Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors
¿Por qué dejamos de cuidarnos?: el inquietante regreso de las infecciones de transmisión sexual

¿Por qué dejamos de cuidarnos?: el inquietante regreso de las infecciones de transmisión sexual

La salud sexual y reproductiva vive un momento de crisis, por alguna razón las personas ya no se cuidan como antes. A 20 años de la sanción de la ley que estableció la Educación Sexual Integral, Dolo Cova indaga con especialistas sobre las razones de esta tendencia y qué podemos hacer para revertirla. 

 

Imagen cortesía del artista indio Raj. Colección «Condom is beatiful». Instagram: @the_legend_of_raj

La salud sexual es un derecho humano y un tema de interés público, ya que sobre nosotros/as inciden las decisiones que toman quienes gobiernan. El acceso a información científica, a educación sexual integral, a métodos de prevención, a testeos gratuitos y a campañas de promoción de la salud no es voluntad propia: constituye una obligación del Estado, reconocida por nuestro marco normativo (y a nivel internacional). Sin embargo, el progresivo y sostenido retiro estatal en relación a las políticas de salud sexual como la plena implementación de la Ley de Educación Sexual Integral y de la Ley Nacional de Respuesta Integral al VIH, Hepatitis Virales, otras ITS y Tuberculosis, junto con la resistencias de sectores conservadores continúan obstaculizando nuestro derecho y configuran un escenario en el que cuidarse resulta, para muchas personas, más difícil.

Es cierto que hoy hablamos más de consentimiento, diversidad, placer, vínculos, orgasmos y juguetes sexuales. La sexualidad dejó de estar monopolizada por la culpa y el silencio para convertirse, cada vez más, en un terreno donde el deseo puede expresarse con mayor libertad. Aunque, mientras el deseo sale del clóset, el cuidado va perdiendo protagonismo.

En tiempos de match, sexo casual, aplicaciones de citas y consejos sexuales que se viralizan en menos de un minuto, la conversación sobre salud sexual parece haber quedado algunos pasos atrás. Las estadísticas muestran un incremento sostenido de las infecciones de transmisión sexual (ITS) en Argentina y en buena parte del mundo, con diagnósticos que crecen en distintas franjas etarias y en un contexto de debilitamiento de las políticas públicas destinadas a la prevención.

En las notas anteriores propuse pensar la relación entre sexualidad, placer, deseo y derecho al goce. Ahora quiero recuperar otra dimensión inseparable de una sexualidad plena: el cuidado. No para volver a discursos alarmistas, sino para preguntarnos por qué, justamente cuando contamos con más información, más derechos y mejores herramientas, las ITS vuelven a ocupar un lugar de preocupación para los equipos de salud.

La respuesta no es simple. No existe una única causa ni un único responsable. Lo que aparece es la convergencia de transformaciones culturales, avances científicos, cambios en las formas de vincularnos y decisiones políticas que, juntas, modificaron la manera en que percibimos el riesgo. Entonces, si bien el cuidado implica decisiones personales, también requiere un Estado presente que garantice derechos y condiciones materiales para ejercerlos. Entonces, hablamos tanto de responsabilidad individual como de responsabilidad política.

“No hubo compras de preservativos durante el año pasado y el presupuesto destinado a prevención es considerablemente menor al de años anteriores. Tampoco existen campañas masivas ni acciones sostenidas de comunicación pública”, señala Leandro Cahn de la Fundación Huésped.

UN FENÓMENO QUE ATRAVIESA LAS FRONTERAS

El aumento de las ITS no es un fenómeno exclusivamente argentino. Los sistemas de salud de numerosos países registran desde hace varios años un crecimiento sostenido de diagnósticos, con una tendencia intergeneracional.

Para Leandro Cahn, director ejecutivo de Fundación Huésped, el fenómeno responde a una combinación de factores sociales, culturales, sanitarios y políticos que modificaron profundamente la percepción del riesgo.

Uno de esos cambios tiene que ver, paradójicamente, con una buena noticia. Los avances científicos transformaron el VIH: los tratamientos antirretrovirales permiten hoy que las personas que viven con el virus tengan una expectativa y calidad de vida comparables a las de la población general, y la aparición de estrategias preventivas como la profilaxis preexposición (PrEP) marcó un antes y un después.

La PrEP es una herramienta altamente eficaz para prevenir el VIH en personas con mayor riesgo de exposición, pero no protege frente a otras infecciones de transmisión sexual. Por eso forma parte de una estrategia de prevención combinada que también incluye el uso del preservativo, los testeos periódicos, la vacunación cuando corresponde y el acceso a información de calidad.

Según explica Cahn, a medida que disminuyó la percepción del VIH como una amenaza inminente también comenzó a observarse una reducción progresiva del uso del preservativo, acompañada por un aumento de otras ITS, especialmente sífilis y gonorrea.

“Muchos adolescentes desconocen incluso la existencia de algunas infecciones de transmisión sexual, cómo se transmiten y cuáles son los riesgos que implican”, advierte.

La consecuencia es que muchas decisiones vinculadas con la salud sexual terminan tomándose con información incompleta, atravesadas por experiencias personales, contenidos virales o falsas certezas que reemplazan al conocimiento basado en evidencia.

En ese contexto, la expansión de prácticas como el sexo “a pelo” tampoco puede analizarse únicamente como una elección individual. “No hubo compras de preservativos durante el año pasado y el presupuesto destinado a prevención es considerablemente menor al de años anteriores. Tampoco existen campañas masivas ni acciones sostenidas de comunicación pública”, señala Cahn.

El crecimiento de las ITS, entonces, no habla solamente de conductas individuales. También interpela la manera en que una sociedad construye —o deja de construir— una cultura del cuidado.

 

 

Imagen cortesía del artista indio Raj. Colección «Condom is beatiful». Instagram: @the_legend_of_raj

LO QUE MUESTRAN LOS CONSULTORIOS

Las estadísticas describen una tendencia. Los consultorios permiten ponerle rostro.

La médica tocoginecóloga feminista, Fabiana Taul observa desde hace varios años un aumento sostenido de consultas vinculadas con infecciones de transmisión sexual y coincide con el diagnóstico de Leandro Cahn: no existe una única explicación. “Es un fenómeno claramente multifactorial”, resume.

Para Taul, el cambio más profundo es cultural. La generación que hoy ronda los treinta años recibió una educación sexual fuertemente centrada en la prevención del embarazo y del VIH. Con el paso del tiempo, los avances científicos modificaron esa percepción del riesgo, pero no siempre fueron acompañados por una educación sexual más amplia ni por información de calidad. “Muchos jóvenes ya no tienen el miedo que existía décadas atrás. El problema es que perder el miedo no necesariamente significa haber ganado información”, explica.

“La ESI sigue faltando en muchos niveles educativos y en muchas instituciones. Si además disminuyen las campañas públicas y el acceso a los métodos de barrera, es esperable que también disminuya su utilización”, señala la médica tocoginecóloga feminista Fabiana Taul.

Las redes sociales ocupan hoy un lugar central en esa construcción de saberes. Allí conviven contenidos producidos por profesionales con experiencias personales, consejos sin evidencia científica y afirmaciones que se viralizan con rapidez hasta convertirse, muchas veces, en verdades incuestionables. “Hay información, pero muchas veces es incompleta o directamente incorrecta”, advierte la especialista.

A esa circulación de contenidos se suma un retroceso de las políticas públicas de prevención. Para Taul, la implementación desigual de la Educación Sexual Integral y la menor presencia de campañas estatales terminan debilitando una herramienta que sigue siendo indispensable para tomar decisiones informadas. “La ESI sigue faltando en muchos niveles educativos y en muchas instituciones. Si además disminuyen las campañas públicas y el acceso a los métodos de barrera, es esperable que también disminuya su utilización”, señala.

Taul también considera importante aclarar una diferencia que suele pasar inadvertida. Durante años hablamos de enfermedades de transmisión sexual (ETS); hoy se prefiere el término infecciones de transmisión sexual (ITS), porque una persona puede portar un virus, una bacteria o un parásito sin presentar síntomas y, aun así, transmitirlo. “La infección significa que el microorganismo está presente; la enfermedad aparece cuando esa infección produce manifestaciones clínicas”, explica.

Imagen cortesía del artista indio Raj. Colección «Condom is beatiful». Instagram: @the_legend_of_raj

MUCHO MÁS QUE UN CAMBIO DE NOMBRE

Parte de la desinformación comienza incluso por el lenguaje. Durante años hablamos de enfermedades de transmisión sexual (ETS). Hoy el concepto de infecciones de transmisión sexual (ITS) resulta más preciso porque permite comprender que una persona puede portar un virus, una bacteria o un parásito sin presentar síntomas y, aun así, transmitirlo. Esa diferencia no es menor: muchas ITS transcurren durante meses sin síntomas evidentes, y esperar a que aparezcan molestias para consultar puede retrasar el diagnóstico y facilitar nuevas transmisiones.

Entre las infecciones más frecuentes se encuentran la sífilis, la gonorrea, el virus del papiloma humano (HPV) y la tricomoniasis. Muchas tienen tratamiento y pueden curarse completamente. Otras, como el VIH o algunas hepatitis virales, requieren tratamientos prolongados que hoy permiten desarrollar una vida plena gracias a los avances científicos.

Respecto de los controles, “no existe un protocolo único para indicar cada cuánto tiempo realizar un testeo. Como orientación general recomendamos hacerlo al menos una vez por año y con mayor frecuencia en personas con mayor riesgo de exposición, pero siempre debe evaluarse según la situación de cada paciente”, concluye.

La Ley 25.673 creó el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable, estableciendo el deber estatal de garantizar información, educación y acceso a métodos de prevención. A ello se suma la Ley 27.675, de Respuesta Integral al VIH, Hepatitis Virales, Tuberculosis e Infecciones de Transmisión Sexual. “La ley no solamente garantiza tratamientos. También reconoce el derecho al diagnóstico temprano, al acceso a preservativos, a la PrEP, a la PEP y a recibir atención integral libre de discriminación”, explica la abogada Julieta Molina.

LA PREVENCIÓN ES UN DERECHO

La abogada especializada en género y derechos humanos Julieta Molina recuerda que el acceso a la prevención no depende exclusivamente de la voluntad política de cada gobierno, sino que constituye una obligación legal asumida por el Estado argentino.

Por un lado, la Ley 25.673 creó el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable, estableciendo el deber estatal de garantizar información, educación y acceso a métodos de prevención. A ello se suma la Ley 27.675, de Respuesta Integral al VIH, Hepatitis Virales, Tuberculosis e Infecciones de Transmisión Sexual, que consolidó un enfoque basado en derechos humanos y amplió las estrategias de prevención disponibles.

“La ley no solamente garantiza tratamientos. También reconoce el derecho al diagnóstico temprano, al acceso a preservativos, a la PrEP, a la PEP y a recibir atención integral libre de discriminación”, explica Molina.

Desde esa perspectiva, reducir el debate a una cuestión presupuestaria resulta insuficiente. Cuando el Estado interrumpe campañas de prevención, disminuye la compra de preservativos o desfinancia programas específicos, no está simplemente modificando prioridades de gestión: también compromete el cumplimiento efectivo de derechos que cuentan con respaldo legal.

Molina señala además que, con frecuencia, personas afiliadas a obras sociales o empresas de medicina prepaga encuentran obstáculos para acceder a estudios diagnósticos, medicamentos o estrategias preventivas contempladas por la legislación vigente. Tanto las obras sociales como las empresas de medicina prepaga tienen la obligación de garantizar las prestaciones vinculadas con la prevención, el diagnóstico y el tratamiento del VIH y otras ITS.

Cuando ello no ocurre, existen mecanismos administrativos y judiciales para reclamar su cumplimiento. Sin embargo, advierte, recurrir a la Justicia nunca debería convertirse en la puerta de entrada al derecho a la salud. “El acceso a la salud no puede depender de que una persona tenga tiempo, recursos o conocimientos para iniciar un juicio”, concluye.

 

 

Imagen cortesía del artista indio Raj. Colección «Condom is beatiful». Instagram: @the_legend_of_raj

EN VOZ PROPIA: LA ESI, UNA LEY Y UN DERECHO

Este año la Ley de Educación Sexual Integral cumple veinte años. Y, como suele ocurrir con las buenas ideas, llegó para quedarse. La ESI no es una moda, una concesión ni un permiso que pueda encenderse y apagarse según el humor de la época: es un derecho vigente y una política pública fundamental para construir autonomía, acceder a información confiable y ejercer la sexualidad con libertad, responsabilidad y dignidad.

Las personas entrevistadas para esta nota coincidieron en señalar su importancia, y comparto plenamente esa mirada. Sin embargo, hay algo que me viene rondando mientras escribo estas líneas: solemos pensar la ESI casi exclusivamente en relación con niñas, niños y adolescentes, como si la educación sexual terminara junto con el último boletín escolar.

Los datos sobre el aumento de las infecciones de transmisión sexual muestran que esa idea resulta insuficiente. La sexualidad no desaparece a los treinta, a los cincuenta ni a los setenta; cambia, se reinventa y encuentra otros ritmos y otras preguntas. Por eso necesitamos pensar estrategias de educación sexual también para personas adultas y adultas mayores, muchas de las cuales ya no transitan el sistema educativo y, sin embargo, siguen necesitando información actualizada, espacios de escucha y herramientas para tomar decisiones sobre su salud sexual.

Todavía persiste un imaginario que asocia la vejez con la ausencia de deseo. Pero la realidad, afortunadamente, suele ser bastante más interesante. Hay personas enamorándose a los setenta, iniciando vínculos a los ochenta y preguntándose —con toda razón— cómo cuidarse en relaciones que comenzaron mucho después de la adolescencia. La pregunta no es si existe sexualidad en la vejez; la pregunta es por qué seguimos sorprendiéndonos de que exista.

A veinte años de su sanción, quizás el mayor desafío de la Educación Sexual Integral sea ampliar la conversación. Defender la ESI es sostenerla en las escuelas, fortalecerla como política pública y reconocer que el derecho a informarse, a cuidarse, a disfrutar y a decidir acompaña a las personas durante toda la vida. Porque la sexualidad no se gradúa, no se jubila y no pierde vigencia con la edad. Y, por suerte, el deseo tampoco.

A veinte años de su sanción, quizás el mayor desafío de la Educación Sexual Integral sea ampliar la conversación. Defender la ESI es sostenerla en las escuelas, fortalecerla como política pública y reconocer que el derecho a informarse, a cuidarse, a disfrutar y a decidir acompaña a las personas durante toda la vida. Porque la sexualidad no se gradúa, no se jubila y no pierde vigencia con la edad. Y, por suerte, el deseo tampoco.

ALGUNOS HACKS PARA CUIDARNOS Y DISFRUTAR

Erotizar el preservativo. Integrarlo naturalmente a los encuentros sexuales, en lugar de vivirlo como una interrupción, también forma parte del disfrute. Incluso, practicar masturbarse con su uso.

Naturalizar los testeos y los controles médicos. Conocer nuestro estado de salud sexual y realizar consultas periódicas es una práctica de cuidado, no un motivo de vergüenza. Mientras más sepamos sobre nosotros, mejor. 

Hablar de salud sexual con nuestras parejas. Conversar sobre métodos de prevención, prácticas de cuidado y expectativas fortalece la confianza y permite tomar decisiones informadas.

Conocer las distintas estrategias de prevención. El preservativo sigue siendo una herramienta fundamental, pero también es importante informarse sobre otras estrategias disponibles y comprender la función de cada una.

DEFENDER LAS POLÍTICAS PÚBLICAS DE SALUD SEXUAL

En fin, queridxs, ¿sobre qué otros temas vinculados con sexualidad, derechos y diversidad les gustaría leer? Porque todavía queda muchísimo por decir: podríamos escribir un verdadero vademécum sobre ITS y ETS, desarmar mitos, responder preguntas y seguir escuchando las voces de quienes investigan, acompañan y trabajan todos los días en estos temas. Pero el propósito último de estas líneas no es llenar casilleros de información, sino invitarnos a algo mucho más simple y profundo: desear cuidarnos para vivir el disfrute, el placer y la libertad sexual con más herramientas, más autonomía y más alegría. Me encantaría leerles en los comentarios

 

Raj cree que existe el arte como una forma de vida y la vida como una obra de arte. Desde el principio, sus instintos siempre se han inclinado hacia esta última.

Formado en Diseño Gráfico en el Government College of Art & Craft de Calcuta, comenzó su carrera en la publicidad antes de encontrar su verdadera vocación en el periodismo visual. Durante los últimos 25 años, ha transformado ideas complejas en poderosos relatos visuales a través de medios impresos y digitales. Su trabajo ha sido publicado en revistas, libros, exposiciones y plataformas digitales de todo el mundo.

Inquieto por naturaleza, Raj explora continuamente nuevos caminos creativos: desde la fotografía, la ilustración, el cómic y los libros infantiles hasta el arte asistido por inteligencia artificial y la escultura en 3D. Guiado por la convicción de que el diseño debe iluminar la información, y no limitarse a decorarla, procura hacer que el conocimiento resulte atractivo, memorable y visualmente inolvidable.

Para Raj, crear no es una profesión: es una forma de vida.

Plot twist: el deseo y el goce también tienen canas

Plot twist: el deseo y el goce también tienen canas

¿Te imaginás viejo o vieja? ¿Qué es lo primero que pensás cuando escuchás la palabra «vejez»? ¿Hay algo que te da miedo o te guste de envejecer? ¿Pensás que la sociedad trata bien a las personas mayores? ¿Nos incomoda pensar a las personas mayores vivenciando con goce su sexualidad? 

Fotografía de Marilyn Minter (Elder Sex, JBE Books (Paris) & LGDR (New York City), 2023).

Gentes varias, sigo en territorio de conmemoraciones. ¿Excusa para abordar temas que me interesan y que no sabía cómo comunicar? Probablemente.

En la nota anterior —que pueden encontrar por acá mismo— decidí hablar de masturbación. La excusa fue la conmemoración de la práctica autoerótica durante el mes de mayo. Intenté compartir algunas reflexiones, pareceres e información sobre la vivencia del placer y los tabúes que todavía la rodean.

Pero hoy quiero situar el foco en una etapa de la vida que rara vez asociamos con el placer y el goce: la vejez.

Personas mayores, viejos y viejas, vejeces, gerontes. Hay muchas maneras de nombrar esta etapa de la vida. Y aunque parezca un detalle menor, las palabras importan. Porque detrás de algunas formas de nombrar se esconden prejuicios que terminan justificando distintas formas de discriminación por edad, es decir, viejismo.

Pensemos en algo bastante habitual: llamar «abuela» o «abuelo» a cualquier persona mayor, tenga o no nietos. Como si alcanzar determinada edad implicara automáticamente ocupar un único lugar posible en el mundo. De repente, desaparecen los nombres, las historias, los proyectos y los deseos. Queda el rol. Y cuando solo vemos el rol, dejamos de ver a la persona.

Pensemos en algo bastante habitual: llamar «abuela» o «abuelo» a cualquier persona mayor, tenga o no nietos. Como si alcanzar determinada edad implicara automáticamente ocupar un único lugar posible en el mundo. De repente, desaparecen los nombres, las historias, los proyectos y los deseos. Queda el rol.

Cada 15 de junio se conmemora el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, una fecha impulsada por Naciones Unidas para visibilizar las distintas formas de violencia que atraviesan las personas mayores y promover el respeto de sus derechos. En Argentina, además, desde 2022 la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores —aprobada por la Organización de los Estados Americanos en 2015— tiene jerarquía constitucional, consolidando un marco de derechos.

Junio también es el mes de la diversidad sexual. Lo que me permite dejar planteada una genuina inquietud: si la sexualidad y el goce en la vejez siguen siendo temas silenciados o invisibilizados, imaginemos por un momento lo que ocurre con las personas mayores que forman parte del colectivo LGBTI+. ¿Cuántas historias, identidades, deseos y experiencias permanecerán ocultas detrás de esos prejuicios?

PERO RETOMEMOS, VOLVAMOS SOBRE LA VEJEZ

Fotografía de Marilyn Minter (Elder Sex, JBE Books (Paris) & LGDR (New York City), 2023).

Hace un tiempo ya que vengo pensando una idea que, al tomar conciencia de ella, me resultó disruptiva: las personas queremos vivir muchos años, pero pocas nos imaginamos siendo viejas. Y ahí me pregunto, ¿cómo vamos a construir proyectos, expectativas, deseos e incluso derechos sobre una etapa de la vida en la que no podemos visualizarnos?

Es así que decido, tirar un facto y me voy: somos seres envejecientes. Desde el mismo momento en que nacemos empezamos a envejecer. Porque el tiempo no para, canta La Bersuit.

Los prejuicios perpetúan la relación entre la vejez y palabras como enfermedad, deterioro, dependencia, soledad o pérdida. La filósofa Simone de Beauvoir escribió La vejez, allá por 1970 y lúcidamente decretaba que «para la sociedad la vejez parece una especie de secreto vergonzoso del cual es indecente hablar».

Sin embargo, una cosa es imaginar la vejez en otras personas y otra muy distinta es imaginársela para una misma. ¿No? La solemos pensar como algo lejano, como una experiencia que les sucede a otros y que, de algún modo, nunca va a alcanzarnos. En esa fantasía también opera el mito de la eterna juventud, de creernos invencibles, de no tener consciencia de finitud y es un ideal arraigado en nuestra cultura que contribuye a sostener una mirada viejista de la vejez.

Los prejuicios perpetúan la relación entre la vejez y palabras como enfermedad, deterioro, dependencia, soledad o pérdida. La filósofa Simone de Beauvoir escribió La vejez, allá por 1970 y lúcidamente decretaba que «para la sociedad la vejez parece una especie de secreto vergonzoso del cual es indecente hablar». Y, pareciera que hoy la vejez sigue siendo, en muchos sentidos, algo de lo que cuesta nombrar y, más aún, proyectar con deseo (a pesar de que es una de las pocas certezas que tenemos en nuestra vida. Siempre estamos más viejos que ayer, y si todo sale más o menos bien, vamos a envejecer).

SPOILER: EL DESEO LLEGA A VIEJO, PERO NO ENVEJECE

Fotografía de Marilyn Minter (Elder Sex, JBE Books (Paris) & LGDR (New York City), 2023).

Seguimos viviendo en sociedades que rinden culto a la juventud, que también termina construyendo identidad (en los términos que mencioné más arriba). Todo parece estar diseñado para parecer más joven, sentirse más joven, actuar más joven y, si fuera posible, borrar cualquier evidencia de que el tiempo pasa. Es así que, el deseo se presenta como si tuviera fecha de vencimiento, como si el placer fuera patrimonio exclusivo de algunos cuerpos y algunas edades o como si llegar a viejo implica automáticamente dejar de ser una persona deseante.

Sin embargo, las experiencias de muchas personas mayores muestran una realidad bastante diferente. El deseo, el goce, la necesidad de afecto, la intimidad, la compañía y el placer no desaparecen por cumplir años. La sexualidad cambia, se transforma y se reinventa, pero no se extingue, es parte constitutiva de nosotros.

Y seamos punzantes, quizás se acepta la idea de que los viejos y las viejas puedan enamorarse o tener pareja. Pero ¿qué pasa cuando se piensa en que esas personas se vinculan sexualmente, o se masturban, o miran pornografía, tienen fantasías eróticas, usan aplicaciones de citas o utilizan juguetes sexuales? ¿Imaginamos que una persona mayor de 60 años (edad en la que la Convención ubica el inicio de esta etapa de la vida) consume contenido erótico, se compra un vibrador, intercambia fotos íntimas o explora nuevas formas de placer? 

Quizás, en este punto, nos encontremos frente a una doble censura: la de hablar de la vejez y la de hablar del goce o del derecho al placer, como si el deseo tuviera una fecha de vencimiento. Porque si aceptamos que las personas mayores también fantasean, se excitan, sienten curiosidad sexual o buscan nuevas formas de placer, se derrumba la idea de que la vejez es una etapa desprovista de erotismo.

De hecho, suele resultar más habitual escuchar que una persona mayor necesita tomar una medicación que imaginarla teniendo orgasmos. ¿Verdad? Vemos con total naturalidad que alguien de 30 años compre preservativos (úsalos siempre, por favor), use una aplicación de citas o adquiera un juguete sexual. Sin embargo, cuando quien hace esto mismo tiene 80 años, la reacción suele generar sorpresa, incomodidad o, incluso, burlas.

Cuidar también implica respetar: la intimidad, los tiempos, las decisiones y el derecho de cada persona a construir vínculos, enamorarse, disfrutar de su propio cuerpo y vivir la sexualidad de la manera que elija. Porque proteger no es controlar y acompañar no es decidir por otras personas. El buen trato implica reconocer a las personas mayores como sujetos plenos de derechos, con dignidad, autonomía, independencia, proyectos, deseo, erotismo y derecho al goce y al placer.

En este sentido, cuando hablamos de maltrato hacia las personas mayores solemos pensar en situaciones de abandono, violencia física, negligencia o abuso económico, entre otras. Sin embargo, existen diferentes formas de vulneraciones mucho más silenciosas y naturalizadas que rara vez identificamos como tales. Podríamos llamarlas «microviejismos», tales como negar la intimidad, cuestionar nuevas relaciones afectivas, infantilizar decisiones, controlar vínculos, suponer que una persona mayor ya no necesita o no quiere privacidad, y la lista podría continuar. Actitudes que terminan por censurar, desaprobar moralmente, ridiculizar o tener actitudes paternalistas para con las personas mayores.

Como si el placer tuviera fecha de vencimiento. Como si hubiera una edad a partir de la cual el deseo dejara de ser legítimo. Como si el erotismo fuera un privilegio reservado para la juventud.

Puede que estos ejemplos se escondan tras el relato del cuidado. Sin embargo, cuidar también implica respetar: la intimidad, los tiempos, las decisiones y el derecho de cada persona a construir vínculos, enamorarse, disfrutar de su propio cuerpo y vivir la sexualidad de la manera que elija. Porque proteger no es controlar y acompañar no es decidir por otras personas. El buen trato implica reconocer a las personas mayores como sujetos plenos de derechos, con dignidad, autonomía, independencia, proyectos, deseo, erotismo y derecho al goce y al placer.

Miremos a nuestro alrededor, ¿Cuáles son las representaciones de vejez que consumimos? ¿Cuándo fue la última vez que viste una escena de placer sexual protagonizada por personas mayores en una película, una serie o una publicidad? No reflexionar sobre esto, invisibiliza contribuyendo a reforzar prejuicios. Por todo esto, jubilemos nuestros prejuicios y preguntémonos ¿Qué vejeces queremos ser? 

Reitero, querido lector, querida lectora —y quienes habitan los grises de la vida—: contame, ¿Qué más te gustaría leer, discutir o escuchar sobre este tema?