El teatro en las cenizas: «Civilización», de Mariano Saba
En 1792 se incendió el Teatro de la Ranchería, el primer teatro estable de Buenos Aires. Ese hecho histórico es el punto de partida de “Civilización”, la obra escrita por Mariano Saba y dirigida por Lorena Vega.
«Civilización» de Mariano Saba (ph Sebastián Freire).
*Artículo reproducido del substack Blogteatro.
El incendio es apenas el comienzo, porque mientras el teatro arde, también empieza una investigación. Dos hermanas huyen entre los pajonales en medio de la noche después de haber escapado de las llamas. Una tercera quedó atrás. O eso dicen. Dos militares españoles salen a buscar a la responsable de un crimen que el humo todavía oculta.
Desde ahí la obra empieza a jugar. Juega con las palabras. Con la historia. Con el teatro. Con la idea misma de cultura.
Transcurre en tiempos del Virreinato, en una tierra inmensa donde apenas crecen pastizales y donde los representantes de la Corona sienten que viven desterrados, demasiado lejos de esa Europa refinada que tanto añoran. Hablan de civilización mientras alrededor sólo creen ver barbarie.
Pero la obra va dejando claro, poco a poco, que la verdadera violencia quizás no esté donde ellos creen. Que lo verdaderamente salvaje puede esconderse detrás de los uniformes, de los discursos civilizados y de quienes dicen representar la ley, la moral y la cultura.
Mariano Saba invierte la pregunta. ¿Quiénes son realmente los salvajes? El texto es muy inteligente porque nunca responde de manera directa. Prefiere construir una comedia llena de humor, ironía y dobles sentidos donde las certezas empiezan a resquebrajarse.
Hay canciones con aires españoles. Versos que remiten a los salones aristocráticos. Personajes obsesionados con las buenas maneras, con el prestigio europeo y con una cultura que consideran superior.
Todo eso choca con ese territorio que imaginan hostil. Con los pueblos originarios. Con el malón. Con aquello que en algún momento nombran como amenaza.
Pero la obra va dejando claro, poco a poco, que la verdadera violencia quizás no esté donde ellos creen. Que lo verdaderamente salvaje puede esconderse detrás de los uniformes, de los discursos civilizados y de quienes dicen representar la ley, la moral y la cultura.

«Civilización» de Mariano Saba (ph Sebastián Freire).
Me gustó mucho cómo el espectáculo pone a conversar aquel pasado con nuestro presente. No desde la cita obvia ni desde el comentario político explícito, sino a través del lugar ocupa el teatro en estas tierras.
Porque mientras vemos personajes escapando de un teatro incendiado, también asistimos a una celebración del propio teatro. Del juego. De la ficción. Del artificio. En varios momentos la obra recuerda que estamos dentro de una sala y convierte ese dispositivo en parte del relato.
Como si dijera que el teatro argentino siempre vuelve. Que incluso entre las cenizas encuentra la manera de seguir existiendo.
Las actuaciones son muy buenas y muy parejas. No hay protagonismos que desequilibren el conjunto. Todos sostienen con precisión un lenguaje donde conviven la comedia, el absurdo, el verso y el juego permanente. Se dio una buena combinación entre el talento de las actrices y los actores con la mirada creativa de Lorena Vega en la dirección.
Como si dijera que el teatro argentino siempre vuelve. Que incluso entre las cenizas encuentra la manera de seguir existiendo.
También suma mucho el vestuario (diseñado por Julieta Harca), que construye con enorme detalle ese universo virreinal y acompaña muy bien el contraste entre las aspiraciones europeizantes de algunos personajes y el territorio que los rodea.
Y el trabajo sonoro merece un párrafo aparte. La música y los sonidos crean un paisaje que remite tanto a las raíces de esta tierra como a la amenaza permanente que los personajes creen escuchar detrás de los pastizales. Una amenaza que termina revelando algo incómodo: el peligro no siempre llega desde afuera.
“Civilización” puede verse los martes, a las 20, en El Galpón de Guevara. Actúan Julieta Brito, Pablo Fusco, Andrea Nussembaum, María Inés Sancerni y Mariano Sayavedra.
