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El legado del reformismo

El legado del reformismo

El reformismo universitario catalizó un pensamiento radical de raíz latinoamericano todavía en ciernes. Con éxito disímil en lo político y lo universitario, su impulso transformador parece haberse vuelto una resistencia sin resignación, con legados y desafíos que permanecen vigentes.

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Postal célebre de la Reforma Universitaria de 1918.

 

La reforma universitaria tuvo epicentro en Córdoba hace 108 años. Esto es un dato histórico fehaciente, pero es una verdad a medias. El reformismo universitario fue mucho más que ese movimiento de jóvenes argentinos en reclamo de una nueva institucionalidad universitaria más democrática y transparente. La revuelta cordobesa fue simplemente un capítulo, importante sí, de un prolongado periplo de organizaciones, dirigentes, intelectuales y movimientos políticos que han defendido el reformismo universitario durante ya casi un siglo hasta nuestros días. Conmemorar este aniversario solo tiene sentido si se considera ese episodio en su contexto y, al mismo tiempo, al reformismo como un ideario que irradió mucho más allá de los claustros universitarios.

Córdoba fue el epicentro y el Manifiesto Liminar el emblema de un movimiento político de escala continental, el primero de su tipo desde las revoluciones libertadoras de principio de siglo XIX. El documento, atribuido a Deodoro Roca, daba cuenta con claridad de ese universo de representaciones e ideales que trascendían por mucho el embate concreto contra una institución anacrónica, sumida en la venalidad y la corrupción: “Las universidades han llegado a ser así el fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil” señalaba. Reformar las universidades solo era el primer paso de un programa político e intelectual que buscaba una transformación profunda de las sociedades impulsada por el ímpetu de los jóvenes: “La juventud vive siempre en trance de heroísmo. Es desinteresada, es pura. No ha tenido tiempo aún de contaminarse.”

Reformar la universidad solo era el primer paso de un programa político e intelectual que buscaba una transformación profunda de la sociedad. 

El reformismo universitario fue el catalizador de un pensamiento radical de raíz latinoamericano todavía en ciernes. Aunó a un conjunto de intelectuales y políticos de prestigio con sensibilidades progresistas y antiimperialistas: José Ingenieros, José Vasconcelos, Alfredo Palacios, Manuel Ugarte, fueron algunos de esos hombres que acompañaron con su pluma y acción a estos jóvenes entusiastas. Esos jóvenes que años más tarde se convertirían en destacadas figuras de la política y la cultura latinoamericana, alumbró a referentes de la talla de Víctor Raúl Haya de la Torre, José Carlos Mariátegui, Rómulo Betancourt, Salvador Allende, Ricardo Balbín, Alejandro Korn, Julio V. González o Arturo Frondizi.

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Manifestación estudiantil durante el conflicto conocido como «Laica o Libre».

 

El reformismo tuvo un éxito disímil en cuanto a sus resultados tanto políticos como específicamente universitarios. En Perú, por ejemplo, el reformismo dio origen a uno de los partidos políticos más importantes de ese país, el APRA, y forjó un modo particular de entender la relación entre reformismo, socialismo y antiimperialismo que tendría una gran influencia durante todo el siglo XX. En Argentina, por su parte, tenemos una de las experiencias más durables y exitosas en la implementación de un sistema universitario público y gratuito erguido sobre los valores de la reforma del 18. El reformismo argentino no pudo, a pesar de algunos tímidos intentos, traducirse en un movimiento político institucionalizado y durable, sin embargo su impronta permeó a varias organizaciones políticas, en especial al radicalismo y el socialismo.

La universidad todavía no es lo suficientemente democrática ni inclusiva, sigue siendo accesible solo a una minoría y, en muchos casos, dando la espalda a los sectores más humildes.

El reformismo universitario ha perdurado, aunque no idéntico a sí mismo. Sirvió de inspiración, y aún lo hace, de dos de las organizaciones más importantes del movimiento estudiantil desde la segunda mitad del siglo XX: la Franja Morada, de orientación radical, y el socialista Movimiento Nacional Reformista. Durante todo el siglo el reformismo fue un espacio que bregó por la democratización de la universidad, por la defensa de la educación pública y se enfrentó a todas las formas del autoritarismo político. Asimismo fue un semillero casi inagotable de dirigentes políticos, entre los que se destacan muchos de los más importantes líderes socialistas de este tiempo con Guillermo Estévez Boero a la cabeza.

A 108 años de la gesta cordobesa muchos de sus legados y desafíos permanecen vigentes. La universidad todavía no es lo suficientemente democrática ni inclusiva, sigue siendo accesible solo a una minoría y, en muchos casos, dando la espalda a los sectores más humildes. La transformación social a la que aspiró también sufrió duros reveses frente a los cruentos gobiernos autoritarios de los años setenta y el embate neoliberal de las últimas décadas, el impulso transformador se volvió, en muchos casos, en una resistencia sin resignación.

La universidad pública vive tiempos difíciles ante un gobierno que la combate y la ahoga presupuestariamente. El legado del 18 funge como un candil en tiempos de oscuridad. El reformismo sigue vigente justamente por ello: porque el conservadurismo y el pensamiento reaccionario reaparecen fortalecidos, pero también porque la universidad tiene mucho por hacer en nombre de la igualdad y la inclusión educativa. Como señala esa frase perenne del Manifiesto: “Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan”.

A 70 años del fusilamiento del general Valle: la masacre que Rodolfo Walsh convirtió en memoria colectiva

A 70 años del fusilamiento del general Valle: la masacre que Rodolfo Walsh convirtió en memoria colectiva

A 70 años del fusilamiento del General Valle a manos de la Revolución Libertadora y su inmortalización en «Operación Masacre» por Rodolfo Walsh, Hernán Gerlo reconstruye las principales aristas de ese acontecimiento político decisivo y sus derivas. 

Ilustración de «Operación Masacre» de Rodolfo Walsh en la edición de Ediciones de la Flor.

En el transcurso de esta semana, y mientras muchos están ingresando en la fiebre mundialista que se apodera de gran parte de nosotros cada cuatro años, se conmemora el 70 aniversario de uno de los acontecimientos que forma parte de las páginas más oscura de la Argentina del siglo XX: el fallido levantamiento del general Valle y los fusilamientos de junio de 1956. Estos hechos marcaron a fuego nuestra historia no solo por la dimensión política de lo ocurrido, en donde civiles y militares que formaron parte de la resistencia al gobierno de facto surgido tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón arriesgaron su vida para lograr su retorno, tras casi un año de exilio, sino también porque dieron origen a una de las investigaciones periodísticas más importantes de América Latina: Operación Masacre, de Rodolfo Walsh. Dicho libro, además, es considerado por muchos como el que marcaría el inicio de un nuevo género literario: la novela de no ficción, adelantándose nueve años a la publicación de A Sangre Fría, de Truman Capote, quien, para un sector no menor del mundo literario poco interesado en poner la mirada en estas tierras, aún detenta ese título

La historia del levantamiento encabezado por el general Juan José Valle y de las ejecuciones que siguieron a su fracaso reúne algunos de los elementos más dramáticos de la vida política argentina del siglo XX: proscripciones, persecuciones, resistencia, violencia estatal y una búsqueda obstinada de la verdad. Siete décadas más tarde, aquellos hechos siguen siendo objeto de investigaciones históricas, debates políticos y homenajes, mientras el libro de Walsh continúa leyéndose como una obra fundamental para comprender la relación entre poder, justicia y memoria.

UN PAÍS BAJO LA REVOLUCIÓN LIBERTADORA

Para entender los acontecimientos de junio de 1956 es necesario retroceder casi un año atrás. El 16 de junio de 1955 la Armada Argentina, junto con sectores de la Fuerza Aérea, llevaron a cabo un intento de asesinato de Perón y los miembros de su gabinete para hacerse con el poder. A las 12:40 P.M., aviones que sobrevolaban el cielo del centro de Buenos Aires lanzaron más de cien bombas con un total de entre 9 y 14 toneladas de explosivos. El número total de víctimas fue de 308, en su gran mayoría civiles, y más de 800 heridos. Sin embargo, esa cifra es aún hoy objeto de discusión debido a la magnitud del ataque y la imposibilidad de recuperar los restos de muchas víctimas.

Los acontecimientos de junio de 1955 provocaron una escalada de violencia entre el gobierno y los sectores antiperonistas más acérrimos: la quema de iglesias llevada a cabo por simpatizantes de Perón inmediatamente después del bombardeo y el discurso realizado por el presidente el 31 de agosto, prometiendo que por cada uno de los propios que cayera, caerían cinco enemigos son solo algunos de los momentos de mayor tensión, culminando el día 16 de septiembre con el golpe militar que no había logrado consumarse tres meses atrás. El nuevo régimen, que se autodenominó Revolución Libertadora, quedó inicialmente bajo la conducción del general Eduardo Lonardi y, a pesar de prometer que en la nueva etapa que se iniciaba no habría “ni vencedores ni vencidos”, apenas cincuenta días después de hacerse cargo del nuevo gobierno sería desalojado del poder por Pedro Eugenio Aramburu, máximo exponente del ala más antiperonista de los artífices del golpe.

La dictadura impulsó una política de desmantelamiento de las estructuras políticas, sindicales y simbólicas construidas durante el peronismo. El Partido Peronista fue proscripto, numerosos dirigentes fueron detenidos o enviados al exilio y se prohibieron expresiones públicas vinculadas al movimiento, incluyendo símbolos, consignas e incluso la mención de los nombres de Perón y Eva Perón, mediante la sanción del infame Decreto-Ley 4161/56. En ese contexto comenzó a desarrollarse una resistencia integrada por sectores sindicales, civiles y militares que rechazaban la proscripción política y reclamaban el retorno a la legalidad constitucional. Entre quienes observaban con preocupación el rumbo del gobierno de facto se encontraba el general Juan José Valle, un militar de trayectoria profesional respetada que había ocupado diversos cargos durante los gobiernos peronistas.

La historia del levantamiento encabezado por el general Juan José Valle y de las ejecuciones que siguieron a su fracaso reúne algunos de los elementos más dramáticos de la vida política argentina del siglo XX: proscripciones, persecuciones, resistencia, violencia estatal y una búsqueda obstinada de la verdad.

EL LEVANTAMIENTO DEL 9 DE JUNIO Y LA DECISIÓN DE FUSILAR

La noche del 9 de junio de 1956, Valle encabezó una sublevación militar que buscaba, en primer lugar, derrocar al gobierno de Aramburu. Asimismo, se procuraba restablecer la vigencia de la Constitución de 1949 y poner fin a la proscripción política. Sin embargo, y contrariamente a lo que muchos creen, Contrariamente a lo que muchos creen, no se mencionaba nada vinculado a una posible vuelta al país del general Perón, exiliado desde hacía meses en la ciudad de Panamá. El historiador Julio César Melón Pirro, autor de la obra El peronismo después del peronismo: resistencia, sindicalismo y política luego del 55, afirma al respecto que “había una ambigüedad significativa con respecto a postular su retorno y, de hecho, el texto no lo proclama, aunque puede haber sido un elemento para aumentar la adhesión de algunos militares indecisos. Este es uno de los motivos por el cual Perón no acompaña la insurrección encabezada por Valle”. El movimiento contaba con apoyos en distintas unidades militares del país y con la participación de grupos civiles vinculados al peronismo. Sin embargo, el levantamiento encontró serias dificultades desde el comienzo, que incluirían problemas de coordinación, filtraciones de información y la rápida reacción de las fuerzas leales al gobierno impidiéndose así que la insurrección alcanzara la magnitud esperada. En pocas horas, la mayor parte de los levantamientos habían sido sofocados, quedando en pie apenas el foco comandado por el capitán Adolfo Philippeaux en Santa Rosa, La Pampa. La historia del Philippeaux merecería un capítulo aparte: tras haber huido y ser rápidamente capturado, fue condenado a muerte por su accionar. Sin embargo, el avión en el que se lo trasladaba para ejecutarlo fue saboteado por oficiales de la Fuerza Aérea que le guardaban cierto aprecio y, finalmente, su pena fue conmutada a prisión, para terminar siendo indultado por el gobierno de Frondizi.

Una vez sofocado el intento golpista, el gobierno de Aramburu dio paso a una represión inmediata y feroz: se declaró la ley marcial y se procedió a la ejecución de militares y civiles vinculados al levantamiento. En distintas dependencias militares del país se realizaron fusilamientos sumarios que dejaron decenas de muertos. Entre las víctimas se encontraban oficiales comprometidos con la sublevación, pero también civiles cuya participación en los hechos era escasa o inexistente. El objetivo de las autoridades era enviar un mensaje contundente: cualquier intento de cuestionar el nuevo orden político sería castigado con la máxima severidad.

JOSÉ LEÓN SUÁREZ: LA NOCHE DE LA MASACRE

Entre todos los episodios de aquella represión, ninguno alcanzó la trascendencia histórica de los fusilamientos ocurridos en José León Suárez, una localidad del conurbano bonaerense. La noche del levantamiento, un grupo de hombres se encontraba reunido en una vivienda escuchando una pelea de boxeo por radio. Algunos tenían simpatías peronistas; otros apenas compartían vínculos personales o circunstanciales. La policía irrumpió en el lugar y detuvo a varios de ellos. Horas más tarde fueron trasladados a un descampado cercano a los basurales de José León Suárez. Allí recibieron la orden de bajar de los vehículos y fueron fusilados. Lo que las autoridades ignoraban era que algunos de los detenidos sobrevivirían. En medio de la oscuridad, los disparos y la confusión, varios hombres lograron escapar gravemente heridos. Durante meses permanecieron ocultos o en silencio por temor a nuevas represalias. Aquellos sobrevivientes se convertirían en los testigos fundamentales de una historia que el gobierno intentó mantener oculta.

Una vez sofocado el intento golpista, el gobierno de Aramburu dio paso a una represión inmediata y feroz: se declaró la ley marcial y se procedió a la ejecución de militares y civiles vinculados al levantamiento. En distintas dependencias militares del país se realizaron fusilamientos sumarios que dejaron decenas de muertos.

 “ENTRE MI SUERTE Y LA DE USTEDES, ME QUEDO CON LA MÍA”

Mientras tanto, la persecución contra los responsables militares del levantamiento continuaba. Juan José Valle permaneció prófugo durante algunos días antes de entregarse voluntariamente. Sabía que su destino estaba sellado. Aun así, decidió asumir públicamente la responsabilidad política de la sublevación. El 12 de junio de 1956 se concretaría, entonces, uno de los episodios más infames de la historia de nuestro país. Antes de morir, Valle escribiría una extensa carta dirigida al general Aramburu que con el tiempo se transformó en uno de los documentos más significativos de la historia política argentina. En ella defendía las razones del levantamiento, cuestionaba las ejecuciones ordenadas por el gobierno y advertía sobre las consecuencias morales e institucionales de responder con la muerte a una rebelión derrotada. En uno de sus pasajes más famosos, Valle escribió:

“Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones”

Según los relatos de la época, Valle afrontó la ejecución con serenidad. Rechazó que le vendaran los ojos y murió ante el pelotón de fusilamiento pronunciando vivas a la patria. Su cuerpo fue posteriormente entregado a sus familiares.

EL NACIMIENTO DE OPERACIÓN MASACRE

Durante varios meses, la versión oficial pareció imponerse. Los fusilamientos fueron presentados como una consecuencia inevitable de la aplicación de la ley marcial frente a una insurrección militar. No obstante, a fines de 1956 ocurrió algo inesperado. Rodolfo Walsh, por entonces un periodista y escritor conocido principalmente por sus relatos policiales, escuchó una frase que despertó su curiosidad: “Hay un fusilado que vive”, por lo que Walsh decidió investigar. La búsqueda lo condujo hasta Juan Carlos Livraga, un joven de 25 años que hasta los fatídicos acontecimientos de junio del 56 se desempeñaba como colectivero de la línea 10 que unía Munro con Chacarita y que, por entonces, no tenía ningún tipo de vinculación política con ningún partido. Su suerte lo conduciría a reunirse a escuchar la pelea de boxeo en la casa de Horacio Di Chiano, para luego ser apresado y acribillado, salvándose milagrosamente. A partir de ese encuentro comenzó una tarea periodística extraordinaria que incluiría entrevistas tanto a sobrevivientes como familiares, testigos y funcionarios. Recorrió lugares, reconstruyó horarios, contrastó testimonios y examinó documentos. Lo hizo en un contexto político de máxima hostilidad y bajo el riesgo permanente de represalias. Lo que descubrió resultó demoledor: las investigaciones demostraban que varios de los detenidos habían sido arrestados antes de que la ley marcial entrara formalmente en vigencia. En consecuencia, las ejecuciones carecían incluso de la cobertura legal que intentaba invocar el gobierno.

En 1957 Walsh comenzó a publicar los resultados de su investigación en una serie de notas periodísticas que posteriormente serían reunidas en forma de libro bajo el título Operación Masacre. Melón Pirro sostiene que, incluso, “las investigaciones de Walsh tuvieron dificultades en un primer momento para hallar su lugar de publicación ya que las primeras entregas comienzan a publicarse en el periódico Revolución Nacional, dirigido en aquel entonces por Luis Cerruti Costa, quien hasta hacía poco tiempo se había desempeñado como ministro de trabajo en el gobierno de Lonardi. Tras un intento fallido de continuar la publicación de la obra en la revista Propósitos, dirigida por Leónidas Barletta, la investigación se trasladó definitivamente a la revista Mayoría, en donde pudo lograr una difusión mucho más amplia.”

Tal y como afirma Julio Melón Pirro, “si bien es cierto que Operación Masacre sirvió, entre otras cosas, para darle mayor visibilidad a las ejecuciones de José León Suárez, no logró constituirse en un documento que contribuyera a la búsqueda de justicia y el castigo a los culpables».

LEGADO DE LA OBRA

La obra revolucionó el periodismo argentino y lejos de limitarse a una denuncia política, construía un relato que combinaba investigación documental, reconstrucción testimonial y recursos narrativos propios de la literatura. El resultado permitía seguir la historia desde la vida cotidiana de las víctimas hasta el momento mismo de los fusilamientos. El lector no encontraba estadísticas ni simples registros judiciales: encontraba personas concretas, con nombres, familias, trabajos y proyectos interrumpidos por la violencia estatal. Sin embargo, tal y como afirma Melón Pirro, “si bien es cierto que Operación Masacre sirvió, entre otras cosas, para darle mayor visibilidad a las ejecuciones de José León Suárez, no logró constituirse en un documento que contribuyera a la búsqueda de justicia y el castigo a los culpables. Ni siquiera durante el gobierno de Frondizi, quien había realizado un acuerdo con Perón en el exilio, ya que durante el gobierno del radical intransigente enuncia, ni bien asume, una serie de medidas que no buscan aclarar las circunstancias de lo acontecido en los fusilamientos del 56 sino que, por el contrario, no detiene el ascenso de los principales involucrados en esta represión.”

Los acontecimientos de José León Suarez y la posterior publicación de Operación Masacre continúan más vigentes que nunca en la actualidad, demostrándonos, en primer lugar, que la Argentina ha atravesado momentos de una oscuridad para muchos inusitada y que no se puede volver a repetir. Nuestra democracia ya lleva más de cuatro décadas de vigencia ininterrumpida y, aún con sus defectos, es un sistema que debemos valorar y preservar. Asimismo, el legado de Walsh y de su obra tienen que servirnos también para comprender que el periodismo puede ser una profesión de una nobleza extraordinaria ya que no nació para agradar al poder, sino para hacer preguntas, para investigar, contrastar versiones, señalar irregularidades y contar aquello que algunos preferirían mantener oculto. Y que, aunque pueda tratarse de un oficio poblado de comunicadores que no están a la altura (profesional, intelectual ni moral) de la tarea que se les ha encomendado, debe honrarse a los que deciden denunciar los abusos de poder en todas sus formas y luchar desde el lugar que han elegido para lograr una Argentina más justa.

 

Tras la huella de Juan L. Ortiz, entrevista con Marilyn Contardi

Tras la huella de Juan L. Ortiz, entrevista con Marilyn Contardi

Juan L. Ortiz fue un escritor y poeta seminal, quizá tardíamente valorado. La poeta, editora y docente Marylin Contardi conversó con Fabián Herrero sobre este autor y su relevante obra. 

El escritor Juan L. Ortiz junto a Marylin Contardi.

Hace algunas semanas, participé de la multitudinaria movilización de la comunidad de universitarios y de distintas organizaciones que colmaron la Plaza de Mayo para exigir que se cumpla la Ley de Financiamiento del sector. La situación es de una enorme gravedad. Ella, sin embargo, no impide que las casas de altos estudios sigan produciendo conocimiento, se dicten clases en los distintos grados y se sigan publicando materiales en las distintas disciplinas. En el interior de este cuadro de luces y de sombras, hoy sigo con mi trabajo de investigación. Este día otoñal en Almagro, me encuentra corrigiendo mi libro Gauchos sublevados que editará próximamente UADER, sede Paraná. Al mismo tiempo, me ocupo de pulir los últimos detalles de una entrevista que realicé a la enorme poeta santafesina Marilyn Contardi para La Vanguardia Digital. Su eje central centra su atención en la nueva edición de La mano infinita, de Juan L. Ortiz, editada por el propio de autor en 1951. Esta publicación es parte de un proyecto que reúne a la Universidad Nacional del Litoral y la Universidad Nacional de Entre Ríos. Se trata de la colección Biblioteca Juan L. Ortiz, dirigida por el escritor santafesino Sergio Delgado. Su objetivo es publicar cada uno de los libros del poeta entrerriano.

Antes de comenzar, resulta del todo pertinente anotar algunos datos biográficos de Contardi. Nació en Zenón Pereyra (provincia de Santa Fe). Estudió en el Instituto de Cinematografía de la Universidad Nacional del Litoral. Egresó con el título de Realizadora de Documentales. Vivió en Paris y Rennes (Francia), donde fue profesora del Departamento de Español de la Universidad de Rennes 2 Alta Bretaña. Regresa al país en 1985. Es docente en el taller de Cine de la Universidad Nacional del Litoral.  Ha publicado varios libros de poemas: Los espacios del tiempo (en Venezuela, 1979), El estrecho límite (1992), Los Patios (2000), Cerca del paraíso (2011). Como cineasta realizó, entre otras obras, los films «Zenón Pereyra, un pueblo de la colonización» (1991) y «Homenaje a Juan L. Ortiz» (1992).  Es también traductora. En el año 1994 se conocieron traducciones suyas del gran poeta Osip Mandelstam.

Las primeras noticias sobre las ediciones de los libros de Juan L., las tuve a partir de lo que contaba Hugo Gola en su taller de la década de 1980 en la ciudad de la Santa Fe. Elegían al imprentero, intercambian ideas sobre el tipo de letra, la disposición de los versos. Hugo, en sus descripciones, también nos introducía en el “método” casero que implementaba para venderlos a sus amigos de forma anticipada. De esta experiencia surgen varios interrogantes que me gustaría conocer tu opinión. ¿Juan L. con sus ediciones personales, y no solo él, no rompe con la idea de aquellos que piensan que está mal que el escritor publique sus propios libros? ¿Tuviste la oportunidad de conocer cómo hacía Juan L. para editarlos?

Fabián, mi conocimiento de la existencia de un poeta como Juan L. Ortiz, es algo muy parecido a lo que te ocurrió a vos, aunque se haya producido casi dos décadas antes; se dio a través de Hugo Gola.  Hugo daba clases en el Instituto de Cine de la UNL donde yo estudiaba, su cátedra se llamaba “Integración Cultural” y era él, junto a Juan José Saer, que daba clases también en el Instituto, quien nos hacía participar de sus intereses por todo lo que tuviera que ver con el arte contemporáneo; en el panorama que iba desplegando en esas clases uno de los nombres esenciales era el de Juan L. Ortiz. Personalmente conocí a Juan L. a mediados de los 60, cuando filmamos un corto que acompañaba la presentación de: En el aura del sauce, los tres tomos de su, hasta entonces, Obra Completa, editados por la Editorial de la Biblioteca Vigil.

Toda esta larga introducción para decir que solo conozco anecdóticamente el modo en que Juan L. editaba sus libros. Agregaría que fue gracias a su amigo, el poeta Carlos Mastronardi, que fue editado su primer libro de poemas, fue él quien lo animó en ese sentido, instándolo a editar un conjunto de sus poemas.

Respecto a la idea de que estaría mal que un autor publicara sus propios libros, en primer lugar la desconocía, y conociéndola no encuentro explicación; ¿Menosprecio de las ediciones de autor? ¿Sobrestima por lo ya  “consagrado”? ¿Sacralización de los autores? ¡Vaya uno a saber!

«La obra de Juan L., siendo el resultado de una profunda y vasta experiencia, cubre un inmenso campo de las más variadas configuraciones. Como toda obra artística genuina nos alcanza o transmite en sus formas diversas».

En las notas del libro, Sergio Delgado hace notar que no hay demasiados trabajos sobre libros individuales de Juan L. Al mismo tiempo, llama la atención que, en particular, de La mano infinita, solo hay un estudio, el prólogo que vos escribiste para la edición de la UNL. ¿Por qué pensás que no hubo intentos anteriores de publicar los libros de Juan L en su versión original?

Bueno, eso sigue un poco la dirección de lo anterior; las ediciones de autor tienen un público limitado, pero también entre los que conocían y valoraban su obra había escritores como, Mastronardi, Córdoba Iturburu, Raúl Gustavo Aguirre.

Hugo Gola menciona dos cartas de Macedonio Fernández, de la década del 40, “extensas y detalladas” en las que se hacían “comentarios elogiosos de un libro que Juan le había enviado”.

La versión del nuevo libro se abre con un hermoso trabajo tuyo. En una parte, destacas distintos ingredientes de la poesía de Juan L., entre ellas, la búsqueda de la emoción, pero también pones el foco en el empleo del espacio. Así, mencionas, el trabajo de la página, la escalera o la cortina. En las notas de esta edición también se hace referencia a la figura de la mano. Me gustaría que expliques estas cuestiones sustantivas de la poesía de Juan L para aquellos que no han leído el libro.

Sí, señalé algunos detalles, como los antedichos, excepto lo que mencionás como “la búsqueda de la emoción”. En todo caso lo apuntado ahí es el resultado de una impresión, la mía, “primero la impresión, solo después la idea” –esto es de Matisse– lo que me conmueve puede no producir la misma impresión en otro.  La lectura nunca es “fija”, las palabras no varían, pero el lector sí, y las impresiones que lo asaltan también.

Solo podía repetirte lo que escribí, no explicarlo de otro modo. Y de ninguna manera eso sustituye la lectura.

¿Cómo se puede pensar La mano infinita con relación a la obra anterior a Juan L.? ¿Cómo funciona la poesía de Juan L. en la poesía de la década de los años de 1940 y 1950?

Creo que en la poesía de Juan L. Ortiz, desde sus comienzos hay un hilo conductor, una corriente, que atraviesa toda su obra. Una corriente que lentamente se va haciendo cada vez más caudalosa, y que al llegar al final inundará, literalmente, la página, como si buscara rebasar, como si quisiera salirse del lecho que la contiene.

“El poeta inicial y el poeta del último tiempo, aunque distintos, no difieren sin embargo totalmente” escribe Hugo Gola en Las vueltas del río en la parte dedicada a Ortiz. “Ambos fueron sensibles al paisaje, al cambio de las estaciones, a las variaciones de luz (…) al padecimiento de los animales y de los hombres…” y señala que, en su última etapa, ”un poema no es ya un objeto verbal que encierra una experiencia única, sino que es una especie de representación, igualmente verbal, de un universo abierto e inagotable…”

Es en estas décadas, 40, 50, cuando empiezan a  surgir jóvenes poetas con ideas renovadoras sobre la poesía: Edgard Bayley, Raúl Gustavo Aguirre, Miguel Brascó, Francisco Madariaga entre otros, ideas que tendrán espacio en una revista como Poesía Buenos Aires –el primer número aparece en 1950– que además ampliará el espacio de circulación de poetas como Juan L. Ortiz , escasamente conocido fuera de su provincia, publicando no solo poemas suyos sino también notas donde se destaca la importancia de sus trabajos.

«La lectura nunca es “fija”, las palabras no varían, pero el lector sí, y las impresiones que lo asaltan también».

En tu prólogo aludís a las fotos de Juan L., a las imágenes que el lector puede tener de él. ¿En tu rol de cineasta, cómo pensás la poesía de Juan L.? ¿Y en tu rol de poeta, qué vínculos pensás tiene el “mundo Juan L.” en tu propia obra?

No sé muy bien cómo sería pensar la poesía de Juan L. –o la de cualquier otro poeta– como cineasta. Leo con y desde mi sensibilidad, en todo caso no siento que, al leer sus poemas, esa característica: hacer cine, prevalezca sobre otras.

En cuanto a los vínculos: “Una vez acabada su obra, el artista no sabe mucho de su génesis. Nunca o casi nunca logra explicar cómo, en la exaltación de sus sentidos, las palabras han terminado por agruparse en una estrofa, un verso; lo único que puede darnos una ligera idea de este inasible proceso son los borradores, los esbozos todavía inciertos, llenos de correcciones antes de que la labor cristalice” el comentario es de Stefan Zweig, y no estoy escurriendo el bulto.

Se corrige y se trabaja la escritura, sí, y en todo ese trabajo no hay mucho lugar para ponerse a pensar de dónde viene tal o cual elemento que se va incorporando o rechazando. Lo que no significa que algo que nos conmovió en la obra de un autor que admiramos, como es el caso de Ortiz, no haya disparado su impulso en lo que estamos haciendo.

La obra de Juan L., siendo el resultado de una profunda y vasta experiencia, cubre un inmenso campo de las más variadas configuraciones. Como toda obra artística genuina nos alcanza o transmite en sus formas diversas, lo que el autor ha logrado a través de una labor intensa, constante, para dar forma a su propia representación de esa aspiración a la unión con la totalidad, eso es lo que nos llega a través de su poesía.

El estío abre los ojos

Sobre una gracia tendida

Que no tendrá más heridas…

 

Quisiera estar allá.

Oh el hálito dorado, infinito,

Sobre el dulce y doloroso amor abierto.

Quisiera estar allá.

Para finalizar me gustaría que por favor nos cuentes qué recordás de la vida de  Juan L. Ortiz.

Mis idas a Paraná, a la casa de Juan L., los hice en compañía de Hugo y de Raúl, que formaba parte del equipo de filmación del corto que hicimos para acompañar la presentación de En el aura del sauce, la edición en tres tomos de su obra, de la Biblioteca Vigil, y más que participar de las conversaciones -quien más hablaba con él era Hugo- yo estaba ahí acompañando, en espectadora; en un drama como los de la antigüedad clásica, hubiera sido un personaje del coro que representara al público.

Era un hombre muy solícito, muy cordial con todos; la llegada de cualquier persona a su casa, o simplemente cualquiera que de paso por la vereda se detuviera a intercambiar algunas palabras con él recibía el mismo amable tratamiento. Siempre “tenía tiempo”, siempre disponía de tiempo para el otro, nunca hacía notar la interrupción, si la hubiera habido, jamás se hubiese permitido ese gesto indelicado.

Su voz, que se puede escuchar en grabaciones de lecturas de algunos de sus poemas, era más bien “cantarina”, estaba más cercana de los tonos agudos que de los graves; su manera de hablar parecía corresponderse con su gestualidad, con la forma de moverse de su cuerpo, opuesta a lo tieso, a toda rigidez. Hablaba con un leve ceceo.

Puedo añadir que los dos mejores “retratos” de Juan L. fueron escritos por Juan José Saer y Hugo Gola. El de Juan José Saer está en el prólogo para la Antología de poemas de Juan L. Ortiz, a cargo de Hugo Gola, editado por la UNL, el otro en el texto que Hugo Gola escribió sobre Juan L., en Las vueltas del río, editado por José Luis Bobadilla. Son, verdaderamente, muy hermosos los dos, de antología, como suele decirse.

El clima como el nuevo límite de la economía argentina: hacia una gestión inteligente

El clima como el nuevo límite de la economía argentina: hacia una gestión inteligente

Históricamente, la Argentina ha operado bajo la ilusión de que sus recursos naturales son ilimitados y el clima un factor de estabilidad inalterable. Sin embargo, la realidad científica y económica del siglo XXI nos obliga a enfrentar una verdad ineludible: la crisis climática no es solo una «externalidad ambiental», sino la manifestación de un sistema económico que ignora los límites biofísicos fundamentales.

 Minerva Cuevas, Serie Hidrocarburos (Hydrocarbons series), 2007.

Toda actividad económica, desde la agricultura hasta la industria más compleja, es en el fondo un proceso de transformación de energía y materia, sujeto a leyes físicas que no podemos negociar.

La primera ley de la termodinámica nos recuerda que la energía no se crea ni se destruye, solo cambia de forma; utilizamos energía concentrada y de alta calidad (combustibles fósiles, biomasa, radiación solar) para sostener la producción, el consumo y el crecimiento. Así lo afirman Aneise, A. J. y Möhle, E. en Argentina frente al cambio climático. Un nuevo modelo de desarrollo para un mundo en transición. Pero es la segunda ley, la de la entropía, la que introduce el límite que nuestro modelo de desarrollo ha tendido a ignorar: en cada transformación energética, una parte de esa energía útil se degrada de manera irreversible, aumenta el desorden del sistema y se acumulan subproductos que el planeta no puede asimilar sin consecuencias.

El cambio climático es precisamente la expresión macroscópica de haber operado durante demasiado tiempo una economía que trata al planeta como si fuera un sistema sin límites biofísicos, y los impactos económicos de esa decisión ya son visibles en la macroeconomía argentina.

El cambio climático es precisamente la expresión macroscópica de haber operado durante demasiado tiempo una economía que trata al planeta como si fuera un sistema sin límites biofísicos, y los impactos económicos de esa decisión ya son visibles en la macroeconomía argentina.

El consenso científico es contundente: organismos como el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, la Royal Society y la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos coinciden en que el calentamiento observado es inequívoco y está causado por actividades humanas, y que sus impactos ya se sienten en todas las regiones del planeta. La acumulación de gases de efecto invernadero ha alterado el balance energético del planeta, y para un país con una economía primarizada como el nuestro, esto se traduce en una vulnerabilidad macroeconómica crítica.

LA «RESTRICCIÓN CLIMÁTICA»: MÁS ALLÁ DE LA FALTA DE DÓLARES

La dependencia de las exportaciones agropecuarias para la obtención de divisas crea un vínculo peligroso entre el régimen de lluvias y la estabilidad financiera. Eventos que antes se consideraban «mala suerte» son hoy determinantes cíclicos del PBI. Existe una relación directa demostrada entre las lluvias en la región pampeana y las reservas internacionales del Banco Central.

La sequía histórica de 2022/2023 es un ejemplo elocuente: distintas estimaciones sitúan su impacto en una caída del PBI de entre 2,2 y casi 3 puntos porcentuales y en una merma de alrededor de USD 9.000 millones en la recaudación por derechos de exportación, cifras que fueron reconocidas en el propio Mensaje de Proyecto de Presupuesto Nacional 2026. Estos impactos recurrentes subrayan la urgencia de construir resiliencia para proteger la estabilidad económica del país.

Esta vulnerabilidad económica se inscribe en una asimetría global. América Latina y el Caribe han contribuido históricamente con una fracción relativamente baja de las emisiones acumuladas de gases de efecto invernadero, en el orden del 9 % del total mundial, pero se encuentran entre las regiones más expuestas a los impactos físicos del cambio climático.

La combinación de alta dependencia de los recursos naturales, ubicación geográfica sensible a fenómenos hidro-meteorológicos extremos y desigualdades estructurales preexistentes multiplica los daños económicos y sociales.
Argentina, con una economía primarizada y una fuerte dependencia de sus complejos agroexportadores para sostener el equilibrio externo, es un caso paradigmático: aporta relativamente poco al problema, pero enfrenta costos crecientes en términos de volatilidad macroeconómica, pérdida de capital natural y deterioro del bienestar.

UN MAPA DE RIESGO POR ECORREGIONES

 Vulnerabilidades ecorregionales y sus efectos sistémicos.

La amenaza climática no es uniforme sobre el territorio argentino. Sus efectos se manifiestan con particular intensidad y características propias en cada una de las ecorregiones, interactuando con sus sistemas productivos específicos y generando vulnerabilidades que, aunque locales en origen, se propagan sistémicamente afectando la estabilidad macroeconómica nacional.

EL DOBLE RIESGO PAMPEANO: CLIMÁTICO Y REGULATORIO

La región pampeana no solo concentra el corazón agroexportador del país y, con él, el riesgo físico asociado a sequías y olas de calor más frecuentes e intensas. También enfrenta un riesgo de transición creciente: las prácticas agrícolas y ganaderas están bajo mayor escrutinio internacional por sus emisiones de metano y óxido nitroso, y por su vínculo con el cambio de uso del suelo.

Regulaciones como las exigencias de la Unión Europea sobre productos libres de deforestación, así como futuras normas en torno a la huella de carbono de las cadenas agroalimentarias, pueden transformarse en barreras para-arancelarias que condicionen el acceso a mercados clave si el país no adelanta la adaptación de sus sistemas productivos.

LOS EFECTOS EN CASCADA SOBRE LA ECONOMÍA NACIONAL

Estos riesgos no son compartimentos estancos ni problemas estrictamente locales. Una sequía severa en la región pampeana se traduce de manera casi inmediata en una caída de exportaciones, menor recaudación fiscal y presión cambiaria, con impacto sobre el nivel de actividad y la inflación en todo el país.

Una bajante extraordinaria en el sistema Paraná–Paraguay eleva los costos logísticos de la Hidrovía, resta competitividad global a la producción agroindustrial y erosiona márgenes empresariales y fiscales. Una crisis hídrica en Cuyo, alimentada por el retroceso de glaciares y la disminución de caudales níveos, puede frenar inversiones estratégicas en minería y en cadenas de valor asociadas a la transición energética.

Como advierte el Banco Mundial, la falta de resiliencia en un territorio genera «efectos en cascada» que se propagan a través de las cadenas de valor, de los flujos fiscales intergubernamentales y de las condiciones de vida de los hogares, comprometiendo la estabilidad macroeconómica general.

INVERSIÓN ESTRATÉGICA: EL CAMINO HACIA LA RESILIENCIA

Frente a un diagnóstico de riesgos climáticos múltiples que amenazan la estabilidad y el desarrollo, Argentina necesita adoptar una estrategia proactiva de inversión en resiliencia que supere la mera gestión reactiva de crisis. Esta inversión no debe ser vista como un «gasto ambiental», sino como un pilar central para la estabilidad macroeconómica, la competitividad y el desarrollo sostenible inclusivo.

Argentina necesita adoptar una estrategia proactiva de inversión en resiliencia que supere la mera gestión reactiva de crisis.

El objetivo es impulsar un crecimiento que beneficie a toda la población, especialmente a la más vulnerable, gestionando los riesgos en un contexto de profunda incertidumbre.

INFRAESTRUCTURA: RESILIENTE E HÍBRIDA

La visión tradicional que opone la infraestructura «gris» (obras civiles) a la conservación «verde» (ecosistemas) es insuficiente. La solución más robusta y costo-efectiva reside en la infraestructura híbrida.

Esto aplica de manera crítica a la gestión del agua, combinando la modernización de la ingeniería tradicional (presas, canales) con Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN), como la restauración de humedales para el control de inundaciones o la forestación para proteger cuencas hídricas.

Este enfoque debe priorizar la reducción de la vulnerabilidad, movilizando financiamiento público-privado y fortaleciendo el rol de los gobiernos subnacionales en su ejecución.

DIVERSIFICACIÓN PRODUCTIVA INTELIGENTE Y SOSTENIBLE

La resiliencia económica pasa por diversificar la matriz productiva, enfocándose en las oportunidades de la transición global. Esto incluye dos grandes áreas:

Bioeconomía, AgTech y Eficiencia Hídrica: Apalancar la potencia agropecuaria más allá de los commodities tradicionales. Esto exige una inversión estratégica en la eficiencia hídrica (tecnificación del riego), complementada con biotecnología (semillas resilientes), agricultura climáticamente inteligente y de precisión. Incluye también modelos como el Manejo de Bosques con Ganadería Integrada para reducir la presión sobre los ecosistemas.

Minerales y Energía para la Transición: Capitalizar la demanda global de minerales críticos (litio, cobre), cuya explotación también depende críticamente de una gestión hídrica sostenible, asegurando altos estándares socioambientales para garantizar la «licencia social».

Simultáneamente, es crucial desarrollar el enorme potencial en energías renovables (solar en NOA, eólica en Patagonia) y avanzar en la economía del hidrógeno verde.

FORTALECIMIENTO DE LA ACCIÓN CLIMÁTICA COORDINADA

Los desafíos climáticos son transjurisdiccionales y exigen una coordinación intersectorial. Existe una persistente «brecha de implementación» entre los planes formulados (como el Plan Nacional de Adaptación y Mitigación) y las acciones concretas, a menudo por falta de coordinación, recursos insuficientes o discontinuidad política.

Una respuesta efectiva exige una coordinación federal robusta, que integre los planes provinciales y establezca mecanismos de gestión adaptativa basada en datos. Fortalecer las capacidades institucionales a nivel subnacional es clave.

ROL ESTRATÉGICO DEL SECTOR PRIVADO

Para las empresas argentinas, gestionar los riesgos climáticos ya no es un tema periférico, sino una condición para sostener su competitividad en mercados cada vez más exigentes. Los riesgos físicos —disponibilidad de agua, exposición a eventos extremos, fragilidad de la infraestructura— se combinan con riesgos de transición derivados de cambios regulatorios, nuevas exigencias de los mercados financieros y transformaciones en las preferencias de consumidores e inversores.

Para las empresas argentinas, gestionar los riesgos climáticos ya no es un tema periférico, sino una condición para sostener su competitividad en mercados cada vez más exigentes.

Al mismo tiempo, la transición hacia una economía baja en carbono abre oportunidades concretas en tecnologías limpias, soluciones basadas en la naturaleza, bioeconomía, eficiencia hídrica, servicios climáticos y economía circular.

El acceso a financiamiento verde y a instrumentos como bonos sostenibles o líneas de crédito climáticas gana relevancia, pero exige que las empresas integren la sostenibilidad en su modelo de negocio, midan y gestionen sus huellas ambientales y demuestren capacidad de adaptación. En este contexto, la colaboración público-privada es clave: el Estado debe ofrecer un marco regulatorio claro, estable y predecible que reduzca la incertidumbre e incentive la inversión, mientras que el sector privado protagoniza la implementación de soluciones innovadoras que conviertan la resiliencia climática en una ventaja competitiva para el país.

UNA PREGUNTA DE SUPERVIVENCIA ESTRATÉGICA

La inacción climática ya constituye un pasivo fiscal, social y productivo difícil de sostener para la Argentina. Cada nueva sequía severa, cada inundación extrema o cada crisis hídrica regional se traduce en pérdidas millonarias, volatilidad cambiaria, deterioro de infraestructura y retrocesos en las condiciones de vida.

Pero la acción climática planificada no se reduce a evitar daños: representa una oportunidad concreta para modernizar la economía, diversificar la matriz productiva, desarrollar nuevas capacidades tecnológicas y construir ventajas competitivas en un mundo que se está descarbonizando aceleradamente.

Para los mercados financieros globales y para los inversores estratégicos, la capacidad de un país para gestionar sus riesgos climáticos, adaptar su infraestructura y transitar hacia una economía baja en carbono se está convirtiendo rápidamente en un indicador clave de buen gobierno, previsibilidad regulatoria y seguridad para la inversión de largo plazo.

En este sentido, una gestión económica prudente y estratégica en el siglo XXI debe ser, necesariamente, una gestión climáticamente inteligente. Por eso, la verdadera pregunta ya no es si podemos permitirnos invertir en esta agenda, sino si podemos seguir pagando, una y otra vez, el costo creciente de no hacerlo.

 

¿Por qué es importante hablar de femicidio?

¿Por qué es importante hablar de femicidio?

El asesinato de Agostina Vega es uno más en la extensa listas de femicidios que se producen a diario en nuestro país. Victoria Dileo Köhli analiza aquí la importancia de la figura penal del femicidio como un eslabón necesario, pero no suficiente, para combatir la violencia machista en nuestra sociedad. 

“House 3, Providence“ (1975-76) de Francesca Woodman. Francesca Woodman (1958-1981) fue una fotógrafa estadounidense reconocida por su trabajo en blanco y negro, de corte gótico e intimista y enfocado en el cuerpo de la mujer, tan presente como fantasmal o evanescente.

EL FEMICIDIO EN CUESTIÓN

El reciente caso de Agostina Vega, una joven de 14 años víctima de femicidio, ha puesto una vez más en el centro del debate público la persistencia de la violencia de género en la sociedad argentina. Su muerte, investigada en el marco de una causa en curso, se puede clasificar dentro de un fenómeno estructural que trasciende las circunstancias particulares del hecho y que involucra directamente al sistema penal argentino y a las fallas en las políticas públicas de prevención.

Más allá de las particularidades de la causa, el caso adquiere relevancia en tanto vuelve a poner sobre la mesa la discusión acerca de la figura del femicidio como herramienta jurídico-penal destinada a visibilizar y sancionar de manera agravada los homicidios de mujeres donde media violencia de género. La cuestión no se agota en la individualización del autor, la aplicación de una pena o las circunstancias fácticas del hecho, sino que remite a un problema estructural que atraviesa distintas capas sociales y culturales.

En este sentido, la figura del femicidio permite comprender estos crímenes no como hechos aislados, sino como manifestaciones de una violencia sistemática basada en relaciones desiguales de poder. Su incorporación al Código Penal argentino en 2012 constituye un reconocimiento normativo de una realidad preexistente, que excede el caso concreto pero que se expresa en él como parte de un patrón reiterado de violencia contra las mujeres

En este sentido, los femicidios se caracterizan por la existencia de determinados elementos sustanciales, esto es, el homicidio perpetrado de parte de un hombre hacia una mujer, y donde medie la especial circunstancia de violencia de género. Mariela Labozzetta, titular de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres, expresó en la entrevista publicada por Chequeado: “El concepto femicidio nace para poner luz a los asesinatos sistemáticos de mujeres por razones de género […] y poner en palabras un fenómeno que existe en la realidad, reconocer que se produce de manera sistemática, para hacer algo frente a esto porque no podemos seguir permitiendo que pase”.

¿Qué implica este planteo? La figura del femicidio se incorpora en el Código Penal a la lista de agravantes del homicidio simple, como una manifestación de un fenómeno que ocurre en la realidad material, y que necesita ser receptado en las normas jurídicas para ganar reconocimiento en la sociedad y relevancia en la agenda política. Los femicidios no comenzaron a ocurrir con la sanción de la reforma en 2012, pues se trata de una forma de violencia contra la mujer que data de tiempos inmemoriales. Sin embargo, esta modificación legislativa implica una verificación expresa de que existe un peligro real, actual e inminente, que afecta a todas las mujeres por el simple hecho de serlo.

Sólo con un marco de Estado que vele por inclinar la balanza para lograr la equidad entre mujeres y varones, impulsando políticas de género, forjando instituciones conducentes a la protección de las mujeres en situaciones de vulnerabilidad, y dando reconocimiento expreso a las fatalidades en que deriva la violencia de género, se logrará, poco a poco, desentrañar el problema de raíz y terminar con este engranaje socio-político que no hace más que causar daño irreparable a las mujeres de todas las edades, circunstancias culturales, y clases sociales.

Los femicidios no comenzaron a ocurrir con la sanción de la reforma en 2012, pues se trata de una forma de violencia contra la mujer que data de tiempos inmemoriales. Sin embargo, esta modificación legislativa implica una verificación expresa de que existe un peligro real, actual e inminente, que afecta a todas las mujeres por el simple hecho de serlo.

EL FEMICIDIO DESDE LA PERSPECTIVA PENAL: MUCHO MÁS QUE UN HOMICIDIO SIMPLE

El 14 de diciembre de 2012, se publicó en el Boletín Oficial de Argentina la ley 26.791, donde se incorporó la figura de femicidio en nuestro Código Penal. La norma incluía a esta novedosa figura dentro del artículo 80, particularmente en el inciso 11, donde establecía que se prevé la pena de prisión perpetua para todo aquél hombre que perpetre un homicidio a una mujer y donde medie la especial circunstancia de violencia de género.

El término «femicidio» tiene su origen en ensayos realizados por movimientos feministas anglosajones en los años 90, donde utilizaron este concepto para denominar el «asesinato de una mujer». Más adelante, autores que encabezaron de realizar investigaciones efectuadas sobre el homicidio de mujeres en Latinoamérica, permitieron desarrollar la idea de que, independientemente de la definición textual que se le otorgue, los femicidios tienen en común un elemento sustancial y diferencial de cualquier otro tipo de homicidio: la violencia de género.

El concepto de «violencia de género» se encuentra en la Ley Nº 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los Ámbitos en que Desarrollen sus Relaciones Interpersonales. En su artículo 4° define a la violencia contra la mujer como “toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes. Se considera violencia indirecta, a los efectos de la presente ley, toda conducta, acción omisión, disposición, criterio o práctica discriminatoria que ponga a la mujer en desventaja con respecto al varón.”

En la realidad material, reiteramos que es fundamental la existencia de una víctima mujer que, por sus circunstancias personales, sociales, o culturales, es particularmente vulnerable y se encuentra sujeta a una relación de desigualdad de poder con respecto a un hombre. Al ser una cuestión global, compleja y atemporal, el reconocimiento de la figura del femicidio es esencial, pues recepta una aberrante realidad, y es que las mujeres que son asesinadas en un contexto de violencia, lo son por el simple hecho de ser mujer.  Se trata por lo tanto, siempre y en todos los casos que caigan bajo esta figura, de una cuestión de género.

LA NECESIDAD DE NOMBRAR LO QUE OCURRE

«Autorretrato» de Francesca Woodman.

A lo largo de la historia contemporánea de nuestro país, se han dado a conocer innumerables casos de mujeres asesinadas en contextos de violencia de género, de las maneras más aberrantes y trágicas a las cuales puede ser sometida una persona. Casos como los de Ángeles Rawson, Melina Romero, o Cecilia Strzyzowski, generan una sensación de malestar general en la población, y un especial sentimiento de desamparo por parte de todas las niñas y mujeres jóvenes que crecimos viendo estos casos en la televisión.

La poeta Sylvia Plath lo expresó de forma clara en sus diarios:  “Haber nacido mujer es mi tragedia […] Me gustaría poder dormir a cielo abierto, viajar al oeste, pasear libremente por las noches”.

¿Qué manera más llana de poner en palabras la experiencia de ser mujer? Las vivencias que conlleva el día a día incluyen, de manera casi casual, la posibilidad de ser asesinadas por el conductor del taxi que tomamos saliendo del trabajo, o el compañero de la facultad con quien nos reunimos a hacer un trabajo práctico, hasta incluso tu hermano, tu novio, tu papá. Y es en relación a este concepto, este sentimiento colectivo de desamparo y desprotección, que yace la necesidad de una efectiva tutela estatal, un cambio de paradigma, y una resocialización que comienza en los espacios educativos.

La poeta Sylvia Plath lo expresó de forma clara en sus diarios:  “Haber nacido mujer es mi tragedia […] Me gustaría poder dormir a cielo abierto, viajar al oeste, pasear libremente por las noches”.

Previo a la sanción de la Ley 26.791, en nuestro país el movimiento feminista ganó visibilidad a raíz de la incorporación de nuevas generaciones, con especial influencia de reclamos provenientes del norte global, como el Me Too o el Time´s Up. En términos políticos, el Estado argentino estaba siendo presionado constantemente por organismos internacionales encargados de promover los derechos de las mujeres y prevenir todas las formas de violencia contra ellas. Dentro de las convenciones internacionales pioneras en el campo, se encuentran la Convención de Belém Do Pará, y la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW).

Finalmente, en el año 2010 sale a la luz el caso de Wanda Taddei, una mujer víctima de femicidio, cuyo nombre ha quedado marcado en la memoria de todos los argentinos. Taddei fue atacada por su esposo, el músico Eduardo Vázquez, quien la roció con alcohol y la prendió fuego durante una discusión. Este caso repercutió fuertemente a lo largo y ancho de todo el país, fundamentalmente por el particular ensañamiento con el cual Vázquez dispuso el homicidio de Wanda. Este caso, en adhesión, dejó en evidencia los vacíos legales en el ordenamiento y la necesidad de dictar normativa que receptara estos supuestos. Los femicidas ya no podían recibir condenas bajo la figura del Homicidio Atenuado por Estado de Emoción Violenta (art. 81 CP), pues esto no resolvía la cuestión de fondo, sino que se trataba de una respuesta superficial y un encuadramiento legal erróneo. Era necesaria, por lo tanto, una reforma en el libro segundo, título 1 del Código Penal.

LA FLUCTUANTE RELACIÓN ENTRE LOS GOBIERNOS Y LAS POLÍTICAS DE GÉNERO

Una cuestión fundamental cuando se quiere abordar la discusión alrededor de la figura del femicidio, tiene que ver con la postura al respecto de los gobiernos de turno. Cada cuatro años, los argentinos escogemos democráticamente, y en ejercicio de nuestro derecho constitucional, la conformación de un nuevo gobierno. Algunos de ellos más progresistas, con tendencias a impulsar mayor cantidad de políticas de género, inclusión de las personas con discapacidad, protección y prevención de las discriminación de las minorías; y otros con enfoques y prioridades diferentes.

Sin necesidad de tomar una postura partidaria, resulta de todas maneras fundamental ser transparente en esta materia, pues las convicciones e ideales de los gobiernos que encabezan el Estado argentino tienen una repercusión en el plano social y, en definitiva, un impacto en cómo las personas nos relacionamos con los otros. En relación a este último punto, entra también a la discusión la cuestión de la educación, ¿Cuáles son los valores humanos que se quieren inculcar en las escuelas? ¿Qué ideales prioriza el Estado nacional? ¿Cómo se ve, cómo se comunica, cómo se comporta el argentino ejemplar?

Rita Radl Philipp argumenta que la realización de las mujeres como portadoras de derechos humanos inalienables es completamente incompatible con estructuras políticas y sociales androcéntricas y patriarcales. Son éstas las principales responsables que impiden la realización efectiva de los derechos para las mujeres. Es por ello que la educación, como proceso específico de socialización, tiene una incidencia intrínseca en la determinación de los roles de género, es decir, refuerza, perfila y contribuye de forma esencial a la configuración de las identidades de género femenino y masculino.

Ante este planteo, resulta casi imposible no hacernos la siguiente pregunta, ¿Cómo nos sentimos hoy, en relación a nuestra condición como mujeres, en este contexto socio-político? Y frente a esta cuestión, donde resulta estúpido desentenderse de la realidad actual, surge una única respuesta: existe entre las mujeres una sensación colectiva de indefensión que encuentra su correlato fehaciente en la realidad.

Es fundamental recalcar nuevamente que en los femicidios siempre va a mediar la violencia de género, pues es esta circunstancia la que determina y marca la diferencia entre un femicidio y un homicidio donde la víctima resulta, casualmente, ser mujer.

Continuando con este razonamiento, es importante observar que vivimos en una realidad donde parece haber una especial intención de borrar la memoria de la ciudadanía, de desestimar la relevancia que tiene el acto político de llamarlos “femicidios” (y no tan sólo homicidios cometidos contra mujeres), y de invocar de forma irresponsable el artículo 16 de la Constitución Nacional para exigir una presunta “equiparación” de las penas aplicadas frente a los homicidios simples cometidos contra hombres, de los cometidos contra mujeres donde media la especial circunstancia de la violencia de género. De esta forma, se intenta correr el eje de la discusión y soslayar las múltiples causas de esta forma de violencia criminal particular.

CONCLUSIÓN

La figura del femicidio, implementado al Código Penal de la Nación en el año 2012 con la Ley 26.791, implicó un reconocimiento fundamental de un fenómeno que ocurre en la realidad social y que, desesperadamente, a raíz de los distintos precedentes que fueron sucediendo a lo largo de los años, precisaba tener una calificación legal a su medida. Lagunas y vacíos legales obstaculizaban otorgar una verdadera justicia a estos casos, dejando de lado las explicaciones que, hoy expresamente codificadas, sabemos que constituyen el núcleo de este tipo de homicidios; esto es, el desprecio, el rechazo y el odio al género femenino.

Asimismo, es fundamental recalcar nuevamente que en los femicidios siempre va a mediar la violencia de género, pues es esta circunstancia la que determina y marca la diferencia entre un femicidio y un homicidio donde la víctima resulta, casualmente, ser mujer. Lamentablemente, y dejando de lado un criterio subjetivo, el primero de los casos es el que abarca la mayor cantidad de los supuestos que suceden en la realidad, lo cual aparece como consecuencia de una sociedad con estructuras y dinámicas patriarcales, misóginas, y estigmatizantes hacia la mujer.

En última instancia, la incorporación de esta figura penal constituyó uno de los grandes pasos que tomó el ordenamiento jurídico argentino para contribuir a desmantelar esta dinámica social fundada en la violencia y la discriminación. Un paso más para que, poco a poco, se multipliquen las políticas que respalden estas medidas en clave preventiva. Estas leyes, a pesar de lo que señalan sus detractores, son cimientos necesarios para conformar una sociedad cada vez más equitativa y atenta a los sectores más vulnerables.

La revolución será masturbada o no será

La revolución será masturbada o no será

El 7 de mayo de 1994, la funcionaria de salud estadounidense Joycelyn Elders dijo ante Naciones Unidas que la masturbación “es algo que forma parte de la sexualidad humana y tal vez debería enseñarse en la escuela”. Desde entonces, mayo quedó asociado al autoplacer, pero: ¿por qué incomoda hablar de la paja? 

PH: Dolo Cova

Mayo fue, es y seguirá siendo el mes de la masturbación. Sí, así como leés. Un mes entero para hablar —en voz alta— de una de las prácticas más universales, íntimas y humanas que existen: hacerse (hacernos) la paja.

Porque sí, el placer también merece ser calendarizado.

Aunque todavía haya quienes se pongan nerviosos apenas escuchan palabras como “masturbación”, “paja”, “tocarse”, “clavarse una”, “autocomplacerse” o “hacer justicia por mano propia”, lo cierto es que el autoplacer forma parte de la sexualidad humana (somos sujetos sociales porque también somos sujetos sexuales). Y no solo eso: también es salud, exploración, deseo y conocimiento del propio cuerpo.

Un poco de seriedad.

El origen de esta conmemoración tiene algo de ironía histórica. En 1994, la médica pediatra y funcionaria de salud estadounidense Joycelyn Elders dijo ante Naciones Unidas una frase que todavía hoy incomoda a más de une: que la masturbación “es algo que forma parte de la sexualidad humana y tal vez debería enseñarse en la escuela”.

Frente a esos dichos, y en ese contexto, la reacción fue inmediata. El entonces presidente Bill Clinton tomó distancia pública de sus declaraciones y Elders terminó siendo desplazada de su cargo. Pero un año después, la empresa Good Vibrations impulsó el 7 de mayo como el Día de la Masturbación, en apoyo a Elders y como una forma de reivindicar el derecho al placer y a la educación sexual.

Aunque todavía haya quienes se pongan nerviosos apenas escuchan palabras como “masturbación”, “paja”, “tocarse”, “clavarse una”, “autocomplacerse” o “hacer justicia por mano propia”, lo cierto es que el autoplacer forma parte de la sexualidad humana.

Desde entonces, mayo quedó asociado al autoplacer en distintos países del mundo, incluso en el nuestro. Y aunque el tabú persiste —especialmente cuando se trata de la masturbación femenina o de identidades disidentes, casi tanto como la menopausia y la andropausia (¿hacemos notita sobre eso? ¿Quieren?)— cada vez son más las voces que reivindican el derecho a habitar el propio deseo sin vergüenza.

Porque masturbarse es conocernos y descubrirnos. Saber qué nos gusta, qué no, qué nos da placer, qué nos enciende y qué nos calma. Es construir intimidad propia, es habitarse. Desearse. Darse tiempo en un mundo que muchas veces nos enseña más a performatear una manera de gustar y ser deseados que a desearnos.

Y aun hoy, mayo de 2026, hablar del sexo con uno mismo sigue generando vergüenza o prejuicio. Incluso yo misma, mientras escribía esto, pensaba en la publicación: ¿Qué dirán del texto? ¿Qué dirán de mí? ¿Qué dirán de la masturbación? ¿Qué otras cosas —que ni siquiera sé— aparecerán asociadas a todo esto?

Porque hablar de masturbación no incomoda solo por el acto en sí. Incomoda porque habla de intimidad, de fantasías, de autonomía, de deseo propio, de sexo con uno mismo. Hablar de masturbación incomoda porque masturbarse es un acto soberano, y todavía resulta revolucionario admitirlo.

Joycelyn Elders, figura clave en la conmemoración del mes de la masturbación, recibe el premio Morani Renaissance Woman.

¿Qué necesitamos, además de la intimidad necesaria, para masturbarnos y tener un orgasmo? ¿Pornografía? ¿Imágenes? ¿Ruidos? ¿Imaginación? ¿Todo eso junto? ¿O quizás otras cosas? ¿Nos lo permitimos realmente? ¿Qué tiempo le dedicamos? ¿Le dedicamos tiempo? ¿Lo pensamos alguna vez o simplemente sucede sin reflexión? ¿Lo hablamos con alguien? ¿Nos animamos?

¿Siempre es igual? ¿Cambiamos de método, de pose, de ritmo, de mano, de juguete o de “chiche” que acompañe? ¿Nos da vergüenza? ¿Culpa? ¿O solo satisfacción y por eso volvemos una y otra vez?

Y aunque suele imaginarse como una práctica en soledad, sabemos que no necesariamente ocurre así. También puede aparecer compartida, en pareja, en la intimidad de un vínculo sexual o afectivo. Pero incluso ahí muchas veces sigue siendo “eso” de lo que cuesta hablar. ¿Conversamos realmente con quienes compartimos la cama sobre cómo nos masturbamos, qué nos gusta, qué imaginamos, qué necesitamos, pedimos que nos toquen?

Quizás la masturbación sea, al final, la relación sexual y afectiva más estable que tengamos en nuestra vida.

Y sí: también hay beneficios concretos que, según diferentes especialistas, se relacionan con mejorar el sueño, aliviar el estrés, reducir la ansiedad, fortalecer la autoestima sexual y generar mayor conciencia corporal. Incluso puede aliviar dolores menstruales, migrañas y tensiones físicas.

Porque hablar de masturbación no incomoda solo por el acto en sí. Incomoda porque habla de intimidad, de fantasías, de autonomía, de deseo propio, de sexo con uno mismo. Hablar de masturbación incomoda porque masturbarse es un acto soberano, y todavía resulta revolucionario admitirlo.

Pero quizás uno de sus mayores aportes sea otro: recordarnos que el placer propio no debería ocupar un lugar clandestino en nuestras vidas.

Porque aunque todavía se trate como un tabú, en realidad es casi un tótem: una práctica cotidiana, profundamente humana y atravesada por la autonomía, el bienestar y el derecho al disfrute y al goce.

Así que sí: mayo es el mes de la masturbación y del autoerotismo. Y ojalá también sea el mes para dejar de hacernos los distraídos con el placer, sobre todo en este contexto de displacer permanente. (Tema para otra nota, ¿no?).

Porque, en realidad, elegir esta fecha para publicar esta nota es apenas una excusa. Una excusa para sacar —o seguir sacando— la masturbación fuera del armario. Para hablar del tema sin prejuicios y sin culpa. Para decir, simplemente, que el placer propio existe. Que importa. Y que merece conversación.

Y sí, esta nota quedó a mitad de camino entre la información y la opinión. Entre el dato histórico y la invitación a pensar(se). Entre el “sabías que…” y el “¿por qué todavía nos cuesta tanto hablar de esto?”.

Querido lector, querida lectora —y quienes habitan los grises de la vida—: contanos, ¿Qué más te gustaría leer, discutir o escuchar sobre este tema? ¿Qué preguntas siguen siendo incómodas?

Te leemos. Con una mano en el corazón. La otra… queda a criterio de cada quien.