo Bravo.

El 26 de mayo de 2003 fallecía este docente tozudo, identificado históricamente con el socialismo, pero cuya figura trascendió ámbitos partidarios o sectoriales para convertirse –por trayectoria, personalidad o prestigio– en un símbolo del imaginario colectivo nacional, el “maestro Bravo”.

Ese mismo año, en abril, había visitado Concepción del Uruguay por última vez, como candidato a Presidente de la Nación. Llegó en un viejo Peugeot 504 sin aire acondicionado, con el que hizo miles de kilómetros en esa campaña.

Su compañero de fórmula narraba que “aún en los pueblitos más pequeños o alejados, la gente se acercaba a decirle: siga adelante con su lucha, profesor, con su honestidad”. El prestigio de Bravo trascendía el resultado de una elección, era el reconocimiento a una vida de lucha.

Socialista, “ateo no dogmático” (en sus palabras), tanguero, orgulloso maestro de escuela, gallina fanático, galán hasta en la vejez, apasionado por la libertad y la igualdad, defensor irreductible de los derechos humanos contra la dictadura que fuera, incluso las autodenominadas “de izquierda”, indisciplinado y tanto que se fue de su partido varias veces y, pese a eso, terminó siendo emblema de la reunificación del socialismo en la Argentina.

Alfredo fue un luchador inolvidable, de corazón puro y mente abierta, individualista (en el mejor sentido) como debe serlo quien de verdad tiene firmes convicciones igualitaristas, humanistas y democráticas. La única disciplina que admitía era la sujeción a sus ideales.

Alfredo fue un luchador inolvidable, de corazón puro y mente abierta, individualista (en el mejor sentido) como debe serlo quien de verdad tiene firmes convicciones igualitaristas, humanistas y democráticas. La única disciplina que admitía era la sujeción a sus ideales. En la biografía que le hizo Jaime Rosemberg, Alfredo cuenta: “Nací el 30 de abril, entre el Día del Animal y el Día del Trabajador. Y así soy: mitad animal, mitad trabajador”.

Aunque se lo llamaba “Profesor”, él siempre aclaraba: “Soy maestro, maestro de grado”. Y estaba orgulloso de serlo.

Pero Alfredo Bravo, además de maestro normal, fue dirigente sindical, subsecretario de Educación de la Nación, copresidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, diputado nacional, presidente del Partido Socialista y senador elegido por los vecinos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Cada sitio que ocupó fue parte de su pelea a favor de la vida y contra todas las formas que representaban la muerte.

Alfredo Pedro era el tercer hijo de Ángela Conte y de Francisco Bravo. Ella, ama de casa y él, empleado telefónico que adhería al anarquismo. Un traslado laboral del padre, casi por casualidad, determinó que Alfredo naciera en Concepción del Uruguay el 30 de abril de 1925. Pero, como tantas otras cosas en la vida de Alfredo, cubre este hecho algo de nebulosa leyenda: no existe documentación que lo asegure, tan solo el testimonio del propio Alfredo, quien siempre aseguró haber nacido en nuestra ciudad.

Alfredo Bravo repartiendo flores en un acto partidario.

La estancia en Entre Ríos fue breve: cuando Francisco y Ángela hicieron las valijas para volver a Buenos Aires se disolvió la posibilidad de que Alfredo creciera como un gurisito costero y se afianzó su destino de pibito porteño. En la capital, los Bravo Conte instalaron una panadería en el barrio de Villa Urquiza. El niño Alfredo estudiaba y jugaba al fútbol en Platense, y trabajaba en el emprendimiento familiar. A la vez, iba conociendo la bohemia de la noche porteña de los años ‘30 y ‘40.

A los 18 años se afilió al Partido Socialista. Admiraba el ideario y la conducta de Alfredo Palacios, “en el sentido de cambiar las cosas para el pueblo, para los trabajadores, enseñarles sus derechos y darles una vida mejor”. Eso no le impidió disentir con el viejo mosquetero y con toda la conducción socialista de la época por la cerrada posición de apoyo al golpe que derrocó al peronismo.

Bravo y treinta jóvenes del partido se rebelaron en contra de la participación de socialistas en el gobierno de facto, y fueron expulsados del PS en 1956. “No soy antiperonista, pero tampoco soy peronista. Le marco defectos, como la falta de respeto por las libertades públicas y la prensa independiente que hubo en sus gobiernos, y señalo también sus virtudes, como poner en práctica las leyes sociales por las que trabajaron Palacios y otros dirigentes en el parlamento”, diría muchos años más tarde a su biógrafo, el periodista Jaime Rosemberg.

Después de egresar en 1944 como maestro en el Normal de Avellaneda, su primer destino laboral fue el Chaco santafesino, donde vio “las ganas que tenía esa gente de aprender, a pesar de que le faltaba casi todo. Entendí que la educación es una mano solidaria que debe extenderse a quienes lo están necesitando”.

De esa experiencia recordaría mucho después: “Los hacheros me venían a defender cuando los patrones me querían sacar a patadas, porque yo les enseñaba matemáticas a los indios del Chaco para que no les robaran más”.

Se dedicó a la lucha gremial docente incorporándose a la Confederación de Maestros y Profesores y fue uno de los redactores del Estatuto del Docente que se aprobaría en 1958, en tiempos en que el país era presidido por el radical Arturo Frondizi. Ese Estatuto será el origen de los derechos y obligaciones de los trabajadores, que terminó con las designaciones arbitrarias en la carrera.

Poco después, bajo la dictadura del general Juan Carlos Onganía, que atacaba la escuela pública primaria y sarmientina, e intentaba derogar el Estatuto Docente, Alfredo contribuyó a unificar la lucha y los gremios educativos le doblaron el brazo al dictador. De esas movilizaciones salió el puntapié para la unidad docente, que daría sus frutos el 11 de septiembre de 1973 en Huerta Grande, Córdoba, al formarse la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina, la CTERA.

En esa acta de fundación, tan simbólica, la firma de Alfredo Bravo aparece junto a la de Bebe Fernández Canavessi, legendario gremialista docente de Concepción del Uruguay y amigo personal de Alfredo. Pero la celebración no fue completa. El primer comunicado de CTERA fue en solidaridad con el pueblo chileno que, ese mismo día, perdía su democracia y a su presidente Salvador Allende. La CTERA nacía asumiendo toda una posición frente a la vida.

Eran los prolegómenos de la peor época de la Argentina. Alfredo, que había rechazado toda violencia desde siempre, impulsó junto a Oscar Alende, Alicia Moreau de Justo, Raúl Alfonsín, Adolfo Pérez Esquivel y Jaime de Nevares –entre otros– la creación en 1975 de la Asociación Permanente por los Derechos Humanos (APDH). La violencia de las organizaciones armadas dio la excusa para la peor violencia imaginable: el terrorismo de Estado. A la convicción le puso el cuerpo, reclamando en comisarías, cuarteles y ministerios por hombres y mujeres que desaparecían a diario.

Cuando Alfredo recuperó la libertad, el cuerpo conservó las marcas profundas. “Recibí picana, crucifixión, submarino, cubo, picana colectiva (…) Cuando me sacaron del colegio donde daba clases pesaba 81 kilos. Cuando dejaron de torturarme pesaba 45. Era un viejo de 80 años pese a que tenía 52”, contaba en una entrevista. Estuvo trece días desaparecido, en un limbo entre la vida y la muerte, y luego nueve meses preso, y otros seis meses en prisión domiciliaria y libertad vigilada.

Hasta que el 8 de septiembre de 1977 él mismo pasó a ser uno de esos desaparecidos, y sufrió la tortura de los esbirros de un entrerriano infame: el general Ramón Camps. Bravo estaba dando clases en una escuela de Buenos Aires cuando varios hombres fuertemente armados irrumpieron en el aula y lo arrastraron hasta el automóvil donde comenzó al calvario. “Me vendaron los ojos, me esposaron las manos hacia adelante, comenzaron a golpearme y me hicieron bajar del coche. Cuando caí al suelo comenzaron a sonar tiros. Fue un simulacro de fusilamiento. Después se produjo una disputa entre mis secuestradores. Uno de ellos decía que no me podían matar allí porque no habían traído el combustible y los neumáticos necesarios para quemarme porque, decían, los subversivos dan mal olor”.

Su esposa interpuso al día siguiente de su detención un recurso de hábeas corpus y publicó una solicitada en el diario La Prensa solicitando se le diga dónde y cómo se encontraba. La APDH publicó un folleto reclamando su libertad, y el 20 de septiembre presentaron un Memorial manifestando preocupación con la firma de 60 personalidades, entre ellas el obispo Jaime de Nevares, Ricardo Balbín, Alicia Moreau de Justo, Arturo Umberto Illia, Raúl Alfonsín, Carlos Fayt, Gregorio Klimovsky, etc. El reclamo por su vida y su libertad tuvo un alcance internacional. La preocupación tenía sobrados motivos: la ola de desapariciones de la dictadura ya se había cobrado la vida de dirigentes de CTERA como Isauro Arancibia, Eduardo Requena y Marina Vilte. Bravo, dirigente de la APDH y de CTERA, era un objetivo estratégico de los militares represores.

El presidente estadounidense James Carter reclamó por Bravo y otros desaparecidos al dictador Jorge Rafael Videla cuando el 9 de septiembre de 1977 asistió a la Casa Blanca para firmar el tratado de Panamá.

Cuando Alfredo recuperó la libertad, el cuerpo conservó las marcas profundas. “Recibí picana, crucifixión, submarino, cubo, picana colectiva (…) Cuando me sacaron del colegio donde daba clases pesaba 81 kilos. Cuando dejaron de torturarme pesaba 45. Era un viejo de 80 años pese a que tenía 52”, contaba en una entrevista. Estuvo trece días desaparecido, en un limbo entre la vida y la muerte, y luego nueve meses preso, y otros seis meses en prisión domiciliaria y libertad vigilada. Sus padecimientos no terminaron allí. Con el tiempo pudo identificar la voz de uno de sus torturadores. Lo reconoció en el marco de los Juicios por la Verdad: era Miguel Etchecolatz, mano derecha de Camps, condenado a 23 años de prisión pero liberado gracias a la ley de Obediencia Debida, la misma por la cual Bravo renunció a ser parte del gobierno de Alfonsín.

El 28 de agosto de 1997 en el programa de televisión Hora Clave, de Mariano Grondona, a Bravo le tocó cruzarse con el represor suelto. El penoso episodio pretendía poner a la misma altura al represor y a su víctima, algo inadmisible para quien crea en la justicia. La APDH emitió un comunicado: “Bravo fue una víctima del terrorismo de Estado, y el otro, un victimario, no porque Bravo o nosotros así lo afirmemos, sino porque la Justicia así lo determinó y dictó condena, en juicios ejemplares y reconocidos mundialmente”.

Nora Cortiñas, Adolfo Pérez Esquivel y Alfredo Bravo.

Cesanteado por el gobierno militar de su cargo docente, Alfredo se convirtió en vendedor de libros para sobrevivir. Se cuenta que directoras y directores de escuelas, a sabiendas del riesgo que implicaba, le abrían las puertas para que el querido compañero pudiese ganarse la vida. Recuperada la democracia, en 1983, el presidente Raúl Alfonsín lo convocó a la Subsecretaría para la Actividad Docente, desde donde, entre otras cosas, facilitó la reincorporación de los maestros y profesores expulsados por la dictadura.

“Yo no fui funcionario de un gobierno radical, si no funcionario de la democracia, un régimen al que había que reconstruir después de muchos años de dictadura”, diría años después. Pero Alfredo, siempre coherente, renunció al cargo cuando Alfonsín impulsó las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. “Me obligaron mi dignidad y mi conciencia” dijo públicamente. Volvió a la dirección de su escuela, renunciando a la jubilación de privilegio que le correspondía por ley.

A mediados de los 80 volvió a la militancia socialista, primero en la Confederación Socialista liderada por la enorme Alicia Moreau y luego en el Partido Socialista Democrático. En cierta medida fue su figura la que redimió a ese viejo partido, al desplazar a dirigentes antiguos, algunos de los cuales habían dado su apoyo a la dictadura. Acompañó a Guillermo Estévez Boero como candidato a vicepresidente en 1989 por la Unidad Socialista, primer esbozo de la reconstrucción del viejo Partido.

Fue elegido diputado en 1991 y junto al titular del Socialismo Popular y al fiscal Ricardo Molinas batallaron contra el menemismo desde el Congreso cuando el neoliberalismo significaba el inminente fin de la historia. En 1994 fue elegido Convencional Constituyente y participó de distintos intentos de reunir a las fuerzas progresistas, como el Frepaso y la Alianza, que lo consagraron como legislador.

Héctor Polino escribió que para Alfredo “la lucha por la libertad debía conjugarse con la justicia social. Trabajó por una sociedad democrática, laica, humanista, libertaria. Demostró que se puede pasar por la función pública, sea en cargos ejecutivos o legislativos, sin ensuciarse en el lodo de la corrupción”.

Héctor Polino escribió que para Alfredo “la lucha por la libertad debía conjugarse con la justicia social. Trabajó por una sociedad democrática, laica, humanista, libertaria. Demostró que se puede pasar por la función pública, sea en cargos ejecutivos o legislativos, sin ensuciarse en el lodo de la corrupción”.

En 1998 presentó un proyecto de ley para derogar las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, acompañado por Jorge Rivas, Adriana Puiggros, Marcela Bordenave entre otros legisladores para poder reabrir los juicios contra los represores.

Los radicales no podían creerlo, tampoco el líder del Frepaso, Chacho Álvarez que lo menos que quería era agitar las cosas.

“Inorgánico y poco apegado a las estructuras” como lo describió Rosemberg, no se detuvo a preguntarle a sus compañeros de la Alianza si lo acompañarían en esa lucha. El 25 de marzo ambas leyes fueron derogadas. Tampoco pidió permiso para cuestionar a funcionarios del gobierno de la Alianza, y en especial –si bien ya no integraba el bloque– cuando Domingo Felipe Cavallo fue designado en Economía.

Alfredo nada tenía que hacer allí, ante las políticas neoliberales del gobierno al que había apoyado. Por eso en abril de 2000 rompe con la Alianza y en octubre de 2001 es elegido senador nacional por el ARI, espacio que ayudó a crear. Lo secundaba en la boleta su amiga Susana Rinaldi. Nunca pudo ocupar el cargo, ya que, por un subterfugio judicial, la banca obtenida le fue entregada a Gustavo Béliz.

Poco después, en 2002, se reunifica el Partido Socialista que se había atomizado a partir de 1958. ¿Y quién mejor para simbolizar esa nueva esperanza? Alfredo Bravo fue elegido presidente del Partido. Como diría para despedirlo Rubén Giustiniani, su compañero de fórmula, quien lo acompañó en el viejo Peugeot 504, Alfredo “conjugó muchos verbos, y uno de ellos el de la unidad. Unió a los maestros argentinos, unió al socialismo después de 44 años de estériles divisiones. Demostró con su accionar que la unidad no se declama, se practica”.

Su última campaña en 2003 profundizó sus malestares físicos. Pero fueron otros los dolores. En una larga carta desnudó la soledad que sintió durante la campaña, “exhausto y enojado con propios y ajenos”, en “una despedida electoral que no merecía”, como afirma su biógrafo Rosemberg. La carta, cruda y directa, circuló entre toda la militancia, y mostraba todo su malestar.

En el final reflexionaba: “Desecho cualquier actitud indulgente porque creo que una derrota, como muchas que he tenido en mi vida, es un estímulo eficaz para producir una buena lectura de la Historia. Por eso no puedo bajar los brazos y retirarme de la actividad política, como pensé en algún momento. Soy socialista y rescato a todo aquel compañero que sinceramente lo sienta y lo manifieste. Rechazo a los oportunistas, que nunca faltan y a los que traicionan el ideario, los principios y valores que sustentan el socialismo”.

Alfredo nunca perdió el vínculo entrerriano: como secretario general de CTERA, como integrante de la APDH o como dirigente político, regresaba periódicamente a su ciudad natal. La Biblioteca Popular El Porvenir le abrió sus puertas para que en el final de la dictadura el viejo militante de los Derechos Humanos extendiera sus ideas al pueblo de Uruguay.

Bravo fue un uruguayense de nacimiento y porteño por adopción, casado con Marta Becerini, padre de dos hijos, fanático de River Plate, club del cual fue candidato a presidente en 1997, y también un poquito hincha de Platense.

Fue también autor de piezas teatrales y de las “Obras maestras del terror” que interpretadas por Narciso Ibáñez Menta, apasionaban a la Argentina de los años 60. Escribió libros como “El Congreso Pedagógico en el Congreso Nacional 1882”, “Historia y presente de la pena de muerte” y otro que nunca terminó de corregir: “Otario que andás penando”. Amante de las azaleas que cultivaba y regaba con pasión para que florezcan cuatro veces al año, también lo fue del tango y de la voz de Josephine Baker.

Sus valores: la libertad, la igualdad y la solidaridad; su actitud, coherente y honesta, su compromiso con los más débiles; su humanismo, lo colocan en la memoria de un pueblo que lo respetó y admiró, por sobre diferencias políticas.

Sus valores: la libertad, la igualdad y la solidaridad; su actitud, coherente y honesta, su compromiso con los más débiles; su humanismo, lo colocan en la memoria de un pueblo que lo respetó y admiró, por sobre diferencias políticas.

Un aspecto menos conocido es el de su condición de masón, en la que tuvo el grado intermedio de “compañero”. Fue iniciado en la Logia “El Fénix” del Gran Oriente Federal Argentino. Con la habitual discreción masónica, muchas personas descubrieron su pertenencia cuando tras su fallecimiento se publicó un aviso fúnebre donde la Masonería Argentina participaba “el fallecimiento de su querido hermano y distinguido ciudadano”.

Como legislador, las preocupaciones de Alfredo fueron las mismas de toda su vida: presentó el proyecto de Ley General de Educación, confrontando con la menemista Ley Federal de Educación; propuso un régimen de Planificación Familiar en torno a la procreación responsable; quiso preservar el Banco Hipotecario como entidad destinada a financiar la construcción de viviendas populares; propuso una ley sobre habeas data (libre acceso a la información existente en los archivos públicos), entre otros. Bravo tenía en claro que “todo hay que hacerlo con el pueblo. Sin el pueblo, nada camina, y para eso hay que hacer docencia”. Y sostenía con firmeza que “en una sociedad solidaria es el Estado quien garantiza la igualdad de oportunidades y posibilidades educativas”. En 1988 la Unesco (la Organización de las Naciones Unidas para la Cultura y la Educación) le otorgó su Premio Anual.

Alfredo ha tenido diversos reconocimientos al transcurrir el tiempo. El Partido Socialista de Concepción del Uruguay, el 20 de agosto de 2010 inauguró una Biblioteca Popular con su nombre. El 30 de mayo de 2013, en el Concejo Deliberante de su ciudad se presentó un proyecto para designar con su nombre una calle en el barrio docente “Congreso de Oriente”. Varias escuelas en el país llevan el nombre de Alfredo. En Godoy Cruz (Mendoza), en Santa Fe, en Río Ceballos (Córdoba). La estación Callao de la Línea B del subte porteño se llama «Maestro Alfredo Bravo». Agrupaciones gremiales docentes llevan también su nombre como emblema.

Quizás a él no le hubieran gustado tantos homenajes, pero seguramente lo hubiera emocionado la despedida con la que lo honró Laura Bonaparte, Madre de Plaza de Mayo (Línea Fundadora), entrerriana como Alfredo, un poema en homenaje, en donde entre  otras cosas dice: “Compañero Maestro de la educación laica y gratuita. / No te doblegó la tortura / Tampoco el fraude / Y la ausencia de justicia te dio fuerzas para hacerla existir / Enemigo de las mafias políticas y religiosas / Maestro de las y los diferentes / Maestro de marginadas y marginados / Te despedimos con mucho dolor / Las compañeras de compañeros / Las religiosas y las laicas / Las políticas amigas / Las que aramos la tierra / Las que hacemos música / Las que cantamos / Las mujeres comunes / Las luchadoras / Las que buscamos a nuestros hijos / Las que curamos heridas / Las que estamos en la casa / Las que caminamos las calles / Las que hablamos en las aulas / O en las calles, paradas desde la tribuna / Te despedimos con mucho dolor…”.